13.06.19

Pena de muerte para los militares. Mons. Baseotto

Hace unos años, quien fuera entonces presidente de la Nación, Carlos Saúl Menem, lanzó, para medir el pulso de la opinión pública, la idea de la pena de muerte para violadores y causantes de otros delitos. Se levantó una ola de protestas, críticas y declaraciones contra la pena de muerte. Ese fue el clima que entonces se respiró. Y la cultura de rechazo a la pena de muerte sigue teniendo vigencia en la sociedad. Sigue en pie el concepto de que es inhumana e ineficaz para los fines que persigue. Sin embargo (con la complicidad del silencio), la pena de muerte hoy se aplica en nuestra sociedad. No por fusilamiento o silla eléctrica, pero de una manera lenta, sin estridencias ni espectáculos chocantes, pero pena de muerte al fin. Llevo casi quince años visitando a militares, policías y civiles que tuvieron algo que ver en el “Proceso'’ (unos 2300). Y veo cómo se van deteriorando gradualmente bajo el estigma de “genocidas'’. Muchos de ellos sin proceso, otros con proceso de dudosa objetividad, con sentencias por varias causas que se les van acumulando: lo que significa añadir años a su reclusión, algunos con varias sentencias de prisión perpetua, etc. Están condenados a muerte aunque no se diga en voz alta ni oficialmente.

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11.06.19

¿Dios quiso muchas religiones?¿hay que respetarlas? Reseña del libro de Brian Harrison

Hace poco hemos sentido cierto revuelo ante diversas declaraciones vaticanas donde se planteaba que la diversidad de religiones era algo querido por Dios y hasta expresión de su sabia voluntad divina; tanto que, en una audiencia papal Francisco debió salir a clarificar algunas expresiones que podían entenderse erróneamente.

Estos planteos nos hicieron recordar la presente recensión aparecida hace casi dos décadas (puede verse en la Revista Gladius 62 [2004], pp. 207-211).

A fin de clarificar un poco el tema y como un anexo, la publicamos aquí casi sin cambios para,

 

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE


Brian W. Harrison, Le développement de la doctrine catholique sur la liberté Religieuse : un précédent pour un changement vis-à-vis de la contraception?, Soc. St. Thomas d’Aquin, Dominique Martin Morin, Francia, 1988, 205 págs.

 

El Padre Brian Harrison, O.S., es una rara avis.

Nacido en Australia y convertido al catolicismo romano, ha venido publicando desde el año 1987, diversos trabajos acerca de la infalibilidad del Magisterio, la Tradición y las SS.EE., con una claridad pocas veces vista. Se trata de uno de los tantos sacerdotes que, gracias a Dios, no han claudicado en esa divertida tarea de pensar.

 Entre los trabajos publicados, se pueden citar los siguientes: “Pius IX, Vatican II and Religious Liberty”, “The Pontifical Academy of the Immaculata”, “Humanae Vitae and Infallibility”.

Es como si necesitásemos que, cada tanto, saliese algún converso a dar la cara por la Iglesia.

Harrison, al igual que Newman o San Pablo, escribe con total claridad y franqueza, sin pelos en la lengua; coherente con su deber de estado, razona al estilo tomista. Se plantea los “sed contra” y los resuelve para defender la barca del Pescador, que en tantas oportunidades como ahora, se ha visto abordada por piratas, tanto internos como externos.

Con gran osadía, se ha metido en una de las cuestiones más espinosas del magisterio conciliar: la Libertad Religiosa, expuesta desde 1965 en el documento Dignitatis Humanae, que, hasta la fecha, ha hecho derramar ríos de tinta para –generalmente–hacerle decir lo que a cada uno le conviene en cada caso merced a su letra por demás ambigua.

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10.06.19

8.06.19

Leído para Usted: “Los riesgos de la vida religiosa” de Dom Dysmas de Lassus, cartujo

Hace tiempo que teníamos en el escritorio un librito en francés titulado Les risques de la vie religieuse (“Los riesgos de la vida de religiosa”) escrito por Dom Dysmas de Lassus (y col), actual Ministro General de la Gran Cartuja y hombre con más de cuarenta años de silenciosa vida contemplativa.

