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6.12.18

"Democracia" y "cristiana": un imposible moral. I

Están saliendo noticias de que en Italia, y “cocinado” desde el mismísimo Vaticano, hay todo un intento de impulsar una “nueva” Democracia Cristiana (una DC-bis), “Insieme” [juntos, unidos, todos a una], parece que se llama el invento. Ya se sabe que, desde hace casi seis años, o es algo “nuevo” lo que se propone desde el Vaticano, o no se propone nada; o casi. Esta idea “nueva” es un ejemplo más.

Por cierto que casi todo lo “nuevo” que está saliendo desde esas famosas colinas es más viejo que el capitán Trueno: vease lo de la DC bis: tan viejo y tan reviejo que ha desaparecido del mapa, tragado por la vorágine de su espectacular fracaso como “cristiana". No entro ahora en lo de “democracia". Y, en algunas ocasiones, incluso y desde esas mismas colinas, salen a relucir hasta herejías “viejas” y condenadas desde siglos atrás por la misma Iglesia, con su Cabeza -Pedro- al frente

Yendo a la realidad histórica de la DC en Italia, habrá que decir que, con impulso entonces también del Vaticano -lo hubiese pretendido así directamente o no-, dejó el país en manos de los comunistas; que, de no ser nada políticamente hablando en cuanto se les acabaron el “mito” -y las armas- del aura “partisana", se habían quedado en casi nada, y estaban montando algo así como un golpe de estado, asunto al que tienen gran afición los del rojo-vivo por bandera; y, despúes de pasar por los “inventores” del “euromarxismo", de corta trayectoria también, son poquita cosa, y no han gobernado nunca..

Los sociatas, también rojelio-marxistas como en todas partes -lo llevan en su ADN-, siempre contaron poco aunque, con el invento del “pentapartito", con Craxi llegaron a gobernar; pero el intento fue más bien fugaz y desastroso: el susodicho tuvo que salir por piés de su propio país para no acabar en la cárcel por corrupción: seguimos con el mismo ADN; y del partido socialista en Italia nunca más se supo. Por su parte, la DC acabó como el “rosario de la aurora": haciendo mutis por el foro del mundillo político italiano. Ni existe desde hace bastantes años.

¿Esto quieren reeditar? ¿Y para qué? ¿Para volver a los “laureles” de seguir asolando país y conciencias, descristianizando aún más Italia? Mal vamos por las alturas de las colinas. No dan la talla ni intelectualmente hablando: se están quedando el “cerritos” de chicha y nabo.

Pero vamos al nuevo intento, viejo y nuevo -aunque no como el Evangelio, claro, sino como “ocurrencias humanas disparatadas"-, porque ya se sabe que el hombre es el único animal que tropieza en la misma piedra dos, tres, cuatro, cinco… y las veces que hagan falta. ¡Será por tropezar, oiga! Y ahora le toca a los jerarcas católicos estar ahí una vez más, sin aprender nada de la historia anterior porque es “vieja"; y siguen, a lo que parece, de tropezón en tropezón: espero que no se hagan mucho destrozo, ni personal ni colectivamente.

Pero es que, como he dicho, el intento ya fracasó en la práctica. Y fracasó, no por las circunstancias históricas, pues tenían todo a favor, sino porque es metafísicamente imposible la conjunción planetaria de esos dos conceptos y las realidades que encierran: no casan. Es como pretender mezclar aceite y agua, lo frío y lo caliente, el mercurio y el vino, lo verdadero y lo falso, el pecado y la gracia, lo arcoiris y la castidad, la maternidad y el aborto, el matrimonio y lo homosexs…, y así en un sin número de realidades y situaciones que se excluyen mutuamente: se repelen.

¿Qué casamiento puede haber entre “democracia” y “cristiana”, como se demuestra cada día en el quehacer de las democracias occidentales? Salvo la USA. Pues ninguno. Y voy a intentar explicarlo, acudiendo a algunas de sus peculiaridades o fundamentos y sacar las consecuencias pertinentes. Empezamos.

1. Las democracias modernas, que nacen ateas, crecen ateas y siguen ateas a día de hoy, cambian radicalmente el histórico paradigma de los gobiernos anterior a la Revolución Francesa; que, todo hay que decirlo, trajo tantísimos bienes a personas, sociedades y naciones: así se hizo Europa; y así, la misma Europa salió al resto del mundo y lo vivificó.

Cuando los gobernantes eran catolicos, tanto para ellos como para sus súbditos o ciudadanos, sabían y aceptaban que el poder viene de Dios. “Por la gracia de Dios” se titulaban aquellos; y estos, además de estar al cabo de la calle, estaban muy conformes: ambos estamentos sabian que debian rendir cuentas a Dios al final de su vida; amén de que debían vivirla, cada uno en su sitio y en sus circunstancias, “cristianamente". O sea: “moralmente", y con una “proyección trascendente".

Es decir: tanto soberano como sus ministros y autoridades, junto con los subditos, o sea TODOS los miembros de la “polis” o de la Nación, sabian perfectamente lo que habia que dar a Dios y lo que habia que dar al Cesar, que no era lo mismo, en absoluto. Según aquello tan determinante y tan esclarecedor -no en vano habia salido de la boca del mismo Cristo-, de dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Esto era y es “lo cristiano", y lo que no es esto sino todo lo contrario, ni lo es ni lo puede ser. 

Solo así, cuando hay un “algo común” -Dios y su Ley divina y su Amor que Salva- por encima de los dos estamentos, puede tener y tiene cabida el “quehacer común", es decir, el “bien común” al que tanto gobernantes como gobernados han de procurar servir. Hoy el concepto de “bien común” ha desaparecido del mundillo político: creo que se les caía ya la cara de vergüenza, o que ya ni lo han oído nunca. Así están las cosas.

