XV. Criaturas y espiritismo

151. ––El libro primero de la Suma contra los gentiles se inicia con las palabras bíblicas: «Mi boca medita en la verdad y mis labios aborrecerán lo impío». ¿El libro segundo de esta obra también la encabeza un lema?

––El libro segundo de la Suma contra los gentiles comienza con el lema: «Medité en todas tus obras y consideré lo hecho por tus manos»[1]. Santo Tomás, con ello, quiere indicar no sólo el anuncio del asunto o tema de los capítulos de esta parte, sino también la sucesión con el libro anterior.

Se había ocupado de la existencia de Dios y de su naturaleza. Indica ahora al iniciar este nuevo libro que: «No es posible conocer una cosa a perfección desconociendo su obrar, porque por el modo y clase de la acción se aprecia el alcance y carácter de la facultad, que a su vez muestra la naturaleza de la cosa, ya que todo agente tiende a obrar según la naturaleza que posee cuando va a obrar».

Para conocer mejor a Dios, es preciso conocer de alguna manera sus obras. «Más hay dos clases de operaciones, según enseña Aristóteles, en su Metafísica (IX, 8, 8): una, que permanece en el agente y le perfecciona, como el sentir, el entender y el querer; otra, que termina en algo exterior y perfecciona al efecto producido por ella misma, como el calentar, el cortar y el edificar».

Las primeras operaciones son inmanentes, permanecen en quien las ejecuta, como el entender y el querer. La segundas son operaciones transeúntes, porque sus efectos son exteriores. «Ambas convienen a Dios: una, en cuanto entiende, quiere, goza y ama; otra, en cuanto da el ser a las cosas, las conserva y las gobierna. Pero como las acciones de la primera clase son perfección del agente, y las de la segunda lo son del efecto, y, por otra parte, el agente precede por naturaleza al efecto y es causa del mismo, es natural que las primeras sean razón de las segundas y las precedan naturalmente, como la causa al efecto. Cosa que aparece manifiesta en lo humano, pues el plan y el propósito del artífice son principio y razón de la edificación».

Las operaciones inmanentes preceden y causan las transeúntes. «Por esto, la primera de estas operaciones, como simple perfección del agente, se apropia el nombre de «operación», o de «acción», mientras que la segunda, por ser perfección de la obra, toma el nombre de lo «hecho» o producido, de donde viene el nombre de manufacturado o «hecho con las manos», pues así se llama a lo que procede del artífice en virtud de su acción».

Indica Santo Tomás que de las acciones o «primeras de estas operaciones divinas, hablamos en el libro anterior, donde se trató del conocimiento y voluntad divinos». Al estudiarsesus atributos entitativos y operativos, de estos últimos sólo se examinaron los que expresaban operaciones inmanentes. «De aquí que, para dar un tratado completo de la verdad divina, falta estudiar ahora la segunda clase de operaciones, a saber: aquellas por las cuales Dios produce y gobierna las cosas».

El lema expresa este contenido y el orden de exposición. Confiesa Santo Tomás que: «El orden a seguir lo podemos tomar de las palabras que nos han servido de lema. En efecto, habla éste, en primer lugar, de lo perteneciente a la meditación de la primera clase de operaciones al decir: «Medité en todas tus obras», refiriéndose «obras» al entender y querer divinos; y continúa hablando de la meditación de lo producido o manufacturado, cuando dice: «y consideré lo hecho por tus manos» el cielo, la tierra y todo aquello cuyo ser depende de Dios, como del artífice procede lo manufacturado»[2].

152. ––Con el examen de las operaciones, por las cuales Dios produce y gobierna las cosas, queda completado, en este segundo libro de la Suma contra los gentiles, el estudio desde la razón de Dios. ¿Cuál es su contenido?

––En esta parte de la Suma contra los gentiles se estudia el acto de la creación y sus efectos, las criaturas. Es necesario el estudio de las criaturas para cumplir el fin general de la obra, la armonía entre la teología natural o racional y la teología sobrenatural. Las dos teologías no sólo no se oponen, sino que la primera conduce a la segunda. Por ello, la consideración de las criaturas contribuye a la comprensión de la fe cristiana. Declara Santo Tomás que: «La meditación de las obras divinas es necesaria para instruir a la fe del hombre acerca de Dios».

153. ––¿Por qué la consideración de las criaturas contribuye a la comprensión de la fe cristiana?

