Leído para Ud.: recensión de dos libros sobre la Cruzada Española

Presento aquí dos excelentes recensiones de un monje y sacerdote amigo sobre dos libros aparecidos recientemente sobre la Guerra Civil Española y sus mártires. Vale decir que el Padre Rossi colabora con la causa de canonización de los mártires benedictinos del Monasterio del Pueyo, (Barbastro, España).

Que les aproveche

P. Javier Olivera Ravasi


Cárcel Ortí, Vicente, Mártires del siglo XX en España. 11 santos y 1512 beatos, 2 vol., BAC, Madrid 2013, 2816 pp.

Decía Vladimir Soloviev que «la idea de una nación no es lo que ella piensa de sí en el tiempo, sino lo que Dios piensa de ella en la eternidad». Estas palabras, aplicables a cada pueblo en su paso por la historia, encuentran una aplicación del todo especial en España, y esto en razón de la misión del todo trascendente y sobrenatural que a esta nación ha confiado el Rey y Señor de la historia y de los hombres.

España es más que una nación. Podríamos decir que es un espíritu. Es un espíritu que se ha forjado en su razón existencial luchando contra quienes quisieron destruirlo o diluirlo, intentándolo confundir o fragmentar. Es un espíritu que alcanzó su madurez en la unidad natural y sobrenatural y legó a la historia cotas inimaginables de santidad y belleza. Es un espíritu que marcó el camino a sus pares, a veces con medios incomprendidos o «modernamente incorrectos», y prefirió la injusta acusación de atraso a la pasividad culposa ante el mal ajeno. Es un espíritu que se expandió y fructificó, que dio a luz la fe de un continente entero, prolongación suya en el tiempo y en el espacio; eligiendo el sacrificio maternal de una muerte lenta y desgastante, sin mirar por sí mismo y con la inmortal convicción de que los valores del alma se refuerzan cuando se donan. Lamentablemente hoy es un espíritu que agoniza y más se asemeja al pábilo apenas humeante y a la caña resquebrajada que a la ciudad en lo alto del monte que supo ser (y que debe volver a ser sino quiere morir).

El gran poeta José María Pemán lo definió con claridad: «España ha sido a través de su historia nada más que esto: Fe, Monarquía y Milicia como instrumentos de su Unidad» (La historia de España contada con sencillez, Homolegens, Madrid 2009, 435).

Porque España fue grande y libre cuando fue una, y cuando esa unidad se fundó en el Altar, el Trono y la Espada. Los tres elementos, Fe, Monarquía y Milicia, se ordenan a su vez uno respecto del otro, y se jerarquizan: la espada debe servir al trono y el trono ha de ser vasallo de la cruz; sólo así se hace la auténtica unidad española, herencia en todos los órdenes del valor, de la justicia y del heroísmo de sus caballeros, de sus reyes y de sus santos.

Y principalmente de sus santos, porque aunque es cierto que España necesita hoy de manera perentoria el retorno al valor de sus guerreros y la entereza de una corona bien ceñida; más cierto es que le hacen falta santos, grandes santos como los de ayer. Es sobre el terreno abonado del testimonio de la santidad sobre el cual ha de florecer el viejo clavel del espíritu español. Y le hacen falta santos, digo, no porque no los tenga, sino porque le es preciso verlos, descubrirlos entre los recuerdos que muchos españoles quieren clausurar para siempre. En España hay tierra regada por sangre de infinidad de mártires y el regadío ha sido reciente, pero hay que trabajar por hacerlo actual, porque si no se toma conciencia de ese suelo fecundado no hay esperar restauración de ningún tipo.

Y a este fin contribuye de manera egregia esta voluminosa obra que presento, corrección y aumento considerable de otra anterior; fruto del denuedo científico y de la pasión por los testigos de la fe de nuestro tiempo que tiene el p. Vicente Cárcel Ortí, quizás el más grande conocedor de la persecución religiosa republicana española y del conjunto del desarrollo de la Iglesia en la España del siglo XX (y XXI). Este sacerdote valenciano, nacido en 1940 y ordenado en 1963, ha publicado ya más de 40 libros y unos 400 artículos, dotados todos de gran seriedad documentaria; últimamente está dando a imprenta unos muy importantes estudios: La II República y la Guerra civil en el Archivo Secreto Vaticano (con dos volúmenes ya publicados, uno en prensa y otros dos en preparación; los edita la BAC). Entre sus obras referidas al tema de la persecución religiosa destacan, entre tantos otros, La persecución religiosa en España durante la Segunda República (1931-1939), Rialp (Madrid 1990); La gran persecución. España 1931-1939. Historia de cómo intentaron aniquilar la Iglesia Católica, Planeta (Barcelona 2000); Mártires del siglo XX. Cien preguntas y respuestas, Edicep (Valencia 2001); Persecuciones religiosas y mártires del siglo XX, Palabra (Madrid 2001); Caídos, víctimas y mártires. La Iglesia y la hecatombe de 1936, Espasa Calpe (Madrid 2008); y Mártires españoles del siglo XX, BAC (Madrid 1995). Esta última obra es la que ahora rearma y completa para ofrecer una visión actualizada del martirologio español, adecuando levemente el título, «ya que no se trata solo de los españoles martirizados, sino de todos aquellos que, aunque no eran de nacionalidad española, derramaron su sangre en diversos lugares de nuestra geografía nacional» (p. XXV).

La obra se compone de dos voluminosos tomos pero está concebida como un único. En ella se reúnen por primera vez las biografías de todos los mártires de la persecución comunista en España en la década del 30 reconocidos por la Iglesia en sucesivas beatificaciones y canonizaciones. Las biografías son en general sucintas pero completas, y constan de hermosos detalles de vida y martirio. Están agrupadas en tres grandes conjuntos que se conforman según el Pontificado bajo el cual fueron beatificados o canonizados los mártires; y al interno de cada conjunto los diversos capítulos representan a diferentes causas, algunas de las cuales son personales y otras (la mayoría) que abarcan grupos homogéneos de testigos de la fe. En total suman 10 beatificaciones bajo el pontificado de san Juan Pablo II: 471 mártires agrupados en 38 causas; 4 beatificaciones más en el Pontificado de Benedicto XVI: 530 mártires correspondientes a 27 causas; y la todavía reciente beatificación en el Año de la Fe, reinando en la Iglesia el Papa Francisco, en la ciudad de Tarragona el 13 de octubre de 2013: 522 mártires de 33 causas. El total es de 1523 mártires reconocidos oficialmente como tales, de los cuales al momento 11 han sido canonizados, todos por san Juan Pablo II, en 2 ceremonias en los años 1999 (Roma) y 2003 (Madrid).

Además de las vidas de los mártires, el a. despliega su gran erudición para ubicar espacial y socialmente en cada caso, describiendo la vida cristiana de muchas de las diócesis de España y el aporte que de su seno hicieron al martirologio común. De destacar es también la «Introducción general sobre mártires y persecuciones religiosas» (pp. IL-CVII), donde recuerda las condiciones para la declaración del martirio, especificadas por el Papa Benedicto XIV, y la actualidad de los procesos super martyrio; además de recordar enseñanzas del Concilio Vaticano II y de san Juan Pablo II, «el Papa de los mártires del siglo XX». También son valiosísimos los apéndices documentarios, 8 en total, constantes de documentación editada e inédita de muchos obispos españoles, así como también de textos y homilías de los Papas y Cardenales que han oficiado las diferentes ceremonias de beatificación y canonización (2451-2672). Inapreciables es, por concluir, el índice de los mártires según apellido y según estado civil o eclesiástico, y la relación de lugares de nacimiento y de martirio de cada uno de ellos (2674-2186).

Especial mención quiero hacer del «Estudio sobre las raíces históricas de la persecución religiosa española y características generales de la misma» (3-270), que preside lo que propiamente puede considerarse el texto del volumen.

En este estudio acomete el a. la clarificación de responsabilidades con el magnánimo objetivo de ayudar a todos a «pedir perdón y perdonar», y para que resulte más evidente el auténtico testimonio de quienes no murieron sino por defender su fe. Este tema es crucial y el a. demuestra maestría a la hora de enfrentarlo, porque fundamenta sin ambages los delitos flagrantes que la II República española (1931-1939) cometió contra la Iglesia y contra España, y que fueron el verdadero motivo de la contienda civil de 1936. La tergiversación que se ha hecho de estos sucesos los vuelve de mayor importancia, y el a. deja bien claro que la agresión a la Iglesia fue injustificada («tanto la Santa Sede como la Jerarquía española acataron lealmente el nuevo régimen», 7) y respondía a un plan de destrucción de la fe que trascendía a la misma realidad española y era obra de la ideología comunista («en el caso de España, la propagación marxista y anarquista tuvo una capacidad de penetración extraordinaria», 26) y del «protagonismo singular» que adquirió la Masonería (30).

Esta acusación histórica lanzada certeramente contra el gobierno republicano español de la década del 30, por su confesional e injusto azote contra la Iglesia de Jesucristo, no lo ciega al a. para señalar, a un tiempo, las responsabilidades que pueden achacarse a la misma Iglesia, no como causa de la persecución (que no la puede tener proporcionada) sino del gran abismo que se abría entre grandes grupos de fieles y la estructura jerárquica, producto del liberalismo y el clericalismo del siglo XIX, y en última instancia, del fariseísmo, como muy bien señalaba ya en 1937 el p. Leonardo Castellani («Sobre tres modos católicos de ver la guerra de España», en Las ideas de mi tío el cura, Excalibur, Santa María de los Buenos Aires 1984, 155-163). Negando, por falsa, la atribución de ingentes propiedades y riquezas a la Iglesia (expoliada de gran parte de lo suyo por ministros como Mendizábal allá por 1837); sí puede hacerse mea culpa respecto de la falta de penetración eficaz en los ámbitos políticos y culturales más avanzados de la nación (11) y de un importante descuido de la educación religiosa popular (12), razones por la que se operó una separación general entre la Iglesia y el pueblo, que fue cada vez más influenciado por los poderes externos contrarios a la fe y las ideologías enemigas de España. Aquí puede encontrarse, creo yo, un cabo de explicación, si bien no al enseñamiento de ciertos elementos contra todo lo religioso, sí quizás a la temerosa pasividad de muchísimos cristianos que no fueron capaces de alzar una mano ni una voz en defensa de su culto y su clero (241).

Es de lamentar que en algunos juicios el a. preste servicio a un pensamiento más moderno y “felizmente democrático”, que no enreda la verdad que busca probar y no diluye el testimonio de los mártires, pero que compromete, a mi entender, la restauración, que está para concretarse, del espíritu español. Al decir, por ejemplo, que «todos los caídos de la guerra y los que sufrieron la represión en ambos bandos, por la defensa de unos ideales políticos y sociales, merecen el máximo respeto y son recordados como modelos a imitar por quienes siguen semejantes ideologías» (5) no nota el a. que ambos bandos no son equiparables, y que la lucha entablada no era entre ideales políticos, sino entre los enemigos de España, y quienes quisieron patrióticamente librarla de la destrucción. Franco y quienes con él se levantaron no encontraron motivo en una idea política o social determinada, que la tenían, sino en el proceso de destrucción de la identidad nacional histórica española en medio del cual estaba sumiendo a la nación el gobierno republicano y las ideas dialécticas a que se estaba abriendo de par en par las puertas de España. Franco luchó por España y los caídos por Dios y por España no son seguramente mártires pero sí héroes, y así deben ser honrados. Sin ánimo de juzgar a cada uno de los que luchó en contra de España, a ellos no merece este calificativo. Y no hay que perder de vista que la persecución y la guerra fueron dos cosas diferentes, pero el enemigo en ambos casos era el mismo, y el hecho histórico fue conjunto, y una victoria de los sin-Dios significaba una misma consecuencia, con dos formalidades: la destrucción de España y de la Iglesia en ella.

