Cómo dar más de lo que tenemos

Conozco una escuela en que emparejan a niños desventajados con maestros para que hagan actividades divertidas y educativas juntos en grupo después del horario normal de clases, con algunas excursiones a lo largo del año.

En una de estas actividades, un pequeño grupo del programa imitó el ruido de una tormenta sin decir una palabra, sólo siguiendo con sus manos y pies las instrucciones de la directora del programa. Tras participar en esa actividad en grupo, se les encendió la cara a todos los niños y quisieron repetirla, llenos de emoción. Querían compartir esa inolvidable experiencia con otros.

En este vídeo se ve la misma actividad al comienzo de un concierto:

Algo parecido, pero de una manera más sublime experimentaron las personas que estuvieron presentes en la multiplicación de panes y de peces. Hubiera sido un milagro si el Señor hubiera dado de comer a cien, digamos, con la comida disponible, pero la generosidad del Señor les dio una experiencia aún más grandiosa que les animaría a compartir mejor su alegría.

El Evangelio del XVII Domingo de Tiempo Ordinario nos muestra al Señor no sólo multiplicando panes y peces, sino también diciéndoles a los apóstoles que recogieran las sobras; “los recogieron y llenaron doce canastas” (Jn. 6, 13): doce canastas llenas para doce apóstoles que habían estado vacíos de fe. De lo que parece sobrar a los ojos del mundo, el Señor sabe cómo llenarnos cuando somos como canastas vacías para poder ayudar al Señor a repartir una lluvia de bienes por donde pasamos, siempre que estemos unidos a la fuente de gracia: el Señor en los Sacramentos de la Iglesia.

Pero, ¡cuántas veces habremos oído o dicho que uno no puede dar más de lo que tiene! Suele ser dicho como excusa para no dar limosna, por ejemplo, dando la impresión de que nunca tiene uno suficiente ni para sí mismo, a pesar de todo lo que Dios nos da. Nos recuerda S. Juan Vianney:

“…tus bienes no son más que un depósito que Dios ha puesto en tus manos… fuera de lo necesario para tu sustento y el de tu familia, lo demás es de los pobres. ¡Cuántos hay que tienen atesorada gran cantidad de dinero, al paso que tantos pobres mueren de hambre!… Si quisieras, tendrías fácilmente algo que dar a los pobres… Si los Santos hubiesen obrado como nosotros, tampoco habrían hallado con qué dar limosna… mas ellos sabían muy bien cuán necesaria les era para su santificación, y ahorraban cuanto les era posible a tal objeto, y así disponían siempre de algunas reservas.” (“Sermón sobre la limosna”)

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Sta. María Josefa Rosello (1811-1880) repartía alegría por donde pasaba, a pesar de sus pocos medios. De pequeña organizó una romería de niños a la iglesia y de joven cuidó durante ocho años de un hombre paralítico. Tan agradecidos estaban ese hombre y su esposa que le ofrecieron de sus bienes, que la santa rechazó. Años después el matrimonió le hizo a la santa heredera de sus bienes, y ella lo usó todo para ayudar a los pobres.

Su ejemplo ilustra muy bien estas palabras de S. Juan Vianney sobre cómo se debería de dar limosna:

“Por otra parte, la caridad no se practica sólo con el dinero. Pueden muy bien visitar a un enfermo, hacerle un rato de compañía, prestarle algún servicio….

“¿Cómo debe hacerse la limosna para que sea meritoria? Atiendan bien, que en dos palabras voy a decírselos: en todo el bien que hacemos a nuestro prójimo, hemos de tener como objetivo el agradar a Dios y salvar nuestra alma. Cuando vuestras limosnas no vayan acompañadas de estas dos intenciones, la buena obra resultará perdida para el cielo. Esta es la causa por la que serán tan escasas las buenas obras que nos acompañen en el tribunal de Dios, pues las realizamos de una manera muy humana.

“Nos complace que se nos agradezcan, que se hable de ellas, que se nos devuelvan con algún favor, y hasta nos gusta hablar de nuestras buenas acciones para manifestar que somos caritativos. Tenemos nuestras preferencias… a unos les damos sin medida, mas a otros nos negamos a darles nada, antes bien los despreciamos… Si alguna preferencia hubiésemos de tener, sería para con los que nos han dado algún disgusto… Algunos, cuando han favorecido a alguien, si los favorecidos les causan después algún disgusto, enseguida les echan en cara los servicios que les prestaron. Con esto se engañan, ya que así pierden toda recompensa…

“[Otro lazo del demonio] consiste en representar nuestras buenas acciones ante nuestra mente, para que nos gocemos en ellas, y así, de este modo, hacernos perder la recompensa a que nos hicimos acreedores…es necesario hacer la limosna con la más pura intención…: todo por Dios, nada por el mundo.”