––Santo Tomás lo argumenta con la exposición de cuatro razones. La primera es porque, de cualquier manera que se estudien las criaturas, siempre hay motivo para considerar y admirar la sabiduría de Dios, que las ha hecho. «De cualquier manera que meditemos tales, obras, tenemos motivo para admirar y considerar la sabiduría divina; pues las obras de arte manifiestan el arte con qué están hechas, y Dios produjo sabiamente las cosas en el ser, conforme a lo que se dice en los Salmos: «Todo lo hiciste con sabiduría» (Sal 103, 24) (…) «Admirables son tus obras, y mi alma de sobra las conoce» (Sal 138, 14).

154. ––Según esta primera razón la consideración de las criaturas remite a la sabiduría de su creador, porque al igual que las obras de arte manifiestan el sentido y habilidad del artista, que las hecho, las cosas revelan la sabiduría de su autor. ¿Cuál es la segunda razón?

––Para los conocimientos de la fe es necesaria prestar atención de las criaturas, porque: «en segundo lugar, esta consideración conduce a admirar el poder altísimo de Dios, y, por consiguiente, engendra reverencia a Dios en los corazones de los hombres; porque es natural suponer que el poder del que obra sea más excelente que las cosas hechas por él. Por esto, se dice en el libro de la Sabiduría: «Los que hayan admirado el poder y obras de esas cosas ––o sea del cielo, estrellas y elementos del mundo, cuál se admiran los filósofos––, entienden que el que las hizo es más potente que ellas» (Rm 1, 20). Y en la Carta a los Romanos, se dice: «Lo invisible de Dios se alcanza a conocer por lo que ha sido hecho, lo mismo que su poder sempiterno y divinidad» (Rm 1, 20)».

El examen de las criaturas conduce a admirar el grandísimo poder de su autor. Además, hace que se tenga gran «reverencia» a Dios, porque es lógico atribuir mayor poder en el que obra del que tienen las cosas hechas por él.

155. ––Según Santo Tomás «del admirar a Dios procede el temor y la reverencia». ¿No produce ningún otro efecto la admiración del poder de Dios?

––La consideración de las criaturas lleva al amor a Dios, que es la tercera razón, porque, como explica seguidamente el Aquinate: «En tercer lugar, esta consideración enciende a las almas de los hombres en el amor a la bondad divina, pues toda la bondad y perfección diseminada entre las criaturas se encuentra acumulada en Él, como en la fuente de toda bondad, según se demostró en el libro primero (cc. 28, 40). Si, pues, la bondad, la belleza y dulzura de las criaturas cautiva tanto las almas humanas, la fontanal bondad del mismo Dios, comparada diligentemente con los arroyuelos de bondad encontrados en cada criatura, inflamará y arrebatará hacia sí a las almas de los hombres».

El estudio de las criaturas provoca el amor a Dios por su bondad, ya que la perfección y bondad repartida entre todas las criaturas en distintos grados, está acumulada en Él, que es así como la fuente de toda bondad. «Por esto dice los Salmos: «Me deleitaste, Señor, con tu obra, y transportado en gozo me quedé ante las obras de tus manos» (Sal 91, 5). Y en otra parte se dice de los hijos de los hombres: «Se saciarán de la abundancia de tu casa ––como quien dice: de toda criatura––, y los abrevarás como en el torrente de tus delicias, porque en ti está la fuente de la vida» (Sal, 35, 9, 10)».

156. ––Sólo por estas razones aportadas se puede afirmar con el Aquinate que: «Es patente que la consideración de la criaturas pertenece a la instrucción de la fe cristiana». ¿Cuál es la cuarta y última razón?

––«En cuarto lugar, esta consideración sitúa a los hombres en cierta semejanza con la perfección divina, pues se demostró en el libro primero (c. 49 ss.) que Dios, conociéndose a sí mismo, ve en sí todo lo demás; y como quiera que la fe cristiana instruye al hombre principalmente sobre Dios, y por la luz de la divina revelación le hace conocedor de las criaturas, se efectúa en el hombre cierta semejanza con la sabiduría divina. De aquí que se diga: «Todos nosotros contemplamos a cara descubierta la gloria del Señor, nos transformamos en la misma imagen» (2 Cor 3, 18)»[3].

