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8.07.11

Constantino no inventó el cristianismo (1)

1. Introducción

En “El Código da Vinci” de Dan Brown se sostiene que la divinidad de Cristo habría sido ignorada durante los tres primeros siglos de la era cristiana, inventada luego por el emperador romano Constantino y promulgada por mayoría en el Concilio de Nicea (el primer concilio ecuménico), en el año 325. Además se sostiene que, a fin de apuntalar su invención, Constantino habría mandado destruir los numerosos evangelios que circulaban hasta ese entonces y habría ordenado y financiado la composición de los cuatro evangelios reconocidos por la Iglesia como canónicos.

Me propongo demostrar el carácter totalmente falso de esa tesis del origen constantiniano del cristianismo, la principal de las numerosas tesis anticristianas de esa tristemente célebre obra de Dan Brown.

Para refutar esa tesis absurda basta recordar dos hechos evidentes para cualquiera que tenga un mínimo conocimiento del origen del cristianismo:

• el Nuevo Testamento fue escrito en el siglo I;
• el Nuevo Testamento afirma explícitamente la divinidad de Cristo.

A pesar de la obviedad de estos dos hechos, los presentaré con algún detenimiento.

2. El Nuevo Testamento fue escrito en el siglo I

Hay un consenso unánime entre los expertos de todas las tendencias religiosas y filosóficas acerca de que el Nuevo Testamento (NT) fue escrito sustancialmente en el siglo I: es seguro que hacia el año 100 se había completado la redacción de los cuatro Evangelios canónicos, los Hechos de los Apóstoles, el Apocalipsis y la gran mayoría de las Epístolas del NT. Algunos estudiosos difieren hasta principios del siglo II la redacción de algunas de las Epístolas. No obstante, todos concuerdan en que alrededor del año 120 (más de doscientos años antes del Concilio de Nicea) el proceso redaccional del NT estaba concluido.

Sin embargo, no me limitaré a presentar un argumento de autoridad. Las razones que fundamentan el consenso referido son muchas y muy sólidas. Expondré dos pruebas de la redacción del NT (y por ende de los cuatro Evangelios canónicos) antes del siglo IV (más exactamente, en el siglo I): la prueba basada en las citas patrísticas y la prueba basada en los manuscritos antiguos.

Acerca de la primera de estas pruebas, diré simplemente que se conocen más de 32.000 citas del NT incluidas en las obras de los Padres de la Iglesia y otros escritores eclesiásticos anteriores al Concilio de Nicea (“antenicenos”). El NT entero, con la única excepción de once versículos, podría ser reconstruido a partir de esta sola fuente. Si ya de por sí la teoría conspiratoria de Dan Brown sobre el origen constantiniano de los Evangelios canónicos es completamente inverosímil, extenderla suponiendo que Constantino también habría mandado interpolar estas 32.000 citas en centenares de obras de los siglos I, II y III, conservadas en millares de copias dispersas por todo el territorio del Imperio Romano y más allá de sus límites, aumentaría infinitamente la inverosimilitud de su teoría.

Presentaré con mayor amplitud la segunda de las pruebas anunciadas. Se conocen más de 5.300 manuscritos griegos antiguos del NT. Además han sobrevivido hasta hoy unos 10.000 manuscritos antiguos con copias del NT en latín y otros 9.300 con versiones en siríaco, copto, armenio, gótico y etíope, totalizando más de 24.000 manuscritos antiguos del NT, una cantidad mucho mayor que la correspondiente a cualquier otra obra literaria de la Antigüedad, exceptuando el Antiguo Testamento. Las variaciones del texto encontradas en estos manuscritos son pequeñas y no afectan a la sustancia de la doctrina cristiana.

En cuanto al canon del NT, Tertuliano afirma que hacia el año 150 la Iglesia de Roma había compilado una lista de libros del NT idéntica a la actual. Se conserva un fragmento casi completo de esta lista en el Canon Muratoriano del año 170.

Las Biblias completas más antiguas son el Códice Vaticano (circa año 300) y el Códice Sinaítico (circa año 350), conservados en el Museo Vaticano y el Museo Británico, respectivamente. Los manuscritos del NT de los tres primeros siglos son fragmentarios: contienen desde unos pocos versículos hasta varios libros completos. Los más antiguos son los papiros. Los 96 papiros numerados (desde P1 hasta P96) contienen partes de cada libro del NT excepto 1 y 2 Timoteo.