El trabajo –en formato digital– nos había llegado inicialmente en francés como un pro manuscripto, es decir, como un trabajo que aún no había sido publicado en papel (puede leerse AQUÍ o AQUÍ). Con el tiempo y gracias al trabajo de traducción de algún alma piadosa, el texto hoy puede ser hallado en lengua española AQUÍ , AQUÍ o AQUÍ que es el que hemos leído para usted.

¿De qué se trata? Pues del desquicio que la vida religiosa se ha vuelto en varias comunidades modernas.

Vayamos a uno de los párrafos finales que puede llegar a develarnos el secreto del título:

“¿Acaso vamos a concluir que los riesgos de la vida religiosa son decididamente demasiado importantes y que sería imprudente comprometerse? ¡Lejos de esto! No es este el propósito de todas estas páginas. Quienes las han escrito, han recibido mucho en ella para no saber que la vocación religiosa es un gran don (…). Como dice el Cantar de los cantares, Soy negra pero bella (Cant 1,5). Nuestra intención no es la de marchitar la vida religiosa sino la de contribuir a corregir una ingenuidad que puede revelarse dañina. Los riesgos existen, como para todo camino de montaña, y sólo el conocimiento de estos riesgos permitirá tomar las precauciones necesarias” (p. 142).

“¿Riesgos de la vida religiosa?”; ¿de qué está hablando este cartujo? ¿acaso no es la vida más perfecta, el estado de vida que sigue los consejos evangélicos?¿acaso no es uno de los caminos más seguros para llegar al Cielo?

En línea de principios, sí…, pero en cuanto a la concreción práctica, no siempre, como pudimos leer hace un par de años en un blog que narraba, simbólicamente, las peripecias de una moderna congregación “conservadora”.

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6.06.19

Entrevista a un misionero católico: P. Federico Highton, SE

Reproducimos aquí la entrevista realizada por los miembros de la Revista Hispánica, en su nro 91.

Los jóvenes miembros de esta magnífica y nueva publicación fueron los encargados de realizar, hace algunas unas semanas, el encuentro con el abad benedictino de Clear Creek en el Valle de los Caídos, según narramos aquí.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE


El P. Federico Highton es un sacerdote y misionero argentino, estudió Derecho en la UBA (Argentina), e ingresó en el seminario después. Actualmente se dedica a misionar de modo parresíaco en lugares donde nunca se haya predicado la verdad católica, en lugares donde sea riesgoso predicar. Reside intermitentemente en Sikkim, un pueblo situado en la meseta tibetana (Himalaya), en la zona norte de la India.

¿Siempre quiso ser misionero?

Bueno, descubrí mi vocación cuando recibí la primera comunión. Cantábamos una canción llamada «Alma misionera», yo tenía nueve años. La cantamos mil veces. Y cantándola recibí un gran deseo, que me lo puso el Espíritu Santo, de ser misionero. Y yo no conocía ningún misionero, no conocía la historia de ningún misionero ni nada, pero Dios me puso ese deseo en ese momento y, bueno, al crecer, ese deseo se me iba olvidando, y volvía, y me olvidaba de nuevo, pero se terminó imponiendo y me hice misionero, por gracia de Dios. Tengo un escrito sobre el tema, contando con más detalle la historia de mi vocación.

Usted estudió Derecho, ¿qué destaca de esa etapa universitaria?

Bueno, lo que yo destaco de ese tiempo fue que me vino bien para leer muchísimo. Leer tanto las lecturas de la facultad, que eran muchas, como un montón de lecturas personales. Para mí, la universidad fue princi­palmente un tiempo de lectura. Compré muchísimos libros, leí muchísimos libros, y de varios temas, principalmente tendí a comprar libros de Filoso­fía, Teología, de Historia, hagiografías y libros sobre la Hispanidad.

También leí mucho al enemigo, sabiendo que era el enemigo

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