InfoCatólica / Reforma o apostasía / Categoría: Santidad perfección

4.01.16

26.04.15

(318) La alegría cristiana (y III), y sus cien motivos

Pórtate bien

–Quedamos en que el paganismo es triste y el cristianismo alegre (I).

–Y en que la alegría cristiana debe ser pedida, procurada y guardada con todo cuidado (II). Veamos ahora finalmente los motivos de la alegría cristiana (y III):

Es de experiencia, es dato indiscutible –aunque haya quien lo niegue–, que allí donde se vive más en Cristo hay más alegría. En mí propia experiencia, recuerdo tantas confirmaciones de la alegría cristiana en familias, en enfermos, en seminarios y noviciados, en ancianos, en riqueza y en pobreza, en sabios e ignorantes, en colegios y escuelas, en paz o en guerra. Es una alegría sencilla la de quienes viven en Cristo, no estimulada por placeres o prestigios, sino nacida de dentro, nacida de Dios. Es a un tiempo humana y sobre-humana.

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14.04.15

(316) La alegría pascual cristiana (II), pedirla y procurarla

hombre sonriente

–O sea que los cristianos tenemos que estar siempre alegres… ¿Y nuestro Señor Jesucristo, que en Getsemaní dice «me muero de tristeza», qué?

–Buena pregunta. Siga leyendo.

 En el artículo anterior decía que los cristianos, por la oración y la ascesis, hemos mantener siempre encendida en el altar de nuestro corazón la llama de la alegría, sin permitir que nada ni nadie la apague. El Magisterio apostólico de Pablo Vi en la exhortación apostólica Gaudete in Domino (9-V-1975) enseña maravillosamente esta doctrina. También en la liturgia de la Iglesia se expresa muchas veces con gran lucidez y profundidad el misterio de la alegría evangélica; por ejemplo, en la Misa del III domingo de Adviento, Dominica lætare.

Vamos con ello.

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9.04.15

(315) La alegría pascual cristiana (I), la que falta al mundo

Passignano -1600–A mí no acaba de convencerme eso de que tengamos que alegrarnos a fecha fija, porque lo manda el calendario.

–Hace años un párroco rural regañaba un domingo a un feligrés por estar trabajando con la mula en el campo. Y el aldeano repuso: «¿Qué sabe la mula cuando es día de fiesta?»… Pues eso.

El tiempo de la Iglesia no es homogéneo, siempre igual. Tampoco son siempre iguales en el ciclo vital de la naturaleza los tiempos sucesivos del año: primavera, verano, otoño e invierno. Cada uno tiene su forma de vida y su fisonomía propia. De modo semejante en el Año de la Iglesia los ciclos vitales de la Iglesia van cambiando, y si la gracia propia de la Cuaresma, por ejemplo, es ser tiempo de conversión y penitencia, la gracia propia del tiempo pascual es la alegría, la anticipación de la vida celestial.

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19.01.14

(255) Información y formación personal –y 5. Televisión, internet, redes sociales

–Yo creo que ya está bien ¿no?

–Yo creo que no, que habría que decir más verdades, y con más orden y concisión. Pero.

En nuestro tiempo se ha acrecentado enormemente la tentación de la curiosidad vana o mala. Durante casi toda la historia el hombre común ha tenido un acceso muy limitado a noticias y publicaciones. Normalmente el común de los hombres vivían clausurados en las noticias y comentarios de familiares y vecinos, de bodas y niños, enfermedades y muertes, de las cosas del campo. No tenían diario ni radio. Sus libros eran la Biblia y el catecismo, las vidas de santos y los libros de piedad, y quizá algún libro profano de leyendas o aventuras. A todo lo cual se añadían también algunas veces noticias, recibidas normalmente en modo confuso, que salían de lo ordinario: proyectos políticos o sociales, obras de caminos y construcciones, guerras y paces, nuevos impuestos, etc. El hombre vivía ensimismado en sí mismo y su familia, en su municipio y sus trabajos. Y si era religioso, centrado en Dios.

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