Al estudiar el hombre las criaturas, su saber se coloca en una posición semejante al conocimiento divino, que conoce perfectamente todas las cosas. Puede decirse que en el hombre se da una semejanza con la sabiduría divina, por el conocimiento, que le proporcionan las criaturas. La ciencia, por ello, no sólo acerca el hombre a Dios, sino que además le permite adquirir otra semejanza con Él.

157. ––Sostiene asimismo el Aquinate que: «Es necesaria la consideración de las criaturas, no sólo para instruirse en la verdad, sino también para desechar los errores; pues los errores sobre las criaturas alejan de la verdad de la fe en la medida en que se oponen al verdadero conocimiento de Dios. Y esto acontece de varias maneras». Los errores sobre las criaturas alejan del verdadero conocimiento de Dios y también, por ello, de las verdades de la fe. Podría decirse que la falsa ciencia aparta de Dios. ¿Cuáles son los errores más importantes?

––El primer error sobre las criaturas, al que se refiere Santo Tomás, en este lugar, se da: «constituyendo como causa primera y Dios a lo que no puede tener el ser sin proceder de otro, y juzgando no haber nada más allá de las criaturas». Nada trascendería a lo material, que sería la causa primera y se identificaría así con Dios. Históricamente el materialismo y el panteísmo siempre se han relacionado mutuamente.

Añade seguidamente Santo Tomás: «engaño en que caen a veces los que ignoran la naturaleza de las criaturas, como ocurrió a aquellos que pensaron que cualquier cuerpo era Dios; de los que habla el libro de la Sabiduría al decir: «Los que tomaron por dioses al fuego, al viento, al aire ligero, al círculo de los astros. Al agua impetuosa, al sol y a la luna» (13, 2)»[4].

Es idolatría la consideración divina de los elementos naturales, de las fuerzas de la naturaleza y hasta de los astros, como hacían los hombres más antiguos. Esta idolatría antigua se acompañada de imágenes, que muchas veces en lugar de representar a los elementos o a los fuerzas de la naturaleza fueron convertidas en sí mismas en dioses, a las que se les daba culto absoluto. Sin embargo, como indicó después el Aquinate: «el nombre de «idolatría» fue introducido para significar todo culto dado a la criatura, aunque se ofrezca sin imágenes»[5]. Del panteísmo filosófico, que confunde el mundo con Dios. Podría decirse que es una idolatría.

158. ––Además del panteísmo, que implica el materialismo y también el determinismo, hay otros errores que impiden el conocimiento verdadero sobre Dios. ¿Cuál es el siguiente que examina el Aquinate?

––Con un conocimiento verdadero de las criaturas, se evita caer en errores parecidos como son la magia o hechicería ––la pretensión de aprovechar fuerzas ocultas en la naturaleza para conseguir efectos o cosas, que no se pueden conseguir por medios naturales–– y la adivinación ––predicción del futuro por procedimientos o medios no naturales––. Con ello: «se atribuye a algunas criaturas lo que es propio de Dios; cosa que ocurre también por errar acerca de las criaturas, porque no se atribuye a una cosa nada que sea incompatible con su naturaleza, a no ser que se desconozca su naturaleza, como si se dijese que el hombre tiene tres pies. Ahora bien, lo que es de sólo Dios no es compatible con la naturaleza de la criatura, como lo que es sólo del hombre no es compatible con la naturaleza de otra cosa. Dicho error procede del desconocimiento de la naturaleza de la criatura. Contra este error se dice en el libro de la Sabiduría: «Pusieron a las piedras y a los leños el nombre Incomunicable» (Sab 14, 21). En este error se precipitan los que atribuyen la creación de las cosas, o el conocimiento de los futuros, o el obrar milagros a otras causas que a Dios»[6]. Estaría así incluido el espiritismo. También muy antiguo, y que se presenta, como unos procedimientos que pretenden invocar a los espíritus, sobre todo a los muertos conocidos, con el intento de que manifiesten cosas ocultas.

159. ––En la actualidad, por espiritismo se entiende generalmente a un grupo religioso, iniciado en el siglo XIX en Estados Unidos, que pretende explicar la relación de los difuntos con el hombre. Según su credo: no hay revelación de Dios; Cristo no es Dios; no hubo pasión ni muerte de Jesús; no hay sacerdocio verdadero; ni tampoco son verdaderos los sacramentos, ni la gracia de Dios; y si hay otra vida, pero no hay cielo ni infierno. ¿Guarda alguna relación con el espiritismo, que está relacionado con este segundo error?

