Cómo mejorar la baja autoestima en niños y en nuestra vida espiritual

Una autoestima sana es imprescindible para poder decidir las cosas bien por uno mismo sin dejarnos llevar por los que quieren extraviarnos del camino al Señor. Tener una autoestima alta no es saberse mejor que otros sino saber valuarse a sí mismo, saber que uno puede ser amado y aceptado tal y como es. No nacemos con ella, sino que la desarrollamos por nuestra experiencia, ayudados por nuestros padres y por las personas a quienes apreciamos.

Curiosamente, los niños que acosan a otros niños o son violentos suelen sufrir de una autoestima baja que les hace sentir que tienen que hacer cosas para ser amados. Sentirse mal de vez en cuando es normal, pero una baja autoestima es una respuesta negativa más permanente a todas las decepciones en la vida que impide a uno aceptarse a sí mismo con sus diferencias.


¿Cómo ayudar a los niños con una autoestima baja?

A) Identificar la causa.
1) ¿Son las expectativas en casa y en la escuela justas? ¿Se espera demasiado o demasiado poco de ellos?
2) ¿Se debe a cambios en la familia? ¿Sufren del divorcio de los padres, de mudanzas, de cambios de escuela?
3) ¿Es la salud del niño adecuada? ¿Tiene problemas medicos?
4) ¿Se permite al niño expresar sus sentimientos? ¿Se oyen muchos gritos en casa?
5) ¿Carece de la atención de sus padres o de seres queridos?

B) Cambiar el comportamiento.
1) Agradecerles y alabarles por las cosas que hacen bien o mejoran
2) Mostrarles que son amados a pesar de sus imperfecciones, preguntándoles con frecuencia lo que piensan para dejarles expresarse de forma apropiada
3) Ayudarles a recordar las cosas buenas que les ha pasado durante el día.
4) Demostrarles cómo ver el lado positivo de situaciones difíciles y a solucionar problemas
5) Consultar con medicos si hay problemas de salud que afectan al niño y con los maestros si el problema es escolar.

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A nivel espiritual, nos podría pasar lo mismo cuando no nos vemos tal y como somos, con nuestros dones y defectos, dándonos cuenta de lo valiosos que somos a Dios no por lo que hagamos o no, sino por el mismo Amor que Dios Padre nos tiene. Podemos hasta llegar a despreciar los talentos que el Señor nos ha dado, como hicieron los apóstoles en el Evangelio del XVII Domingo de Tiempo Ordinario diciendo sobre los cinco panes y dos peces: “ ‘…pero ¿qué es esto para tanta gente?’” (Jn. 6, 9)


Consejos del Sermón 108 de S. Pedro Crisólogo, Arzobispo y Doctor de la Iglesia (400-450)

1) Identificar el problema ante Cristo Crucificado

“Escucha cómo suplica el Señor: «Mirad y contemplad en mí vuestro mismo cuerpo, vuestros miembros, vuestras entrañas, vuestros huesos, vuestra sangre. Y si ante lo que es propio de Dios teméis, ¿por qué no amáis al contemplar lo que es de vuestra misma naturaleza? Si teméis a Dios como Señor, por qué no acudís a él como Padre?

“Pero quizá sea la inmensidad de mi Pasión, cuyos responsables fuisteis vosotros, lo que os confunde. No temáis. Esta cruz no es mi aguijón, sino el aguijón de la muerte. Estos clavos no me infligen dolor, lo que hacen es acrecentar en mí el amor por vosotros. Estas llagas no provocan mis gemidos, lo que hacen es introduciros más en mis entrañas. Mi cuerpo al ser extendido en la cruz os acoge con un seno más dilatado, pero no aumenta mi sufrimiento. Mi sangre no es para mí una pérdida, sino el pago de vuestro precio.

Venid, pues, retornad y comprobaréis que soy un padre, que devuelvo bien por mal, amor por injurias, inmensa caridad como paga de las muchas heridas».

2) Ser más generosos para apreciar mejor los dones que Dios nos ha confiado.

“Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como una hostia viva. Es lo mismo que ya había dicho el profeta: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo.

“Hombre, procura, pues, ser tú mismo el sacrificio y el sacerdote de Dios. No desprecies lo que el poder de Dios te ha dado y concedido. Revístete con la túnica de la santidad, que la castidad sea tu ceñidor, que Cristo sea el casco de tu cabeza, que la cruz defienda tu frente, que en tu pecho more el conocimiento de los misterios de Dios, que tú oración arda continuamente, como perfume de incienso: toma en tus manos la espada del Espíritu: haz de tu corazón un altar, y así, afianzado en Dios, presenta tu cuerpo al Señor como sacrificio.

“Dios te pide la fe, no desea tu muerte; tiene sed de tu entrega, no de tu sangre; se aplaca, no con tu muerte, sino con tu buena voluntad.”


Que el Espíritu Santo nos guíe para que nos conozcamos mejor y así conozcamos también mejor la grandeza del Amor de Dios por nosotros.


Preguntas del día [Puede dejar su respuesta en los comentarios]
: ¿Cómo cree que se puede mejorar la autoestima baja? ¿Cómo es alguien con autoestima alta?

Mañana – S. Ignacio de Loyola - “ al ver el signo que había hecho” (Jn. 6, 14)

2 comentarios

  
Odet
Dejar que los niños se acerquen a mí,le dijo Jesus a los apostoles.Creo que es muy positivo escucharles,que te cuenten sus inquietudes,sus problemas y sobre todo dedicarles tiempo,aunque claro si trabajan ambos progenitores no es tan fácil.
01/08/09 1:31 PM
  
María Lourdes
Odet, me parece que lo más importante de escuchar a los niños es la calidad del tiempo que se les dedica. Se puede pasar horas con los niños distraídos por nuestras propias cosas, escuchándoles pasivamente. Mejor que eso sería dedicar poco tiempo pero tiempo en que ellos son lo más importante, ya que ellos se dan cuenta si les escuchamos por completo o no.

El Señor siempre está dispuesto a escucharnos y nos invita a acordarnos de Él en todo lo que vivimos, en lo bueno y en lo malo. Lamentablemente, muchas veces se trata mejor a los amigos que cambian de día a día que al Señor, cuyo Amor es para siempre. Muchas veces es cuestión de no amarnos lo suficiente como somos, de pensar con falsa humildad que no somos dignos del Señor. Nunca lo seremos, pero como dice una popular canción basada en un escrito del Bto. Carlos de Foucauld: "Ámame tal como eres".

Cuando nos demos cuenta de lo maravilloso que es poder llamarle a Dios "Padre" llegaremos a tener la misma confianza que los grandes santos tuvieron con el Señor, la autoestima necesaria para fijar nuestra meta en el Cielo y no en este mundo. Un saludo.
01/08/09 2:04 PM

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