XVII. El modo de la creación

180. ––Según lo explicado, el mundo ha sido creado por Dios con absoluta y completa libertad. El modo de la creación es libre ¿Da el Aquinate más explicaciones sobre el modo que ha sido creado el mundo por Dios?

––En segundo lugar, explica Santo Tomás que «Dios produce sus efectos sabiamente». Lo deduce del modo anterior con voluntad libre en el siguiente argumento: «La voluntad se mueve a obrar por alguna aprehensión, pues el objeto de la voluntad es el bien aprehendido. Dios es un agente voluntario, según se ha probado. Luego, como en Dios no hay más aprehensión que la intelectual, y nada entiende si no es entendiéndose a sí mismo, y entenderle a Él mismo es ser sabio, resta que Dios obra según su sabiduría».

Se sigue de ello a su vez que Dios es el modelo, primer ejemplar o prototipo de todo lo que crea. Argumenta el Aquinate: «Los actos que proceden de la voluntad, o son “acciones”, que son perfección del agente, como los actos de las virtudes; o pasan a una materia exterior, y entonces se llaman “producciones”. Y con esto queda claro que las cosas fueron creadas por Dios como algo producido. Mas “el principio de la producción es el arte” (Aristóteles, Ética, VI, 4). Luego todas las cosas creadas se comparan a Dios como las obras de arte al artista. El artista produce sus obras conforme a su sabiduría y entendimiento. Por consiguiente, también Dios hizo todas las criaturas en conformidad a su entendimiento»[1].

Estas afirmaciones afectan a la naturaleza de Dios y a las de las criaturas. A la de Dios, porque implica que la esencia divina es causa ejemplar remota o externa de todas las cosas. A las de la criatura, porque hace que deban considerarse como imitaciones o copias de Dios.

La esencia divina es causa ejemplar remota o externa de todas las cosas de manera perecida a como lo es un paisaje, que un pintor contempla para reproducirlo en un cuadro; y la causa ejemplar próxima o interna de todas las cosas son las ideas divinas, como, en el caso del pintor, es su imagen interna propia del paisaje el modelo ejemplar de lo que está pintando.

181. ––Dios hizo todas las criaturas en conformidad a su entendimiento y, por ello, las ideas divinas son la causa ejemplar o modélica de las criaturas. El pintor produce sus obras conforme a su entendimiento, y de manera parecida el Creador ¿La doctrina ejemplarista de la creación se apoya en la filosofía de Aristóteles, como muchas otras de Santo Tomás?

––Aunque, en su original explicación filosófica de la creación, Santo Tomás utiliza principios aristotélicos, la doctrina ejemplarista la incorpora del pensamiento de San Agustín, que la constituyó al integrar el platonismo en la filosofía cristiana, y además darle un carácter nuclear y fundante de la misma. San Agustín afirmaba, como Platón, la existencia de Ideas eternas, de las que las cosas existentes en el mundo son pálidos reflejos, porque no puede admitirse que la acción creadora de Dios haya sido irracional.

Sin embargo, a diferencia de la doctrina platónica, las ideas en San Agustín son los modelos o ejemplares de todas las cosas, no sólo de lo genéricas y específico, con el platonismo sino también de los individuos. La razón es porque la creación lo es de toda la realidad, incluida la de las cosas concretas y singulares.

Hay una diferencias entre las ideas ejemplares agustinianas y las ideas platónicas,porque San Agustín tuvo que transformar el ejemplarismo platónico, ya que no podía admitir la existencia de un mundo de ideas subsistente en sí mismo, tal como postulaba Platón, ni tampoco existente en una mente universal como había enseñado Plotino. Ello supondría entender que la creación se habría realizado según un modelo independiente de Dios, al que, por tanto, estaría supeditado.

