19.02.09

"Parece que Dios no escucha mis oraciones"

Como el leproso en el Evangelio del 6o. domingo de tiempo ordinario acudimos al Señor en la oración diciéndole: “Si quieres, puedes limpiarme” (Mc. 1, 40), o puedes concederme esta u otra gracia. Le agrada al Señor que pidamos aunque ya sabe bien lo que necesitamos y tiene presente además las necesidades de todos sus otros hijos. Por eso nos recomienda Sta. Teresa de Jesús que seamos pacientes: “Basta poner los ojos en Dios, no en lo que se lleva, ya que no da Dios más de lo que se puede sufrir, y da su Majestad primero la paciencia”.

A pesar de eso, porque somos muy humanos, no es de extrañar que cuando no conseguimos enseguida lo que pedimos al Señor pensemos que Dios no escucha nuestras oraciones. ¿Por qué pasa eso? ¿Qué se puede hacer cuando nos sentimos así? ¿Por qué seguir rezando? Esto nos dicen los santos, los expertos en conseguir gracias de Dios:

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18.02.09

¿Es demasiado severo el Dios del Antiguo Testamento?

Hace un par de días mi familia vió una representación teatral de un libro infantil, “The Runaway Bunny” (“El conejito andarín”), por Margaret Wise Brown, sobre un conejito que quiere irse de casa y alejarse de su madre y para hacerlo dice que se convertirá en diferentes cosas. Su madre le asegura que si se convierte en trucha ella será una pescadora que le pescará, por ejemplo, o si se convierte en un barco, ella será el viento que sople para hacerle regresar a ella. Al final reconoce el conejito: “- ¡Vaya! – dijo el conejito -, mejor me quedo donde estoy y sigo siendo tu conejito. Y así lo hizo. - ¿Quieres una zanahoria? – le preguntó su mamá.”

Este diálogo (que consiste sólo en citas del Antiguo Testamento) muestra una relación parecida entre el Dios del Antiguo Testamento y sus hijos:

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17.02.09

Los 7 mosqueteros del Rey: "Todos para una y una para todos"

“Los tres mosqueteros”(1844) por Alejandro Dumas es el primer libro en una saga de tres (Las novelas de D’Artagnan), que tiene lugar en el s.XVII y está basada en un libro por Gatien de Courtilz de Sandras (1700) sobre el capitán de los mosqueteros de Luis XIV que murió en combate en 1673. El joven D’Artagnan conoce a los tres mosqueteros Porthos, Athos y Aramis con quienes correrá muchas aventuras.

La vida religiosa de los 7 santos fundadores de la Orden Servita (s. XIII) refleja una lealtad heróica a la Iglesia Católica que contrasta con la vida mundana de los personajes de Dumas que estaban al servicio del rey francés (aunque Aramis era además jesuita), a pesar de ciertos paralelos.

Éstos repetían “a un solo grito la fórmula dictada por D’Artagnan: ‘Todos para uno, uno para todos.’” Pero, los santos italianos Alejo, Amadeo, Hugo, Benito, Bartolomé, Gerardino y Juan bien podrían decir: “Todos para una, y una para todos” porque en 1233 para honor de Dios se pusieron al servicio de la Santísima Virgen, Reina de todos los santos. Se llamaron “siervos de María” en la fiesta de la Asunción de María con la bendición de su obispo.

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16.02.09

La última leprosería de Europa está en España

Este sábado, 21 de febrero, se celebrará un consistorio ordinario público para la canonización del P. Damián de Veuster (1840-1889), el “Apóstol de los leprosos” que murió en la Isla de Molokai, en el Océano Pacífico, donde dedicó su vida al cuidado de los leprosos desde 1873. Lo primero que hizo al llegar a la isla fue rezar y luego limpiar la capilla. Transformó ese lugar violento y desagradable en una comunidad con iglesia, hospital, escuela, etc. y siguió trabajando tras contraer la lepra en 1885 hasta su muerte (la foto es de un año antes de su muerte).

Pedía no sólo por sí mismo sino especialmente por el bien espiritual de los otros leprosos. “La necesidad nos obliga a rogar por nosotros mismos, y la caridad fraterna a pedir por los demás. Es más aceptable a Dios la oración recomendada por la caridad que la que es impulsada por la necesidad.” (S. Juan Crisóstomo) No fue a esa isla para curar la lepra física de los leprosos sino para sacrificarse para curarles de toda mancha de pecado para que pudieran morir con almas puras.

No hay que ir tan lejos como el que pronto será Sto. Damián de Molokai para encontrar leprosos. ¿Sabía que la última leprosería de Europa está en España?

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15.02.09

Un jesuita brillante pero incomprendido

S. Claudio de la Colombiere (1641-1682) sufrió las incomprensiones de los que le rodeaban desde que comenzó su vida religiosa, a pesar de que se notaba su gran inteligencia. ¡Qué bien podía apreciar por las calumnias que sufrió en vida que el Señor mirara en el Evangelio del 6o. domingo de tiempo ordinario a un leproso: “sintiendo lástima” (Mc. 1, 41)! Marginado como el leproso, buscaba en el compasivo Sagrado Corazón de Jesús todo su consuelo, como demuestra su “Acto de confianza en Dios” (incluido al final de este artículo).

Destacó en el noviciado y por eso fue mandado como preceptor de los hijos de Colbert, el ministro de Tesoro de Luis XIV, pero encontraron un epigrama contra ese ministro entre escritos que guardaba por cualidades literarios en un cuaderno. No creyeron su falta de malicia y tuvo que volver a Lyon.

Poco después de comenzar su tercera probación fue admitido a los votos solemnes y mandado como superior al colegio de Paray-le-Monial en 1675, donde fundó una congregación mariana para nobles y profesionales para hacer frente a los protestantes. Allí conoció a Sta. Margarita María de Alacoque, una vidente del Sagrado Corazón de Jesús que muchos consideraban engañada por el demonio, pero a quien el santo creía y defendía, propagando la devoción al Sagrado Corazón.

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