Jesucristo, el Rey de la historia y de los pueblos, que padeció en la cruz para brindar fortaleza a los mártires de todos los tiempos, intervino en favor de España y de su Iglesia, otorgándoles una legión de testigos al calor de cuya sangre, han de volver a ser. Porque al decir de san Juan Pablo II: «En la historia del siglo actual [XX] es, tal vez, el que se caracteriza por las más grandes negaciones del cristianismo, pero también se distingue por el extraordinario ejército de confesores y mártires, que han sembrado la semilla de una nueva vida en Europa y en el mundo, según el antiguo principio: sanguis martyrum, semen christianorum» (268).  


Secretaría general de la Conferencia Episcopal Española – Oficina para las Causas de los Santos, 11 santos y 1512 beatos. Álbum, EDICE, Madrid 2013, 426 pp.

Al hilo de la exposición de la obra de don Vicente Cárcel Ortí, Mártires del siglo XX en España, presento también ésta, que le es un excelente complemento, pensado de hecho como tal. Se trata del Álbum que publica la Conferencia Episcopal Española, por medio de la Oficina para las Causas de los Santos, en el cual se nos ofrecen fotografías de los 11 santos y 1512 beatos mártires de la persecución religiosa de los años 1930 en España.

Prologado por Mons. Juan Antonio Martínez Camino, Obispo auxiliar de Madrid y gran benefactor de las causas de canonización y beatificación de los mártires en España, el volumen se abre con el Mensaje que el Episcopado español envío a todos los fieles con ocasión de la última gran ceremonia ocurrida en la ciudad de Tarragona el 13 de octubre de 2013. Allí fueron beatificados 522 «firmes y valientes testigos de la fe», de todas las condiciones civiles y eclesiásticas, de edades, diócesis y ocupaciones muy variadas. A continuación del Mensaje y divididas en cuatro partes, según los tiempos de las beatificaciones, se registran todas las imágenes de los mártires elevados a los altares, añadiendo a cada cual el nombre, el lugar y fecha de nacimiento, la edad, y el lugar y fecha de martirio. A cada mártir acompaña un número, que se corresponde con la numeración que adopta el p. Vicente Cárcel en la obra dicha, con lo cual se facilita la búsqueda de la vida y martirio de cada testigo y la relación a su imagen y las de sus eventuales compañeros de martirio.

Es un material conciso pero sumamente útil, ya que contribuye a acercar la figura de los mártires, prolongando sus testimonios y fortaleciéndolos en el tiempo. Todo lo que refuerza la realidad histórica de cada uno de los testigos, es un medio privilegiado para la validez y veracidad de su testimonio: sean sus reliquias, que tienen un valor del todo especial, sean también aquellas cosas que les pertenecieron, los sitios donde vivieron o murieron, sus escritos si los hay, y sus imágenes. Es este un recuento de ellas, y nos muestra un cortejo de rostros de mucha serenidad y decisión, de intensa fe y firme esperanza. Es cierto que al lector lo condiciona el saber quiénes son aquellos que descubre en estas fotografías, y que muchas veces trasladamos a la imagen que vemos los contenidos conceptuales del sacrificio que los mártires hicieron, lo que da a sus semblantes una belleza especial; pero a su vez es más cierto que el martirio no se improvisa y que en la mirada viva de cada uno de los que interiormente estaban dispuestos al testimonio entero, ha de poder siempre adivinarse ese compromiso.

Esta obra, como señala Mons. Martínez Camino en el Prólogo, sirve «como guía y colofón» (7) a la trilogía de publicaciones ya hechas por la Conferencia Episcopal, bajo la autoría de María Encarnación González Rodríguez, directora de la Oficina para las Causas de los Santos, donde se recoge la biografía de cada uno de los mártires según los periodos de su elevación a los altares: Quiénes son y de dónde vienen. 498 mártires del siglo XX en España, Edice (Madrid 2007); Los primeros 479 santos y beatos mártires del siglo XX en España. Quienes son y de dónde vienen, Edice (Madrid 2008); y Los 522 mártires del siglo XX en España de la Beatificación del Año de la fe. Quiénes son y de dónde vienen, Edice (Madrid 2013).

 

P. Juan Manuel Rossi, IVE

Monje en el monasterio “Nuestra Señora del Pueyo” (Barbastro)

http://santuariodelpueyo.verboencarnado.net/

74 comentarios

  
Antonio1
Carta colectiva de los obispos españoles a los de todo el mundo con motivo de la guerra en España. 1 julio 1937


"Por esto la Iglesia, aun siendo hija del Príncipe de la Paz, bendice los emblemas (pf) de la guerra, ha fundado las Ordenes Militares y ha organizado Cruzadas contra los enemigos de la fe.

No es este nuestro caso. La Iglesia no ha querido esta guerra ni la buscó, y no creemos necesario vindicarla de la nota de beligerante con que en periódicos extranjeros se ha censurado a la Iglesia en España. "


-----------------

católico pocho escribió en el anterior post; transcribo su comentario aquí: "Todo esto se está ocultando a los españoles, católicos o no. Se cubre con un manto de que si es franquismo o lo que sea, pero les hace ignorantes de su historia o avergonzados , que es peor, cuando debiera ser, es,
un orgullo."
07/04/15 1:27 PM
  
Antonio1
La ideología mundana autoritaria pseudo fascista que manipula y mancilla el nombre sagrado de Cristo es una vergüenza para los cristianos y una mundanización de la Iglesia.

Claro que hubo mártires cristianos y barbaridades horribles cometidas por los que negaban a Cristo. Pero también se manipuló y mancilló el nombre de Cristo en vano para mundanas y autoritarias y pseudo fascistas ideologías de poder tan opuestas en todo al mensaje de Cristo.

Ya va siendo hora de que proclamemos valientemente el mensaje de Cristo y de su Iglesia, honremos a sus mártires y depuremos a la Iglesia de ideologías mundanas autoritarias que tanto odio han desprendido y sufrimiento causado. Y lo que es peor que han desfigurado el rostro de la Iglesia de Cristo asimilándola a ideologías que nada tienen que ver con su mensaje.
07/04/15 1:43 PM
  
Luisfer
"Franco luchó por España y los caídos por Dios y por España no son seguramente mártires pero sí héroes, y así deben ser honrados. Sin ánimo de juzgar a cada uno de los que luchó en contra de España, a ellos no merece este calificativo."

Disculpe Vd. P. Juan Manuel Rossi pero todos los que lucharon lo hicieron por España, por ideas más o menos discutibles pero por España. No todos los republicanos eran unos asesinos de curas, monjas u obispos. Hubo mucha gente que lo que quería era que no hubiera una dictadura que a la postre resultio en sus primeros años implacable. Hace ya más de 70 años de aquello. Como Católico, creo que nadie debe matar pero todo el que se dejó la vida en dfensa de sus ideales merece el mismo trato, bien de héroe, bien de engañado o bien de irresponsable... pero todos por igual. Ya está bien de dividir entre buenos y malos según el que juzgue sea de derechas o izquierdas. Me niego a pensar que entre mis paisanos todos los de un bando eran asesinos y los del otro héroes. No, nunca es así, en niguna guerra y menos en una guerra civil.
07/04/15 2:11 PM
  
Javier Olivera Ravasi
Luisfer: creo, al igual que ud., que ni todos eran asesinos ni todos eran héroes. Desde la Ciudad de Dios en adelante y desde que el mundo es mundo, el trigo está mezclado con la cizaña y, como dice San Agustín, hay cristianos que parecen pertenecer a la Ciudad de Dios y no lo están y paganos que, no estándolo materialmente, lo están...; en fin, creo que lo que el Padre Juan Manuel intenta decir en ese párrafo es que, equivocados o no, quienes lucharon a favor de la ideología marxista, "intrínsecamente perversa", no pueden ser tratados como héroes.
Mons. Fulton Sheen decía a menudo: "cuando llegue al Cielo, si lo hago algún día, tres cosas me preguntaré:
1) ¿cómo puede ser que gente que pensaba que debería estar acá, no está?
2) ¿cómo puede ser que gente que pensaba que nunca podría haber llegado acá, está aquí?
3) ¿cómo diablos llegué yo mismo aquí?"
Saludos
P. Javier

07/04/15 2:31 PM
  
frayescobabcn
Desgraciadamente muchos están empeñados 80 años después en resucitar los fantasmas que hicieron que nos mataramos unos a otros
07/04/15 2:35 PM
  
ramosov
Luisfer:
Dices que no todos en el bando "republicano" -revolucionario- eran asesinos de curas, monjas, etc... Normal, porque la población de socialistas, comunistas o anarquistas -así como de republicanos de izquierda, que eran muchos menos- era de varios millones de personas y la de miembros de la Iglesia era de varias decenas de miles. Pero esos cuatro grandes grupos ideológicos en que más o menos se dividía la izquierda aparte de tener grandes diferencias entre ellos, tenían una característica en común que era su aversión a la Iglesia católica, que en los 3 grupos revolucionarios era de verdadero frenesí aniquilador, que no llegó al exterminio total porque es muy difícil en la práctica, ya que se aguza el ingenio y cuando se llevan ya varios meses de persecución, los que se saben perseguidos se esconden como Dios les da a entender o consiguen pasarse a la otra zona, etc...
Dices también que lo que mucha gente quería era que no hubiera una dictadura, dando como a entender que la mayor parte de la izquierda lo que quería era esto -puesto que a continuación dices que esa dictadura en sus primeros años fue implacable-. Quería aclararte que lo que se ventilaba en la España del 36 y siguientes no era si iba a haber dictadura o no, sino de qué signo e intensidad iba a ser la dictadura que de manera segura íbamos a tener. La democracia no tenía el menor protagonismo en aquella España porque sencillamente había sido destruida. Pretender dar a entender que socialistas revolucionarios que no hacían sino repetir como posesos su objetivo de dictadura del proletariado, o que anarquistas ultrarrevolucionarios o que comunistas férreamente estalinistas etc... querían evitar una dictadura es estar fuera de la realidad. Lo que querían era precisamente una dictadura, pero de carácter totalitario, bastante distinta de la que tuvimos.
07/04/15 3:17 PM
  
Luisfer
Ramosov, completamente de acuerdo en su análisis pero yo no he hablado de la izquierda en general ni de sus cuatro grupos ideológicos como bien apunta Vd. sino de personas que combatieron por unos ideales que estaban más allá de la política y que no se sentían parte de esos partidos. No se engañe, el número de voluntarios en la guerra fue ínfimo frente al número de combatientes. La gente no quería luchar, pero por mi familia (conservadora por cierto) sé que todo el mundo sabía lo que venía encima; se trataba de cuestión de supervivencia por ambas partes. No se trata de si era una democracia a efectos de análisis político que, probablemente ya no lo era en 1936 (aunque análisis hay de todo tipo) sino de si es necesario considerar a unos, héroes porque se defendían de siniestros políticos de izquierdas y bárbaros milicianos que mataron todo lo que pudieron y no considerar héroes a los que lucharon para que militares sin piedad los machacaran como así ocurrió como pasa siempre con los ganadores. Menos de un 11% de los combatientes fueron voluntarios. Cuando se pelea por tu vida, tu futuro y el de tu familia, o todos héroes, o todos villanos.
P. Javier, coincido plenamente con la puntualización. No obstante, es hora de unir no de volver a dar vueltas a la división entre buenos y malos.
07/04/15 3:51 PM
  
Juan Mariner
Debemos tener muy claro que, de ganar la guerra los rojos (estaban orgullosos de llamarse así), media España estaría bajo tierra o peor: se masacraba sistemáticamente a los que no eran y pensaban como ellos (y mucho antes del 36). O sea que, de demócratas, nada de nada: si las elecciones no iban como ellos tenían pensado (una pantalla), la culpa era del voto de las mujeres influidas por los curas en los confesonarios...