Para San Agustín, las ideas ejemplares son las Ideas del entendimiento eterno de Dios. De este modo las ideas platónicas quedan situadas como existentes en la mente divina. En Dios, por tanto, preexisten todas las cosas. Las ideas ejemplares están en el entendimiento divino, de modo parecido a como en la mente de un artista están con anterioridad de su realización, las obras de arte. Esta modificación representa la inversión de la perspectiva platónica, porque queda fundamentada la eternidad de la ideas en la única y verdadera eternidad de Dios.

Santo Tomás asume la modificación agustiniana del ejemplarismo platónico.Igual que San Agustín, coloca las ideas en la mente divina, porque Dios no puede conocer los distintos entes por ideas subsistentes fuera de El. Además, amplia esta versión cristiana del platonismo, haciendo que las ideas divinas sean la misma esencia de Dios en cuanto conocida.

Esta nueva tesis de Santo Tomás sobre el ejemplarismo divinose basa en su explicación del entendimiento divino. Dios lo conoce todo en sí mismo, en su propia esencia. Se conoce a sí mismo en su único concepto, o verbo, y en su propio verbo entiende todos los entes.El entendimiento divino al comprender su esencia en su verbo, semejanza de sí mismo o Dios entendido, comprende a todos los entes, porqu el verbo de Dios es semejanza del mismo Dios y de todos los entes. Dios al conocer a su esencia como imitable, conoce lo que es propio de cada ente, pues conoce en qué imita su esencia y en qué se aparta de su perfección. Con esta explicación, Santo Tomás puede resolver el problema, que dejo pendiente San Agustín, de compaginar la multiplicidad de las ideas ejemplares con la simplicidad de Dios.

Queda así claramente establecido en la filosofía cristiana que las ideas ejemplares no constituyan un sistema inteligible independiente de Dios. Son su misma esencia o naturaleza, que Él conoce como modelo de las esencias de las cosas.

182. ––Ha quedado probado que el poder o «la potencia divina no se limita a determinados efectos y que por esto no obra por necesidad de naturaleza, sino por entendimiento y voluntad (cc. 22, 23)» o de manera libre. Podría, sin embargo, pensarse que «su entendimiento o ciencia sólo se puede extender a determinados efectos, y que, por tanto obra obligado por su ciencia». ¿Obra Dios por necesidad de su entendimiento o ciencia?

––Santo Tomás declara que: «El entendimiento divino no está coartado a ciertos determinados efectos», ni, por consiguiente, «Dios no obra por necesidad de su entendimiento o de su ciencia». Se puede probar con el siguiente argumento: «Se ha probado (I. c. 49, ss.) que Dios comprende todo lo que puede proceder de Él, entendiendo su propia esencia, en la cual está todo necesariamente por cierta semejanza, como los efectos están virtualmente en la causa. Luego, si la potencia divina no se coarta a determinados efectos, como se ha mostrado (c. 22), se precisa también lo mismo acerca de su entendimiento»[2].

183. ––Todavía podría parecer que la voluntad divina «por la cual obra, quiere necesariamente determinados efectos» ¿Cómo se prueba que la voluntad divina no está coartada a determinados efectos?

––La explicación de Santo Tomás es la siguiente: «La voluntad debe guardar proporción con su objeto. Pero el objeto de la voluntad es el bien entendido, como se ha dicho (c. 24). Luego la voluntad se extiende naturalmente a todo lo que el entendimiento le puede proporcionar bajo la razón de bien. Por tanto, si el entendimiento divino no está coartado a ciertos efectos, como ya se ha dicho (c. 26), es evidente que la voluntad divina no produce necesariamente determinados efectos». Puede asimismo concluirse que: «ningún efecto procede de la voluntad divina necesariamente, sino por su libre disposición»[3].

184. ––Queda únicamente por pensar que Dios haya creado las cosas por un deber de justicia ¿Puede decirse que, en algún sentido, hay alguna razón de justicia o de deuda en la creación?