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En 1837 Santa María Josefa Rosello se ofreció a educar a niñas abandonadas, llegando a fundar 66 conventos de Hermanas de la Misericordia en su vida. “Con unos muebles viejos, una casona casi en ruinas, cuatro colchones de paja extendidos en el suelo, unos kilos de papas, un crucifijo y un cuadro de la Santísima Virgen, empezaron su nueva comunidad.” (www.ewtn.com)

Pero, como dice S. Jerónimo: “Siempre suele suceder que las cosas que han de llegar a mucho empiezan por poco.” Añade el santo: “Da al que te pida. Puede entenderse también esto del dinero y de la doctrina: cuanto más se da, tanto más se multiplica.” (“Catena Aurea” de Sto. Tomás de Aquino). Volvamos de nuevo a la multiplicación de los panes y peces.

“Se le ofrecen [al Señor], pues, cinco panes a la multitud y se le distribuyen. Pero se observa que se aumentan los pedazos en las manos de los que los distribuyen. No se hacían más pequeños porque los partían, sino que siempre los pedazos llenaban las manos de los que estaban distribuyendo. Ni los sentidos, ni la vista podían seguir la marcha de aquello que sucedía. Es lo que no era, se ve lo que no se comprende y sólo queda de creer que Dios puede hacer todas las cosas.” (S. Hilario, De Trin., 1, 3)

Concluye Sto. Tomás de Aquino: “Aprendemos también en este milagro a no apocarnos cuando nos veamos acosados por la pobreza.” (Catena Aurea) Si podemos dar más de lo que tenemos es porque si nos vaciamos de nuestros intereses, Dios dará por nosotros lo que nunca tuvimos por nuestra cuenta.

[Foto de lluvia: Juni en Flickr]

Preguntas del día [Puede dejar su respuesta en los comentarios]: ¿Qué limosnas no materiales podemos dar a otros? ¿Cómo cree que se puede mejor la pureza de intención al dar limosna?

Mañana – Sta. Marta - “Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo” (Jn. 6, 13)

7 comentarios

  
ugl1820
ML,

Es una lástima ver como mucha gente realiza acciones de caridad como dar limosna por el mero hecho de que los demás los vean, como los sacerdotes del Templo, muy procupados porque el publo viera lo "buenos creyentes que eran". Como bien señala el Santo Cura de Ars, las acciones de caridad deben tener como fin último a Dios.

En Caritas in Veritate, Benedicto XVI pone como nucleo central de la caridad a la Verdad, a Dios. Cuando se elimina a Dios, desaparece la caridad. No puede existir amor sin Verdad, y por tanto, todos aquellos que dan limosna sin tener presente a Dios, no hacen más que un banal acto material. "Si me falta el amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe" (1 Corintios, 13).

Con respecto a la limosna, muchas personas la utilizan para acallar su mala conciencia, por el hecho de que es lo más sencillo dar unos centimos que abultan la cartera. Una vez hablando con un responsable de Cáritas me dijo que nunca había que dar limosna a la gente que anda pidiendo por las calles, que lo que había que hacer era llevarles a los locales de esta Institución donde cubririan sus necesidades materiales y, fundamentalmente espirituales. Más que de dinero, que también, el hombre está sediento de amor, de esperanza (Encíclica Spe Salvi) y eso sólo lo puede encontrar en Cristo. Creo que apartir de hoy muchos se deberían plantear añadir una limosna "espiritual" a la limosna monetaria.

+ Que Dios te bendiga
31/07/09 9:02 AM
  
María Lourdes
Ugl1820, me alegro que mencionó las encíclicas del Papa. Me recuerda el proverbio que dice que si uno da un pez a alguien hambriento, comerá un día, pero si se le enseña a pescar, comerá todos los días. Creo que hace falta hacer los dos, dar de comer a alguien para que aprenda mejor a pescar. Eso es lo que hace el Papa Benedicto XVI por donde pasa, llevando la Verdad, Amor y Esperanza de Cristo para que comprendiendo mejor su fe, la gente se anime a conservarla y así llegar al Cielo.

También me aconsejó alguien que no diera limosna monetaria a vagabundos que se acercaran a mí en una ciudad en que vivía sino que les diera comida, por ejemplo. Muchas veces les anima la compañía. Claro que es mucho más cómodo dar los céntimos que menciona y así olvidarse de ellos que pensar en su bien a largo plazo.

