24.02.12

(170) De Cristo o del mundo -XII. Los mártires de los primeros siglos. 2

–¿Va a seguir hablando de los mártires?

–Ya veo que ha leído usted el título, y que ha captado perfectamente la información que en él se comunica.

Crecimiento y alegría de la Iglesia en los tres primeros siglos de persecuciones. La difusión geográfica de la Iglesia y su acrecentamiento numérico es en estos siglos martiriales muy considerable. Sobre todo en el Asia romana, junto a regiones rurales com­pletamente cristianas, hay ya ciudades en que la mayoría ha recibido el Evange­lio.

El crecimiento da alegría. Y también puede decirse que solo lo que está alegre puede crecer. ¿Cómo va a crecer uncuerpo social angustiado, perplejo ante las circunstan­cias adversas, un cuerpo en el que abundan las dudas y divisiones, y en el que no faltan aquellas lamentaciones y quejas que llevan en sí escondida una protesta? Por el contrario, durante esta época martirial no hallamos en la literatura cristiana de la época nada semejante a una la­mentación ante el cúmulo de males que la Providencia di­vina permite que vengan so­bre su Iglesia. ¡Y «motivos» para las la­mentaciones hay entonces de so­bra!… Pero los cristianos saben que ésta es su más alta vocación en el mundo: «completar en su carne lo que falta a los padecimientos de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1,24). Por eso la Iglesia de Cristo en los primeros siglos, estando tan perseguida, crece más y más.

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19.02.12

(169) De Cristo o del mundo -XI. Los mártires de los primeros siglos. 1

–Yo…

–Ya. Y punto.

«Decíamos ayer» (Fray Luis de León)… cómo Cristo y los Apóstoles veían y hablaban del mundo presente pecador. Describiré ahora cómo veían los cristianos de los primeros siglos el mundo en que vivían o, por mejor decirlo, mal-vivían.

Las pequeñas comunidades cristianas, a partir de la primera de Jerusalén, se van multiplicando por todo el Imperio romano. No se distinguen en ellas todavía más que pastores y laicos, aunque tam­bién hay algunos ascetas y vírgenes, que vi­ven en sus familias o aislados, o quizá a ve­ces asociados, en modos hoy escasa­mente conocidos.

Desde el año 64 hasta el 313 vive la Iglesia en una situación mar­tirial. Roma, habitualmente tolerante con todas las religiones indígenas o extranjeras, sin embargo, emite en el año 64 contra los fieles de Cristo un edicto de proscripción, el llamado institutum neronia­num: que «los cristianos no existan»: «cristiani non sint». En efecto, ne­gándose los cristia­nos a dar culto al emperador y a otras mani­festaciones de la religiosidad oficial romana, se hacen infractores habituales del derecho común, y vienen a incurrir en crimen de lesa majestad (lex majestatis).

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10.02.12

(168-2) La Fraternidad de San Pío X y la Iglesia indefectible

La Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, al parecer, sigue sin aceptar las condiciones exigidas por la Sede Romana para reintegrarse a la unidad de la Iglesia Católica. Mons. Fellay, Superior general de la Fraternidad, en un sermón pronunciado en el Seminario de la FSSPX en Winona (2-II-2012, Minnesota, USA), dijo que las dificultades para la aceptación no provenían de las situaciones prácticas que la Santa Sede ofrecía a la Fraternidad, sino que se centraban en las cuestiones doctrinales. Conocemos el audio de su predicación y su transcripción en inglés, un tanto imprecisa, al tratarse de un lenguaje coloquial. Cuando dice “nos vimos obligados a decir que no. No firmaremos", (And that’s why we were obliged to say no. We’re not going to sign that), se refiere, según entiendo, al Preámbulo que les había sido entregado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, esperando de la FSSPX su aceptación. Según parece, no han estimado posible aceptar las condiciones requeridas para su vuelta a la unidad de la Iglesia. Quiera Dios que ésta se logre en un futuro próximo.

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2.02.12

(168) De Cristo o del mundo -X. Caminos de perfección en el N. T.

–A ver qué nos dice hoy, jefe.

–Le veo a usted de muy buen ánimo. Bendigamos al Señor.

Los dos artículos anteriores nos muestran cómo Cristo y los Apóstolesestablecen caminos para la perfecta vida evangélica, y cómo lo hacen en referencia 1.-a los pastores, 2.-a los laicos en general, y 3.-a los re­nunciantes, es decir, a aquéllos que, por especial don de Dios, renuncian a poseer bienes de este mundo.La vida de estos que renuncian al mundo se configura de un modo más claro en el siglo IV, cuando cesan las persecuciones, como lo veremos más adelante.

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26.01.12

(167) De Cristo o del mundo -IX. Los Apóstoles y el mundo

–Y ahora vamos a ver lo mismo en los Apóstoles. Jo.

–Póngase cómodo, porque esa relación entre Iglesia y mundo la iremos considerando hasta llegar al tiempo actual.

En los apóstoles, evidentemente, no vamos a encontrar en su consideración del mundo sino una prolongación fiel de la doctrina de Cristo. Pero nos hará bien escuchar concretamente sus enseñanzas, en las que podremos apreciar nuevos matices y desarrollos. No incluyo en este artículo –lo dejo para más adelante– la doctrina sobre el mundo que da San Juan en el Apocalipsis. En este libro sagrado hallamos, sin duda, la más alta visión de la relación Iglesia-mundo.

El mundo creación. En el Antiguo Testamento, en los salmos concretamente, la contemplación gozosa y admirada del mundo creado y la alabanza del Creador se expresan con gran frecuencia y con formidable elocuencia. Toda esa espiritualidad creacional sigue vibrando en la Iglesia de los Apóstoles, especialmente en su liturgia, porque en ella sigue hablando Dios por los libros sagrados de Israel. El Salterio, en concreto, es el libro del Antiguo Testamento más veces citado en el Nuevo. El entusiasmo por el Creador y por su mundo creado, que los Salmos expresan, sigue vibrando en la primera comunidad apostólica: «siempre en salmos, himnos y cánticos espirituales» (Ef 5,19; Col 3,16).

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