La fecundación in vitro es inmoral

La doctrina católica sobre la fecundación in vitro está expuesta en cuatro documentos principales del Magisterio supremo de la Iglesia. A continuación citaré los textos pertinentes de esos cuatro documentos, comenzando por los dos más sintéticos y siguiendo por los dos más extensos y especializados.

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 499:

“¿Por qué son inmorales la inseminación y la fecundación artificial? La inseminación y la fecundación artificial son inmorales, porque disocian la procreación del acto conyugal con el que los esposos se entregan mutuamente, instaurando así un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona humana. Además, la inseminación y la fecundación heterólogas, mediante el recurso a técnicas que implican a una persona extraña a la pareja conyugal, lesionan el derecho del hijo a nacer de un padre y de una madre conocidos por él, ligados entre sí por matrimonio y poseedores exclusivos del derecho a llegar a ser padre y madre solamente el uno a través del otro.”

Catecismo de la Iglesia Católica, 2376-2377:

“2376 Las técnicas que provocan una disociación de la paternidad por intervención de una persona extraña a los cónyuges (donación del esperma o del óvulo, préstamo de útero) son gravemente deshonestas. Estas técnicas (inseminación y fecundación artificiales heterólogas) lesionan el derecho del niño a nacer de un padre y una madre conocidos de él y ligados entre sí por el matrimonio. Quebrantan “su derecho a llegar a ser padre y madre exclusivamente el uno a través del otro” (Congregación  para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, 2, 4).

2377 Practicadas dentro de la pareja, estas técnicas (inseminación y fecundación artificiales homólogas) son quizá menos perjudiciales, pero no dejan de ser moralmente reprobables. Disocian el acto sexual del acto procreador. El acto fundador de la existencia del hijo ya no es un acto por el que dos personas se dan una a otra, sino que “confía la vida y la identidad del embrión al poder de los médicos y de los biólogos, e instaura un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona humana. Una tal relación de dominio es en sí contraria a la dignidad e igualdad que debe ser común a padres e hijos” (cf Congregación  para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, 82). “La procreación queda privada de su perfección propia, desde el punto de vista moral, cuando no es querida como el fruto del acto conyugal, es decir, del gesto específico de la unión de los esposos […] solamente el respeto de la conexión existente entre los significados del acto conyugal y el respeto de la unidad del ser humano, consiente una procreación conforme con la dignidad de la persona” (Congregación  para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, 2, 4).”

Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum Vitae, II, A, 2; II, B, 5:

“2. ¿Es conforme la fecundación artificial heteróloga con la dignidad de los esposos y con la verdad del matrimonio?

A través de la FIVET [NB: fecundación in vitro con transferencia de embrión] y de la inseminación artificial heteróloga la concepción humana se obtiene mediante la unión de gametos de al menos un donador diverso de los esposos que están unidos en matrimonio. La fecundación artificial heteróloga es contraria a la unidad del matrimonio, a la dignidad de los esposos, a la vocación propia de los padres y al derecho de los hijos a ser concebidos y traídos al mundo en el matrimonio y por el matrimonio.

El respeto de la unidad del matrimonio y de la fidelidad conyugal exige que los hijos sean concebidos en el matrimonio; el vínculo existente entre los cónyuges atribuye a los esposos, de manera objetiva e inalienable, el derecho exclusivo de ser padre y madre solamente el uno a través del otro. El recurso a los gametos de una tercera persona, para disponer del esperma o del óvulo, constituye una violación del compromiso recíproco de los esposos y una falta grave contra aquella propiedad esencial del matrimonio que es la unidad.

La fecundación artificial heteróloga lesiona los derechos del hijo, lo priva de la relación filial con sus orígenes paternos y puede dificultar la maduración de su identidad personal. Constituye además una ofensa a la vocación común de los esposos a la paternidad y a la maternidad: priva objetivamente a la fecundidad conyugal de su unidad y de su integridad; opera y manifiesta una ruptura entre la paternidad genética, la gestacional y la responsabilidad educativa. Esta alteración de las relaciones personales en el seno de la familia tiene repercusiones en la sociedad civil: lo que amenace la unidad y la estabilidad de la familia constituye una fuente de discordias, desórdenes e injusticias en toda la vida social.

Estas razones determinan un juicio moral negativo de la fecundación artificial heteróloga. Por tanto, es moralmente ilícita la fecundación de una mujer casada con el esperma de un donador distinto de su marido, así como la fecundación con el esperma del marido de un óvulo no procedente de su esposa. Es moralmente injustificable, además, la fecundación artificial de una mujer no casada, soltera o viuda, sea quien sea el donador.