–– Aclara igualmente Santo Tomás, por una parte, que: «por la creación, la cosa creada comienza por primera vez a tener algo como suyo. Luego la creación no procede de un deber de justicia».

Por otra que: «Nadie debe algo a otro sino es en cuanto depende en alguna manera de él o porque recibe algo de él o de un tercero por razón del cual debe al otro; así, pues, el hijo es deudor del padre, porque recibe de él el ser; el señor, del criado, porque de él recibe el servicio que necesita; y todo hombre del prójimo por Dios, de quien hemos recibido todos los bienes. Más Dios no depende de nadie ni necesita nada que tenga que recibir de otro, como se deduce claramente de lo dicho (I, cc. 13, 28, 40, 102). Luego Dios no produjo las cosas en el ser por un deber de justicia».

Añade el Aquinate que se confirma que la creación no es retribución de una deuda, con estas palabras de San Pablo: «¿Quién primero dio para tener derecho a retribución? Porque de Él y por Él y en Él están todas las cosas»[4]. Seguidamente estas del Antiguo Testamento: «¿Quién me ha dado antes para que yo le deba retribuir? Todo cuanto hay bajo el cielo, mío es»[5].

185. ––Si Dios: «no produce las cosas en el ser por necesidad de naturaleza, ni por necesidad de su ciencia, ni de su voluntad, ni de su justicia», puede decirse, con el Aquinate, que: «ninguna clase de necesidad es un deber de la bondad divina producir las cosas en el ser». Sin embargo, podría replicarse que: «es un deber a sí misma, a modo de cierto decoro» o de obligación moral, dada su bondad generosa. ¿Admite Santo Tomás este tipo de justicia o de débito?

––Recuerda Santo Tomás que: «la justicia propiamente dicha exige el deber estricto, pues lo que se da en justicia a otro se le debe por exigencia del derecho» o de lo

que las cosas son. Por consiguiente: «así como no puede decirse que la producción de las criaturas haya sido por deber de justicia, por el que Dios sea deudor de la criatura, así tampoco que por débito de justicia sea deudor de su bondad». Esta negación lo es si se toma el término justicia o debito en «sentido estricto».pero: «tomada en un sentido lato, puede decirse que hay justicia en la creación de las cosas en cuanto conviene a la bondad divina»[6].

También se puede hablar de otros tipos de justicia, porque: «se halla en las cosas una justicia natural cuanto a su creación y cuanto a la propagación de las mismas. Y, por tanto, se dice que Dios todo lo hizo y lo gobierna justa y razonablemente»[7].

186. ––Según lo dicho todas las cosas dependen: «de la voluntad de Dios, como de su causa primera, que no obra por necesidad a no ser por la que va incluida en el hecho de proponerse su fin». Con ello, parece que: «deja de haber necesidad absoluta en las cosas, hasta el punto de que nos veamos obligados a confesar que todo es contingente» Además, esto es lo que: «suele ocurrir ordinariamente en las cosas; que un efecto es contingente cuando no procede necesariamente de su causa». ¿Hay algunas cosas que sean simple y absolutamente necesarias?

––Declara Santo Tomás que «Hay, efectivamente, algunas cosas creadas que son necesarias natural y absolutamente». Explica seguidamente que: «Son necesarias natural y absolutamente aquellas cosas en las que no hay posibilidad de no ser». En cambio: «Otras cosas son producidas por Dios con una naturaleza que tiene potencia al no ser. Esto sucede en cuanto que tienen materia, que está en potencia respecto a distintas formas» y, por tanto, pueden perder una forma, o que pase al no ser. Por consiguiente: «aquellas cosas en las que o no hay materia o, si la hay, no hay en ella posibilidad a otra forma, no tienen potencia de no ser. En consecuencia, éstas son necesarias en absoluto y simplemente»[8].