Hoy, en las democracias occidentales, tan democráticas como injustas, porque las reglas no son las mismas para todos sino más bien muy distintas según a qué lado estés de las mismas, los únicos que “dan” -pagan- son los ciudadanos; y los únicos que “reciben” -cobran y arramblan con todo- son los políticos, sindicalistas, enchufados, asesores, familiares, chóferes y asimilados…

Es la “ley del embudo", a favor, por supuesto, del personal antes-citado. “Ley” que no parece que personifique lo “democrático". En mi opinión. Y “Ley” que impide que haya un quehacer común que desarrollar, y un bien común que alcanzar. Por eso no lo hay en  estas “democracias", y no lo puede haber. Debería…, pero no.

2. La “democracia” se basa, en su ejercicio “practico” [sinónimo de “moral"] -al menos teóricamente: no nombro los cambalaches post electorales, que desvirtúan y anulan incluso el querer objetivo de los votantes-, en el “sufragio universal” más o menos directo, o así. Lo “cristiano” en cambio, ni se hace ni se opera desde el sufragio, sino desde “lo que es recibido de Dios”: desde la vocación -para los católicos: como era antes la inmensa mayoría de la gente- a vivir como hijos de Dios en medio del mundo; y su realización práctica se hace -deberá hacerse siempre- atendiendo a lo que Dios mismo nos ha revelado. En caso contrario, deja de ser cristiano.

A este respecto solo hay una excepción en la Iglesia Católica: la “elección” del Papa por “sufragio” de la totalidad de los votantes reunidos en cónclave electivo: una elección impecablemente “democrática", nacida más de mil quinientos años antes del “invento” de la Revolución francesa. Y el hecho de que se haga por un cuerpo “restringido” de votantes, no es para rasgarse las vestiduras; porque en las democracias el sufragio también está restringido a los que tienen “derecho a voto": que el cuerpo electoral sea más o menos numeroso ni añade “calidad” al sistema, ni valor a los resultados.

3. La “democracia” se basa, ademas, y en orden al “juicio practico” del actuar personal y colectivo, en “lo legal"; es decir, en “lo que es conforme a la ley humana”. El mundo de “lo práctico", o sea, el mundo de “lo moral” necesita obviamente “leyes": un ordenamiento juridico. Pero, en el mundo democrático, las “Leyes humanas", como vemos una y otra vez, salen -se justifican- del llamado “positivismo jurídico", que “define” -más bien “ordena” y “obliga"- que “las leyes responden a la voluntad del legislador”. De ahí que, ni gobernantes, ni legisladores, ni democracia, entran para nada -al mejor uso integrista, dictatorial o ayatolá: es decir, ciegamente, ideológicamente, interesadamente, dañina e irracionalmente- en más profundidades o en otras consideraciones.

Especialmente huyen de los conceptos de “si eso es así": si es “verdad", si responde a lo que es la persona y a su dignidad; mucho menos si es materialmente “bueno” o “malo", ni siquiera viendo sus consecuencias, que están bien a la vista para los legisladores, pues tienen todos los datos. Y, muchas veces, no solo los maquillan sino que los ocultan dolosamente, miserablemente, por seguir en el poder y su “disfrute". La “mentira como sistema = la corrupción como sistema”. ¡Democrático a tope!

Lo “legal” se convierte en la máxima “referencia externa” de la conducta en la sociedad democrática, tanto para las personas como para las instituciones. Y “otras consideraciones", especialmente los juicios morales “tradicionales” -en especial en los países de larga cultura católica-, no solo no son admitidos -como mucho y en el mejor de los casos solo a nivel “personal"-, sino que han de ser combatidos hasta anularlos. ¿Motivo? “Son dañinos para la democracia". Dicho, claro, por los políticos y asimilados, y por la cuenta que les tiene: es que viven muy bien -ricachonamente, “mafiamente"- de esto.

Pero, ¿"lo legal” de dónde “sale” en democracia? ¿De la voluntad del pueblo? No cabe mentira más ambaucadora, porque es falso hasta numéricamente: no es el querer de la mayoría. Ya hemos dicho que “de la voluntad de los gobernantes”; lo que deja las manos libres -impunidad cuasi total- a los partidos y a los políticos que los constituyen, para legislar todo lo que les viene en gana, fruto de sus tomas de posición “partidarias": “positivismo juridico", hemos quedado que se llama. Y así, la “democracia” está permanentemente “secuestrada”: es una falsedad total y absoluta, solo “sostenible y quizá justificable” en el plano “teórico"; pero, incluso en este horizonte, se la tilda de “el menos malo de los sistemas politicos”: Churchill dixit. No da para más. Y sera el menos malo, pero MALO. Y lo dice una persona que no era catolica para mas señas.

De ahí que, en tantos países, se ha convertido en una autentica “dictadura de partidos", en sentido “moderno” o “nuevo". Y “lo legal” se convierte, por fuerza de las leyes y la propaganda política -que “lavan cerebros y conciencias"-, en la “nueva moral” o la “moral cívica” o “moral civil”, usando el término “moral” por su prestigio -para tapar sus vergüenzas-, aunque se le haya vaciado de su genuino contenido. Pero es la única “moral” que puede “asumir” un “demócrata": Y si no lo hace se torna un incivil, y en un peligro que habrá que “neutralizar": para eso están las leyes también.

A la vez y necesariamente las democracias occidentales se han convertido en auténticas y eficaces “trituradoras” de personas: de su dignidad, de sus capacidades, de su libertad, de sus virtudes y valores para hacer, lisa y llanamente, “borregos”. Y, por lo mismo, en “trituradoras” de la Iglesia Católica, con ataques salvajes: la única institución con el prestigio mundial suficiente -al menos hasta hace unos poquitos años- para defender a la persona humana; porque, desde Dios, la persona es su razon de ser: a la que hay que amar como la ama Él, y a la que hay que salvar, como la salva Él; en primer lugar. del mundo y sus múltiples entramados -también los políticos y sus “estructuras de pecado” (san Juan Pablo II), del demonio y de la carne.