––El espiritismo es muy antiguo. Se lee, por ejemplo, en libro bíblico de Samuel, que el rey Saúl, desesperado por sus pecados y abandonado de Dios, recurrió a una maga nigromante de Endor. A Saúl, sin intervención de la mujer, con los procedimientos con los que evocaba a los espíritus, se le presentó una realidad, que creyó que era el profeta Samuel. Postrado ante el espectro le dijo: «Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por medio de profetas ni por sueños; por esto te he llamado, para que me declares lo que tengo que hacer»[7].

No obstante, Santo Tomás también admite que, para explicar este histórico suceso de adivinación con la invocación a los difuntos, cabría la posibilidad que fuese realmente el profeta. «Como escribe San Agustín, (Libros sobre diversas cuestiones a Simpliciano, II, 3), no es absurdo creer que, según cierto designio providencial, Dios permitiera que, no por influencia alguna de artes o poderes mágicos, sino por secreta disposición suya, desconocida por la pitonisa y por Saúl, apareciese el espíritu de este justo (Samuel) ante los ojos del rey para imponerle, por justo juicio divino, el castigo merecido»[8].

La visión según el relato bíblico hizo una profecía, porque: «Samuel dijo: ¿Para qué me preguntas a mí, habiéndose apartado de ti el Señor y pasándose a tu rival? El Señor te tratará como te lo ha dicho por mi medio; cortará el reino de tu mano y lo dará a otro, a David, por cuanto no obedeciste a la voz del Señor, ni cumpliste el furor de su ira sobre Amalec, por eso el Señor te ha hecho hoy a ti lo que padeces. El señor entregará á Israel también contigo en manos de los Filisteos: y mañana seréis conmigo, tú y tus hijos: y aun el campo de Israel entregará el Señor en manos de los Filisteos»[9].

Sin embargo, los bienaventurados no pueden hacer ninguna profecía como hizo la visión, porque: «la profecía implica la visión de alguna verdad sobrenatural que está lejos»[10], y los bienaventurados ya no están lejos de la verdad. Todavía, para mantener la presencia real del espíritu de Samuel en la visión, podría suponerse que: «El mismo Samuel no había llegado aún al estado de la bienaventuranza. Si, por voluntad de Dios el alma de Samuel dio a conocer a Saúl el resultado de la batalla, revelándose así Dios, esto pertenece de la profecía, pero no se puede decir otro tanto de los santos que viven ya en la patria»[11].

Podría darse otra interpretación de la visión, porque: «que los muertos se aparezcan a los vivos de una u otra manera, sucede o por una especial providencia divina, que dispone que las almas de los difuntos intervengan en las cosas de los vivos, lo que constituye un milagro de Dios; o porque estas apariciones se realizan por acciones de los ángeles, buenos o malos, aun ignorándolo los muertos, como también los vivos se aparecen sin saberlo a otros vivos mientras duermen, como señala Agustín en La piedad con los difuntos, (X, 12)»[12].

Además de la primera interpretación, la de un especial designio divino para que se apareciese el profeta, podría darse la segunda, ya que: «tampoco es absurdo el pensar que no fue sacado realmente de su reposo el verdadero espíritu de Samuel, sino que se trataba de un fantasma o ilusión imaginaria producida por artimañas diabólicas. A este fantasma la Sagrada Escritura le da el nombre de Samuel, siguiendo, al hacerlo, la vieja costumbre de llamar con el nombre de la cosa a la imagen que la represente.»[13].

Santo Tomás, más adelante precisa, sobre esta última interpretación, que: «no hay inconveniente en que esto haya sucedido por arte de los demonios, porque, aunque éstos no pueden evocar el alma de un santo, ni obligarle a que haga algo, puede suceder, por virtud divina, que, mientras consultan al demonio, el mismo Dios comunique la verdad por medio de su mensajero, como, por medio de Elías, respondió a los mensajeros del rey enviados a consultar al dios de Acarón (2 R, 1, 2 ss.)»[14].

En este lugar citado por Santo Tomás, se lee que el rey de Israel: «Ocosías, se cayó por una ventana del piso superior de su casa en Samaria y se hirió, y envío mensajeros, diciéndoles: «Id a consultar a Baalzebub dios de Acarón, si curaré de esta mis heridas»[15] . Les mando a consultar a Baalzebub ––que significa «señor de las moscas»––. Porque, adorado en el Sol, se le atribuía por medio del calor la producción de las moscas, y por medio de moscas consagradas a él se pronosticaba el futuro.