Ahora bien, el término "Cruzada" debe cogerse con pinzas: todo es muy complejo. El bando nacional estaba formado por:
- militares borbónicos y liberales (algunos pretendieron que el divorcio no se derogase sin éxito pro presión d ela Iglesia) que acabaron restaurando la monarquía. Rl grupo que mandaba
- tradicionalistas, católicos y monárquicos carlistas. La última guerra carlista en España se libró en el 36.
- derechistas con mucho que perder con los rojos más extremos.
- ejército moro de las colonias.
- filofascistas varios.
No dudo que muchos se tomaron la guerra como una auténtica "Cruzada", para ellos era la legitima defensa frente a su extermino seguro más pronto que tarde.

El Régimen del 18 de julio (camaleónico donde los haya) se alió con la Iglesia desde un inicio y con los capitalistas y los terratenientes, con la primera porque no tenía legitimidad popular y ésta se la procuraba en parte, y con la segundos para financiarse. La Iglesia se aprovechó también e impuso sus condiciones (Estado confesional católico) hasta los años 60 en los que dio ya esquinazo a Franco, siguiendo unos derroteros similares pero contrarios en vez de pasar a la neutralidad como debía ser desde un principio.

El régimen del 18 de julio derivó conscientemente hacia lo que tenemos ahora: una monarquía que garantiza la uniformidad de España (la unidad es dificil si los territorios no se sienten representnados) y la inserción como sea en la Unión Europea y demás entradas en organismos internacionales occidentales que blindan el sistema borbonico indefinidamente.
07/04/15 5:24 PM
  
Luis Fernando
San Juan XXIII, Papa, sobre Franco:
"Da leyes católicas, ayuda a la Iglesia, es un buen católico... ¿qué más quieren?"

Pablo VI, tras la muerte de Franco:
"Ha hecho mucho bien a España y ha proporcionado un desarrollo extraordinario, y una época larguísima de paz. Franco merece un final glorioso y un recuerdo digno de gratitud".
07/04/15 7:33 PM
  
Ricardo de Argentina
Creo con el P. Rossi que "Franco luchó por España". Por esa España que es "más que una nación. Podríamos decir que es un espíritu.".
Esa España que nos hace orgullosos de sentirnos hispanos. Que no es la "españa" de Rajoy ni la del borbón, ciertamente.
De alguna manera, esa España - cuya restauración está para concretarse, como bien dice el P. Rossi - murió en buena medida con Franco. Lo suyo fue una lucha numantina con final anunciado.
Y no lo dice sólo este argentino: conozco muchos españoles nacidos bajo Franco y residentes aquí, que ya no quieren volver a España ni de visita. ¡Quien te ha visto y quien te ve!: ya no la reconocen.
07/04/15 9:13 PM
  
Tito Livio
luisfer, que no, que no todos luchaban por España. Hubo unos, los del llamado ahora bando republicano, que no gritaban viva España, sino viva Rusia y los agentes rusos se convirtieron, de facto, en los dueños de aquella república asesina y golpista. Nada se hacía sin el consentimiento de Moscú. España quedaba convertida en una república socialista soviética más de la URSS. Ni más ni menos, eran la anti-España.
07/04/15 10:05 PM
  
CLAUDIO
Estimado Luisfer: creo que el planteo no es el correcto debido a que el P.Juan Manuel ha hecho incapié en el carácter de mártires por ser defensores y confesores de la Verdad y eso excluye necesariamente a quienes han intentado su persecución. Las luchas civiles siempre llevan consigo, no solo el triunfo de una idea política sino como en el caso de la guerra el 36, un triunfo espiritual que en España se ha dado, al menos en el tiempo de Franco, y que en otros lugares no. La reivindicación de los mártires de la guerra civil debe ser necesaria en España para que vuelva a ser aquella Nación que dio testimonio de Jesucristo con la Evangelización de América y los misioneros. Mientras se niegue esta realidad, mientras se igualen perseguidores y perseguidos y mientras se considere igual quien por amor a Cristo muere y quien defiende la lucha de clases como paraíso terrenal, nunca se va a conseguir que la Verdad triunfe que es definitiva el reinado de Cristo en la sociedad, deber por otro lado de todo cristiano. La democracia con su relativismo extremo no permite diferenciar lo bueno de lo malo y no hay que tener miedo a eso porque los católicos estamos del lado de la Verdad no por mérito propio por cierto, sino por la Sangre derramada en el Calvario. En todo caso pongamos en práctica los consejos evangélicos de caridad con el prójimo y de perdón por las ofensas, pero jamás renunciar a decir ni a dar testimonio de la Verdad, que es justamente lo que han hecho los mártires y no los republicanos.
07/04/15 10:34 PM
  
Tony
Pues me inclino mas por Luisfer. La mayor parte de las personas que lucharon fue por obligación. Defendian el ideal de salvar su vida ya que si se negaban a luchar les mataban los iluminados de ambos bandos. Si por ellos hubiera sido no hubieran pegado ni un tiro y yo en su lugar tampoco.
07/04/15 11:15 PM
  
Proby
El bando nacional luchó por Dios y por España. Ésa es la realidad. Y en ningún momento manipuló a Cristo en nombre de una ideología "opuesta en todo al mensaje de Cristo". Eso se podría aplicar más bien a las nefastas ideologías marxistas que contaminaron la Iglesia a partir de los años 60 y la alejaron (en parte, claro, no en su totalidad) del verdadero cristianismo. Y eso de que la mayor parte de los que lucharon en la Guerra Civil lo hicieron por obligación... ¿dónde está escrito? ¿En qué se basan para afirmar una cosa tan descabellada?
07/04/15 11:53 PM
  
Tony
Ok lo busco y se lo pondré. Donde esta escrito que lucharon por dios y por España?
08/04/15 12:57 AM
  
Ricardo de Argentina
Vaya a cuento esta historia real y que me resulta muy cercana, para que se vea si ambos bandos actuaron con la misma caballerosidad y justicia.

Mi abuelo era un leonés maragato anticatólico y antifranquista visceral, venido a la Argentina hace unos 100 años. Mantenía correspondencia con su primo, el general republicano T. Martínez Cabrera. Correspondencia que mandó a España cuando el general se lo pidió, como prueba para defenderse de acusaciones que recibía desde su mismo bando, y que pusieron su vida en peligro.
Desde que fue fusilado por los nacionales, en mi familia se instaló que eso había sido una salvajada de Franco. Y así quedó por décadas. Hasta que a una tía mía se le dio por solicitar a la Embajada de España las actuaciones del juicio sumario contra Martínez Cabrera. Se las entregaron en 1.985 y todos pudimos leerlas.
Resulta que el general de marras estaba al frente de un regimiento en Murcia al momento del levantamiento nacional de 1.936. Cerca de allí había otra guarnición más pequeña que se manifestó favorable a Franco. Entonces la atacó y la venció, tomando numerosos prisioneros nacionales. Hasta allí nada reprochable. Pero sucedió que luego Martínez Cabrera dispuso el fusilamiento de los prisioneros, y por ese crimen de guerra fue condenado y ejecutado en junio de 1.939.

Un año después, aún en plena guerra civil, Astorga, le retiró el título de "Hijo Adoptivo" conque lo había honrado por beneficios que había recibido de parte del militar. Pero la corporación municipal en 2.007 se lo reintegró, alegando que «fue un hombre de honor y una de las figuras más importantes de la guerra civil, que mantuvo una gran preocupación por salvar vidas durante la contienda».

Patético, ¿no?.
08/04/15 2:08 AM
  
Antonio1
Buscad en infocatólica, en temas de la historia de la Iglesia: Pablo VI y el régimen de Franco.

Es magnífico y cierto todo lo que dice.
08/04/15 11:15 AM
  
Proby
Lo de que lucharon por Dios (con "d" mayúscula, por favor) y por España está en muchos textos de la época. Vaya y búsquelos.
08/04/15 1:13 PM
  
Proby
Pablo VI, dicho sea con todos los respetos que como católico me merece cualquier Papa, metió la pata hasta el corvejón con Franco. Y él mismo lo reconoció después de leer el testamento político del Caudillo.
08/04/15 1:14 PM
  
Antonio1
El artículo que menciono no se refiere solo a Pablo VI sino a las complejas relaciones entre l dictadura franquista y Roma también antes de Panlo VI.
08/04/15 4:06 PM
  
ramosov
En el frente popular no se luchaba por evitar una dictadura de nadie, ni nada parecido. El bando frentepopulista no era tan pasivo ni iba a la defensiva como se ha querido vender -quien iba a la defensiva aunque a partir del 18 de julio tomase la iniciativa- fue el bando nacional o contrarrevolucionario. En el frente popular luchaban por imponer su revolución, que tenía dos variantes: la marxista y la anarquista, y dentro de la primera a su vez, había también dos variantes: la de la república revolucionaria de Largo Caballero -que en principio desconfiaba de los comunistas y que abogaba por llegar a acuerdos y cesión de parcelas a los anarquistas- y la de la república popular de los comunistas -antesala de lo que fueron luego las democracias populares- y que es la que se poco a poco imponiendo a partir del 37 -solo que disimulando todo cuanto podían-.
En dicho bando figuraban también, obviamente los republicanos de izquierda y centro-izquierda, pero a modo de remolque y porque no les quedaba otra opción: el tipo de "república" que se vislumbraba en caso de victoria no animaba demasiado. Estos últimos no eran numerosos y pocos de ellos combatieron en realidad. Socialistas, comunistas, anarquistas -y los escasos poumistas- sin embargo eran combatientes puros de ideología y la abrumadora mayoría de dicho bando. Todos ellos tenían su versión revolucionaria que imponer, entendían que esa era su guerra, e imponer su revolución implicaba acabar con derechas, burguesía centrista y derechista y clero.
Naturalmente, eso no quita que avanzando la guerra y ya con el ejército popular implantado, hubiese reclutamientos forzados en los cuales también tuviesen que combatir gente que no sentía la revolución de la misma manera. Pero la mayoría eran combatientes ideológicos y revolucionarios.
En el otro lado digo tres cuartos de lo mismo, solo que se trataba de defenderse de la revolución, porque amenazaba aniquiladoramente. Quienes sabían que estaban dentro de los estamentos a los cuales la revolución iba a perseguir no tenían más opción que protegerse. Y éstos claro que luchaban por Dios y por España, porque esos dos conceptos eran atacados por la revolución. De hecho es que las familias políticas que se unieron contra la revolución del 36 -que es lo que es la guerra civil española: la lucha desesperada contra la revolución del 36- buscaron un esqueleto ideológico que les uniera: defensa de la unidad nacional, de la propiedad privada, del orden público y del respeto a la religión, o sea, Dios y España en resumen.
08/04/15 4:16 PM
  