En 1897-1898 la nueva ciencia de la papirología se vio sacudida por el descubrimiento de los más de dos mil papiros de Oxyrhynchus en Egipto. 28 de estos papiros corresponden a 15 de los 27 libros del NT. Veinte de ellos eran más antiguos que los manuscritos más antiguos del NT conocidos hasta ese entonces.

En 1930-1931 Sir Frederic Kenyon publicó los papiros Chester Beatty (P45, P46 y P47), los cuales fueron datados como del período 200-250. Estudios más recientes demuestran que P45 es del año 150 y P46 del año 85, aproximadamente. Estos papiros eran mucho más extensos que los papiros conocidos hasta entonces: contienen docenas de capítulos de los Evangelios, los Hechos, las cartas de Pablo y el Apocalipsis.

En los años cincuenta fueron descubiertos los papiros Bodmer (P66, P72, P73, P74 y P75). El más importante de ellos es P66, que contiene los primeros 14 capítulos del Evangelio de Juan. Originalmente fue datado como del año 200, pero estudios más recientes prueban que es del año 125 o anterior.

Hacia 1960 se consideraba a P52 (el “Papiro Rylands“) como el papiro del NT más antiguo. Originalmente datado como del año 125, hoy se considera más exacta una fecha cercana al año 100. Contiene cinco versículos del capítulo 18 de Juan.

La papirología ha avanzado mucho en los últimos cincuenta años debido a la disponibilidad de equipamiento moderno y de miles de papiros utilizables como medios de comparación. La mayor parte de las redataciones recientes han dado como resultado fechas más tempranas que las asignadas originalmente.

Trabajos recientes de Carsten Peter Thiede y Philip Comfort han demostrado que los papiros P64 y P67 son dos fragmentos del mismo manuscrito original, que contiene parte del Evangelio de Mateo. P64 es llamado “Papiro Magdalen“, debido a que es conservado en el Magdalen College de Oxford. P67 es conservado en Barcelona. En 1901 el Rev. Charles Huleatt dató a P64 como del siglo III. En 1953 C. H. Roberts lo redató alrededor del año 200. En 1995, usando técnicas modernas y los rollos del Mar Muerto, Thiede reasignó a P64/P67 la fecha del año 60.

Este descubrimiento es muy importante porque según la gran mayoría de los exegetas actuales el Evangelio de Mateo habría sido escrito hacia el año 80. Como además una mayoría todavía más contundente de los expertos atribuye la mayor antigüedad al Evangelio de Marcos, resulta que la redacción de Mateo y de Marcos habría tenido lugar al menos veinte o treinta años antes que lo que era generalmente admitido en medios académicos. Este descubrimiento tiene grandes consecuencias, que apenas han comenzado a ser evaluadas, en la cuestión de la historicidad de los Evangelios. Es un duro golpe a las teorías sobre el supuesto origen mitológico del cristianismo, porque la formación de un mito requiere, entre otras cosas, bastante tiempo, un tiempo que no puede haber existido si, como sostiene la tradición católica desde siempre, los Evangelios sinópticos fueron compuestos mientras aún vivían San Pedro y los demás apóstoles, testigos oculares de los acontecimientos de la vida de Jesús.

Pero la revolución de los papiros no se detiene aquí. En 1947 unos beduinos redescubrieron accidentalmente en Qumran la biblioteca de la secta judía de los esenios, destruida en el año 68. Las cuevas de Qumran no contenían ningún texto griego, salvo la cueva 7, donde fueron encontrados 19 fragmentos en lengua griega, 18 de ellos papiros en forma de rollos. Dos de los textos de la cueva 7 (7Q1 y 7Q2) fueron inmediatamente identificados como pertenecientes a la Biblia de los LXX (la primera versión griega del Antiguo Testamento). El resto de los papiros (cada uno de ellos muy fragmentario) permanecieron no identificados durante mucho tiempo.

En 1972 el jesuita español José O’Callaghan descubrió que el texto del papiro 7Q5 encajaba perfectamente con Marcos 6,52-53. Posteriormente un análisis computarizado reveló que ése era el único texto griego antiguo conocido que concordaba con 7Q5. Los principales papirólogos del mundo han aceptado como indudable esa identificación de 7Q5. Usando microscopio electrónico, fotografía infrarroja y otras evidencias, Thiede dató 7Q5 como del año 50. La mayoría de los estudiosos que atacan las conclusiones de O’Callaghan y Thiede no son papirólogos sino exegetas que se rehúsan a aceptar que el Evangelio de Marcos pudo haber sido escrito tan tempranamente, porque esto contradice gran parte de su propia obra exegética.

