InfoCatólica / María Lourdes Quinn / Categoría: ........ - Tiempo ordinario

15.09.11

Las ventajas de tener una Confraternidad de Madres Cristianas en la parroquia

El 1 de mayo de 1850, Louise Josson de Bilhem, la mujer de un oficial de la corte francesa, fundó la Confraternidad de Madres Cristianas (una organización católica) [enlace en inglés], que obtuvo la aprobación de obispos y se ha extendido por todo el mundo. Hoy en día existen seis Archiconfraternidades de Madres Cristianas en Paris (Francia), Roma (Italia), Regensburg o Ratisbona (Alemania), Cracovia (Polonia), Einsiedeln (Suiza) y Pittsburgh (EE.UU.).

A pesar de haber participado en actividades parroquiales a lo largo de los años, he sido muy reticente a unirme a organizaciones parroquiales y nunca lo había hecho, quizá por la frecuencia con la que me he estado mudando, quizá por tardar en discernir si esa fuera la Voluntad del Señor. Pero, cuando se reestableció una Confraternidad de Madres Cristianas el año pasado en una parroquia local, decidí unirme y no me arrepiento nada de haberlo hecho. Todo lo contrario, recomiendo de todo corazón que se establezcan más Confraternidades de Madres Cristianas por todo el mundo.

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14.09.11

¿Cuánto pesaba la Cruz de Jesús?

Dice el Antiguo Testamento sobre Dios: “Tú todo lo dispusiste con medida, número y peso” (Sb 11,20). No sorprende, entonces, que el Señor dijera con tal precisión en el Evangelio del XXIV Domingo de Tiempo Ordinario [11.09.2011] que el siervo: “le debía diez mil talentos” (Mt. 18, 24) a su rey. Recordemos que en esos tiempos esa cantidad representaba el salario de 150 mil años. Cuando Roma le exigió a Cartago esa cantidad al final de la II Guerra Púnica (201 a.C.), 10.000 talentos eran unas 270 toneladas de plata.

Tan imposible era que alguien pagara esa suma por su cuenta, como que un ser humano corriente pudiera reparar a Dios la ofensa cometida por un solo pecado. Sin embargo, Dios se hizo hombre en la persona de Jesucristo para que el Señor “pagara” nuestra deuda con su propia sangre sobre la cruz que llevó Él mismo al Calvario. ¿Cuánto pesaba la Cruz de Jesús?

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13.09.11

Cómo comencé a "perdonar" a mis padres

El Señor nos dice bien claro en la parábola del Evangelio del XXIV Domingo de Tiempo Ordinario [11.09.2011] que la Justicia de Dios nos castigará: “si cada cual no perdona de corazón a su hermano” (Mt. 18, 35). Al decir “hermano” quiere decir a nuestro prójimo, incluyendo a nuestros propios padres, a pesar de las diferencias entre generaciones, o quizá a causa de esa misma diferencia.

No es ningún secreto que no fui una adolescente ideal, sino más bien una bastante rebelde y que podía volver loca a mis padres con mi comportamiento en casa (ya que en el colegio lograba comportarme muy bien). Pues con mi punto de vista adolescente, no me parecía que tenían ellos que perdonarme, sino que me hacía la víctima…

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10.09.11

Planificación familiar para tener niños multimillonarios

El Señor, con gran generosidad, nos anima en el Evangelio del XXIII Domingo de Tiempo Ordinario [04.09.2011] a: “pedir algo” (Mt. 18, 19) a Dios Padre, prometiéndonos que nos lo concederá si nos ponemos de acuerdo con otros en qué pedirle. Pero un obstáculo, según S. Pablo es que: “…no sabemos pedir lo que nos conviene” (Rom. 8, 26).

Para darnos cuenta de ello, no hay que ir más lejos que cualquier anuncio de la “teología de la prosperidad”, aunque hasta allí se puede aprender algo. Simplemente, se toma uno de esos anuncios [me encontré uno en inglés] y se cambia “el dinero” por “la santidad” y “ricos” por “santos” y alguna cosilla más y se puede conseguir algo tan llamativo como esto:

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9.09.11

"Se murió de todas formas"

Nos promete Jesucristo en el Evangelio del XXIII Domingo de Tiempo Ordinario [04.09.2011]: “Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo.” (Mt. 18, 19). Como explica S. Juan Crisóstomo:

“Quien te redimió y te creó no quiere que cesen tus oraciones, y desea que por la oración alcances lo que su bondad quiere concederte. Nunca niega sus beneficios a quien los pide, y anima a los que oran a que no se cansen de orar.” (en “Catena Aurea”, vol. Vl, p. 294).

Entonces, ¿qué pensar cuando uno reza por un ser amado que está enfermo y el Señor acaba llamándole a su presencia? Sería humano pensar que esa persona “se murió de todas formas”, que falleció a pesar de todas las oraciones de sus parientes y amigos. Surge la tentación de decirle al Señor, como hizo Sta. Marta tras morir su hermano Lázaro: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.” (Jn. 11, 21) Y no extrañaría. Sto. Tomás de Aquino nos advierte que: “En la oración hay un obstáculo que consiste en pensar que la Providencia de Dios no se ocupa de las cosas de este mundo.” (“Compendio de Teología”, II, cap. 6). ¿Cómo reconciliar ese dolor de perder a un ser amado con la fe en el amor de Dios?

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