Sólo son contingentes en este sentido los entes materiales. En cambio, los entes espirituales, que están constituidos por la mera forma, son necesarios, porque no pueden perderla, salvo que Dios quisiera aniquilarlos al igual que quiso crearlos. Como indica el Aquinate en la Suma teológica: «Las realidades contingentes lo son por parte de la materia, puesto que contingentes es lo que puede ser y no ser; y la potencia pertenece a la materia. La necesidad, en cambio, está implicada en el concepto mismo de forma, por cuanto lo que es consecuencia de la forma se posee necesariamente»[9].

Sin embargo, en estos entes simples esencialmente su forma y lo que se deriva de ella no son algo necesario por sí mismo, porque su necesidad ha sido causada por Dios. Entitativamente ninguna criatura es simple está compuesta de esencia, que puede ser simple o compuesta, y ser, que no posee necesariamente. En el orden entitativo toda criatura, por tanto, es contingente.

Contingencia entitativa que no impide la necesidad esencial. Argumenta también Santo Tomás, en este lugar de la Suma contra los gentiles, que: «Como las cosas creadas son producidas en el ser por voluntad divina, es necesario que sean tales cuales Dios quiso que fuesen. Ahora bien, al decir que Dios produjo las cosas en el ser por su voluntad y no por necesidad, no se descarta que hubiese querido que algunas cosas fuesen necesarias y otras fuesen contingentes, para que hubiera en las cosas una diversidad ordenada. Luego nada impide que haya algunas cosas producidas por la voluntad divina y que sean necesarias».

En el orden esencial, del que se trata aquí, por consiguiente:«Las cosas contingentes pueden ser consideradas de dos maneras. De una en cuanto que son contingentes; de otra, en cuanto que en ellas se encuentra cierta necesidad, puesto que no hay ser tan contingente que no tenga en sí algo de necesario. Por ejemplo, el hecho de que Sócrates corra es en sí mismo contingente; pero la relación de la carrera al movimiento es necesaria, pues, si Sócrates corre, es necesario que se mueva»[10].

Cómo advirtió el tomista español Ángel Luis González: «Quienes consideran la contingencia en el sentido de posibilidad de ser afirman el mismo grado de no necesidad para todos los entes que no son Dios; ello es consecuencia, de un modo u otro, de la reducción del ser a la esencia, de no entender la esencia como potencia de ser y el “esse” como principio intrínseco del ente que le hace real. Pero el contingentismo absoluto de todo lo que no sea propio de Dios es algo que carece de fundamento en la metafísica de Tomás de Aquino»[11].

187. ––Queda probado que en el orden esencial hay necesidad y contingencia en las criaturas. ¿De su demostración se puede inferir que no es necesario que las criaturas hayan existido eternamente?

––Santo Tomás responde que: «nada obliga a concluir que las criaturas hayan sido siempre». Lo prueba con varios argumentos. Uno de ellos es el siguiente: «Nada procede necesariamente de un agente voluntario, sino por razón de algún débito. Pero ningún débito tenía Dios en producir la criatura, si se considera en absoluto la producción de las criaturas en su totalidad. Luego Dios no produjo por necesidad. la criatura».

Si Dios podía crear o no crear, y, por tanto, la existencia de la creación es contingente, tampoco hay necesidad que sea eterna. Añade, por ello, Santo Tomás: «En consecuencia, tampoco es necesario que Dios, por más que sea sempiterno, haya producido la criatura desde la eternidad»[12]. Sin embargo, aunque no sea necesario que lo haya producido es este modo, al igual que no lo es la creación del mundo, podría haberlo creado en la eternidad.

188. ––No obstante, concreta el Aquinate que: «muchos opinaron que el mundo ha sido siempre y necesariamente». ¿Cuáles eran los argumentos que dieron para probar la necesidad y eternidad del mundo?

––Clasifica Santo Tomáslos argumentosaportados para probar la necesaria eternidad del mundo en tres grupos. En el primero se incluyen «las razones que aducen por parte de Dios. La más simple es la siguiente: «El efecto procede de la causa agente por acción de la misma. Ahora bien, la acción de Dios es eterna (…) Luego, las cosas creadas por Dios han sido desde la eternidad».