Por ejemplo, la pregunta: ¿es “bueno” para el bien de las personas y de la misma sociedad que haya aborto legalmente amparado; es decir, que una madre, aunque sea menor de edad, mate “legalmente” a su propio hijjo, y que el padre no tenga -no pueda legalmente- nada que decir? Ni siquiera hacen la pregunta, porque ni les importa. Ni siquiera se preguntan si es mínimamente “decoroso” tal perversidad.

Y, como esto, un buen montón de situaciones que soprepasan con mucho el mero ámbito político. Pero como la política quiere ser la “nueva y única religión", cada vez invade más competencias de esta. También es verdad que, en lo que respecta a la Iglesia Católica, se ha dejado comer la tostada desde hace muchos años. Y a conciencia, que es lo más penoso.

Por si esto no tuviera suficiente peso por sñi mismo, ni siquiera cuando es palmario -seguimos con el caso del aborto y sus reales consecuencias- que ya no hay recambio generacional, o que faltan brazos para trabajar y cotizar, se da marcha atrás: se mira siempre para adelante -para Marx, los “remordimientos por lo mal hecho” tenían muy mala prensa: era un prejuicio burgués que había que extirpar en la cadena de mando-, con una ceguera y un empecinamiento dignos de aplauso; y se acude a traer gente de fuera que sale mucho más caro, y genera muchos más problemas -de todo tipo- que poteger el matrimonio y la familia y fomentar la natalidad. Eso ¡jamás!: porque la ideología arrasa hasta con la evidencia; y no recula ni ante los males que genera.

Por contra, “lo cristiano” tiene siempre presente si algo es “verdadero” en sí mismo y, en consecuencia, si es “bueno” o “malo” moralmente hablando, tanto para las personas mismas como para la sociedad en la que vive y en la que, el cristiano y lo cristiano, ha de ser sal y luz, y levadura que hace fermentar toda la masa. En caso contrario, lo rechaza, porque ya no le interesa. Y no le interesa fundamentalmente porque a Dios aún le interesa menos.

“Lo moral” -y “la moral"- no lo “inventa” ningún poder de la Jerarquía católica: lo establece lo que se denomina la “Ley de Dios". Y la Jerarquía es la primera interesada en regirse por ella: de otra forma, se queda sin autoridad “moral” para pretender recordar nada a sus fieles: mucho menos para imponerle algo coercitivamente. Los políticos democráticos no tienen, por su parte, ningún inconveniente en hacerlo como mejor les conviene: “democráticamente", claro.

Seguiremos con el tema: porque da de sí -no hemos dicho todo, ni mucho menos-, y porque es importantísimo en sí mismo. En especial, para los católicos del mundo occidental: que alguno queda todavía, y los que quedamos queremos reconquistar además tanto el mundo perdido como la vocación olvidada.

27.11.18

Les puede el corazoncito... Son así.

Una vez más, un señor cardenal de la Iglesia Católica -esta vez el de Madrid-, no solo banaliza la Fe Católica que debería defender y transmitir, sino que la anula -la ataca: supongo que sin pretenderlo, pero lo hace-, porque dice algo que no está en la Doctrina Católica, algo absolutamente distinto; y lo dice como cardenal y, además, con públicidad, desde su cargo oficial en esa misma Iglesia.

Y me explico del mejor modo: recogiendo sus palabras: “Todos somos hijos de Dios".

Lo ha dicho en la recepción que ha tenido en su casa madrileña con “líderes” religiosos de una serie de “religiones” más o menos extendidas por el mundo, reunidos en Madrid en el “8º Encuentro Elijah Board of World Religious Leaders", patrocinada por la UNESCO, que es la que pone las “perricas": que por algo será; y los congregados, siendo “de gratis", viendo mundo y ¡en Madrid! -"de Madrid al cielo"-…, pues tan contentos.

Por cierto y señalando: de todos los que se juntaron en su casa, el único “leader” religioso capaz de proferir semejante “cosa” es el señor cardenal, como se ha demostrado: a ningún otro de los allí congregados se le ocurre decir algo semejante, porque les linchan en su casa a la vuelta.

Pero como se habían dado cita en la capital, el cardenal no iba a “desairarles” sin recibirles, y sin darles algo que llevarse a la boca. Y lo ha hecho. Todo bien, mientras se limitó a las banalidades al uso eclesial o clerical de la “nouvelle vague” o de la “nueva iglesia del todo a cien": “La humanidad es una gran familia", “las religiones tenemos un papel fundamental"; y, citando a un rabino -siendo un Encuentro Elijah no iba a defraudarles-: “donde hay un nosotros, hay un vosotros”. Y cosas así, que suenan bien, y son muy “modernitas", muy monas, y muy de “bien quedar". 

El problema es que se vino arriba: “se le calentó la boca", como se dice coloquialmente, porque se le debió calentar antes el corazoncito, que lo tiene, y muy grande; y, como explica la Escritura Santa: ex abundantia cordis os loquitur. Así que, como era previsible, “se pasó de frenada” y, tras un trompo de película, se la pegó. ¡Para.chatarra!

Si el señor cardenal hubiese hablado a católicos o para católicos, nada que objetar a la frase que nos ocupa: “Todos somos hijos de Dios". Porque en la Iglesia sabemos muy bien que el Bautismo, por querer divino, es lo que tiene: nos hace, exactamente, hijos de Dios al quitarnos, con la Gracia Santificante Primera, el pecado original. Pero únicamente así. 