El deseo de tener un hijo y el amor entre los esposos que aspiran a vencer la esterilidad no superable de otra manera, constituyen motivaciones comprensibles; pero las intenciones subjetivamente buenas no hacen que la fecundación artificial heteróloga sea conforme con las propiedades objetivas e inalienables del matrimonio, ni que sea respetuosa de los derechos de los hijos y de los esposos.

(…)

5. ¿Es moralmente lícita la fecundación homóloga “in vitro"?

La respuesta a esta pregunta depende estrechamente de los principios recién recordados. Ciertamente, no se pueden ignorar las legítimas aspiraciones de los esposos estériles. Para algunos el recurso a la FIVET homóloga se presenta como el único medio para obtener un hijo sinceramente querido: se pregunta si en estas situaciones la totalidad de la vida conyugal no bastaría para asegurar la dignidad propia de la procreación humana. Se reconoce que la FIVET no puede suplir la ausencia de las relaciones conyugales y que no puede ser preferida a los actos específicos de la unión conyugal, habida cuenta de los posibles riesgos para el hijo y de las molestias mismas del procedimiento. Pero se nos pregunta si ante la imposibilidad de remediar de otra manera la esterilidad, que es causa de sufrimiento, la fecundación homóloga in vitro no pueda constituir una ayuda, e incluso una terapia, cuya licitud moral podría ser admitida.

El deseo de un hijo –o al menos la disponibilidad para transmitir la vida– es un requisito necesario desde el punto de vista moral para una procreación humana responsable. Pero esta buena intención no es suficiente para justificar una valoración moral positiva de la fecundación in vitro entre los esposos. El procedimiento de la FIVET se debe juzgar en sí mismo, y no puede recibir su calificación moral definitiva de la totalidad de la vida conyugal en la que se inscribe, ni de las relaciones conyugales que pueden precederlo o seguirlo.

Ya se ha recordado que en las circunstancias en que es habitualmente realizada, la FIVET implica la destrucción de seres humanos, lo que la pone en contradicción con la ya mencionada doctrina sobre el aborto. Pero aun en el caso de que se tomasen todas las precauciones para evitar la muerte de embriones humanos, la FIVET homóloga actúa una disociación entre los gestos destinados a la fecundación humana y el acto conyugal. La naturaleza propia de la FIVET homóloga debe ser considerada, por tanto, haciendo abstracción de su relación con el aborto procurado.

La FIVET homóloga se realiza fuera del cuerpo de los cónyuges por medio de gestos de terceras personas, cuya competencia y actividad técnica determina el éxito de la intervención; confía la vida y la identidad del embrión al poder de los médicos y de los biólogos, e instaura un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona humana. Una tal relación de dominio es en sí contraria a la dignidad y a la igualdad que debe ser común a padres e hijos.

La concepción in vitro es el resultado de la acción técnica que antecede la fecundación; ésta no es de hecho obtenida ni positivamente querida como la expresión y el fruto de un acto específico de la unión conyugal. En la FIVET homóloga, por eso, aun considerada en el contexto de las relaciones conyugales de hecho existentes, la generación de la persona humana queda objetivamente privada de su perfección propia: es decir, la de ser el término y el fruto de un acto conyugal, en el cual los esposos se hacen “cooperadores con Dios para donar la vida a una nueva persona".

Estas razones permiten comprender por qué el acto de amor conyugal es considerado por la doctrina de la Iglesia como el único lugar digno de la procreación humana. Por las mismas razones, el así llamado “caso simple", esto es, un procedimiento de FIVET homóloga libre de toda relación con la praxis abortiva de la destrucción de embriones y con la masturbación, sigue siendo una técnica moralmente ilícita, porque priva a la procreación humana de la dignidad que le es propia y connatural.

Ciertamente la FIVET homóloga no posee toda la negatividad ética de la procreación extraconyugal; la familia y el matrimonio siguen constituyendo el ámbito del nacimiento y de la educación de los hijos. Sin embargo, en conformidad con la doctrina tradicional sobre los bienes del matrimonio y sobre la dignidad de la persona, la Iglesia es contraria desde el punto de vista moral a la fecundación homóloga “in vitro"; ésta es en sí misma ilícita y contraria a la dignidad de la procreación y de la unión conyugal, aun cuando se pusieran todos los medios para evitar la muerte del embrión humano.

Aunque no se pueda aprobar el modo de lograr la concepción humana en la FIVET, todo niño que llega al mundo deberá en todo caso ser acogido como un don viviente de la bondad divina y deberá ser educado con amor.”

Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Dignitas Personae, 12-13; 17:

“Las técnicas de ayuda a la fertilidad

12. Con referencia al tratamiento de la infertilidad, las nuevas técnicas médicas tienen que respetar tres bienes fundamentales: a) el derecho a la vida y a la integridad física de cada ser humano desde la concepción hasta la muerte natural; b) la unidad del matrimonio, que implica el respeto recíproco del derecho de los cónyuges a convertirse en padre y madre solamente el uno a través del otro; c) los valores específicamente humanos de la sexualidad, que «exigen que la procreación de una persona humana sea querida como el fruto del acto conyugal específico del amor entre los esposos». Las técnicas que se presentan como una ayuda para la procreación «no deben rechazarse por el hecho de ser artificiales; como tales testimonian las posibilidades de la medicina, pero deben ser valoradas moralmente por su relación con la dignidad de la persona humana, llamada a corresponder a la vocación divina al don del amor y al don de la vida».

A la luz de este criterio hay que excluir todas las técnicas de fecundación artificial heteróloga [22] y las técnicas de fecundación artificial homóloga [23] que sustituyen el acto conyugal. Son en cambio admisibles las técnicas que se configuran como una ayuda al acto conyugal y a su fecundidad. La Instrucción Donum vitæ se expresa en este modo: «El médico está al servicio de la persona y de la procreación humana: no le corresponde la facultad de disponer o decidir sobre ellas. El acto médico es respetuoso de la dignidad de las personas cuando se dirige a ayudar al acto conyugal, ya sea para facilitar su realización, o para que el acto normalmente realizado consiga su fin». Y, a propósito de la inseminación artificial homóloga, dice: «La inseminación artificial homóloga dentro del matrimonio no se puede admitir, salvo en el caso en que el medio técnico no sustituya al acto conyugal, sino que sea una facilitación y una ayuda para que aquél alcance su finalidad natural».

13. Son ciertamente lícitas las intervenciones que tienen por finalidad remover los obstáculos que impiden la fertilidad natural, como por ejemplo el tratamiento hormonal de la infertilidad de origen gonádico, el tratamiento quirúrgico de una endometriosis, la desobstrucción de las trompas o bien la restauración microquirúrgica de su perviedad. Todas estas técnicas pueden ser consideradas como auténticas terapias, en la medida en que, una vez superada la causa de la infertilidad, los esposos pueden realizar actos conyugales con un resultado procreador, sin que el médico tenga que interferir directamente en el acto conyugal. Ninguna de estas técnicas reemplaza el acto conyugal, que es el único digno de una procreación realmente responsable.

Para responder a las expectativas de tantos matrimonios estériles, deseosos de tener un hijo, habría que alentar, promover y facilitar con oportunas medidas legislativas el procedimiento de adopción de los numerosos niños huérfanos, siempre necesitados de un hogar doméstico para su adecuado desarrollo humano. Finalmente, hay que observar que merecen ser estimuladas las investigaciones e inversiones dedicadas a la prevención de la esterilidad.

(…)

La Inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI)

17. Entre las técnicas de fecundación artificial más recientes ha asumido progresivamente un particular relieve la Inyección intracitoplasmática de espermatozoides. Por su eficacia, esta técnica es la más utilizada, y puede superar diversas formas de esterilidad masculina.

Como la fecundación in vitro, de la cual constituye una variante, la Inyección intracitoplasmática de espermatozoides es una técnica intrínsecamente ilícita, pues supone una completa disociación entre la procreación y el acto conyugal. En efecto, también la Inyección intracitoplasmática de espermatozoides «se realiza fuera del cuerpo de los cónyuges por medio de gestos de terceras personas, cuya competencia y actividad técnica determina el éxito de la intervención; confía la vida y la identidad del embrión al poder de los médicos y de los biólogos, e instaura un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona humana. Una tal relación de dominio es en sí contraria a la dignidad y a la igualdad que debe ser común a padres e hijos. La concepción in vitro es el resultado de la acción técnica que antecede la fecundación; ésta no es de hecho obtenida ni positivamente querida como la expresión y el fruto de un acto específico de la unión conyugal».”

Vale la pena reproducir también las notas 22 y 23 de esta última Instrucción de la CDF:

“[22] Bajo el nombre de fecundación o procreación artificial heteróloga se entienden «las técnicas ordenadas a obtener artificialmente una concepción humana, a partir de gametos procedentes de al menos un donador diverso de los esposos unidos en matrimonio».

[23] Bajo el nombre de fecundación o procreación artificial homóloga se entiende «la técnica dirigida a lograr la concepción humana a partir de los gametos de dos esposos unidos en matrimonio».”