En segundo lugar, las razones que: «alegan por parte de la criatura»[13]. La cuarta es la siguiente: «Todo agente, al engendrar algo semejante a él, intenta conservar perpetuamente su ser específico, ya que no puede conservar perpetuamente su ser individual. Es imposible que el apetito natural sea vano. Luego es necesario que las especies de las cosas que se engendran sean perpetuas»[14].

En tercer lugar, presenta «otras razones por parte de la acción misma creadora para probar lo mismo totalmente». En la última se dice: «Mientras una cosa se hace, debe haber algo que sea sujeto de la acción, pues la acción, al ser accidente, no puede darse sin sujeto. Luego todo aquello que se hace tiene algún sujeto preexistente. Y no pudiéndose prolongarse esto hasta el infinito, se sigue que el primer sujeto no es hecho, sino sempiterno. De lo cual se deduce también que hay algo eterno además de Dios, puesto que Él no puede ser sujeto de la producción y del movimiento».

189. ––Concluye el Aquinate: «Esas son las razones en las que se apoyan algunos –como si fuesen demostraciones– para decir que es necesario haber sido siempre las cosas creadas. En lo cual contradicen a la fe católica, la cual establece que nada ha sido siempre, a no ser Dios, sino que todo ha comenzado a ser, excepto un Dios eterno»[15]. ¿Sólo se pueden rebatir con la afirmación del dogma de fe del comienzo temporal del mundo?

––Santo Tomás demuestra seguidamente que cada una de las razones: «no concluyen necesariamente» y, que, por tanto, no van contra el dogma de la creación en el tiempo. Respecto la que parte de Dios, nota que: «no se deduce necesariamente de la eternidad de la acción del agente primero la eternidad de su efecto», porque al crear Dios: «así como determina que la cosa ha de ser hecha en determinadas condiciones, así también le prescribe el tiempo, pues en esta acción no sólo se determina que esto sea tal, sino que sea en tal momento, como el médico que determima que se dé la medicina adecuada en tal momento»[16].

Sobre la razón que partía de la criatura, para afirmar la necesidad de sostener la eternidad del mundo, advierte el Aquinate: «la tendencia de los agentes naturales a perpetuar sus especies (…) presupone ya producidos los agentes naturales, Esto hace que esta razón no tenga lugar sino en las cosas producidas ya en el ser, pero no cuando se trata de la producción de las cosas»[17].

Por último, en cuanto al argumento basado en la creación de las cosas, indica que en la producción de efectos por los entes creados hay siempre movimiento o mutación, de manera que «el hacerse no se da a la vez que el ser de la cosa, en lo que se hace por movimiento, en cuyo hacerse hay sucesión». En la creación, que no hay ningún tipo de movimiento ni, por tanto, un sujeto o materia preexistente, ni temporal ni eterna, no es aplicable el argumento, porque «en lo que no se hace por movimiento no es antes el hacerse que el ser. Así evidentemente que nada impide afirmar que el mundo no fue siempre»[18].

190. –– Sobre la cuestión del modo concreto con que Dios ha creado el mundo, además de la posición de los filósofos averroístas –que sostenían que era necesario afirmar que en la creación no hubo comienzo temporal y cuyos argumentos expone y refuta el Aquinate–, existía, en el siglo XIII, la de los teólogos, que negaban la posibilidad de que un mundo creado fuese eterno, porque afirmaban que los conceptos de creación y eternidad implicaban una oposición contradictoria. ¿Cómo probaban racionalmente que, admitida la creación, no es posible sostener la eternidad del mundo?