Pero, si se elimina esta “pequeña” circunstancia del Bautismo, lo de “hijos de Dios” es un mero flatus vocis; o sea: NADA. Es como hablar del “unicornio", o de “pegaso” -un caballo con alas-, o del mito de aquel sujeto que pretendió volar con unas alas de cera… Y, como no podía tener otro final, ¡se la pegó!

Es cierto que se ve que al señor cardenal le sigue sonando lo de “hijos de Dios"; pero me da que ya no sabe -se le ha debido olvidar, quizás, con tantas vueltas como da la vida, y lo enrevesado que está todo ahora- y ha perdido el texto y el contexto. Y se ha hecho un lío. Con toda su buena intención, qué duda cabe. También hay que decir en su descargo que la autoría de la frasecita no es suya…

Pero, siendo esto ya mucho -que ha perdido el “oremus"-, no solo se carga el Bautismo, con eso tan “cariñoso” y tan “cercano” -o no- y tan “fraternal” -o no- de “todos somos hijos de Dios"; sino que va más allá: anula, pues deja sin sentido y sin finalidad, un mandato expreso del mismo Jesús cuando, tras su Resurrección, les va transmitiendo a los Apóstoles y sucesores su misma Misión: la Salvación de todos los hombres. Y les dice a ese propósito: Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Y si dice BAUTIZÁNDOLOS, lo dice por su necesidad absoluta: no lo dice para que se laven la cabeza al menos un día.

Y es lo que hicieron los Apóstoles, con Pedro a la Cabeza, ya el mismo día de Pentecostés, cuando echa a andar la Iglesia Católica: ese día se bautizan tres mil de los que oyeron  Y a las gentes no les predicaron milongas, diciéndoles que “pelillos a la mar", que lo habían hecho muy bien, que Dios perdona siempre, etc. No, para nada.

Les predicaron que ellos -sí ellos, los que se habían congregado delante de Pedro y los demás Apóstoles-, habían entregado a la muerte a Jesús, habían pecado entregado al Inocente, el Hijo de Dios. Ellos, habían gritado ¡crucifícale, crucifícale! Por eso eran culpables. Ciertamente, luego -al tercer día- había resucitado; y ellos -ahora, los Apóstoles- eran testigos de todo eso. Y les animaron a pedir perdón y arrepentirse si querían salvarse.

Ellos, los que estaban delante, compungidos, dijeron: ¿Qué hemos de hacer, hermanos? Y la respuesta fue inequívoca: ¡Bautizaos! Y así lo hicieron: tres mil, ¡y de una sola tacada!, que se dice pronto. Y desde entonces la Iglesia Católica -al menos hasta no hace muchos años-, lo ha hecho siempre así, con unos resultados -hasta ahora, ya digo, que ha dejado de hacerlo- fantásticos: de “pleno al quince", prácticamente.

A estas alturas, tener que recordar esto para salir al paso de las declaraciones de un señor cardenal de la Iglesia Católica…, pues tiene su miga. Pero no se pueden dejar estas palabras así, tal como han sido dichas: ni por Jesús, ni por su Iglesia, ni por él, ni por las buenas gentes, ni por mí.

Porque yo soy sacerdote católico y, con la gracia de Dios y vuestras oraciones, espero morirme así. Y no puedo callar. Me sería más fácil, pero no puedo. Ya hay demasiada gente, a todos los niveles, que sí calla. Yo, simplemente, no puedo.

Se entiende que se le haya desbordado el corazón. Pero pretender ir más allá del mismo Jesús, y más allá de la misma Iglesia, es pretender que Jesús “no ha hecho las cosas bien” -la Iglesia, por tanto, tampoco-, que “se ha quedado no corto, sino cortísimo"; que esa actitud “no se entiende” -es decir: “no está bien"- en el Hijo de Dios. Pero, eso sí: ya estamos aquí nosotros, los “nuevos” de la “nueva", para hacer no ya mejor sino definitivamente bien las cosas. Desmontando la Iglesia, después de haber desmontado al mismo Evangelio, y haber pretendido callar a Jesús. De este modo, tanto Él como su Evangelio dejan así de ser la Buena Nueva para montárselo -estos “nuevos"- como la “nueva buena". O “mala", según.

Pido perdón si a alguien le molestan estos recordatorios de lo que es la Iglesia, de lo que nos ha dejado encargado Jesús, de lo que son los Sacramentos, de lo que es la Fe Católica…

Pero si vamos poniendo por delante que “todos somos hijos de Dios” -cosa que es mentira, y hace mentiroso al mismo Jesús-, acabamos reduciendo la Iglesia Católica a un economato de ropa y comida “gratis total". Y no es eso.

Habrá que hacer eso cuando y con quien haya que hacerlo. Pero no a costa de borrar los perfiles de “lo católico", y “matar” la Misión de Cristo, que ha de ser “la salvación de las almas todas"; es decir, exactamente la nuestra, la de cada uno de los bautizados: porque no existe, ni puede existir, una “nueva iglesia” que pretenda ser “la católica", la de Cristo Jesús, desde unos presupuestos que no son los de Cristo.

Y rezad por mí.

22.11.18

"Por el diálogo y la concordia" (el nuevo 'portavoz' de la CEE)

Ya hay, desde hace tres días, nuevo Secretario y Portavoz de la CEE -con 45 votos sobre 80 no ha arrasado-: el actual obispo auxiliar de Valladolid, don Luis Argüelles García.

Sus primeras palabras con “el corazón partido” -como “reza” la cancion: lo ha dicho él-, tras los agradecimientos de rigor, han sido para acotar con precisión los parámetros con los que se va a manejar, pues afronta su misión con animo de “escuchar a la sociedad y a los obispos” para transmitir fielmente lo que “la comunión de los obispos respire en cada momento". Bien por el portavoz: escuchar para hablar. Hasta aquí, nada que objetar, al contrario: es un primer punto como referente de inteniciones, que le honra.