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6 comentarios

  
Horacio Castro
¿El hombre pretende mejorar los Mandamientos?

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DIG: La doctrina católica no es una obra meramente humana. Se basa en la Divina Revelación. El Espíritu Santo asiste a la Iglesia (guiándola hasta la verdad completa) para comprender cada vez más profundamente esa Revelación y sus consecuencias.

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Para referirse a situaciones de infertilidad no parece tener sentido decir que “para responder a las expectativas de tantos matrimonios estériles, deseosos de tener un hijo, habría que alentar, promover y facilitar con oportunas medidas legislativas el procedimiento de adopción de los numerosos niños huérfanos, siempre necesitados de un hogar doméstico para su adecuado desarrollo humano. Finalmente, hay que observar que merecen ser estimuladas las investigaciones e inversiones dedicadas a la prevención de la esterilidad”. Me suena como desaconsejar una terapia, recomendando tener confianza en contarse entre los elegidos de Dios, sin señalar la eventual inmoralidad del procedimiento.

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DIG: Ese párrafo tiene mucho sentido. Tu interpretación es errónea. La Iglesia no desaconseja las terapias médicas que pueden ayudar a solucionar problemas de infertilidad. Esto se dice en el post. Pero si las terapias lícitas no solucionan el problema, entonces se alienta el recurso a la adopción.

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Es negativo por excesivo el esmero “reproducido” en este artículo para cuestionar moralmente las distintas posibilidades.

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DIG: En mi blog escribo de los temas que a mí me parecen oportunos. Creo que escribí dos o tres veces sobre este tema. Lo siento si te molesta, pero no por eso voy a dejar de difundir la doctrina católica.

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Surgen de inmediato distintas alternativas no previstas por lo que se expone. Aunque se dé por demostrada una ilicitud específica, “en conformidad con la doctrina tradicional sobre los bienes del matrimonio y sobre la dignidad de la persona, (y en que) la Iglesia es contraria desde el punto de vista moral a la fecundación homóloga “in vitro"; (porque) ésta es en sí misma ilícita y contraria a la dignidad de la procreación y de la unión conyugal aun cuando se pusieran todos los medios para evitar la muerte del embrión humano”, ¿cuál sería el impedimento moral para el mantenimiento de la relación sexual y en su transcurso recolectar los espermatozoides para utilizar técnicas que se configuran como una ayuda al acto conyugal y a su fecundidad?

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DIG: 1) Pueden surgir técnicas nuevas, pero el principio de valoración moral cubre las únicas dos posibilidades: o la técnica sustituye el acto conyugal (y por eso es ilícita) o sólo lo complementa, ayudándolo a alcanzar el fin reproductivo (y por eso es en principio lícita). Digo en principio, porque luego, según el caso, puede ser necesario considerar otros factores.

2) "Recolectar espermatozoides" de la forma que sea para utilizarlos luego en un procedimiento de fecundación in vitro (FIVET) cae bajo el rechazo de la moral católica a ese método. Lo esencial de la FIVET no es el método de recolección de espermatozoides.
10/11/15 12:51 PM
  
Juan Argento
Considero importante mencionar otro texto magisterial previo a éstos: el discurso de Pío XII del 29 de septiembre de 1949 a los participantes en el IV Congreso Internacional de Médicos Católicos.

w2.vatican.va/content/pius-xii/es/speeches/1949/documents/hf_p-xii_spe_19490929_votre-presence.html

Si el peso magisterial de cada intervención pontificia depende de sus características, es claro que el tratamiento de ese tema en ese discurso de Pío XII, por el grado de preparación que denota y su tono magisterial, no es el de un mero discurso de circunstancia sino que tiene tanto o más peso magisterial que una instrucción de la CDF aprobada en general por un papa.

En este sentido, un discurso de Pío XII que a mi juicio tiene, por sus características, casi tanto peso magisterial como una encíclica es el famoso discurso a las obstetras italianas del 29 de octubre de 1951, el cual es el documento citado más veces en la Humanae Vitae, y en el que, dicho sea de paso, Pío XII confirmó lo que había enseñado en el discurso de 1949 que enlacé acerca de la exclusión de la fecundación artificial.