––Santo Tomás presenta seis argumentos de «quienes aducen algunas razones para probar que el mundo no fue siempre». El primero es el siguiente: «Está demostrado que Dios es causa de todas las cosas, y la causa debe preceder en duración a aquello que se hace por acción de la causa». Si Dios es causa de todas las cosas, y la causa debe preceder en duración a aquello que se hace por su acción, sólo Dios puede ser eterno. Por consiguiente, el mundo no puede ser eterno, sino que ha tenido que ser creado en el tiempo.

En el segundo argumento de la oposición entre creado y eterno, se dice: «Siendo todo el ser creado por Dios, no se puede decir que haya sido hecho de otro ente, y así es forzoso decir que es hecho de la nada, y, por consiguiente, que tiene el ser después del no-ser»[19]. El concepto de creación implica el tránsito de la nada al ser, y eso no sería posible si las cosas creadas hubieran existido desde siempre, desde toda la eternidad. Luego hay que sostener la necesidad de la temporalidad del mundo creado.

Así lo argumentaba San Buenaventura, al escribir: «La producción de la nada supone el ser después del no ser por parte del producido e inmensidad de fuerza productora por parte del principio; siendo esto propio de sólo Dios es necesario que el mundo sea producido en el tiempo por la misma virtud infinita, obrando por sí misma e inmediatamente»[20]. Si el mundo ha sido creado de la nada, tal como enseña la Escritura y sedescubre por la razón, es que ha recibido la existencia después de no tenerla y, por consiguiente, no puede siempre haber existido, ser eterno.

Considera San Buenaventura que: «Sostener que el mundo es eterno, o producido en la eternidad, afirmando a la vez que todas las cosas fueron producidas de la nada, va contra toda verdad y razón (…) está en tal oposición con la razón, que pienso que ningún filósofo, por poco ingenio que tuviese, haya sostenido. Y es que eso encierra en sí una manifiesta contradicción»[21]. En cambio, afirmar que el mundo es eterno, si no se conoce que el mundo es creado, y se cree que se ha hecho de la eternidad de la materia «parece razonable e inteligible».

191. ––Después de exponer todos los argumentos, declara el Aquinate que: «Estas razones no concluyen del todo necesariamente, aunque tengan probabilidad». ¿Cómo prueba esta valoración?

––Santo Tomás refuta los arguemntos con la exposición de «cómo les salen al paso los que defienden la eternidad del mundo».

Replican los filósofos, respecto a la primera razón de los teólogos: «que el agente necesariamente precede al efecto que es hecho por su operación, esto es verdadero en los agentes que hacen algo por movimiento; porque el efecto no está sino en el término del movimiento, pues es necesario que se dé el agente ya cuando comienza el movimiento. Pero en los agentes que obran instantáneamente no es necesario esto, así como a la vez que el sol está asomando por el oriente ya ilumina nuestro hemisferio». Sólo cuando hay movimiento en la operación, la causa necesariamente precede al efecto. Entonces la causa ya está cuando comienza el movimiento, pero el efecto no está sino al final del mismo. En cambio, en la causa que obra instantáneamente, como es Dios al crear, no es necesaria la precedencia de la causa al efecto. Es posible, por tanto, mantener racionalmente que la creación no se ha dado en el tiempo.

La respuesta que dan al otro argumento es la siguiente: «Lo que se dice en segundo lugar no concluye. Lo contradictorio de “ser hecho algo de algo” –que debe darse, si no se da esto– es “ser hecho no de algo”; mas no lo es el ser hecho “de la nada”, de no tomarlo en el primer sentido; por lo que no se puede concluir que sea hecho después del no-ser»[22].

La creación, como afirma Santo Tomás, es un acto instantáneo e indivisible. No hay movimiento, tránsito de un modo de ser a otro, ni, por ello, requiere tiempo alguno. La creación es la aparición de un ente, que no viene de ningún otro, ni de ninguna parte. La nada no existe y, no es propiamente, por tanto, punto de partida de la creación. No es necesario, por consiguiente, concluir que el mundo es temporal.