Tony
Soldados a la fuerza. Reclutamiento obligatorio durante la guerra civil, 1936-1939. James Matthews. Traducción de Hugo García Fernández. Alianza. Madrid, 2013.
"Según las estimaciones de Matthews, en los primeros meses de la guerra, los jóvenes y no tan jóvenes que se aprestaron a tomar las armas de manera voluntaria pudieron llegar a constituir unos 120.000 milicianos y soldados en la zona republicana y otros 100.000 combatientes voluntarios en la zona franquista. Pero la guerra no podía librarse con tan pocos hombres en armas y hubo que recurrir a la movilización forzosa de varones entre 18 y 45 años para mantener las operaciones: la República llegó a movilizar a 1,7 millones de hombres en 28 reemplazos, mientras que sus enemigos movilizaban a 1,2 millones de hombres en 15 reemplazos"
08/04/15 5:36 PM
  
Juan Mariner
Tony: por no hablar de la "Quinta del Biberón" en el Ejército Rojo (se enorgullecían de llamarse así, ahora ya no tanto porque "no es moda" con la caída del Muro), una leva de menores de edad catalanes (casi niños) de entre 16 y 17 años que "pedían auxilio a su mamá" en el fragor de la batalla (hecho criticado en todo el mundo), a la espera de que estallara la II Guerra Mundial (inminente) y los aliados bajasen a sacar las castañas del fuego a la casi vencida República (nunca bajó nadie a salvar o a reinstaurar a los asesinos prosoviéticos de las chekas y de las purgas y a los genocidas de católicos, sabían de qué pie cojeaban por mucho que en los últimos meses intentasen disimular con nuevas leyes de libertad religiosa y cosas por el estilo).
08/04/15 8:26 PM
  
Martina
La guerra civil del 36 fue cruel e injusta. Dicen que fue inevitable, no lo creo. Fue miserable, sangrienta y entre hermanos. Se empeñan en recordarla constantemente, por cualquier motivo. Siempre sacando un rencor que permanece aunque hayan pasado tantos años. A mi esa guerra me llena de pena y de vergüenza. Los combatientes de ambos bandos y la población sufrieron bajezas y miserias. Por favor, no la comentéis mas. Las razones que dais unos y otros son la propaganda que surgió para dar razones de la sin razón.
08/04/15 10:33 PM
  
Antonio1
Martina, totalmente de acuerdo.

Los debates guerracivilistas solo sirven para incrementar el dolor y el odio.

Los que no nos identificamos con ninguno de los dos bandos, los que pensamos que aquello fue una barbarie solo podemos hacer todo lo posible para que no vuelva a repetirse.
08/04/15 11:02 PM
  
Proby
Martina:

Con el debido respeto, no haces más que recurrir a los tópicos manidos de siempre: "una guerra cruel e injusta", "miserable, sangrienta y entre hermanos", "pena y vergüenza"... y bla, bla, bla. En primer lugar, todas las guerras son crueles e injustas en mayor o menor medida, pero algunas son INEVITABLES, y la Guerra Civil de Liberación lo fue. José María Gil-Robles (que no era precisamente franquista) publicó sus memorias con el título de "No fue posible la paz". Porque, efectivamente, no lo fue. El pueblo español aguantó la ola de crímenes del Frente Popular durante cinco años (en los que Franco salvó a la República DOS veces), hasta que la situación se hizo insostenible y fue necesario alzarse en armas para que la "media España que no se resignaba a morir" (otra vez Gil-Robles) no pereciera. Se habla de guerra entre hermanos... ¿Tú crees que los católicos españoles podemos considerar como "hermanos" a aquellos chekistas salvajes que torturaban y asesinaban inocentes por el simple hecho de ser católicos? Para los soldados que lucharon noblemente en el campo de batalla en ambos bandos, todo mi respeto (y en el Valle De Los Caídos, no se olvide, hay combatientes de los dos lados); para los asesinos y torturadores chekistas y sus amiguetes de las Brigadas Internacionales, ninguno. Sólo cabe rezar por sus almas.

A mí la Guerra Civil no me da vergüenza. Me puede parecer triste y lamentable que se TUVIERA que llegar a esa situación, pero vergüenza no me da porque supuso la reacción viril del pueblo español contra la anti-España que quería exterminarles. (Lo de las "dos Españas" siempre me ha parecido un mito.) Lo que sí me causa pena y vergüenza son los cinco años de asesinatos y persecución religiosa que precedieron a la guerra. Aunque, en realidad, la guerra empezó en 1934, con la sublevación de Asturias, algo sobre lo que también habría mucho que hablar.

Es necesario conocer el pasado para construir el presente y el futuro. Y es preciso que las nuevas generaciones sepan POR QUÉ hubo una guerra, para así no volver a caer en los errores del pasado (en los que ya estamos cayendo otra vez). Ya lo dijo Cicerón: "Si ignoras lo que pasó antes de que tú nacieras, siempre serás un niño."

Y con respecto a lo de los que fueron movilizados "a la fuerza", sólo diré que su número fue muy inferior al de los que fueron voluntarios. Pero parece ser que a algunos ese matiz les preocupa mucho.
09/04/15 12:34 AM
  
Proby
Antonio 1, lo que le digo a Martina va también por ti.
09/04/15 2:29 AM
  
ramosov
Bien dicho Proby.
09/04/15 7:06 AM
  
Antonio1
Proby,

Te recomiendo el libro del filósofo católico Julián Marías: "La guerra civil ¿cómo pudo ocurrir?

Es tremendamente lúcido.

"¿Los políticos, los partidos, los votantes querían la guerra civil? «Creo que no, que casi nadie español la quiso. Entonces, ¿cómo fue posible? Lo grave es que muchos españoles quisieron lo que resultó ser una guerra civil. Quisieron: a) Dividir al país en dos bandos. b) Identificar al «otro» con el mal. c) No tenerlo en cuenta, ni siquiera como peligro real, como adversario eficaz. d) Eliminarlo, quitarlo de en medio (políticamente, físicamente si era necesario). Se dirá que esto es una locura...Efectivamente, lo era (y no faltaron los que se dieron cuenta entonces, y a pesar de mi mucha juventud, puedo contarme en su número). Si trasladamos esto a la vida colectiva, encontramos la posibilidad de la locura colectiva o social, de la locura histórica».

Raciocinio viciado: «De ahí la necesidad de un pensamiento alerta, capaz de descubrir las manipulaciones, los sofismas, especialmente los que no consisten en un raciocinio falaz, sino en viciar todo raciocinio de antemano».
09/04/15 8:12 AM
  
Antonio1
"
En la zona que se llamó «nacional» y fue llamada por sus enemigos «facciosa», todo el que no se sumó al «movimiento» fue {perseguido, normalmente (y desde luego en el caso de los militares) por rebelión. Esta persecución se extendía a todos los afiliados a partidos del Frente Popular, pero no estaban seguros los radicales, ni los pertenecientes a la CEDA, ni los maestros, ni, por supuesto, ios masones. En la zona «republicana» («roja» pafa los enemigos), solamente los partidos del Frente Popular eran aceptados (los republicanos, meramente tolerados); todos los demás, aunque fuesen republicanos históricos, eran perse-gudos; los falangistas, sin la menor esperanza de salvación; los sacerdotes, religiosos, monjas, etc., si no se escondían a tiempo eran exterminados. En ambas zonas, todos los que no eran incondicionales eran sospechosos.
Las «depuraciones» dejaron sin puestos de trabajo a millares de persons a las que se consideraba «desafectas», aunque no hubiesen cometido ningún acto
delictivo ni hostil; y la depuración hacía ingresar inmediatamente en la categoría de los sospechosos, sometidos a vejaciones y peligros. La condición de militar retirado en una zona, de dirigente sindical en la otra, significaba el encarcelamiento y, con bastante probabilidad, la muerte. Por supuesto, en la zona republicana, con la excepción del País Vasco, todo culto religioso fue prohibido, y los incendios de iglesias y conventos fueron frecuentísimos, en muchos casos realizados sistemáticamente. En toda España se constituyeron tribunales («de guerra» o «populares») sin la menor garantía jurídica y de particular ferocidad; estaban compuestos, en un caso, por representantes de todos ios partidos del Frente Popular y de las organizaciones sindicales; en el otro, por militares y representantes políticos. Esto sin contar con las abundantísimas «checas» o sus equivalentes, absolutamente irresponsables, y con las «sacas» de las prisiones, con pretextos de traslados que solían ser al otro mundo.
No me interesa recordar el aspecto más horrible y siniestro de la guerra sino para recordar que fue un universal terrorismo, ejercido no sólo contra los enemigos, sino contra los que se podían considerar neutrales o incluso partidarios no fanáticos o incondicionales, dentro de la propia zona, lo cual significó un chantaje generalizado, que excluía toda crítica y todo matiz de posible disidencia. Así se llegó a la aceptación de todo (incluida la infamia), con tal de que fuese «de un lado».
La consecuencia inevitable fue el envilecimiento. Nadie quería quedarse corto, ser menos que los demás en la adulación de los que mandaban o la execración de los adversarios. Esto fue un poco menos compacto en la zona republicana, por su falta de disciplina y coherencia, que dejó un estrecho margen de «pluralismo». Esta diferencia puede comprobarse en la actual publicación de los dos ABC: el republicano de Madrid y el franquista de Sevilla. La mentira, como puede verse allí mismo día por día, dominaba en ambos campos por igual.
Esta actitud, unida a la decisión de «pasar por todo», y en ocasiones al fanatismo -no siempre-, llevó a que la inmensa mayoría de lo que se escribió en ambas zonas fuese literalmente vergonzoso. Es aleccionador, pero infinitamente penoso, leer lo que escribieron muchos que tenían pretensiones de intelectuales, literatos, profesores, eclesiásticos, hombres de leyes. Hubo excepciones, sin duda, de decoro literario, nobleza, generosidad y valentía; pero no pasaron de excepciones. En algunos casos, lo lamentable fue simple debilidad y amedrentamiento, y pasada la terrible prueba no siguió formando parte de la personalidad de sus autores; en otros significó una corrupción profunda que llevó hasta la denuncia, el aplauso a los crímenes propios o la calumnia."
Julián Marías.
09/04/15 8:24 AM
  
Proby
Antonio 1 :

Que nadie quisiera la Guerra Civil no significa que ésta fuera inevitable. Tampoco nadie o casi nadie se quiere morir, pero la muerte es inevitable.

Y lo de que nadie "quería" la Guerra Civil es harto discutible. A Negrín le habría gustado que la guerra hubiera durado unos cuantos meses más para que enlazara con la Segunda Guerra Mundial y así tener el apoyo de las potencias "aliadas". Y las incitaciones belicosas de Largo Caballero son bien conocidas: estaban dispuestos a cualquier cosa con tal de tener el poder absoluto y sovietizar a España.

Lo que dice Julián Marías no es palabra de Dios como pretenden algunos. Julián Marías fue un hombre que dijo y escribió algunas cosas sensatas a lo largo de su vida, pero también dijo y escribió muchas tonterías. Con todos mis respetos para su persona, era un tibio. Y ya sabes lo que pasa con los tibios, ¿no?

Equiparar a los dos bandos contendientes en la Guerra Civil me parece un simplismo y una injusticia. Y si no, léete lo que dijeron y escribieron Pérez De Ayala o Marañón, que en un principio habían apoyado a la Segunda República (como hombres falibles que eran), pero eran mayores y conocían el tema mejor que Marías. Y léete también lo que escribió el propio Azaña, que no era sospechoso de ser "facha".

¿Que "cómo pudo ocurrir"? Pues porque la Segunda República, ese régimen que el señor Marías también apoyó al principio, quiso cargarse a España y a la religión católica. Así de simple.

No hay peor ciego que el que no quiere ver.
09/04/15 2:19 PM
  
Antonio1
Tú eres un franquista militante, Proby. Y añoras su régimen. Es tú postura, que se sepa.