El segundo punto: “en lugar de lamentarnos por la disminución de los católicos debido a la secularización” -ojo al análisis del señor obispo auxiliar: la “secularización” ha venido porque sí y nadie, en la Iglesia, y menos si es jerarca, sabe cómo ha sido; y menos aún el neo-, “debemos caer en la cuenta de que la Iglesia tiene que aprender a vivir y a colaborar en un mundo plural".

Aquí empiezan los disparates y, por tanto, hay que detenerse y aquilatar este “tirarse de la moto” gratuitamente del portavoz; que, como tenga esta vista de lince o de rapaz cazadora que demuestra, vamos apañados. Claro que es lo que tienen todos estos de la progrez: que pontifican como nadie, y lo que dicen “va a misa". Lo pongo con minúscula a propósito.

Porque, alma de cántaro -lo digo con lenguaje coloquial-: ¿la Iglesia Católica nunca -hasta ahora, que lo ha descubierto y denunciado el obispo Luis- se ha encontrado en un “mundo plural"? ¿Nació acaso cuando el mundo era ya, todo él, católico? ¿Nunca tuvo que enfrentarse al paganismo o a las persecuciones? ¿Las autoridades con las que ha lidiado antes de que naciera el profe de Administrativo eran todas católicas y estaban por la labor? Y ¿nunca jamás la Iglesia ha colaborado, lealmente, con autoridades y sociedad?

Da la impresión -es ya un hecho frecuente y, por tanto, constatable e innegable- que para bastantes en la Iglesia Católica, la tal “iglesia” nació, a más tardar, con el papa Francisco. La “nueva": la anterior, si ha existido no existe ya.

Me da que, desde hace ya bastantes años, todo esto se ha cultivado -plantado, regado y cosechado- en los seminarios supuestamente católicos, donde se debe estudiar más el tratamiento de los plásticos que el mas sencillito y elemental de los Catecismo -no vaya a ser que “se rompan” los jóvenes seminaristas con el esfuerzo-; y de teología, no pasan de algo así y como mucho de “una aproximación al hecho teológico"; que, curiosamente y en estos ambientes tan enrarecidos y tan disminuidos, siempre se traduce en “alejamiento” y, por tanto, nunca se acaba de llegar al “hecho teológico": nunca lo pillan; curiosamente, o cosa de la secularización, quizás; o del clericalismo… Luego, claro, salen curas, hacen carrera y largan estas sandeces. Y los jerarcas que por edad estudiaron lo que debían, hace muchos años -a lo que se ve, se oye y se lee, de/en ellos- que renunciaron a todo eso, y se han hecho “ex novo” que es lo que se lleva: el “prêt à porter” vaticano-eclesial.

Y se me plantea una duda con todo esto: no sé si los de la progrez son ignorantes por sectarios o sectarios por ignorantes; bueno, o ignorantes al cuadrado y con estudios: licenciaturas como mínimo; eso sí: largan como auténticos ayatolás en activo.

Finalmente, el Portavoz ha declarado que va a empeñarse para que “la Iglesia siga trabajando por el diálogo y la concordia social". Ni siquiera ha cerrado con un “amén” por si a alguien le sonaba a clerical y a clericalismo: “vade retro", satanas!

¿Quién, en su sano equilibrio psíquico y moral no va a estar por el “diálogo” y la “concordia social"? Pero ya se sabe que, cuando estos de la progrez -de cualquir signo y nicho ecológico-, salen con lo del “díalogo” y la “concordia social” es lo primero que se cargan. Como cuando saltan con lo de “todo para el pueblo": nunca pasa más hambre el pueblo, ni ellos dejan de hacerse ricos más rápidamente..

Dejando aparte que mucha gente -es un dato perfectamente constatable- está por lo contrario: la imposición y el desgarro social -ahí están desde el PSOE al PP, pasando por C’s, los marxs, los arco iris, los nacionalistas y demás compinches de la progrez polítika y kultural-, que las PRIMERAS PALABRAS de un portavoz de la CEE que, para más inri, es ‘obispo de la Iglesia Católica’, no deja de tener pelendengues. O a mí me lo parece.

Palabras que podrían haber pronunciado un tal Sánchez -si algún “negro” se las hubiese escrito-, o incluso el ínclito y nunca suficientemente bien ponderado Zapatero, “hijo predilecto de Venezuela” ahora mismo. El mismo Rajoy, o Casado y la Susana… Hasta Rufián, si se hubiese lavado antes la boca, claro.

¡Pero es que estamos hablando -porque está hablando él mismo- de un miembro de la Jerarquía Católica en España! 

Claro que todo tiene su explicación. A este miembro la cosa le viene de largo: trae pedigrí. Quizá por eso ha tenido una “karrera klerikal” bastante rapidita: de AVE, por poner una comparación.

En el ABC (20-11-2018) se entusiasman con su gran currículum, que tiene -ABC dixit- como destacadisima virtud y méritos, haber militado en la progrez rojelia ya desde la misma Universidad de Valladolid -allá por los años setenta-, primero como alumno y luego como profe. Y, abundando en sus méritos, el diario destaca que ese “compromiso por lo social” le llevó a ir al seminario de Valladolid, y ordenarse presbítero.

Para qué quieres más Carmela!, como dice mi prima Encarna, la del pueblo.Todas las puertas eclesiales se le abrieron de par en par y desde el primer momento, hasta ser consagrado obispo y quedarse de auxiliar en la ciudad. Convertiéndose luego en la mano izquierda de Blázquez, como era de suponer. Además, el ABC se adelanta a los envidiosos y malpensados -que siempre hay-, y aclara que toda su carrera “intra ecclesiam” fue fruto exclusivo de sus méritos personales y no de su amistad con Delicado antes y Blázquez después. ¿Pero alguien había pensado algo distinto?