Aún más segura es la identificación de 7Q4 con 1 Timoteo 3,16-4,3, también propuesta por O’Callaghan y confirmada por estudios posteriores. La datación exacta de 7Q4 es difícil, pero este papiro es obviamente anterior al año 68, lo cual concuerda con la probable composición de 1 Timoteo en el año 55. Es importante notar que muchos exegetas actuales consideran que las cartas 1 Timoteo, 2 Timoteo y Tito no serían del mismo San Pablo, sino de un discípulo suyo que, utilizando el nombre de su maestro, las habría escrito después del martirio de éste (año 67), o incluso después del año 100. La identificación de 7Q4 ha destruido esta hipótesis. En la formación de esta hipótesis, que es la que prevalece en el campo protestante, ha influido el hecho de que en estas tres cartas paulinas se pueden detectar numerosos indicios (referencias a la jerarquía eclesiástica, etc.) de lo que autores protestantes llaman “protocatolicismo".

En resumen, la identificación y la datación de P64, P67, 7Q4 y 7Q5 ha demostrado que gran parte de los Evangelios y de los otros libros del NT fueron escritos antes del año 70, año de la destrucción de Jerusalén por parte del Emperador romano Tito. (Continuará).

Daniel Iglesias Grèzes

Nota: En el numeral 2 utilicé muchos datos tomados de:
N. T. Ancient Manuscripts, en: http://www.biblefacts.org/history/oldtext.html
• y Pastor V. S. Herrell, Papyrology and the Dating of the New Testament, en:
http://www.christianseparatist.org/briefs/sb4.09.htm (página ya no disponible).

14.06.11

Diálogo sobre la Santísima Trinidad (4)

Felipe: Según los eruditos, la traducción correcta de Juan 1,1 es: “En el principio era la Palabra y la Palabra era hacia el Dios y la Palabra era un ser divino".

El “Dios” con quien está la Palabra es “ton Theon” ("el Dios", con artículo). El “dios” que es la Palabra es “theos” ("dios", sin artículo). Como este “theos” no tiene artículo determinado, entonces resulta que el “Logos” (la Palabra) no es “Theos", sino que tiene cualidades de “theos". Es un ser divino, pero no es Dios. Si quieres una explicación erudita, lee el Journal of Biblical Literature, volumen 92.

Pablo: Mi respuesta tendrá tres momentos.

En primer lugar, no admito que apoyes tu tesis en la autoridad de “los eruditos". La inmensa mayoría de los eruditos, a lo largo de dos milenios, a pesar de sus diversas tendencias religiosas y filosóficas, ha apoyado la traducción tradicional, que es una clara afirmación de la divinidad de Jesucristo, Hijo de Dios Padre; de modo que en realidad no te refieres a los eruditos en general, sino a los eruditos de tu tendencia “unitaria” (antitrinitaria).

En segundo lugar, quiero destacar que nuestro versículo no presenta ningún problema de crítica textual, por lo cual nuestra discusión se reduce estrictamente a un simple problema de traducción. Entre los miles de manuscritos antiguos del Nuevo Testamento que se conservan no figura ninguna variante del texto griego de Juan 1,1. Esto se puede comprobar en cualquier buscador de Internet utilizando las palabras clave “Greek New Testament Critical Edition” u otras semejantes, lo cual da como resultado un material abundantísimo.

En tercer lugar, pasaré a refutar tu tesis. Dado que mis conocimientos de griego son escasos, me limitaré a mostrar que las traducciones del prólogo del Evangelio de Juan de los testigos de Jehová no son coherentes con tu tesis, a dar un argumento de tipo histórico-teológico y a consultar a un experto en griego bíblico.

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9.06.11

Diálogo sobre la Santísima Trinidad (3)

3. El dogma trinitario pertenece a la Divina Revelación

Felipe: Sigue en pie mi tercera objeción. Ningún texto de la Biblia enseña el dogma trinitario, de lo cual deduzco que éste es una mera invención humana.

Pablo: Antes de pasar a refutar tu tercera objeción, por favor explícame qué creen los testigos de Jehová acerca de la naturaleza del Hijo y del Espíritu Santo.

Felipe: Los testigos de Jehová creemos que el Hijo es un ser divino, pero no es Dios, sino el arcángel San Miguel, la principal creatura de Dios. También creemos que el Espíritu Santo no es una persona, sino la fuerza activa de Dios.

Pablo: Mi respuesta a tu tercera objeción mostrará que tus afirmaciones sobre el Hijo y el Espíritu Santo son contrarias a la Revelación. Pero antes quiero destacar que ambas afirmaciones son también contrarias a la razón.