No era un tibio Julián Marías. Tibios son los que renunciaron a pensar y a ser lúcidos sumerhiéndose en la barbarie de uno y otro bando, por obligación, por miedo, por ceguera ideológica.

No es tibio quien por ser fiel a sus principios y a sus valores cristianos bien entendidos y no ideológizada, se libró por los pelos de una condena a muerte. Fue detenido por no haber hecho nada más que ser un intelectual cristiano y coherente que no fue tiralevitas de nadie. Y fue traicionado para más Inri por su mejor amigo, del que no habló jamás mal en público en su vida, ni siquiera durante su vejez.
Pero claro era un tibio, por no ser fascista y denunciar los crímenes que clamaban al cielo en uno y otro bando.
09/04/15 3:19 PM
  
Juan Mariner
Proby: en efecto, paradójicamente, quien aupó a Franco fue la mismísima República. Y esto lo callan como bellacos los que se proclaman descencientes de los rojos y de los nacionales. Muy similar a lo de Pinochet con Allende.
09/04/15 3:21 PM
  
ramosov
A mi no me da vergüenza la guerra civil o comentar aspectos de la misma, lo que me daría vergüenza es mentir descaradamente sobre la misma para mayor gloria de la causa, o legislar partidistamente al respecto. A mi lo que me da vergüenza es usar la guerra civil para conseguir réditos políticos, como siempre ha hecho nuestra izquierda. Me da vergüenza engañar a generaciones de lectores que no conocen documentación definitoria del conflicto y a los que se engatusa sobre sus causas o naturaleza. Me da vergüenza ver a jovencitos de menos de 20 años en periódicos izquierdistas diciendo que "mi bisabuelo defendió la democracia" porque es lo que le han hecho creer. Me da vergüenza ver en otros sitios, (incluso lo he visto en televisión) decir que "a los clérigos se les asesinaba porque eran fascistas y golpistas que disparaban al pueblo desde las iglesias". Me da vergüenza que se legisle como en los países totalitarios quienes eran buenos y quienes malos. Todo ese tipo de cosas son las que me dan vergüenza y pena a mi.
Hablar de la guerra civil, de sus causas, de sus orígenes, de su naturaleza, de qué se ventilaba allí, sin propaganda detrás, sino con conocimientos basados en documentación múltiple y variada, es un ejercicio sanísimo, porque muchas de nuestras miserias actuales vienen precisamente de entonces, de lo que la izquierda se propuso y a lo que se creyó legitimada entonces.
Y desde luego en todas las guerras hay horror, crímenes, etc..., pero no debe caerse en el error de considerar que con esa "equidistancia" y mirando para el futuro exclusivamente actuamos correctamente. No eran lo mismo unos que otros ni les motivaba lo mismo. No es lo mismo acorralar al que consideras tu enemigo de clase llevado de puro odio de clase, que tener que defenderte de una revolución en marcha presa de pánico y desesperación, ya que el gobierno es como si no estuviera -y desde el 18 estuvo un gobierno títere de Giral durante mes y medio-. No es lo mismo perseguir desde los comités revolucionarios a los enemigos de clase y eliminarlos en cuanto es comprobado que son derechistas o clérigos, que juzgar a izquierdistas y hacerlo con severidad al constatar su participación en la revolución o graves responsabilidades en su producción. No es lo mismo asesinar a monjas por centenares torturándolas horriblemente cortándoles pechos, etc... y hasta violando a algunas, que dar ingestas de ricino y rapar cabezas.
No es lo mismo.
09/04/15 3:50 PM
  
Palas Atenea
Yo no tengo nada malo que decir de Julián Marías, sino todo lo contrario, pero el número de personas como él que había en España se podía contar con los dedos de la mano.
Lo cierto es que los que tenían el control de la calle eran socialistas revolucionarios y comunistas, de tal manera que hasta el mismo Besteiros-que era otro de los moderados-no pintaba nada en su partido. En mi pueblo, en una sola mañana, antes que las tropas republicanas pudieran llegar, mataron a tres personas en la Revolución de Octubre de 1934. Dos años antes de que empezara la guerra.
La investigación y castigo de los causantes de aquel golpe de estado fallido fue, diciéndolo de un modo suave, bastante chapucera.
Después de aquello sólo quedaba esperar la segunda intentona. Como Franco se adelantó no se puede hacer ucronía pero sospecho, y dado que mi familia era católica, que a lo mejor no estaría yo aquí para contarlo porque la costumbre de celebrar el primer viernes de mes o ir a la procesión del Corpus empezaba a ser algo así como pretender ir a misa en la Siria actual. Las cosas como son.
09/04/15 8:09 PM
  
Palas Atenea
Hay dos tipos de situaciones que son opuestas entre si: la de los gobiernos totalitarios que emprenden ellos mismos acciones de represión y la de los gobiernos que tienen en su seno organizaciones no gubernamentales que tienen el control fáctico de la situación.
El de la II República fue del segundo tipo. Yo que sé lo que significa que un grupo armado tenga el control porque he vivido muchos años bajo la amenaza directa de ETA, me imagino lo que tenía que ser vivir bajo la amenaza continua de grupos que, ora quemaban una iglesia, ora desalojaban un convento de monjas, sin que el gobierno parpadeara.
El gobierno en el caso de ETA actuaba poniendo tú el valor por adelantado, pero en el caso de la II República ni siquiera se molestaba en perseguir a los agresores. Ya en 1931 empezó la quema de iglesias pero no se detuvo a nadie ni se hizo un solo juicio contra los perpetradores de los delitos, de la misma manera que Azaña tampoco tuvo la menor intención de llevar ante los tribunales a los asesinos de Calvo Sotelo. No se atrevían a impartir justicia ni con Julián Marías, ni con Besteiro, ni con Ortega y Gasset, ni con Unamuno porque allí los que manejaban el poder real tenían otros nombres.
09/04/15 8:35 PM
  
Palas Atenea
Muchas veces le pregunté yo a mi abuelo si en el caso de que grupos de incontrolados mataran al párroco o algunos católicos esperaba él justicia por parte de la República y me miraba como si fuese marciana: "¿La república iba a detener a un revolucionario de estos por matar a un cura? ¿Pero de qué guindo te has caído tú?".
Claro en esa situación la paz republicana era una entelequia. A lo mejor debíamos de considerar que la guerra empezó antes del 36. Empezó desde el momento en que la justicia dejó de funcionar y nos ponemos casi en el año 31. En mi pueblo nunca se supo quién o quiénes mataron a aquellas tres personas el año 34: dos empresarios y un obrero, sólo circulaban rumores, "dicen que..."

09/04/15 9:52 PM
  
Proby
Sí, soy franquista. ¿Y qué?

Tibio es el que no se moja. Y Marías quería contentar a unos y a otros sin mojarse; por lo tanto, era un tibio. Ya lo dijo Nuestro Señor Jesucristo: "Quien no está conmigo, está contra Mí." Ahora bien, es verdad que Marías no fue siempre así. Te aconsejo que leas lo que sobre Marías escribió Ricardo De La Cierva en su excelente libro "Misterios de la Historia", donde queda claro que el famoso filósofo no fue siempre tan "conciliador" como ahora se nos quiere dar a entender. (Tiene especial interés lo que dice el autor sobre la contribución de Marías al latrocinio perpetrado por el Frente Popular en Prensa Española en los últimos tiempos de la guerra.)

Si a ti te parece que defender la religión católica y la existencia misma de España es "renunciar a pensar y a ser lúcido sumergiéndose en la barbarie", yo ya no sé qué decir.

Y eso que dices de los crímenes... Mira, entre los dos bandos enfrentados hubo diferencias enormes, aunque la gente simplista pretenda despachar la cuestión con banalidades del estilo de "todos hicieron barbaridades". Entre los rojos hubo facinerosos y asesinos sin escrúpulos que mataban a gente inocente. Si luego esos criminales fueron ajusticiados, no significa que ambos bandos fueran iguales. Unos perseguían la religión y otros la defendían. Unos tenían chekas y otros tribunales militares con una garantía procesal. Unos supieron superar sus diferencias con la suprema autoridad de Franco y otros se mataron entre sí como bestias. Cabe recordar a los brigadistas internacionales que fueron víctimas de su jefe, André Marty, el "carnicero de Albacete", o los milicianos fusilados en Aravaca por resistirse a ir al frente, unos 200, enterrados junto a mártires como los dos Ramiros, Maeztu y Ledesma, o los recientemente conocidos casos de docenas de brigadistas de la 84 Brigada que conquistó Teruel, mandados por el alcalde socialista de Mérida, que fueron fusilados por resistirse a suspender su permiso tras la dura batalla. No; en la lucha entre el bien y el mal, los nacionales fueron los del bien y los rojos los del mal. Y nadie me convencerá de lo contrario ni me convertirá en un tibio de ésos que Dios vomita de su boca. Lo siento.
09/04/15 11:43 PM
  
Antonio1
"Sí, soy franquista. ¿Y qué?"

Pues que es muy ilustrativo. Tú añoras una dictadura en la que no había derecho de expresión, reunión, manifestación, asociación política. En la que había censura previa ( Esta conversación no la jubiéramos podido mantener) En la que las mujeres requerían firma del marido para contratar o ejercer una profesión. En la que se torturaba en las cárceles, en la que se sometía a la Iglesia a la vergüenza de inmiscuirse el dictador en nombramientos eclesiales, en la que se tenían que exiliar por no pensar igual que el dictador gente como Manuel de Falla, Severo Ochoa, Américo Castro,Pedro Salinas...

Pues yo eso no lo añoro. Nada de eso tiene que ver con Cristo y con la Religión católica.


10/04/15 1:09 AM
  
Palas Atenea
Quizás tenga deformación profesional de tantos regímenes políticos que he investigado. Mi labor principal es buscar leyes y aplicación de esas leyes si puedo encontrar actas de juicios. La política anticatólica de los sucesivos gobiernos británicos está registrada en leyes muy precisas, juicios y castigos que recibían los que se negaban a obedecer la Ley de Supremacía. A pesar de lo difícil de penetrar en la URSS la forma de actuar del fiscal Vyshinsky en los célebres Juicios de Moscú o del juez Freisler en la Alemania están documentadas. Se pueden estudiar cantidad de actas firmadas por el juez y se ve el tipo de acusaciones y hasta el tipo de redacción-verdaderamente cutre-de esas actas.
He intentado saber cómo actuaba la justicia española durante el periodo de la II República y, si es posible, qué tipo de acusaciones y castigos se daban a los que cometían agresiones contra propiedades particulares, quemaban iglesias o sacaban a la luz los cadáveres de frailes y monjas enterrados (existen fotos) pero no hay documentación, que yo sepa.
La impresión que da es que armaban un poco de ruido con la policía por aquí y por allá, incluso detenían a alguien, pero jamás se concretaba en nada. Tampoco hay ningún libro que lo explique, y si alguien lo conoce me gustaría leerlo.
En mi opinión la justicia puede ser una pantomima-como en el caso de la URSS o la Alemania nazi-o puede estar ausente, como creo que fue el caso de la II República. La ausencia de justicia es una guerra latente porque la impresión de impunidad de determinados hechos delictivos no deja más que dos alternativas: o ir armado y defenderse o asumir la condición de víctima propiciatoria, y un país no puede resistir así mucho tiempo.
Que yo sepa la II República Española sólo actuó dos veces: En el caso de la Revolución de Octubre-que fue un fallido golpe de estado-y en el caso de Casas Viejas (1933), cuando el anarquista Seisdedos armó la troca, y siempre militarmente. Pero, fuera de eso, los sucesos de la calle se tomaban a beneficio de inventario. Y, como ya he dicho, incluso la culpabilidad de los que se levantaron en armas en octubre del 34 no se aclaró. Una total dejación de poder.
10/04/15 10:24 AM
  