Los mensajeros fueron interceptados por Elías, porque: «El ángel del Señor habló a Elías, tesbita, diciendo: «Levántate y sal al encuentro de los mensajeros del rey de Samaría y les dirás: Pues ¿qué? ¿No hay Dios en Israel que van a consultar a Baalzebub, dios de Acarón? Por lo cual esto dice el Señor: «De la cama en que has subido, morirás» Y se fue Elías»[16]. El rey murió efectivamente como Elías le había dicho.

Es posible una última explicación, en la que el demonio tenga un mayor papel, porque: «Todavía se puede decir que no fue el alma de Samuel, sino el demonio, que habló en su nombre; y a quien el narrador llama Samuel, y su comunicación profética, ajustándose a la opinión de Saúl y de los presentes, que tal opinaban»[17].

160. ––¿Según estas interpretaciones del Aquinate deben atribuirse al demonio los sucesos que ocurren en las sesiones espiritistas?

––Es sabido que ha habido fraudes en el espiritismo, pero también que muchos fenómenos son inexplicables y que pueden atribuirse al demonio. Parece ser que en las prácticas espiritistas, se comienza con un número reducido de personas que se reúnen sentadas alrededor de una mesa sobre la que colocan sus manos. Después la mesa se mueve de manera indecisa y seguidamente el movimiento se vuelve regular, como indicando la acción de una fuerza distinta de la de los reunidos. También se oyen a continuación golpes, primero débiles, y, a continuación, más claros y fuertes. Con ellos se contestan las preguntas de uno de los participantes. También y ya, en otro momento, se dan fenómenos de movimientos y levitación de objetos y muebles. En uno siguiente, se dan apariciones luminosas, a veces, le siguen una mano, o una cara o un cuerpo luminoso.

El último momento es el de la «materialización» de espíritus completos, que parecen tomar de nuevo su cuerpo, que ven, oyen e incluso tocan todos los asistentes. Se les puede tomar el pulso, oír los latidos del corazón, parece que ven y oyen. Permanecen mucho tiempo materializados y después se van desvaneciendo. Queda finalmente como una especie de nube, que desaparece por el suelo[18].

En sus rasgos, según los testimonios, hay algo extraño, que recuerdan los de una máscara. En ellos, no se advierte una auténtica vida, pero tampoco son los de un muerto. Dan la sensación de hay detrás una vida que no acaba de animar. Los caracteres de la cara expresan los de una persona que no está completamente viva, aunque mueva los ojos y los labios al hablar.

En todos los momentos de la sesión espiritista, al parecer se requiere un «medium», y especialmente para esta fase culminante del espiritismo, pero se sabe que la aparición es obra de una inteligencia independiente y separada de los presentes, que actúa con un poder superior. Después se descubre que siempre engaña. No es así la persona del fallecido que parece y dice que es. Su finalidad parece ser el control total del medium u otro asistente, y, en definitiva, lograr la destrucción física, sobre todo mental, y moral de sus víctimas.

La Iglesia católica siempre ha rechazado el espiritismo y todas sus prácticas, pero no se ha pronunciado sobre su naturaleza. Sin embargo, no es difícil concluir que todo lo que ocurre en las sesiones espiritistas sea obra de espíritus diabólicos, que se hacen pasar por las almas de difuntos y buscan hacer el mal en todos los órdenes. En resumen, el resultado de todo ello es que las víctimas acaban en la locura, o el suicidio o la posesión diabólica, que parece ser el ultimo fin del espiritismo.

160. ––¿Cuál es la tercera concepción equivocada de las criaturas, que, como consecuencia, lleva a una doctrina también falsa sobre Dios?

En este nuevo error, incluye Santo Tomás los dualismos maniqueos y a todos los materialismos, que limitan o niegan la omnipotencia divina transfiriéndola a lo creado. Este tercer error está en: «usurpar algo al poder divino que obra en las criaturas, por ignorar la naturaleza de las mismas, como se ve en los que establecen en las cosas dos principios, y en los que sostienen que las cosas proceden de Dios no por su divina voluntad, sino por necesidad de la naturaleza; como también en aquellos que substraen a la divina providencia todas las cosas o algunas de ellas nada más o niegan que pueda obrar fuera del curso de la naturaleza. Todo esto deroga el poder divino. Contra esto se dice en libro de Job: «Juzgando al Omnipotente como quien nada pueda hacer» (Jb 22, 17) y en el libro de la Sabiduría: «Tu muestras tu poder cuando no te creen soberano en poder» (Sb 12, 17)».

