InfoCatólica / Que no te la cuenten / Categoría: España y América

8.10.19

San José de Anchieta y los "viri probati" del Amazonia

Gran revuelo gran, causó una foto que, en los Jardines Vaticanos mostraba la veneración que tenemos hoy por nuestros tiernos dioses ancestrales (ex “demonios", según el rígido San Pablo) donde se veía a uno de los famosos curupíes de los que San José de Anchieta, apóstol de Brasil nos hablara en sus cartas y obras.

En su “Historia de las Indias” dice San José de Anchieta que “el Kurupí o Kurupiré es un demonio menor de los guaraníes. Es un hombre pequeño, de cuero escamoso, de orejas en punta, que tiene la particularidad de tener los pies hacia atrás, es decir, avanza con los talones. Pero su principal rasgo es su miembro viril que da varias vueltas a su cintura y con el cual, desde la distancia puede embarazar a una mujer…".

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7.10.19

Vestimenta bio-degradable: la piel desollada de los indios. Hallazgo en México

Para los amantes de los pseudo “pueblos originarios” y de los elementos bio-friendly, vengan estos hallazgos de las brillantes culturas pre-hispánicas, cercanos ya a un nuevo 12 de Octubre y al Sínodo del Amazonia…

Una vez más, ¡¡¡¡gracias España!!!!

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE

7/10/2019


Un grupo de arqueólogos descubrió por primera vez un templo dedicado a Xipe Tótec, un importante dios prehispánico al que veneraban despellejando personas.

La noticia la confirmó el Instituto Nacional de Antropología e Historia. En un comunicado, explicaron que su influencia fue reconocida por numerosas culturas del Occidente, Centro y Golfo de México. Pero hasta ahora nunca habían encontrado un santuario asociado directamente a su culto.

El templo estaba ubicado en la Zona Arqueológica de Ndachjian-Tehuacán, en el céntrico estado de Puebla.

El recinto es de 12 metros de largo por 3,5 metros de altura. Está compuesto por dos altares de sacrificio, tres esculturas de piedras volcánicas y diversos elementos arquitectónicos localizados en un basamento piramidal de la Zona Arqueológica de Ndachjian-Tehuacán, en el céntrico estado de Puebla.

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12.09.19

Sarmiento en sus fuentes (4-5). Indios, gauchos, mujeres y blasfemias

(Aviso y error: habíamos publicado el último post, antes de éste). 

1. Su racismo anti-indigenista

El “liberal”, el hombre civilizado, progresista, ¿era realmente un hombre como diríamos hoy “de avanzada”? ¿Qué pensaba acerca de los pobres, de los inmigrantes, de la mujer, etc?

       Sobre los irlandeses que huían de su país por la famosa hambruna de la papa dirá:

“Es fortuna que sean pocos los irlandeses que se dirigen a estas pla­yas. La emigración irlandesa ha sido la más atrasada e ignorante que llegaba de Europa. En Irlanda el pueblo se conserva por siglos ig­norante y fanático, pues se halla sometido a la tutela de directores eclesiásticos… Con la in­capacidad que les da su falta absoluta de edu­cación, traen la inteligencia de los bárbaros”[1].

Acerca del presidente mártir del Ecuador, Gabriel Gar­cía Moreno, asesinado alevosamente por la masonería en 1875 después de haber consagrado su nación al Sagrado Corazón de Jesús dirá:

“era un malvado y faná­tico tirano, apoyado por la ignorancia y la es­tupidez de las masas indias y negras[2].

       Su racismo anti-indígena le hará decir acerca de nuestros hermanos paraguayos, masacrados inicuamente en la Guerra del Paraguay al hablar de Solano López:

“Al frenético, idiota, bru­to y feroz borracho Solano López, lo acompañan miles de animales que le obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya he­cho morir a todo ese pueblo guaraní. Era preci­so purgar la tierra de toda esa excrecencia humana: raza perdida de cuyo contagio hay que librarse”[3]. “Dios no nos pedirá cuenta de la sangre derramada”[4].

Y continuaba diciendo acerca de los indios:

“Por los salvajes de América sentimos una invencible repugnancia sin poderlo remediar”[5]. “¿Lograremos exterminar a los indios? (…). El exterminio de esa canalla es providencial y útil, sublime y grande… Dejarles los niños (a las madres indígenas) es perpetuar la barbarie. Hay caridad en alejarlos cuanto antes de esa infección… (Se les debe exterminar) sin ni siquiera perdonar al pequeño que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado”[6].

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11.09.19

Sarmiento en sus fuentes (5-5). Conclusión

Algo más sobre la mujer y sobre los judíos

a. Sobre la mujer

El hombre que habría de regir los destinos del país, no podía gobernar ni sus propias pasiones. Veamos si no, lo que él mismo le escribe a Demetrio Rodríguez Peña en 1846, con treinta y cinco años, ante un encuentro con la veterana unitaria Mariquita Sánchez de Thompson:

“Nos hicimos amigos, tanto que una mañana, solos, sentados en un sofá, hablando, sentí (…), ¡Vamos, a cualquiera le puede suceder otro tanto!, me sorprendí víctima triste de una erección, tan porfiada que estaba a punto de interrumpirla y, no obstante sus 60 años, violarla. Felizmente entró alguien y me salvó de tamaño atentado”.

Todo un defensor de la dignidad de la mujer…

b. Sobre los judíos

Dado que no gozamos ni del tiempo ni del grado de impunidad del “gran sanjuanino”, apelaremos sólo a una de sus citas respecto del pueblo de Israel:

“El pueblo judío esparcido por toda la tierra ejerciendo la usura y acumulando millones, rechazando la patria en que nace y muere por un ideal que baña escasamente el Jordan y a la que no piensa volver jamás. Este sueño que se perpetúa hace 20 ó 30 siglos, pues viene desde el origen de la raza, continúa hasta hoy perturbando la economía de las sociedades en que viven, pero que no forman parte.

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9.09.19

Sarmiento en sus fuentes (3-5). Su catolicismo liberal

Es propio del catolicismo liberal hacerse un Dios a su medida, “a la carta”, tomando de las enseñanzas de la Iglesia lo que más conviene. Como hemos visto más arriba, Sarmiento tuvo una educación católica que, con el tiempo irá perdiendo hasta convertirse en un furioso anti-catolicismo y anti-clericalismo (que no significa anti-cristianismo, necesariamente). ¿De dónde le habrá venido? Es él mismo quien nos da la pauta, recordando el lejano año de 1827, cuando contaba con sólo dieciséis años de edad:

“Cuando el canónigo Pedro Ignacio de Cas­tro Barros hizo una misión pública predicando quince días en la plaza de San Juan, yo asistía con asiduidad procu­rando ganar desde temprano lugar favorecido (…). Hice confesión general con él; y lo consulté, “acercándome más y más a aquella fuente de luz”[1].

Pero poco después de aquellos hechos se disgustó con el predicador al oírle “vociferar contra Rivadavia y del Carril, Rousseau y Llorente”, es decir, contra el liberalismo imperante que todo lo permitía, incluso los desbandes morales juveniles tan propios de un adolescente que, según él lo declara “hacía de la noche día, viviendo en alegre romería[2].

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