De todo este discursito, ¿echan en falta algo? ¿Les parece un lenguaje eclesial; o sea,:sobrenatural, espiritual, moralmente trascendente, valido para el crecimiento interior de las almas todas en orden a la salvación? Si todo el bagaje de ideas del señor obispo auxiliar podría igualarlo o, incluso, mejorarlo cualquier mindundi político, ¿no les parece que algo falta y falla?

¿Pero es que cuando este pseudo-lenguaje del que ha desaparecido hasta la más mínima referencia a Dios, se pretende instalar, y se instala de hecho, en la Iglesia Católica, qué sucede?

Algo trágico, como se constata por los mismos miembros de esa misma Jerarquía: que el público DESAPARECE; y, además, en todas sus instituciones se instala la DESERTIZACIÓN; porque esos parámetros, al no ser eclesiales ni haciendo un esfuerzo fuerte y continuado por “entenderlo", arrasa con almas y conciencias.

Pero es lo que hay y es lo que se lleva. ¿No había dicho dos días antes el presidente Blázquez que la Iglesia se sentía cómoda con esta democracia? Pues eso.

Estos jerarcas nuestros no corren el peligro de que el Presidente Sánchez les llame esa cosas tan feas que sí han llamado a sus colegas de Jerarquía en Venezuela o en Nicaragua. ¡Pero que ningún peligro, oigan!

Así duermen de tranquilos: como unos benditos.

A rezar, por fa. Con sentido de imperiosa urgencia, porque nos “morimos” ya de hambre y sed de Dios.

15.11.18

"Silencio cómplice" (Gil Tamayo. CEE, Madrid).

Perdón por seguir con el tema, aunque sí cambia el ámbito y la persona, pero la actualidad lo reclama.

Esta misma semana, el todavía “portavoz” de la CEE, don José María Gil Tamayo, próximo obispo de Ávila, lo ha dicho alto y claro: la Iglesia en España ha guardado un “silencio cómplice”, referido en concreto al tema de la pederastia. Y lo ha denunciado en una entrevista publicada obligado, qué duda cabe, porque el tema está candente: de una actualidad más rabiosa que nunca: dos días antes el obispado de Salamanca animaba a las víctimas a denunciar cualquier asunto, por antiguo que fuera..

Con estas declaraciones del Portavoz sigue lloviendo sobre mojado; y más que lo hará; porque las cosas han llegado ya a un punto en la Iglesia Católica que es imposible seguir ocultándolas: esto no hay quien lo pare, se pongan como se pongan las autoridades jerárquicas, competentes o incompetentes, que de todo hay.. 

Con todo, bien está lo que bien está. Pero esta “confesión” de parte, esta “accusatio non petita“, ni puede quedarse aquí, ni puede limitarse a este tema; que, en el fondo, podrá ser el más “escandalosamente espectacular", pero es el MENOR de los problemas que existen en el interior de la Iglesia; eso sí, alimentados en su mayor parte y en su dimensión más sustancial por Ella misma.

Una aclaración necesaria antes de seguir: cuando digo “Iglesia Católica", prácticamente en todos los casos me refiero a las PERSONAS que la gobiernan a un nivel u otro. Nunca a la Iglesia como Instituión, que es Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana.

Y sigo. Mientras desde la misma Iglesia no se le quiera entrar y se le entre de frente y a fondo, a los REMEDIOS -y no solo en el tema de la homosexualidad y de la consiguiente pederastia y demás abusos-, la mera “denuncia” no significa prácticamente nada.

Y me explico con un ejemplo sacado de las msimas palabras de Gil Tamayo:.

“La `inacción´ de la Iglesia ante la pederastia ha sido la misma que la de toda la sociedad española. “compartíamos esa cultura".

¿Aún no se ve, o no se quiere ver, dónde está el verdadero problema? Lo acabo de escribir tomado de la misma boca del Portavoz, que es voz más que autorizada, pública, de la CEE: “compartíamos esa cultura". No se puede decir más claramente. Ni reconocer del modo más explícito el inmenso FRACASO de la Iglesia Católica en España, y en todo el mundo Occidental.

Esta es la explicación de la DESERTIZACIÓN de países enteros con más de 2000 años de religión, cultura y sociedad católicas; como dice el mismo Portavoz: no somos de ayer, ·"estamos aquí desde los tiempos de los romanos". Y la Iglesia, ahí, en todo el mundo occidental, en y desde Europa, estaba siendo -era- el “alma de la sociedad", es decir: de la cultura, de la política, del ordenamiento jurídico, del orden social y económico, de la familia, del arte, etc. Ahí y así ha estado durante más de dos milenios. Pero ahora y, en concreto, desde el Vaticano II:  “compartíamos esa cultura".

O sea: la Iglesia Católica ha dejado de ser lo que era -un miembro de la Jerarquía en Norteamérica acaba de decir que la Iglesia está para salvar almas, no para ocuparse del calentamiento global-, para acabar asumiendo LAS MISMAS, exactamente las mismas “DIRECTRICES” de la sociedad actual; que, por decirlo ya claramente, de entrada es de una inhumana crueldad con la mujer, con el hombre, con los niños, con los fetos, con los ancianos, con la cultura, con la inteligencia, con el arte…, y con todo lo que se le ponga por delante.