161. ––Es innegable que ya con estos tres tipos de errores, como concluye el Aquinate: «se evidencia la falsedad de cierta sentencia de algunos que decían no importar nada a la verdad de la fe la opinión que cada uno pueda tener sobre las criaturas, con tal que se piense rectamente acerca de Dios, como expone San Agustín en el libro El origen del alma; pues el error sobre las criaturas redunda en una opinión falsa sobre Dios y, sometiéndola a cualesquiera otras causas, aparta a las mentes humanas de Dios, hacia el cual se esfuerza por dirigirlas la fe». ¿Hay todavía otra especie de error que tenga estas consecuencias?

––Santo Tomás, por último, se refiere a un género de errores que, con lenguaje actual, podrían denominarse antropológicos. Esta equivocación, se da: «en cuarto lugar, considerándose el hombre ––que es guiado por la fe a Dios como al último fin–– por debajo de algunas criaturas a las que es superior, procediendo esto de que ignora la naturaleza de las cosas y, por consiguiente, su lugar correspondiente en el universo, cual se ve en los que subordinan la voluntad de los hombres a los otros. Contra los cuales se dice en Jeremías: «No temáis a los fenómenos celestes, que producen terror a las gentes» (Je 10, 2): «; y en los que creen que los ángeles crean las almas y que las almas de los hombres son mortales, y otras cosas semejantes. Todo lo cual rebaja la dignidad humana»[19].

162. ––Es doble la utilidad del estudio de la realidad creada para la fe, porque: «la consideración de las criaturas atañe a la doctrina de la fe cristiana, en cuanto resalta en ellas cierta semejanza de Dios y en cuanto el errar sobre ellas induce a errar en lo divino». El examen de las criaturas, en sus relaciones con Dios, es realizada por la teología filosóficacon el mero conocimiento natural. La teología sobrenatural también lo hace, aunque toma como principios los proporcionados por la fe. ¿Para estas dos utilidades, no bastaría una de ellas?

––Las dos son necesarias, porque no son idénticas. La teología sobrenatural o «la doctrina sobre la fe cristiana considera a las criaturas bajo distintas razones que la filosofía humana». La teología natural, que es una parte de la filosofía estudia las criaturas con formalidad filosófica. «La filosofía humana las considera en sí mismas; y así la diversidad de cosas da lugar a las diversas partes de la filosofía».

En cambio, la teología cristina –al igual que la«fe cristiana» en la que se basa–: «las considera no en sí mismas –como el fuego en cuanto fuego–, sino en cuanto representan la grandeza divina y de un modo u otro se ordenan a Dios, pues como se dice en el Eclesiástico: « De la gloria de Dios está llena su obra ¿Acaso no hizo el Señor que los santos enumeran todas sus maravillas?» (Eccl 42, 16, 17)».

Aunque la filosofía y también las ciencias de la naturaleza puedan tomar sus propios descubrimientos para acceder a Dios, en cambio, a las cosas las consideran en sí mismas. No ocurre así en la teología sobrenatural, porque no considera las cosas aisladamente. Así, por ejemplo, desde la mera razón se ve el fuego en cuanto que es fuego. En cambio, desde la fe, las cosas son consideradas en cuanto representan la grandeza divina y en cuanto están relacionadas con Dios, su origen y fin.

De manera que: «El filósofo considera unas particularidades de las criaturas y el creyente considera otras; porque el filósofo considera lo que de ellas se puede considerar atendiendo a la naturaleza de las mismas, como ocurre con el hecho de que el fuego vaya hacia arriba; el creyente considera a las criaturas atendiendo a la naturaleza de las mismas en relación con Dios, como que son creadas por Dios, que le están sometidas».

De la diferencia de formalidades de la filosofía y la teología en el tratamiento de las mismas cosas, se sigue una importante consecuencia: «no se ha de achacar a imperfección de la doctrina de la fe el pasar de largo muchas propiedades de las cosas, como la figura del cielo y la cualidad del movimiento». Las explicaciones de los saberes desde la fe no dan respuestas como lo hacen las ciencias filosóficas o de la naturaleza.

163. ––¿Solamente se sigue esta consecuencia de esta distinción entre las dos teologías?