Antonio1
"Los tribunales que «juzgaban» a los sospechosos de haber defendido la República durante la guerra civil o de haber colaborado en cualquier medida con ella, las comisiones de «depuración» de la mitad de los españoles desde 1939, introdujeron una modificación esencial en los procedimientos de prueba, que eran válidos desde hacía un par de milenios, tanto lógica como jurídicamente. Es principio universalmente admitido que la obligación de probar, el onus probandi, corresponde al que afirma. Entre otras razones, porque lo contrario es casi siempre imposible. Si se acusaba a alguien de haber matado a una vieja en Cuenca o haber incendiado una iglesia en Alicante o silbar la Internacional o el Himno de Riego al bajar la escalera, nadie se molestaba en probarlo, sino que era el acusado el que tenía que probar que no había hecho tales cosas: ¿Cómo hacerlo? Piense el lector si podría hacerlo ahora mismo.Pues bien, el mismo espíritu, en materias por ahora menos graves, está apareciendo entre nosotros. "

Julián Marías.
10/04/15 10:59 AM
  
Palas Atenea
Antonio 1: Tú como siempre saliéndote por la tangente. Lo tuyo no es una contestación a lo que yo apuntaba sino un "tú más", como si las arbitrariedades de Franco taparan las otras. Te recuerdo que Franco nunca dijo que su gobierno fuera democrático y, en cambio, la República presumía de eso.
Lo que me estás diciendo es que el gobierno de Franco revertía la carga de la prueba haciendo que el acusado tuviera que demostrar su inocencia en vez del procedimiento habitual que es la demostración por la fiscalía de su culpabilidad (cosa que actualmente existe con las acusaciones por violencia de género, mira por donde).
La República desde luego no actuaba así, lo que hacía es simplemente no acusar, aunque la persona fuera más culpable que Judas, y en ocasiones ni siquiera investigar por miedo a la reacción de la calle.
Ahora bien, Julián Marías vivía en tiempos de la República y no observó nada pero, en cambio, si observó las deficiencias legales en tiempos de Franco ???
Efectivamente Franco actuó arbitrariamente efectuando juicios sumarísimos y haciendo lo que dice Marías. ¿Te costaría a ti mucho reconocer lo dicho por mi o tienes pruebas de lo contrario? Porque si no puede que Proby sea franquista, y además lo ha admitido, pero tú eres una cosa bastante fea que no quieres admitir. Ajusta tus contestaciones y no cargues en el debe del franquismo lo que corresponde a la república.
Demuéstrame que los procedimientos de los republicanos eran los correctos, que siempre buscaron al culpable y, fuera cual fuera su color, le aplicaron la más estricta justicia. Y sobre todo hazme el favor de decirme dónde puedo encontrar yo actas judiciales o procesos llevados durante el tiempo republicano contra personas que alteraban el orden público o destruían la propiedad religiosa. Porque las sinagogas ardían en Berlín al mismo tiempo que las iglesias en España con el mismo resultado de total impunidad y, créeme me gustaría, encontrar pruebas de lo contrario.
10/04/15 3:05 PM
  
Palas Atenea
Yo acuso a la II República Española de cobardía y dejación de sus funciones y de dejar al país en manos de los que realmente tenían el poder: los socialista y comunistas revolucionarios y los militares. Francamente si la opción de que los militares ganaran no fue buena, la de una España en manos de revolucionarios, como mínimo, era igual. Teniendo en cuenta que España se mantuvo al margen de la II GM con Franco y que, dudosamente, se habría conseguido lo mismo con La Pasionaria o Carrillo en el poder-por aquella de las internacionales proletarias-creo que salimos lo mejor parados posible. La República no era una opción porque no mandaba, no aplicaba la ley y le crecían los enanos. Era un fantasma con muchos intelectuales que jamás hicieron otra cosa que adquirir prestigio de cara al extranjero sin que eso se reflejara para nada en la vida del país.
10/04/15 3:27 PM
  
ramosov
Antonio1:
Desde posiciones izquierdistas siempre se ha acudido al impagable comodín de colgar el sambenito de rigor, ya sea fascista o luego franquista con el que descalificar de inmediato y que las opiniones del así descalificado queden ya de entrada rebajadas de categoría, porque queda sugerido que las opiniones de los demás, o sea de los antifranquistas son las buenas, ya que se tiene la convicción a fuerza de repetir el argumento, de que antifranquista es igual a demócrata.
Un truco muy típico de los antifranquistas es hacerse pasar por eso, por demócratas, alegando que como el franquismo era una dictadura, alguien al que califiquemos de franquista es alguien que añora y echa de menos las dictaduras, y los demás, o sea los antifranquistas somos demócratas de primera. Craso error.
Para empezar, el hecho de que hubiera una dictadura al término de la guerra y así durante mucho tiempo -aunque suavizándose- es algo que nos debería llevar a preguntarnos: ¿porqué sería así? ¿la democracia era posible? ¿la destruyó Franco? Todas estas preguntas son cruciales y está todo muy tergiversado por odio y deseos de victoria moral en aquel conflicto. Franco no destruyó ninguna democracia, sino la oleada de violencia con mirada para otro lado en el medio año previo a la guerra civil. Haber decidido Azaña primero y luego Casares gobernar para media España y por miedo a sus socios de la extrema izquierda concederles impunidad permanente tenía consecuencias: el miedo y la desesperación de la media España que no se resignaba a morir y que la legalidad y la legitimidad del Estado de derecho hacían aguas por todas partes.
El proceso revolucionario del 34 pudo ser sometido desde el Estado de derecho y con la democracia de fondo. No ocurría así con el del 36, mucho más peligroso, ya que iba creciendo revistiendose de ropajes de legalidad. Al término de la guerra, la democracia era imposible por mucho tiempo, ya que fue destruida a conciencia, y la alternativa -y esta es la cuestión- no solo no era una democracia, sino una dictadura peor aún.
El único momento en que la democracia era ya posible en España durante el franquismo fue en los años 60. Pues el país estaba ya reconciliado básicamente y con buen nivel de vida. Pero ahí ocurría que se podía comprobar que el antifranquismo en lo que estaba es en lo que siempre estuvo: en el derrocamiento, en la ruptura -como quedaba claro con el contubernio de Munich-. Nadie en la izquierda hubiera aceptado una transición democrática llevada a cabo por el franquismo directamente y en cuanto la izquierda hubiera recuperado el poder, hubieran ido a lal persecución de lo que viesen franquista, porque el resentimiento era muy fuerte en la izquierda. El franquismo vio esto y comprendió que tenía que continuar hasta la muerte de Franco. Hizo ahí, en los 60 lo que se pudo hacer: suavizarse y convocar un referéndum que ganó el régimen. Un referéndum que a buen seguro que fue más democrático que cualquier tipo de elecciones que se pudieran llevar a cabo durante el periodo del frente popular -como las elecciones repetidas en Granada y Cuenca de mayo del 36, por ejemplo.-.
10/04/15 3:52 PM
  
Ricardo de Argentina
Como bien dice Palas Atenea, Franco jamás dijo que su gobierno fuese democrático. Es que no lo era, en absoluto, porque fue -en los hechos- una Monarquía.
Sin Corte, sin Dinastía y sin Corona, pero fue una Monarquía.
Una Monarquía Cristiana.
Representó el último palpitar de la moribunda Cristiandad.
Franco tuvo las atribuciones de un rey y actuó como tal. No como los reyes tiranos del Absoutismo, infectos de Liberalismo y rodeados de una nobleza decadente y repulsiva. Tampoco como esos farandulescos monigotes "contitucionales", alimentados por la nostalgia y los presupuestos oficiales. No, Franco fue rey efectivo y eficaz, porque por cuatro décadas actuó como un Padre para su patria, que lo respetó hasta su último aliento.
Fue llamado "Caudillo" por quienes le admiraban y "Dictador" por sus enemigos. Pero no fue ni lo uno ni lo otro: fue un Monarca, amado por su pueblo y amante de su Patria.
10/04/15 5:43 PM
  
Palas Atenea
Luis Fernando en su blog ha metido una serie de charlas sobre la masonería y la nº 6 que es "La masonería y la II República" explica muy bien cómo ardieron las iglesias y conventos de Madrid, y al día siguiente los de Málaga, y lo que hicieron los gobernantes de la época para castigar dichas tropelías. Es decir, nada.
Madrid fue un incendio continuo pero Málaga fue un incendio total. La iglesia que estaba más cercana al domicilio donde nació mi padre desapareció totalmente. La actual talla del Cristo de Mena, ya no es de Mena porque la original resultó calcinada.
Entonces ¿por qué dicen tan solemnemente en las películas que ver arder las sinagogas fue el preludio del Holocausto? Si seguimos esa lógica el destino de los cristianos españoles sería igual de espeluznante, digo yo.
En ciertos documentales sobre la II GM la presentación es una sinagoga ardiendo porque resulta impactante. ¿El ver arder las iglesias es un espectáculo menos repulsivo? Estamos hablando del año 31, no del 36, advierto. Es decir que las iglesias españolas ardieron antes que las sinagogas alemanas.
10/04/15 8:50 PM
  
Proby
Antonio 1:

Lo que dices sobre el Régimen de Franco es mentira.

El Régimen de Franco fue un régimen cristiano y de derecho en el que se permitía lo bueno y se prohibía lo malo, al revés que ahora.

Lo de las torturas en las cárceles es pura bazofia inventada por el antifranquismo para ocultar lo que era evidente para quien no tuviera una venda en los ojos: que lo que querían era sustituir un régimen católico por una brutal dictadura del proletariado. Y ni siquiera dudaron en utilizar el terrorismo para ello. Luego, cuando vino la demoniocracia, se lamentaron de que los terroristas siguieran matando. Pero cuando vivía el "dictador" bien que les aplaudían.

Los que se exiliaron lo hicieron porque quisieron, no porque Franco les obligase a hacerlo. Hubo otros muchos "izquierdistas" y combatientes del bando rojo que al terminar la guerra se quedaron en España, trabajaron y prosperaron. Ángel Palomino les retrató muy bien en su magnífica novela "Los que se quedaron". Pero claro, era mucho más cómodo para algunos irse a Argentina o a Méjico.

"Esta conversación no la jubiéramos (sic) podido mantener" en época de Franco, dices tú. Ni falta que hacía.

Lo que decía Julián Marías me parece, como mínimo, poco creíble.

Si a ti te gusta este régimen ateo, anticristiano, abortista, divorcista, corrupto y amoral, quédate con él. Yo no lo quiero para nada..Los católicos creemos en las verdades absolutas y la democracia es el régimen relativista por excelencia, el régimen del "depende". Pues al diablo con el relativismo.