Son los frutos, no maduros sino podridos, del “DIÁLOGO” con el mundo, tomado de igual a igual. Es la misma “imbecilidad” que pretender que los alumnos “enseñen” a los profes, porque son estos los que tienen que aprender de los primeros; que los que no creen “enseñen” a los que tienen Fe: que los católicos no-practicantes -o sea: fracasados- a las gentes de piedad viva y vivificante; los enfermos a los médicos; los criminales a los jueces; los arrejuntados a los casados; los arcoiris al resto…, y, a este paso, los muertos a los vivos; con el “pequeño detallito": que los muertos ya no pueden decir nada. Ni queriendo. Y lo mismo todos los demás que he enumerado en primer término respecto a los segundos: porque es el mundo al revés. Mundo en el que se ha metido, de hoz y coz, la misma Iglesia Católica. Inexplicablemente, excepto si se acude al famoso seréis como dioses, que da mucho de sí.

La Iglesia, en España y en todo el Occidente, hace muchos años que ha dejado de hablar, especial y específicamente de lo que tenía que hablar; y se ha convertido en “sorda y muda"  poseida por un demonio, como leemos en el Evangelio de aquel oersonaje incapaz de oir y hablar, al que Jesús -Él, sí- libera. Un endemoniado que, en otra ocasión, no habían podido librar -se ve que intentar lo intentaron; y no debería ser la primera vez que habían obtenido buenos resultados con otro tipo de endemoniados-: pero esta vez, no; fracasan. Y cuando le preguntan a Jesús por qué, les contestó: esta clase de demonios no se sacan si no es con oración y ayuno. 

En esta “iglesia en salida", paradigma de la “nueva iglesia” -la “antigua", la que salió de las manos de Cristo, solo servía para salvar a los hombres de ellos mismos, y de los embates del demonio, y llevárselos al Cielo-, se ha cumplido al pie de la letra lo que recogen los Evangelios -luego, avisados estábamos- con las tentaciones a Jesús, su Fundador: se el presenta el demonio y le dice sin cortarse un pelo: Todo esto te daré si, postrándote ante mí, me adoras. Pero Jesús -y esta misma respuesta la tenía la Iglesia Católica ante el embite de “compartir la misma cultura", ya que es depositaria y transmisora de la Palabra de Dios- le respondió: Apártate de Mí, satanás, porque escrito está: “Al Señor, tu Dios adorarás y a Él solo servirás”.

La iglesia ha salido tan a toda máquina de donde estaba y de con Quíen estaba, que se le ha olvidado hasta la Palabra de Dios; como a las vírgenes necias el aceite. Y así les fue a estas, y así le está yendo a Ella.

Lo que Gil Tamayo ha querido presentar -y ha presentado- como excusa, o como “explicación", no solo indulgente sino exculpatoria, no es más que la confesión de la inanidad de la propia Iglesia construida con el silencio cómplice de sus jerarcas y el abandono de sus ovejas. por haber abandonado antes a su Dios y Señor.

La SOLUCIÓN, por tanto, la tienen los jerarcas en su mano: volver a Cristo, volver al Evangelio, volver a la Gracia, volver a su Misión, volver a lo que han abandonado tan innecesaria como incomprensiblemente: arrepentirse, hacer una buena Confesión, con examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda y cumplir la penitencia adecuada, que no puede ser un mero padrenuestro. Y lo mismo tantas cabezas de Instituciones católicas que ha perdido el “oremus” hace ya tantos años. Y están tan “en salida” que ya no queda casi nadie donde antes lo lenaban todo.

Esto es lo que la Iglesia debe recuperar a toda prisa si pretende poner remedio a esta connivencia, cuando no entrega incondicional al mundo. Porque, como nos dice a todos Jesucristo: No podéis servir a dos señores. 

Pero mucho menos a uno: al MUNDO.

¡A rezar tocan! Y fuertemente. Con Fe: como hay que rezar.

9.11.18

"Somos la generación que ha callado durante décadas" (Card. Cipriani. Lima)

Gracias a Dios, ya “llueve sobre mojado". Con estas palabras, que tienen el sabor de la denuncia y del “mea culpa", se ha despachado el señor cardenal de Lima (Perú), mons. Juan Luis: “Somos la generación que ha callado durante décadas". Y, conociéndole en persona, sé que no lo dice por decir, desde luego; al contrario: lo dice queriéndolo decir, expresa y prúblicamente, a los cuatro vientos. Y lo dice por todos: por él mismo y por sus hermanos de la Jerarquía eclesial, en Perú y en la Iglesia universal. 

Es una pena que lo diga ahora, a estas alturas de su trayectoria, que ha sido y es brillante. Solo le he visto un “borrón": las gruesas acusaciones públicas contra cuatro hermanos suyos de capelo, los cuatro cardenales de las “dudas", sobre la AL, cuando lo que pretendieron hacer -porque es lo que hicieron- esos hermanos suyos fue, precisamente, dejar de callar. Y Cipriani, con sus declaraciones, quiso “callarlos” no tanto en ellos que ya había hablado, como en los demás miembros de la Jerarquía y, sobre todo, en las gentes de a pié que podían sentirse más que impresionadas por lo que estaba pasando; y sigue pasando: un silencio de décadas. Lo dice el mismo cardenal. Una pena aquello. Aunque ya se sabe que “el mejor escribano echa un borón".

Pero hay que decirlo claramente y lo hago: en primer lugar y como primera intención, lo hace para denunciar la presencia activa del demonio en medio del mundo y en medio de la Iglesia. Pero, necesariamente, hay que juntar las dos cosas: acción del demonio y silencio ominoso, culpable y, en el fondo, casi “incomprensible” de los Pastores, si no fuera tan dramáticamente real y evidente: sin el “dejar hacer silente” de los pastores mudos, sin los “reconvertidos” en mercenarios, el demonio no hubiese podido hacer el estrago que ha hecho y sigue haciendo, ni mucho menos campar a sus anchas.

Un miembro más de la Jerarquía Católica, por tanto, esta vez también desde Hispanoamérica, que se manifiesta en este sentido. Desde aquel “hemos defraudado” a este “hemos callado". Y no por un día, o por un mes: “durante décadas". ¡Que ya es callar!