Cuando se dice «hecho de la nada», puede parecer que la preposición «de» implique que haya precedido la no existencia de lo creado a la existencia de lo creado, y, por tanto, que la nada hay precedido al ser. Lo que realmente se significa con esta expresión es que algo ha sido hecho, pero no de algo.

No hay ningún orden temporal entre la nada y el existir, como si primero hubiese la nada y después la existencia. No puede pensarse que la nada esté en el tiempo, en un tiempo que sería previo al de la existencia. Parece que se piensa así por influencia de la imaginación. En cambio, sí es posible entender que hay un orden de naturaleza, en cuanto que la nada es lo que por si mismo les es propio a los existentes, por recibir la existencia de otro, pues si no la recibieran dejarían de existir y serían nada. Puede decirse, por tanto, que a los entes creados les es más natural la nada que la existencia.

192. ––San Buenaventura, y los teólogos intentaban con argumentos racio­nales probar que no es posible que el mundo haya sido creado desde la eternidad, porque aseguraban que había razones necesarias que demostraban su imposibilidad. Afirmaban, por tanto, que en el concepto de creación es esencial que Dios haya originado lo creado en el tiempo. Con ello, además quedaría racionalmente probado que el mundo fue creado en el tiempo, tal como se afirmaba en la Biblia.

Los filósofos averroístas declaraban que estaban de acuerdo con los teólogos que desde la fe afirmaban que Dios creó el universo de la nada desde el principio del tiempo. Sin embargo, los filosofía podía enseñar la doctrina de la eternidad del mundo y presentarla como una conclusión racional y necesaria. De ahí que los teólogos acusaran a los filósofos enseñar una doble verdad, una valida para la filosofía y otra para la teología. Estos últimos se defendían negando que aceptaran esta absurda doctrina, sino que ellos como filósofos se limitaban a investigar. ¿Cuál es la posición del Aquinate en esta polémica?

––Siempre Santo Tomás probó, frente a los teólogos, que crea­ción y eternidad no son incompatibles[23]. Tampoco siguió a los aristotélicos averroístas, porque mostró que el concepto de creación no exige ni el de eternidad ni el de temporalidad. Ambos son posibles para la creación. En conclusión, la cuestión de la temporalidad o eternidad del mundo en sentido amplio es una cuestión abierta para la filosofía. Lo que no ocurre con el hecho de que las cosas han sido creadas, conclusión racional o filosófica. Si el mundo ha existido siempre o comenzó en algún momento tem­poral no tiene respuesta para la filosofía. Sin embargo, la fe cierra la cuestión, porque enseña que el mundo tuvo un origen en el tiempo, que todo lo creado ha comenzado a existir.

No sólo no se puede demostrar la eternidad del mundo, sino tampoco su temporalidad. No hay respuesta decisiva a la pregunta sobre la eternidad o temporalidad del mundo, porque depende de la voluntad de Dios, que no puede ser conocida por la mera razón humana. Únicamente si la manifiesta al hombre mediante la revelación. En el ámbito filosófico, en esta cuestión, es necesario mantener la suspensión del juicio. No hay, por tanto, en este caso, ni verdad ni falsedad. Hay aquí una sola verdad que es la revelada y mantenida por la teología

Con esta original posición, Santo Tomás coincide, por tanto, con los averroístas en que no puede demostrarse la temporalidad del mundo, pero diverge de ellos en cuanto sostiene que tampoco puede demostrarse su eternidad, ni incluso de manera no absoluta o probable, ya que la temporalidad tendría idéntica posibilidad. En esta cuestión, no puede darse ninguna respuesta.

También se enfrentó a San Buenaventura y a los teólogos de la Facultad de Filosofía, porque mantenía que la temporalidad de la creación es sólo artículo de fe, y si, por ello, se intentara probar no se darían razones concluyentes. Además, a estos teólogos, les advertía Santo Tomás que el no admitir que es indemostrable la temporalidad del mundo, al igual que la eternidad, es perjudicial para la misma fe, porque: « puede parecer que la fe católica se funda en vanas razones y no más bien en la solidísima doctrina de Dios»[24].

