24.12.19

(574) Alegraos en el Señor – en Navidad y siempre

Filippo Lippi, 1455

–El Niño divino recibe la adoración de su mamá…

–Sí, pero también quiere recibir su contacto, y por eso alarga su pie izquierdo. Es más tradicional representar a la Virgen María teniendo al Niño en brazos o en el regazo.

Tanto amó Dios a los hombres, que les entregó a su propio Hijo: en Belén, en la Cruz, en la Eucaristía. Y el misterio de la Encarnación del Hijo eterno es el que da inmenso valor de salvación a todos los demás misterios. De nada nos hubiera valido la Evangelización si el Maestro no fuera Dios y hombre. Tampoco la Cruz, si quien diera en ella su vida en sacrificio de expiación y reconciliación con Dios fuera sólo un hombre. En la Navidad celebramos, pues, el primer gran misterio de la fe, el que da a todos los otros fuerza perfecta glorificación de Dios y de salvación humana. Por tanto, vayan las cosas en el mundo y en la Iglesia como vayan, Dios nos manda por el Apóstol: «Alegraos siempre en el Señor» (Flp 4,4).

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15.12.19

(573) Evangelización de América 81 -Río de la Plata VII. -Las Reducciones jesuitas 2 -orden comunitario, artes y oficios

 

–Impresionante.

–Es un ejemplo muy notable de cómo la gracia sobrenatural perfecciona la naturaleza.

 

–Gobierno interior

En la comunidad reduccional los caciques, que en cada poblado eran 20 o 30, tuvieron al comienzo bastantes atribuciones, pero poco a poco fueron relegados a la condición decorativa de nobles, en tanto que se desarrolló una organización electiva de todos los cargos y ministerios. Los cargos en general solían ser anuales, de modo que se veían frecuentemente renova­dos. El indio Corregidor, en cambio, era autoridad constituida por cinco años, y sólo el Superior general de la federación de reducciones, jesuita, por graves causas, podía de­ponerle. Con él, venía en importancia el Cabildo o consejo elegido, com­puesto de alcaldes, fiscales y otros ministros. El Cura, jesuita, asistía, ha­cía observaciones, que normalmente eran acogidas, y tenía en ciertas cues­tiones un poder que podríamos llamar de veto; pero en general su mayor trabajo era asistir a los indios para que asumieran sus responsabilidades y las ejercitaran.

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11.12.19

(572) Evangelización de América 80 -Río de la Plata VI. -Las Reducciones jesuitas 1

 

 –Construcciones impresionantes…

–Las iglesias, las bovedas altísimas cuyos techos, incomprensiblemente, no se hundían, el sonido del órgano, selva sonora, la solemnidad de las celebraciones, las imágenes, los coros, todo era para los indios una revelación de la grandeza de Jesucristo, Dios y hombre, y de la veracidad formidable de la Iglesia Católica.

 

Los jesuitas en el Río de la Plata

Las Constituciones de San Ignacio prohíben terminantemente a la Com­pañía hacerse cargo de parroquias (IV,2; VI,4). Y eso en América ataba las manos de los misioneros jesuitas para trabajar con los indios. Así se lo es­cribía a San Francisco de Borja, entonces General, el provincial Ruiz Por­tillo: «me avise V. P. cómo nos habremos, pues en todas estas Indias es éste el modo que se tiene para convertirlos». A todo esto, el virrey don Francisco de Toledo apremiaba cada vez con mayor fuerza el proceso re­duccionístico.

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1.12.19

(571) Evangelización de América, 79 -Río de la Plata (V) - Las Reducciones misionales

 Reducción S. Ignacio de Moxos, Bolivia Las reducciones misionales jesuitas…

–Y de otras congregaciones religiosas. Las iniciaron los franciscanos y otros, y los jesuitas las perfeccionaron. 

–Primeros cien años de la evangelización de América

Antes de estudiar las Reducciones misionales, conviene recordar brevemente la situación de España en el siglo XVI y las líneas principales de la evangelización de América hispana en ese mismo período. Escribe Manuel Lucena Salmoral (La América… 432-433).    

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23.11.19

(570) Cristo Rey y los ídolos. Comentario de San Agustín al salmo 95

–Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

–Amén. Le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.

Son no pocos y grandiosos los salmos reales (p. ej. 2, 32, 46, 74, 92, 95, 96, 97, 98). Y todos son como vestidos sagrados hechos justamente a la medida de Cristo, siglos antes de su venida. Celebremos, pues, la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo, ayudándonos con el salmo 95, Cantad al Señor un cántico nuevo, breve y grandioso. Seguiremos el Sermón que sobre ese Salmo hizo San Agustín, y que fue guardado como palabra viva gracias a la taquigrafía. Eso explica su carácter coloquial, ciertas repeticiones, etc. que no se dan en sus obras escritas.

La traducción del comentario agustiniano al salmo 95 la he tomado del P. Miguel Fuertes Lanero, OSA, que sitúa el texto en Cartago (412 o bien 407). Y para facilitar su lectura, me permito omitir algunos fragmentos, subrayar en ocasiones el texto, subtitularlo y dividirlo a veces con punto-y-aparte, que el P. Fuertes no usa por fidelidad al original latino.

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