Si el Hijo es verdaderamente un ser divino, entonces su esencia es la esencia divina y por lo tanto es Dios. La idea de un “ser divino distinto de Dios” es auto-contradictoria.

Si el Espíritu Santo es verdaderamente el Espíritu de Dios, entonces no puede ser una fuerza impersonal. Toda persona es espíritu y todo espíritu es persona. La idea de un “espíritu impersonal” es auto-contradictoria.

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8.06.11

Diálogo sobre la Santísima Trinidad (2)

2. El dogma trinitario no es antibíblico

Felipe: Ahora me queda más claro qué es lo que la doctrina católica dice y qué es lo que no dice. Pero, pasando a mi segunda objeción, te demostraré que la verdad acerca de Dios está en la línea de lo que llamas “subordinacionismo". Me bastará citar dos textos bíblicos:

1 Corintios 8,6: “Para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros.” Por lo tanto sólo el Padre es Dios. No existe Dios Hijo ni Dios Espíritu Santo. Jesucristo es simplemente “Señor”, alguien superior a nosotros, a quien debemos obedecer, pero distinto de Dios.

Efesios 1,17: “Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerlo perfectamente.” De este texto se deduce que el Padre es el Dios de Jesús, que Él controla al Espíritu Santo y que la finalidad del don del Espíritu es conocer perfectamente sólo al Padre.

Pablo: Antes de responder tu segunda objeción debo establecer algunas premisas básicas. Dios es el Ser infinito e inmutable y por lo tanto el misterio de Dios revelado por Cristo es una verdad infinita e inmutable. Sin embargo los hombres, destinatarios de la Divina Revelación, somos seres finitos y mutables, que se desarrollan en la historia. Teniendo esto en cuenta, se comprende fácilmente que la auto-revelación de Dios a los hombres en la historia haya debido ocurrir a través de un largo proceso histórico, gradual y progresivo; y también que, incluso después que la historia de la revelación alcanzó su plenitud objetiva en Jesucristo, todavía haya de darse en la Iglesia una historia de la comprensión subjetiva de la revelación, un desarrollo de la doctrina cristiana.

Por lo tanto no ha de sorprendernos que en la Tradición de la Iglesia e incluso dentro de la propia Sagrada Escritura podamos comprobar una evolución o desarrollo del dogma y de la teología. Esto representa el cumplimiento de una promesa hecha por Jesús en la Última Cena: el Espíritu Santo recuerda las palabras de Jesús a sus discípulos congregados en la Iglesia, les enseña su verdadero sentido y los guía hasta la verdad completa (cf. Juan 14,26; 16,13).

Teniendo esto en cuenta, podemos comprender el hecho de que en el Nuevo Testamento la palabra “Dios” designe generalmente (aunque no siempre) al Padre y que, sin embargo, esto no implica en modo alguno negar la divinidad del Hijo y del Espíritu Santo. Como veremos en la respuesta a tu tercera objeción, hay muchas excelentes razones para afirmar que la doctrina trinitaria está contenida implícitamente en la Divina Revelación transmitida por escrito en la Biblia y que, por lo tanto, la formulación explícita del dogma trinitario no es una corrupción, sino un desarrollo auténtico de la doctrina cristiana. En este punto me basta mostrar que tu argumento no es concluyente.

En 1 Corintios 8,6 –como en muchísimos otros pasajes del Nuevo Testamento– Jesucristo es llamado “Señor", un título que indica claramente su carácter divino. El equivalente hebreo del griego “Kyrios” (Señor) es “Adonai", la palabra que utilizaban los judíos, al leer las Escrituras, para sustituir el tetragrama sagrado (YHWH), el impronunciable nombre de Dios.

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27.04.11

Dios castiga

Hoy en día muchos fieles cristianos sostienen que Dios no castiga, pues Él es amor. Analicemos brevemente esta tesis sorprendente.

El verdadero castigo no tiene nada que ver con el sadismo o la crueldad, sino que está relacionado con la justicia. El diccionario define “castigo” como “pena impuesta al que ha cometido un delito o falta". El hecho de que Dios castiga, es decir que impone penas a los culpables de pecados, es una de las verdades mejor atestiguadas en la Sagrada Escritura. En efecto, en la edición en CD-ROM de la Biblia denominada “El Libro del Pueblo de Dios", las diversas palabras derivadas del sustantivo “castigo” o del verbo “castigar” aparecen 291 veces (25 de las cuales en el Nuevo Testamento) y la gran mayoría de las veces se refieren a castigos divinos. Además se debe tener en cuenta que muchos otros textos bíblicos se refieren a esta misma realidad (los castigos divinos) sin emplear las palabras mencionadas.

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