¿Cómo lo habrán soportado? Es también otra buena pregunta que solo se les puede hacer a los que lo han protagonizado, porque solo ellos la pueden contestar con verdad. Y la contestación no es “pedir perdón", “lo sentimos", “hemos defraudado", etc. Ni mucho menos: esas expresiones pueden ser perfectametne “lágrimas de cocodrilo", y un seguir “quedando bien” con el personal: ellos sabrán también con qué personal

Pero, ciertamente, tal postura les honra: al fin y al cabo “mas vale tarde que nunca". Al contrario de los que siguen callados o mudos; eso sí: “babeando” con la progrez eclesial y política de uso corriente y legal. Y así estamos y seguimos, con las consecuencias que eso tiene. Una pena y una desgracia de máximo calibre.

No digamos de los que siguen como meros “expectadores", y así lo narran en el ocaso de su trayectoria pastoral: “los jóvenes ya no consideran a la Iglesia significativa para su existencia". Palabras pronunciadas en la UPSA, no hace muchos días: más bien pocos. ¡Que ya tiene la Iglesia que haber “desaparecido” -no “en salida", sino “a escape", como se decía antes- y haber fracasado rotundamente -habiendo participado activa y a conciencia en el desaguisado- como tal Iglesia, para llegar a no significar ya nada relevante para ellos.

La gran pregunta es: ¿HAY REMEDIO?

En el fondo, es la ÚNICA pregunta verdaderamente importante. Pero la respuesta no es fácil, a mi modo de ver, porque la veo y entiendo sin una respuesta clara, o en dos horizontes distintos y, sin  duda, contrapuestos: “SÍ” y “NO MUCHO". El “NO” rotundo no lo considero: porque soy sacerdote, no sociólogo.

Y voy a intentar explicarme.

La primera respuesta es “SI". Por supuesto. Nos bastaría considerar que el mismo Cristo lo dijo: Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Más aquellas otras palabras tan consoladoras y tan necesarias para sus hiojs en su Iglesia a día de hoy:  Las puertas del infierno no prevalecerán.

Pero, ¿basta esto? ¿"Nos” basta con esto? Si queremos dejar solo al Señor y que Él se apañe, porque Él sabrá y podrá…, nos basta. Si no, no.

Por eso NO NOS BASTA: algo nos toca a nosotros, y de modo “decisivo".

¿El qué? ¿Cuál es nuestro papel -me pongo en la piel de los cristianos corrientes- en esta situaciión que es realmente trágica? Y que conste que no pretendo cargar las tintas.

En primer lugar querer encarnar ese resto de Israel que, a pesar de los pesares, siempre se ha guardado el Señor para sí, y con los que ha vuelto a empezar una y otra vez a lo largo de casi mil años. Pero lo ha podido hacer -le ha salido bien- porque los “escogidos” por Él han querido ser fieles a esa “elección divina".

El papa san Juan Pablo II, en su Novo millenio ineunte veía así a la Iglesia en un futuro no lejano: como un pusillus grex -un “pequeño rebaño” amado por el Señor- en manos de Cristo, fieles, a contracorriente. Y, desde ahí, reconstruir “SU” Iglesia, su Esposa. Si queremos.

La palabra clave es ¡FIELES! Así nos quiere nuestro Padre Dios, y así nos puede “usar". De otro modo, en absoluto: acrecentaríamos el número de los que siguen gritando: “¡No queremos que este reine sobre nosotros!“, para acabar gritando, porque a eso se llega necesariamente: ¡A ese, crucifícale, crucifícale!

¿Y para ser fieles? 

Lo primero: DOCTRINA. Lo de la “fe de carbonero” hay que borrarlo del diccionario. Y aquí es donde veo más “pegas". Porque la doctrina nos viene -nos debe venir- de quien supuestamente la tiene, la debe tener. Y este es el primer momento de pesimismo con el que tropiezo, porque el primer déficit está en quien debería darla. volvemos a la Jerarquía. ¿Cómo van a creer si nadie les predica? señala acertadísimamente san Pablo, poniendo el dedo en la llaga.

Pero siempre tenemos dónde beber, porque las fuentes no se han secado: tenemos la Biblia, el Antiguo y el Nuevo Testamento; a poder ser en ediciones anteriores al CV II, porque las de después son muy deficientes; y mientras no se corrijan, mejor obviarlas. Tenemos el Catecismo de la Iglesia Católica; y, por supuesto, los anteriores Catecismos incluso los más elementales: imprescindibles y necesarios. Tenemos el Magisterio perenne de la Iglesia, y no solo el de después del CV II. Sin permitir que las “novedades” nos arrebaten “lo de siempre".

Lo segundo: SACRAMENTOS. Con la Confesión y la Comunión frecuentes, semanales como mínimo, aprovechando el precepto dominical. Pero aquí volvemos a “necesitar” a la Jerarquía, pues nadie que no sea sacerdote puede ponerse a confesar o a decir la Santa Misa. Pero, ¿podemos fiarnos a estas alturas? Otro de los grandes interrogantes. Porque, en muchos casos, simplemente no podemos porque ni se ponen a ello. Y, a la vez, en muchos casos, es mejor que no se pongan.

Por último, la PIEDAD PERSONAL, recuperando -a nivel personal, a nivel familiar, a nivel escolar, a nivel parroquial- todas las devociones que hemos vivido en la Iglesia Católica, porque las necesitamos todas. Acudir y recuperar los viejos DEVOCIONARIOS, hoy más imprescindibles que nunca, dada la falta de las prácticas de piedad en tanta gente.

Y ¡pedir, pedir, pedir…! Al Señor Jesús, a la Virgen y a san José que acabe este tiempo de prueba que se lleva tantas almas.