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12.05.20

Los "cargos" y las personas. Las "personas" y los cargos.

En esta casa de “tócame Roque” en que se ha quedado la “nueva iglesia” -"iglesita” en mi particular terminología-, a las que con fervor se suman los “buenistas” de corazón -es lo que les pide el cuerpo-, más los “listillos” de turno y nómina, más tantos de nuestros jerarcas católicos -hablo sobre todo de España, como es logico, pero es transladable a otros países-, me da que hay una confusión más que notable, notabilísima, entre ” el cargo” o “empleo", y “la persona” que lo detenta o encarna en cada momento histórico. Del “sueldo” no diré ni una palabra.

Confusión, interesada tantísima veces; y es lógico, cuando se vive de eso. Otras, y hablo de una gran masa de “católicos de costumbre y rutina", pura ignorancia doctrinal, que la hay grandísima en la Iglesia de hoy: tanto en clérigos y religiosos como en laicos, motivados o no. Entre estos últimos, es lo que se ha venido en llamar, coloquialmente pero con sentido, “la fe del carbonero".

Y este va a ser el tema del post de hoy. Porque esto hay que acotarlo, aclararlo y, si es posible, acabarlo. Nos hace falta a todos. Aparte de que la CONFUSIÓN NO ES CATÓLICA. Lo católico es LA VERDAD, que nos viene de Dios y atesora la Iglesia Católica. “La de siempre": porque no hay otra, ni la puede haber. La “iglesita” ya se sabe que está a por uvas, por decirlo suave y “en comunión", o sea: “caritativamente".

Los “cargos” en la Iglesia, son lo que son, son lo que significan y están para lo que están. Por ejemplo: el obispo es la cabeza visible de la diocesis; hasta el punto de que TODA LA RESPONSABILIDAD del “tria munera” eclesial, recae directamente en él, y en nadie más. Esto no quiere decir que no haya cuestiones que no pueda delegar, porque sí puede hacerlo; pero la responsabilidad última es siempre suya. La responsabilidad inmediata es la de las personas en las que haya delegado.

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8.05.20

¿Tendremos que volver a las catacumbas?

Esta ha sido la praxis habitual de la Iglesia Católica a la hora de “torear” las persecuciones. Normalmente, por parte de los poderes públicos. Lo mismo en tiempos de Roma, que con la Revolución francesa que a día de hoy.

Lo que ha cambiado ahora, en el mundo occidental, es que no ha sido una persecución de los gobiernos -al menos, nadie ha dicho una palabra al respecto; pero, en un ambiente donde la mentira y la corrupcion que esta engendra necesariamente, es el pan de cada día, tampoco lo descarto-, han sido algunas Diócesis las que nos han prohibido, a todo el pueblo fiel, que podamos tener la Santa Misa. Como consecuencia necesaria, nos han dejado también sin Sacramentos: sin Vida en Cristo.

Pues me da que, como no abran pronto las iglesias, vamos a tener que decidirnos por eso. Nos están abocando a tomar esa decisión en las Diócesis donde se ha decretado injustamente el “cierre patronal". Porque los sacerdotes nos debemos -de modo absoluto- a Jesucristo y, por Él, a las almas.

Debernos a nuestros Jerarcas no está en ese mismo plano, sino en un segundo plano: en la medida en que la autoridad eclesial competente respete nuestro “deber absoluto". Porque la conciencia es solo nuestra, no de nuestros superiores. Como el alma, que solo es de Dios.

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5.05.20

La dictadura marxista ya está aquí (por lo eclesiástico)

Después de verlo en su realidad más palpable -anextesiante y asfixiadora de la persona humana y de sus “construcciones", hasta el punto de “matar a Dios” y “matar al hombre” sin tapujos ni disimulos -¡es la ley!-, hay que llegar al mundo de la Iglesia Católica, que es el verdaderamente importante. Lo determinante y definitivo: para bien, si la Iglesia es fiel; para muy mal, si deja de serlo.

En el mundo eclesiástico, como es lógico, nadie le va a llamar “marxismo” a todo este tinglado que se ha montado. Pero ahí está, por ejemplo, la “teología de la liberación", marxista de la “a” a la “z” o de pies a cabeza, pretendiendo darle a la Iglesia, y desde dentro, un buen revolcón -de hecho, se lo ha dado-, en Alemania, Holanda, Bélgica, que es donde se ha cocido y sufragado el tema; y en América: de Méjico hasta Tierra de Fuego, ambos inclusive.