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DIG: Gracias, Juan. Aunque en tiempos de Pío XII no existía la fecundación in vitro, los discursos que mencionas establecen criterios generales importantes para nuestra cuestión.
10/11/15 5:59 PM
  
Hernán Martínez
Se obtiene en un mismo acto varios óvulos de la mujer, se obtiene paralelamente miles espermatozoides del hombre en un solo acto, se fecunda in vitro los óvulos, se selecciona "el mejor" de los embriones logrados y se le transfiere al útero de la mujer para su desarrollo y posterior "nacimiento" si todo va bien.
Los demás embriones logrados (bebes probeta) se congelan para un futuro implante en el útero de la misma mujer, o para su comercialización vendiéndolos a otros "clientes", o se destruyen (se matan).
10/11/15 10:51 PM
  
Horacio Castro
Está bien Daniel. En tu blog será mi último comentario mal entendido. Saludos

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DIG: Como tú quieras. Aquí serás siempre bienvenido. Que el Señor te bendiga y te guarde.
11/11/15 12:57 AM
  
Pez
Algunas preguntas Don Daniel

¿Un embrión que ha sido congelado puede ser implantado en el útero y sobrevivir después? ¿Un ser humano puede ser congelado y sobrevivir después?

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DIG: Un embrión congelado puede ser implantado en el útero y sobrevivir, aunque la probabilidad de que esto ocurra es baja. Pero no es moralmente lícito producir a un embrión humano in vitro ni congelarlo.

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¿Por qué la intervención médica directa en la concepción del bebé de un matrimonio es inmoral y no lo es en el mantenimiento de la vida de cualquier paciente? ¿Por qué estamos tan seguros de que concebir un niño sin el acto matrimonial es moralmente malo?

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DIG: Estas preguntas están respondidas en los textos citados en el post. Dios ha querido que el hijo sea el fruto del acto conyugal de los esposos, no el producto de una manipulación técnica. Las actuales técnicas de reproducción artificial tienden a convertir al ser humano en un producto industrial más, comprable y vendible por catálogo.
11/11/15 9:36 AM
  
Andrés-Eduardo Luis
La sexualidad en la naturaleza sirve para salvar el gran obstáculo de un medio no adecuado para la vida. Si el obstáculo no existe no hay sexualidad en sentido estricto. En los cinco reinos de seres vivos hay intercambio de genes, reproducción sexual, pero sexualidad sólo en los seres del reino animal, totalmente, adaptados a vivir en el medio terrestre. Los anfibios, paso del medio acuático al terrestre, no tienen sexualidad, o sea, fecundación interna. La Creación, por tanto, da prioridad siempre a la vida sobre la sexualidad.

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DIG: La ley moral se refiere a los actos humanos, es decir los actos conscientes y libres de un ser racional. Los actos de los animales irracionales son irrelevantes desde el punto de vista moral. La naturaleza humana es infinitamente superior a la de los animales y también lo es el fin último del hombre (la participación en la naturaleza divina) con respecto al fin último de los animales irracionales.

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Daniel, ¿usted también respeta la Creación cuando no hay más remedio que elegir entre sexualidad exterminadora o vida?

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DIG: La alternativa está mal planteada. La supervivencia o exterminio de la especie humana no está en juego en la FIVET. Lo que está en juego es el deseo de una pareja determinada de tener un hijo más o menos "propio" en el sentido biológico. Y digo "más o menos" porque la gran mayoría de las veces no es tampoco un hijo biológico de los dos miembros de la pareja de clientes de la clínica de reproducción artificial.

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Si el acto natural niega el medio para vivir hay que corregir ese acto, salvo que se quiera exterminar la vida:

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DIG: Que una pareja no tenga hijos no equivale a "exterminar la vida".

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Si el acto natural digestión-absorción no funciona sustituyo por acto técnico la misión digestiva, igual hay que hacer con eliminación de residuos, intercambio de gases,...
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DIG: La doctrina católica admite la licitud moral de muchas terapias médicas para combatir la esterilidad de una pareja.

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y eso convierte al ser humano, momentáneamente, en un producto de manipulación técnica, y bendita técnica que está permitiendo seguir con vida.

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DIG: La técnica lo ayuda a seguir viviendo o a mejorar su salud. Eso es todo.

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Pero nadie que se ha manipulado técnicamente para poder seguir viviendo ha sido, en ningún momento de su existencia, un producto industrial más, comprable y vendible por catálogo.

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DIG: Sin embargo, eso es lo que está pasando con la FIVET heteróloga y el alquiler de vientres, combinado con prácticas eugenésicas y con el desordenado afán de lucro de las clínicas. Se encarga un hijo a la medida de los deseos o intereses de los clientes.

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Un Don de Dios (la vida) exige algo más de respeto.

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DIG: Exactamente. La vida humana merece un respeto que no obtiene a través de la industria de la reproducción artificial.
11/11/15 2:17 PM

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