Sta. María Josefa Rosello estaba dispuesta a perseverar en un acto generoso a largo plazo, demostrando así heroicidad de virtud. Es fácil cuidar de alguien un día, pero ¿meses y años? Menos mal que el Señor y Ntra. Madre están dispuestos a ayudarnos. Sólo tenemos que dejar que actúuen por medio de nosotros. Gracias por sus oraciones.
31/07/09 1:17 PM
  
odet
Ya le advirtió Jesus a Judas iscariote que siempre habria pobres,pero que Él no estaria siempre con ellos,un día presencié como el cura de mi parroquia amonestaba a una catequista por darle dinero a una mujer que se acercó pidiendo (con seguridad hubiera comprado droga,pues su aspecto lo evidenciaba)el parroco la había remitido a Caritas momentos antes y creo que es lo mejor.Creo que saber escuchar a las personas es una buena accion,pues todo el mundo quiere hablar pero pocos te escuchan.saludos.
31/07/09 2:37 PM
  
Norberto
ML
Es cierto que podemos dar mucho más de lo que damos,siempre que se haga para mayor gloria de Dios y como consecuencia de la cooperación con la gracia santificante,si no es así acabaremos desquiciados.
¿Quien hubiera apostado que una muchcachita menuda de un pueblo perido de Albania se convertiría en Teresa de Calcuta?,¿quien que un sacerdote polaco de pueblo (country boy que diria John Denver),que se libró de la muerte por "casualidad" llegaría a ser Juan Pablo II?;sin embargo ahí están sus vidas,bien conocidas para saber que no nos engañamos,que estamos en lo cierto:podemos dar mucho más.
31/07/09 5:01 PM
  
María Lourdes
Odet, lo que admiro es cómo los santos dejaban la prudencia al lado para abrazar la Caridad. Eso le es escandaloso al mundo, que dice compadecerse de los pobres pero les prefiere fuera de su propia casa.

Un párroco me comentó una vez que había que ser prudente con los pobres porque había una mujer en su parroquia que acogió en su casa con su esposo a alguien conocido por ser bebedor y que la gente se quejaba a él de lo que había hecho esa mujer. De tantas cosas malas que pasan en el mundo, me sorprendió oír que la gente considerara escandaloso un acto de caridad.

Estoy de acuerdo en que escuchar es un acto de caridad bastante olvidado, mientras que se haga sin prejuicios, escuchando especialmente a las personas con quienes no nos llevamos bien. Un saluod.
31/07/09 5:17 PM
  
María Lourdes
Me parece interesante esta cita del mismo sermón de S. Juan Vianney (enlace en el artículo) sobre a quién dar limosna:
"Sé muy bien que el hombre de corazón duro es avaro e insensible a las miserias del prójimo… hallará mil excusas para no tener que dar limosna. Así, algunos me dirán: “Hay pobres que son buenos, pero hay otros que no valen nada: unos gastan en las tabernas lo que se les da… otros lo disipan en el juego o en glotonerías”. Esto es muy cierto, son muy pocos los pobres que emplean bien los dones que reciben de manos de los ricos, lo cual demuestra que son muy pocos los pobres buenos. Unos murmuran de su pobreza, cuando no se les da tanto como ellos quisieran… otros envidian a los ricos, hasta los maldicen, y les desean que Dios les haga perder sus riquezas, a fin, dicen ellos, de que aprendan lo que es la miseria. Convengamos en que todo esto está muy mal… tales gentes son precisamente las que se llaman malos pobres. Pero a todo esto sólo he de contestar con una palabra: y es que esos pobres a quienes recriminan porque malgastan las limosnas, porque no se portan bien, porque sufren una pobreza buscada, no piden la limosna en nombre propio, sino en el de Jesucristo. Que sean buenos o malos, poco importa, ya que es al mismo Jesús a quien entregan sus limosnas, según acabamos de ver en lo que hemos dicho anteriormente. Es, pues, el mismo Jesucristo quien los recompensará.

"Pero, me diréis, éste es un mal hablado, un vengativo, un ingrato.

"— Mas, amigo mío, esto no te afecta a ti: ¿tienes con qué dar limosna en nombre de Jesucristo, con la mira de agradar a Jesucristo, de satisfacer por tus pecados? Deja a un lado todo lo demás… tú tienes que entendértelas con Dios… quédate tranquilo… tus limosnas no se perderán, aunque vayan a parar en los malos pobres que tanto desprecias. Además, amigo mío, aquel pobre que te escandalizó, que aún no hace ocho días sorprendiste abusando del vino o metido en cualquier otro desorden, ¿quién te dice que a estas horas no esté ya convertido, y sea ya agradable a Dios?"
31/07/09 5:18 PM
  
María Lourdes
Norberto, hay una anécdota preciosa de cómo el Papa Juan Pablo II salvó cuando era sacerdote a una niña pobre y sola (creo que judía) en tiempos de guerra, llevándole en brazos una larga distancia para que estuviera a salvo. Ella dijo que nunca olvidaría el nombre de ese sacerdote, que siempre había oído cosas malas de los sacerdotes y por eso estaba aterrada, pero que la sonrisa del sacerdote le calmó. ¡Así son los Planes de Dios!
31/07/09 5:23 PM

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