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1.05.20

La dictadura marxista ya está aquí (por lo civil y por lo eclesiástico)

Que la dictadura marxista está ya aquí, no es de ahora: hace ya como unos cuarenta y tantos años que empezó a instalarse: en cuanto volvieron el partido comunista y los masones, por supusto: a la muerte de Franco… que toda prudencia es poca. Y ahora ha enseñado la patita, ya sin tapujos, sin echarse harina para blanquearsela, y sin asomarla por debajo de la puerta: descaradamente. 

¿Por qué ahora?

No hay más respuesta, en mi opinión, que porque ya tiene todos los resortes en sus manos: el estado marxista ya está en funcionamiento, y a pleno rendimiento. El binomio Sánchez-Iglesias ha recogido las nueces. Y se están poniendo como cebones ibéricos a base de bien con ellas.

Lógicamente, no lo han hecho ellos solos: ellos son “el precipitado", el resultado, a día de hoy, de lo que nos espera si no espabilamos.

El binomio marxismo-masonería “-Dios los cría y ellos se juntan"-,  ha ido conquistando la aquiescencia del Poder Judicial -se los han “ganado": ellos sabrán cómo-; y de hecho, solo ejerce de tal cuando les conviene a los componentes de los dos binomios, y para lo que les conviene.

Además, se han asegurado de que la “NO-oposición", o sea, la “oposición ficción", sea parte integrante -perfectamente integrada: cobra de ahí-, del SISTEMA TOTALITARIO de las DEMOCRACIAS LIBERALES OCCIDENTALES. 

Y, la contratuerca la han ido poniendo con la inestimable complicidad de los “medios de comunicación": simplemente comprados con dinerito contante y sonante, amén de complicidades ideológicas, que también las hay. “Lo cortés no quita lo valiente".

Así, con todos los triunfos en la mano, el binomio marxista-masoneria (hoy liderado -o sea: finaciado- por el NOM), lo ha ido encajando todo, y lo ha echado a funcionar: la fruta estaba madura. Por eso, el binomio Sánchez-Iglesias ya no tienen que guardar ninguna formalidad. Y se han quitado la careta. NO tienen ningún miedo. De “derrotados y vencidos” han pasado a vencedores. Al menos, de momento. ¡Las vueltas que da la Historia, en cuanto dejas que te la secuestren y te la reescriban en tus mismas narices!

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27.04.20

Le reconocieron al partir el pan. (cfr. Lc 24, 13-35)

El Santo Evangelio de la Misa del tercer Domingo de Pascua, es el dato esclarecedor y definitivo para echar por tierra cualquier defensa, incluso la corporativa o gremial, del inmisericorde y nunca visto ni oído “cierre patronal” de tantísimas diócesis, españolas y foráneas. Una bofetada que viene de la propia “Palabra de Dios".

Cuando Jesús se aparece a aquellos dos, camino de Emaús, primero de todo les tira de la lengua, porque las almas necesitan desahogarse, humana y espiritualmente; luego, “se hace el sueco", para facilitarles la sinceridad del corazón, con aquel “¿qué?” con el que responde a la desacertada inquisición de aquellos sobre si era el único que no se había enterado de nada de lo que había ocurrido en Jerusalén en los últimos tres días. ¡Qué oportunidad para callarse! ¡A Quién se lo van a decir!

Y entonces ellos, animados por esta cercanía de Jesús, le desgranan su desilusión, su fracaso y su amargura por haber puesto toda su esperanza en… ¡su propio autoengaño!: Nosotros esperábamos que iba a ser el libertador de Israel… 

No era pues extraño que se hubiesen dado tamaño porrazo. No habían entendido nada en la práctica y a la hora de la verdad -la FIDELIDAD al Cristo-, de lo que había hecho y dicho Jesús en el tiempo que estuvieron con Él: que no habían sido unos meros transeuntes que pasaban por allí, y un día oyeron campanas sin saber ni de dónde ni por qué… ¡es que eran “sus discípulos"!

Y Jesús, cargado de paciencia y cariño divinos, pero, pedagógicamente, sin callarse el echarles en cara su dureza de corazón y de mente por no haber creído -¡Hombres duros de entendimiento!-, les va explayando las Escrituras desde Moisés hasta lo que habían visto en Jerusalén: ¡todo estaba escrito y profetizado y no lo habían creído! No “LE” habían creído. Y se volvían fracasados, amargados y derrotados. Absolutamente lógico, hasta humanamente.

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