Tiene razón Pío Moa cuando dice que uno de los peores males que padece actualmente España es el antifranquismo.
10/04/15 11:54 PM
  
ramosov
No te quepa la menor duda, Proby de que Pío Moa tiene razón en ese y en otros muchos puntos.
11/04/15 7:52 AM
  
Palas Atenea
Lo que decía Julián Marías de la justicia franquista es más o menos esto, repetido por la justicia zapateril y que ahora afecta a uno de sus artífices: López Aguilar.
"La prudencia invita a no extralimitarse en juicios precipitados. Ni a acusarle de maltratador ni a considerar a su exesposa un arpía vengativa por un divorcio. Desde luego no seré yo el que se meta en ese jardín. Sí es cierto algo: si la exmujer quisiera acabar de raíz con su carrera y su prestigio le bastaría con haber denunciado algún maltrato –ni siquiera golpes– para que López Aguilar hubiese dormido en un calabozo. Y lo hubiese hecho en virtud de la ley que sacó adelante, uno de los proyectos estrella del zapaterismo de tan grato recuerdo. Al eurodiputado canario le hubiese ocurrido lo que a tantos hombres víctimas de una venganza, que tan sólo con el testimonio en comisaría de su pareja pasan unas horas en arresto policial hasta que un abogado consigue ponerles en libertad. Cierto es que la gran mayoría de los denunciados son culpables de maltrato y merecen quedarse entre rejas esa y otras muchas noches, pero también lo es que la ley no contempla la presunción de inocencia que ahora reclama justamente el político y su partido, el mismo que ha aplaudido que hasta ahora ocurra lo contrario". Carlos Herrera
Eso se llama revertir la carga de la prueba, es decir encarcelar a una persona antes de saber si es culpable y obligarle a demostrar su inocencia,
Como ahora no está Julián Marías para hacer tan agudas observaciones me permito hacerlas yo. Este tipo de leyes y acciones judiciales son profundamente antidemocráticas, con Franco y con Rajoy (que ha dejado la cosa como estaba, como hace casi siempre).
11/04/15 10:04 AM
  
Proby
Sí, claro, ahora resulta que en España y en la época de Franco se encarcelaba a la gente antes de saber si era culpable, y eso no ha ocurrido nunca en ninguna época ni en ningún otro país.

Existe una cosa que se llama "arresto preventivo", ¿conoces? Pues eso.
11/04/15 8:48 PM
  
Antonio1
No te contestaba a ti, Palas Atenea, sino a Proby. Es evidente que en la II República se cometieron muchas barbaridades. Por eso no me puedo identificar con ninguno de los dos bandos. El maniqueísmo es la deserción de la inteligencia.
Creo que han quedado perfectamente clara las posturas. Y todo el mundo se ha retratado.
Una última pregunta: ¿por qué lo llaman religión cuando quieren decir ideología?
12/04/15 9:17 PM
  
Proby
Los dos bandos contendientes en la Guerra Civil (parece mentira que haya que insistir en eso) representan, por un lado, la España católica y tradicional, y por otro, la anti-España marxista y destructiva. Los que no se identifican con ninguno de los dos bandos (ésos que forman lo que se ha dado en llamar "la tercera España", en la que yo no creo porque, para empezar, no creo en el mito de las dos Españas) son, como ya he dicho, TIBIOS. Pido perdón por insistir en esto, pero hay que dejarlo muy claro. Y no soy maniqueo: simplemente me baso en los datos históricos y en cosas que dijeron o escribieron ilustres personas que vivieron aquello. Y sí, hay ideologías católicas, del mismo modo que hay ideologías ateas y anticristianas. Y llega un momento en que hay que mojarse el trasero. ¿O acaso Jesucristo fue un radical cuando dijo aquello de "quien no está conmigo está contra Mí"?

En la lucha entre España y la anti-España venció la primera. Y hay que dar gracias a Dios por ello. Y pedir que la anti-España no vuelva a las andadas para que no sea necesario reaccionar otra vez.

15/04/15 12:09 PM
  
ramosov
Exponer hechos y evidencias que ocurrieron no es maniqueísmo. El hecho de que las izquierdas revolucionarias llevasen la situación al límite de tener que defenderse media España como fuese, en parte por deseo de desquite de lo de octubre del 34 y en parte porque el gobierno republicano de izquierdas se veía impotente y se llegó a encontrar sobrepasado, -lo que daba más alas a la revolución- no es culpa nuestra, ni tenemos que sentirnos culpables ni maniqueos porque así fuera. Son hechos y nada más.
El hecho de que durante la guerra y después, las izquierdas llevaran actos de terror fruto de un odio exagerado, y que sus acciones fueran de una crueldad que pasma, muy superior a lo que hicieron los otros, que poseían un odio más reciente y defensivo o de respuesta, es algo que igualmente se puede constatar.
Ir al análisis de la guerra civil adoptando tesis de la
equidistancia y confundiendo ésta con la objetividad no es un análisis correcto bajo mi punto de vista. Esto queda bien bajo un prisma de bondad mal entendida y de perdones que no nos corresponden tres generaciones después. Además, echemos un vistazo a las guerras que conozcamos: ¿en ellas la culpa en la producción de la misma se repartiría al 50% entre los dos bandos? ¿Los crímenes son iguales y repartidos equitativamente siempre? Pues no. Eso es rarísimo y la guerra civil española no es un excepción: si vamos a las causas, orígenes vemos que no es así.
15/04/15 3:48 PM
  
Antonio1
Para ser Cristina no hay que ser pro fascista. Es más, es difícil ser cristiano y pro fascista a la vez, cristiano pro fascista es un oxímoron.

"¿Por qué qué habéis dicho todos
que en España hay dos bandos,
si aquí no hay más que polvo?
En España no hay bandos,
en esta tierra no hay bandos,
en esta tierra maldita no hay bandos.
No hay más que una hacha amarilla
que ha afilado el rencor.
Un hacha que cae siempre,
siempre,
siempre,
implacable y sin descanso
sobre cualquier humilde ligazón;
sobre dos plegarias que se funden,
sobre dos herramientas que se enlazan,
sobre dos manos que se estrechan."
15/04/15 4:34 PM
  
Antonio1
"la infinita variedad de lo real quedó, para muchos, reducida a meros rótulos o etiquetas, destinados a desencadenar reflejos automáticos, elementales, toscos. Se produjo una tendencia a la abstracción, a la deshumanización, condición necesaria de la violencia generalizada."

"Los políticos españoles, apenas sin excepción, la mayor parte de las figuras representativas de la Iglesia, un número crecidísimo de los que se consideraban «intelectuales» (y desde luego de los periodistas), la mayoría de los económicamente poderosos (banqueros, empresarios, grandes propietarios), los dirigentes de sindicatos, se dedicaron a jugar con las materias más graves, sin el menor sentido de responsabilidad, sin imaginar las consecuencias de lo que hacían, decían u omitían. La lectura de los periódicos, de algunas revistas «teóricas», reducidas a mera política, de las sesiones de las Cortes, de pastorales y proclamas de huelga, escalofría por su falta de sentido de la realidad, por su incapacidad de tener en cuenta a los'demás, ni siquiera como enemigos reales, no como etiquetas abstractas o mascarones de proa."

Julián Marías.
15/04/15 4:45 PM
  
Proby
Tópicos, tópicos y más tópicos.

Tibieza, tibieza y más tibieza.

Me dan náuseas esos argumentos, de verdad.

(¿Qué es eso de que "para ser Cristina no hay que ser pro fascista"? ¿Quién es Cristina?). ;-)

Yo no soy fascista. Soy franquista, que es distinto. El Régimen de Franco no fue fascista. Y, de todas formas, el comunismo es infinitamente peor que el fascismo. El fascismo, por lo menos, le dio al Vaticano la condición de Estado.

Lo de Julián Marías ya cansa. Por favor, cambia el disco.
16/04/15 12:11 AM
  
Sonia S
mare mia lo que hay aqui!!! y esta mañana no he visto esta entrada, como se me ha pasado por alto???

lastima que tenga ya dias este debate y que sea ya tardisimo, nada menos que Proby y ramosov a la vez! ay si me hubiera enterado ...

Saludo :-)
16/04/15 3:24 AM
  
Antonio1
Ser un cristiano tibio es cambiar el amor al enemigo por el odio (obsesivo) al enemigo.

Ser un cristiano tibio es cambiar el que a hierro mata a hierro muere por la idolatría a la violencia limitar sin control ( mucho más allá de lo que permite el limitado uso de la legítima defensa contemplado en el catecismo).

Ser un criatiano tibio ea cambiar aquello de los últimos serán los primeros por el culto a la autoridad pseudodivinizada de una jerarquia cuartelera.

Ser un cristiano tibio es cambiar la cultura de la vida por el ¡viva la muerte!

Ser un cristiano tibio es pasarse por el forro el principio se libertad religiosa tal como lo entiende la Iglesia.

Ser un cristiano tibio es cambiar el "ay de vosotros los ricos" por medrar y emriqucerse a la sombra del dictador.

Y así podría seguir hasta rellenar páginas.
16/04/15 11:15 AM
  
ramosov
¿Pero qué ven mis ojos? Una intervención tardía de Sonia S. la reina del buenismo equidistante, lamentando perderse tan suculento debate.
Cuando intervengas en otra ocasión, recuerda que Martínez Barrio no tenía "masas" que le siguieran a parte ninguna ni representaba nada en el frente popular; o que los socialistas de mediados de los años 30 no se caracterizaban precisamente por desear mejoras laborales.
Eso sí, intervén cuanto quieras, que tu centrismo progre es bien venido, pero argumentando, no señalando a los que te "rechinan" porque te parecen ultras.
16/04/15 4:22 PM
  
ramosov
" En la zona «republicana» («roja» pafa los enemigos), solamente los partidos del Frente Popular eran aceptados (los republicanos, meramente tolerados); todos los demás, aunque fuesen republicanos históricos, eran perse-gudos; los falangistas, sin la menor esperanza de salvación; los sacerdotes, religiosos, monjas, etc., si no se escondían a tiempo eran exterminados. En ambas zonas, todos los que no eran incondicionales eran sospechosos."
Copio este párrafo de Antonio 1 escrito bastante más arriba para poner de manifiesto cómo con su misma argumentación resulta obvio que quienes tienen razón son los que no hablan de "republicanos" para referirse al frente popular, sino de rojos o revolucionarios. Si los republicanos de izquierdas eran como muy bien dice tolerados (siempre que no molestasen a la revolución añado yo), y los demás desgraciados republicanos históricos de centro o centro-derecha eran perseguidos -hay montones que murieron como Salazar Alonso, Melquiades Alvarez, Rico Avelló, .., y otros que se salvaron de milagro, simplemente porque tuvieron suerte en la huida, como Lerroux, Miguel Maura, Hidalgo Durán..., ¿alguien puede decirme porqué se oculta la revolución que toleraba simplemente a unos republicanos y perseguía a otros por "fascistas" y con total desvergüenza llama republicano a ese bando revolucionario?
En el otro lado se perseguía a los republicanos de izquierda pero ¡ojo!, no por ser izquierdistas, sino porque ser la facción política que normalmente abrió las puertas a la revolución, dejándola crecer de modo impotente durante la primavera trágica y finalmente, al verse sobrepasados totalmente, al entregarles armas, el 19 de julio y siguientes, lo que generalizó la guerra. A los demás republicanos situados fuera del frente popular, en la zona nacional se les consideraba simpatizantes y se les respetaba plenamente.
En la zona nacional o contrarrevolucionaria no se perseguía a los izquierdistas sino por las responsabilidades que tenían en la llegada de la revolución o en sus crímenes. Pongo un ejemplo para que se entienda mejor: Maurín era líder del POUM y en España no había nadie más izquierdista que él o los de su partido. Este señor justo antes de la guerra fue a Galicia a un congreso de su partido. Le sorprendió allí el inicio de la guerra y fue detenido y preso. En la zona roja pillar a un lider derechista era muerte segura por ser derechista -derechas y clero eran condenados a muerte por el marxismo, solo había que ejecutar tal sentencia a muerte-. Pero Maurín se pasó la guerra en prisión pues era obvio por sus arengas y escritos había alentado a la revolución, se le juzgó al final de la guerra y estuvo en prisión hasta el año 46. Luego el izquierdismo no conducía a condena a muerte -y nadie había mas izquierdista que Maurín- sino las culpas por crímenes de eso que en la izquierda no se quiere pronunciar y que era la revolución.
En el otro lado llevaba a la muerte la condición derechista o clerical, como dice muy bien Antonio 1, que curiosamente, tampoco menciona la palabra tabú 'revolución'. Y era así, porque ésta, la revolución era el periodo de enfrentamiento en que el marxismo ya exigía la eliminación de derechas o clero por ser opuestos por principio a la revolución. Todo giraba por tanto en torno a la palabra tabú, (revolución): si no se estaba con ella -y no lo estaban ni derechistas ni el clero- se era reo de muerte.
Por esto digo que la equidistancia llevada a los terrores de retaguardia y las represiones es un grave error, porque no tiene nada de objetivo, porque supone no entender exactamente QUÉ se perseguían unos y de QUË se defendían otros.
16/04/15 4:55 PM
  
Palas Atenea
Desde luego que no me has contestado. Nunca lo haces.