Eudaldo Forment



[1] Santo Tomás, Suma contra los gentiles, II, c. 24.

[2] Ibíd., II, c. 26.

[3] Ibíd., II, c. 27.

[4] Rm 11, 35, 36.

[5] Jb 41, 2.

[6] Santo Tomás, Suma contra los gentiles, II, c. 28.

[7] Ibíd., II, c. 29.

[8] Ibíd., II, c. 30.

[9] ÍDEM, Suma teológica, I, q. 86, a. 3, in c.

[10] ÍDEM, Suma contra los gentiles, II, c. 30

[11] Ángel Luis González, Contingencia, en Ángel Luis González (Ed.), Diccionario de Filosofía, Pamplona, EUNSA, 2010, pp. 221-223, p. 222.

[12] Santo Tomás, Suma contra los gentiles, II, c. 31.

[13] Ibíd., II, c. 32.

[14] Ibíd., II, c. 33.

[15] Ibíd., II, c. 34.

[16] Ibíd., II, c. 35.

[17] Ibíd., II, c. 36.

[18] Ibíd., II, c. 37.

[19] Ibíd., II, c. 38.

[20] SAN BUENAVENTURA, Breviloquium, II, c. 1, n. 3, en Obras de San Buenaventura, edición bilingüe, Madrid, BAC, 6 vols., vol. 1, pp. 155-539, p. 243.

[21] ÍDEM, Commentaria in quatuor libros Sententiarum Magistri Petri Lombardi, II, d. 1, p. I, a. 2, q. 2, concl. en San buenaventura, Opera Omnia, edición. de Quaracchi, PP. Collegii S. Buenaventurae, P.B. Portogruar, Quaracchi, Ad Claras Aquas, 1882-1887,. 10 vols, vol. II (1985), p. 29ª.

[22] Santo Tomás de aquino, Suma contra los gentiles, II, c. 38.

[23] Véase: Ignacio Mª Azcoaga Bengoechea, ¿Pudo Dios crear el universo desde toda la eternidad? Una cuestión disputada entre Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura en el siglo XIII, Barcelona, Edicep, 2016.

[24] Santo Tomás de aquino, Summa contra gentiles, II, c. 38.

2 comentarios

  
Luis López
En efecto, Dios no creo el mundo como un deber de justicia. Lo hizo por amor, lo mantiene por amor, nos dio a su único Hijo por amor y nos hará partícipes de su naturaleza por amor. Porque como se nos dice en Juan, el mismo Dios es amor (1 Jn. 4,8).

Y de este magnifico artículo querría destacar esta cita de San Buenaventura:

"Considera San Buenaventura que: «Sostener que el mundo es eterno, o producido en la eternidad, afirmando a la vez que todas las cosas fueron producidas de la nada, va contra toda verdad y razón (…) está en tal oposición con la razón, que pienso que ningún filósofo, por poco ingenio que tuviese, haya sostenido. Y es que eso encierra en sí una manifiesta contradicción"

Pues ahí, tenemos nada menos a Stephen Hawking que sostiene en su último best seller el origen de la materia desde la nada. Lo que prueba que existe una correlación segura entre la genialidad de algunos científicos como tales y a su vez su nulidad como filósofos.
04/09/17 7:06 PM
  
Jorge
Al significar la eternidad es la ausencia del tiempo, es contradictorio afirmar que el mundo o la creación son eternos.

El tiempo y espacio están indisolublemente unidos, por lo que pensar en la eternidad del mundo es un ejercicio ocioso y poco serio.

Que el tiempo pueda dividirse en un sinnúmero instantes infinitesimales como la materia, no conlleva a admitir la infinitud del tiempo, y aun así fuera, un tiempo infinito no es sinónimo de eternidad.
05/09/17 3:49 AM

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