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11.06.19

¿Dios quiso muchas religiones?¿hay que respetarlas? Reseña del libro de Brian Harrison

Hace poco hemos sentido cierto revuelo ante diversas declaraciones vaticanas donde se planteaba que la diversidad de religiones era algo querido por Dios y hasta expresión de su sabia voluntad divina; tanto que, en una audiencia papal Francisco debió salir a clarificar algunas expresiones que podían entenderse erróneamente.

Estos planteos nos hicieron recordar la presente recensión aparecida hace casi dos décadas (puede verse en la Revista Gladius 62 [2004], pp. 207-211).

A fin de clarificar un poco el tema y como un anexo, la publicamos aquí casi sin cambios para,

 

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE


Brian W. Harrison, Le développement de la doctrine catholique sur la liberté Religieuse : un précédent pour un changement vis-à-vis de la contraception?, Soc. St. Thomas d’Aquin, Dominique Martin Morin, Francia, 1988, 205 págs.

 

El Padre Brian Harrison, O.S., es una rara avis.

Nacido en Australia y convertido al catolicismo romano, ha venido publicando desde el año 1987, diversos trabajos acerca de la infalibilidad del Magisterio, la Tradición y las SS.EE., con una claridad pocas veces vista. Se trata de uno de los tantos sacerdotes que, gracias a Dios, no han claudicado en esa divertida tarea de pensar.

 Entre los trabajos publicados, se pueden citar los siguientes: “Pius IX, Vatican II and Religious Liberty”, “The Pontifical Academy of the Immaculata”, “Humanae Vitae and Infallibility”.

Es como si necesitásemos que, cada tanto, saliese algún converso a dar la cara por la Iglesia.

Harrison, al igual que Newman o San Pablo, escribe con total claridad y franqueza, sin pelos en la lengua; coherente con su deber de estado, razona al estilo tomista. Se plantea los “sed contra” y los resuelve para defender la barca del Pescador, que en tantas oportunidades como ahora, se ha visto abordada por piratas, tanto internos como externos.

Con gran osadía, se ha metido en una de las cuestiones más espinosas del magisterio conciliar: la Libertad Religiosa, expuesta desde 1965 en el documento Dignitatis Humanae, que, hasta la fecha, ha hecho derramar ríos de tinta para –generalmente–hacerle decir lo que a cada uno le conviene en cada caso merced a su letra por demás ambigua.

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10.05.19

¿Por qué Sacheri y Genta (aún) no han sido beatificados? La respuesta de la Iglesia

La pregunta del título surge no sólo a raíz de algunos interrogantes que se han planteado acerca de la reciente beatificación de Mons. Enrique Angelelli (de fuerte connotación política) sino de la misma crítica que Mons. Héctor Aguer, arzobispo emérito de La Plata, Argentina, expresó hace algunas semanas, como ya presentamos en nuestro sitio.

Y la pregunta del título resulta adecuada porque las muertes de los profesores Sacheri y Genta (ocurridas en Octubre y Diciembre de 1974, respectivamente) plantearon, desde un principio, la probabilísima hipótesis de estar frente a dos claros y premeditados casos de muertes por odio a la Fe, es decir, de martirios.

Como sabemos que el público se renueva y que son muchos los jóvenes, nacionales y extranjeros que nunca oyeron hablar de ellos, presentaremos brevemente a los implicados.

1. ¿Quiénes fueron Genta y Sacheri?

Jordán Bruno Genta, fue un profesor de filosofía y padre de dos hijos que, luego de haber recibido una formación atea y anarco-comunista (su nombre, Giordano Bruno, lo dice todo), se convirtió al catolicismo llegando –en aquellos tiempos– a oponerse a la ideología liberal y populista que se encontraba en ciertos sectores de las Fuerzas Armadas.

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8.05.19

Sobre la certeza en la historia. Veracidad y autenticidad

Sobre la certeza en la historia. Veracidad y autenticidad

P. Javier Olivera Ravasi

 

 

«Es de importancia para todo el que quiera alcanzar una certeza en su investigación saber dudar sensatamente a tiempo» (Aristóteles, Metafísica, 2, 3)

 

Saber dudar, y saber hacerlo a tiempo puede ser virtud. No dudar siempre, sino a tiempo, dice El Filósofo. Y no de cualquier modo, no una duda metódica, sino sensatamente. Y es sensata la duda cuando viene provocada por un motivo[1].

En el caso de la historia dudar sensatamente “a tiempo” se traduce en la formulación de una pregunta que podría formularse así “¿cómo sé yo que esto que estoy investigando es verdad?”.

Pues bien, puesto que el objeto de la investigación histórica es la realidad pretérita trascendente, es decir, la realidad pasada digna de ser narrada, ésta tendrá un grado de certeza diverso al del resto de las ciencias, pues su método no será –no podrá ser– el mismo: al no poder examinar o re-crear su objeto de estudio en un “laboratorio” (como se examina una hormiga bajo un microscopio o se re-crea la sanación para el chagas), el historiador reconstruirá, según su método, los acontecimientos pasados a partir de las pruebas que le proporcionan las fuentes históricas, ya sean primarias o secundarias.

Se denominan en historia “fuentes primarias” a aquellos vestigios del pasado consignados en su propio tiempo, de modo directo e inmediato, a saber, los documentos públicos o privados, las cartas, las narraciones orales, la música, los monumentos, las leyes, pinturas, las monedas, etc.; la clave para identificarlas está en la inmediatez de su elaboración, es decir, que llegan hasta nosotros sin haber sido transformadas por persona alguna.

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28.04.19

22.04.19

Campana, triduo sacro y San José que oye

- ¿Y si le pide a San José, Padre? –me dijo un sacerdote amigo.

- Vamos… Yo también soy cura, le respondí, con un aire de cierta incredulidad…

- ¡No!¡En serio! San José no defrauda; ¡más cuando es para dar gloria a Dios!

- Bueno: con probar no pierdo nada (me dije para mis adentros).

Era el 16 de Marzo del corriente año, 2019 y faltaban sólo tres días para la solemnidad de San José. ¿Qué podía hacer entonces? Pues un triduo.

Pero esta vez fue distinto. No sé; había como una certeza interior de que el gran Patrono me concedería algo tan importante, trascendental y perenne como es una campana de iglesia.

Y decidimos pedirlo en la capilla con mucha Fe.

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