16/04/15 6:35 PM
  
Proby
Antonio 1, Franco NO hizo nada de eso que tú dices.

Franco "odió" tanto a sus enemigos que ordenó que los soldados del bando rojo fueran enterrados junto con los del bando nacional en el Valle De Los Caídos, bajo la amorosa sombra de la Cruz de Cristo, y perdonó en su testamento político "a cuantos se declararon sus enemigos, sin que él les tuviera como tales".

Franco no ejerció la violencia "limitar" (supongo que has querido decir "militar") sin control. La justicia estaba sujeta a los tribunales civiles.

Franco nunca se consideró un dios ni los franquistas pensamos nunca que lo fuera. Sí pensamos - y lo seguimos pensando - que era un hombre fuera de lo común y que salvó a España de la destrucción.

El Régimen de Franco defendió tanto la vida que no legalizó jamás el crimen del aborto ni toleró la eutanasia ni la eugenesia (al contrario que los nazis). Y el grito de "¡ Viva la muerte !", que acuñó el General Millán Astray y fue uno de los lemas de la Legión, debe entenderse como que el soldado de la Legión no teme a la muerte y está dispuesto a afrontarla si es preciso. Eso no quiere decir que la busque o que desee morir.

Franco no se pasó por el forro el principio de libertad religiosa. En aquella época el que quería ser de otra religión lo era sin problemas, y al que era ateo o agnóstico también se le respetaba.

Y sí, es posible que hubiera gente que medrara y se enriqueciera a la sombra del Caudillo (del "dictador", como tú le llamas), pero la inmensa mayoría de la gente tuvo un nivel de vida más que aceptable y perfectamente compatible con las convicciones cristianas.

Ser cristiano tibio es no reconocer que Franco salvó a España y a la Iglesia. Y de bien nacidos es ser agradecidos.

16/04/15 10:49 PM
  
Antonio1
Insisto, creo que han quedado ya muy claras las posturas.
17/04/15 1:17 PM
  
Antonio1
Es muy difícil llegar a unaconclusión o a un mínimo acuerdo con alguien que también considera un héroe a Tejero.
17/04/15 1:45 PM
  
ramosov
Si, sí, han quedado las posturas clarísimas. Hay que aplaudir la Ley de memoria histórica, que es una ley propia de países totalitarios, y que deja claro que los que se defendieron de la revolución son fascistas y los que amenazaron con la revolución, la fueron llevando a cabo ante la impotencia republicana y finalmente persiguieron brutalmente a los estamentos marcados con las armas que les dieron los republicanos -para entre otras cosas hacerse perdonar el pecadillo de Martínez Barrio de intentar pactar con los sublevados horas antes-, esos eran los que defendían la democracia.
Y también ha quedado clarísimo que como en todos los conflictos hay dolor y maldad, pues nada, decretamos que en la guerra civil española todo es al 50%: culpas, crueldades, terrores, etc... con un ligero desvío a favor del frente popular, que el pobrecillo perdió la guerra, y para compensarlo. Da igual que en ninguna guerra de la historia se dé ese grado de participación en las culpas en la producción del conflicto: en la española sí, y los que se salgan del tema, pues nada, son maniqueos.
17/04/15 4:15 PM
  
Proby
Estoy de acuerdo con Ramosov.

Y sí, Tejero es un héroe.

Y si ya han quedado claras las posturas, ¿por qué "insistes"?
17/04/15 11:15 PM
  
Antonio1
Porque importante hacer aflorar la ideología mundana oculta de los que se escudan en la religión.
18/04/15 11:20 AM
  
¡Bah...!
Ricardo de Argentina:

Lea, por favor, la verdad sobre Toribio Martínez Cabrera; era un gran militar y un gran hombre:

www.diariodeleon.es/noticias/revista/toribio-martinez-cabrera-cronica-olvido_497263.html
18/04/15 6:59 PM
  
Proby
Mi ideología no es mundana. Y yo no me escudo en la religión. ¿Qué sabes tú de mí?

Haz el favor de dejar de insultarme.

Ya veo el respeto que los "liberales" tenéis por los demás.

España tradicional y católica, ¡¡¡ SÍ, GRACIAS !!!

España liberal y tibia, ¡¡¡ NO, GRACIAS !!!

España marxista y asesina, ¡¡¡ NO, NI EN SUEÑOS, GRACIAS !!!
18/04/15 8:43 PM
  
ramosov
"Porque importante hacer aflorar la ideología mundana oculta de los que se escudan en la religión. "

JAJAJA. Que seamos cristianos y también católicos no quiere decir que seamos tontos, hombre. Sabemos cuáles son los orígenes y causas de la guerra civil, qué se cocía allí vistiéndose con ropajes de "república", "legalidad" y "legitimidad", y si Azaña, Casares Quiroga y toda esa recua no hacían nada porque se creían que podrían controlarlo, y porque se unieron umbilicalmente a los revolucionarios desde el 34, desgraciadamente, para defenderse de una revolución en marcha solo quedaba el ejército -ya que las milicias derechistas eran escasas como para hacer frente a las izquierdistas que se iban creando, y solo podían apoyar algo al ejército-. Media nación no se iba a resignar a morir, es normal, ¿no?
Y quítate la careta de equidistante y objetivo, que no tienes nada de eso. Igual que nosotros de tontos no tenemos nada aunque seamos cristianos y católicos.
19/04/15 1:45 AM
  
Antonio1
“Dije que vendría llorando y llorando estoy. No tengo más que una palabra: Paz. Nos hemos matado ya demasiado. Entendámonos en un régimen de libertad poniendo todo de nuestra parte lo que sea necesario de un lado y otro de la barricada. Son muchos cuarenta años. No hay históricamente nada que resista el tiempo. Todo es caduco y perecedero. [...] Hay que hacer una España nueva entre todos los españoles. Yo no soy más que un viejo predicador de paz y de reconciliación entre los españoles. [...] Tendamos de una vez por todas la mano al adversario de ayer para discutir, dialogar en unas cortes nuevas la suerte de España” (30).

"Hay que perdonar antes de rezar el padrenuestro y pedir a Dios que nos perdone »

"Dios ha limpiado mi corazón y me ha convertido en un humilde predicador de la reconciliación".

Claudio Sánchez -Albornoz
21/04/15 4:24 PM
  
Proby
De Sánchez-Albornoz es mejor no hablar, porque volvió a España lloriqueando y pidiendo paz como si los españoles nos hubiéramos dedicado a matarnos los unos a los otros durante cuarenta años, cosa completamente falsa, ya que la reconciliación entre los españoles se produjo en la época de Franco, no después; pero es que encima se permitió el lujo de decir aquella famosa frase de que "el Caudillo es el hombre más funesto que ha tenido España". ¡Pues menudo reconciliador el tal don Claudio ! Que Dios le haya perdonado.
21/04/15 11:23 PM
  
cogolludo
Proby y Bustamante:
PEREZ BUSTAMANTE:Pablo VI no le tenia nada de simpatía a Franco.
Proby : yo no odio a Franco y me parecen unos ignorantes los que le aplican tres clichés sin más para criticarlo despiadadamente, por eso creo que puedo decir ya que reconozco muchas cosas elogiables de su mandato , que su régimen tuvo grandes aciertos injustamente olvidados .... pero también errores gravísimos como la brutal represión tras la guerra y otros que no menciono para no hacer esto muy largo.
Bustamante : cita usted a Juan XXIII PARA LOAR a Franco..... y yo le pido que cite también a Pablo VI
Sobre el Valle de los Caídos : no comparto la visión del PSOE de que es un lugar símbolo del horror y la tumba faraónica de lo que ellos consideran un monstruo.
El PSOE y la izquierda se ponen enfermos ante su mención
Yo no.
Pero tampoco creo que sea un lugar que no merezca ni una sola critica y que todo sea una maravilla inmaculada
06/06/15 8:23 PM
  
ramosov
cogolludo:
Tu comentario es muy respetable y propio de personas sensatas. Pero no obstante quería hacer referencia a la consideración errónea a mi juicio o al menos exagerada del carácter brutal de la represión franquista. Ese carácter brutal es un mito como tantos. Con ello no estoy diciendo que fuese suave -que en España somos muy de extremos-, sino que lo que se ha pretendido desde la izquierda como 'represión brutal' está exagerado.
La represión de la inmediata posguerra fue básicamente la represión del terror rojo descubierto en las zonas de España que los nacionales ocuparon en los 3 primeros meses del 39 -Cataluña, Castilla la Nueva, Valencia, Murcia, Andalucía occidental-, que son las zonas en las que se llevó a cabo la práctica totalidad del terror rojo.
Numerosos criminales autores o cómplices de crímenes tremendos fueron hallados y sobre ellos cayó la justicia del vencedor. En Madrid y provincia, el historiador Julius Ruiz ha dado unos 3100 como ejecutados por los vencedores tras la guerra. Cabe pensar que en Cataluña la cifra fuera similar, y siguiendo las proporciones, en el resto de la España ocupada a principios del 39 pudieron ser condenados a muerte y finalmente ejecutados 4 ó 5.000 más. Eso es lo que hubo entre el 39 y mediados de los 40: 10 ó 12.000 ejecuciones, de 23.000 sentencias de muerte ya comprobadas en los archivos. Todo encaja, porque además es sabido que la costumbre era conmutar la pena a la mitad de los sentenciados a muerte.
¿Es esta una represión de posguerra brutal? En mi opinión, no. Lo habría sido si las cifras hubieran sido las que les gustan a nuestras izquierdas -que no fueron- o si los derrotados hubieran sido lo que decían las izquierdas de ellos: que eran legítimos, democráticos, etc..., que tampoco lo eran, porque las revoluciones marxistas no son legítimas ni democráticas.
Además, aunque no suela decirse demasiado, los sentenciados a muerte eran casi siempre criminales sin escrúpulos. Y muchos de ellos recibieron penas de prisión a pesar de sus crímenes -ver caso del "matacuras" en último post del blog de Javier Paredes- y en los años 40 ya estaban en sus casas. Aunque la justicia de aquella época no era la mejor que podía darse, los criminales en cuestión eran juzgados, contaban con abogados defensores y se analizaban las pruebas en contra, los agravantes, las atenuantes, etc.., y de ahí que a gente como Marcos Ana, que asesinó a 3 personas siendo joven no lo ejecutaran. Una represión brutal no tiene en cuenta nada de eso, créeme.
07/06/15 2:56 PM

Dejar un comentario



No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas, a los bloggers o al Director.

Los comentarios no reflejan la opinión de InfoCatólica, sino la de los comentaristas. InfoCatólica se reserva el derecho a eliminar los comentarios que considere que no se ajusten a estas normas.