––Santo Tomás enumera otras dos.La primera consecuencia es que la teología sobrenatural es una sabiduría superior puesto que versa sobre la causa más alta. La razón es la siguiente: «Si el filósofo y el creyente coinciden en algo común sobre las criaturas, lo consideran bajo distintos principios; el filósofo argumentaría acudiendo a las causas propias de las cosas, mientras que el creyente, acudiría a la causa primera; por ejemplo: porque así está revelado por Dios, o porque esto resulta en gloria de Dios, o porque el poder de Dios es infinito».

Ante una mismo realidad, el filósofo argumenta acudiendo a las causas propias de la misma, en cambio, el teólogo lo hace relacionándola con la causa primera y según sus atributos, como la grandeza y el poder, según son conocidos por la revelación del mismo Dios. De ahí que a la teología sobrenatural debe llamarse: «suprema sabiduría, puesto que versa sobre la causa altísima, como dice el Deuteronomio: «Esta es vuestra sabiduría y entendimiento a los ojos de los pueblos» (Deut 4, 6)».

La segunda consecuencia es que la sabiduría suprema teológica sobrenatural puede partir de principios de la filosofía humana. Por su superioridad: «la sabiduría divina parte a veces de principios de la filosofía humanas, pues, aun entre los filósofos, la filosofía primera se sirve de las pruebas de todas las ciencias para mostrar su tesis».. Si la filosofía primera o metafísica, que es la suprema sabiduría filosófica o humana, se sirve de las otras partes de la filosofía, que le son inferiores, en cuanto al saber, también la teología sobrenatural, sabiduría suprema, puede utilizar la misma metafísica y las otras partes de la filosofía.

164. ––Según estas consecuencias, ¿puede decirse que los procedimientos de la teología natural y de la teología sobrenatural son opuestos?

––Concluye Santo Tomás que: «De aquí se sigue también que una y otra doctrina proceden de distinto modo. En la filosofía, que considera las criaturas en sí mismas y partiendo de ellas conduce al conocimiento de Dios, la consideración de las criaturas es la primera, y la de Dios la ultima».La filosofía considera las criaturas en sí mismas y además partiendo de ellas se llega al conocimiento de Dios, y es así teología natural. La consideración de las criaturas es, por tanto, la primera, y la de Dios, la última.

En cambio: «En la doctrina de la fe, que considera a las criaturas sólo en orden a Dios, lo primero es el conocimiento de Dios y después el de las criaturas. Y así este segundo conocimiento es más perfecto, pues es más semejante al conocimiento de Dios, quien conociéndose a sí mismo, ve los demás»[20]. En la teología sobrenatural, o doctrina de la fe, a las criaturas se las considera sólo en orden a Dios. Lo primero es el conocimiento de Dios y después el de las criaturas. La teología sobrenatural parte de la revelación de Dios y desde ella contempla a Dios en sí mismo y también las cosas, en cuanto creadas, dependientes y ordenadas a Dios.

Además,el conocimiento que proporciona la teología sobrenatural es más perfecto que el filosófico, porque es más semejante al conocimiento de Dios, quien, conociéndose a sí mismo, ve todo lo demás. El método descendente de la teología sobrenatural es superior el ascendente de la teología natural.

Eudaldo Forment



[1] Sal 142, 5.

[2] Santo Tomás, Suma contra los gentiles, II, c. 1.

[3] Ibíd., II, c. 2.

[4] Ibíd., II, c. 3.

[5] ÍDEM, Suma teológica, II-II, q. 94, a. 1, ad 4.

[6] ÍDEM, Suma contra los gentiles, II, c. 3.

[7] 1S 28, 15.

[8] Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, q. 95, a. 4, ad 2.

[9] 1 S 28, 16-19

[10] Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, q. 95, a. 4, in c.

[11] Ibíd., II-II, q.174, a. 5, ad 4.

[12] Ibíd., I, q. 89, a8, ad 2.

[13] Ibíd., II-II, q. 95, a. 4, ad 2.

[14] Ibíd., II-II, q. 174, a. 5, ad 4.

[15] 2 R 1, 2.

[16] 2 R 1, 3-4.

[17] Santo Tomás, Suma teológica, II-II, q.174, a. 95, ad 4.

[18] Cf. Robert Hugh Benson, Los espiritistas, Madrid, Homo Legens, 2010.

[19] Santo Tomás, Suma contra los gentiles, II, c. 3.

[20]Ibíd., II, c. 4.

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