InfoCatólica / Tal vez el mundo es Corinto / Categoría: Evangelizar

17.09.19

Lecturas para formarse en la fe católica

Una encuesta!

Hace poco Dios me concedió terminar la lectura de toda la Biblia en audio. Varias personas han preguntado qué sigue después de ese camino, que fue de 365 días.

Hago una encuesta: ¿cuál de estos títulos, escogidos entre muchos otros de gran valor, creen ustedes que podría ser una buena grabación de utilidad espiritual para muchos?

Recibo con gusto las sugerencias en los comentarios y también en la encuesta online que aparece más abajo. Bendiciones!

  • Cartas a las Siete Iglesias, de San Ignacio de Antioquía
  • Homilías sobre el Evangelio de San Juan, de San Juan Crisóstomo
  • Confesiones de San Agustín
  • Jesucristo, vida del alma, de Dom Columba Marmion
  • Historia de la Salvación, de Julio Alonso Ampuero
  • Síntesis de Espiritualidad Católica, de José Rivera y José Ma. Iraburu
  • El Directorio ascético, de Scaramelli
  • Introducción a la vida devota, de San Francisco de Sales
  • Guía de pecadores, de Fray Luis de Granada
  • El Combate Espiritual, de Lorenzo Scúpoli
  • Libro de la Vida, de Santa Teresa de Jesús
  • Ortodoxia, de Gilbert Chesterton

Para acceder a la encuesta online, y ver lo que otros han propuesto, por favor, hacer click aquí. Por ejemplo, a esta hora San Francisco de Sales va de primero ;-)

9.03.19

Las mentiras que nos gusta decirnos

* Aunque todos amamos la verdad en el sentido de que detestamos que nos mientan, es un hecho que por cuidar una imagen, por conveniencia o por estrategia el pecado de la mentira está a menudo en nosotros y a nuestro alrededor.

* Aparte de esas mentiras conscientes e intencionadas, hay sin embargo otro modo de presencia de la mentira a través de ambientes de falsedad y de engaños que están tan generalizados que ni siquiera los percibimos. A estas llamamos “mentiras que nos gusta decirnos.” Su influencia es tanto más fuerte cuanto más lejos queda de nuestra percepción ordinaria de lo verdadero y lo falso.

* Ejemplo de siete de esas mentiras, muy generalizadas todas:

1. “Lo tengo controlado…”

2. Atención: Uno se considera mejor que el promedio; o la excepción.

3. La idea de que las cosas se van a equilibrar por sí mismas.

4. “Hice algo ‘prohibido’ y no me pasó nada”

5. Lo legal es lo mismo que lo moral; lo normal estadístico es lo mismo que lo normal ético

6. La mentira del mosquito: si el problema ya no me molesta, quiere decir que ya se solucionó.

7. Las leyes para las minorías no afectarán a las mayorías.



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2.03.19

La palabra necesaria

La novedad del Evangelio, ¿cuál es?

De manera sorprendente una gran cantidad de cristianos no podrían responder a esta pregunta. De hecho, un buen número ni siquiera se lo ha planteado y por eso no es de maravillarse que vean su propia fe como un camino idéntico a cualquier otro cuando se trata de creencias y religiones.

Una razón por la que la pregunta ni siquiera se plantea está en el hecho de la enorme presión que hay sobre la Iglesia para lograr la “existencia” o “supervivencia” social. Fruto colateral del Concilio Vaticano II fue la mentalidad de que la Iglesia debía correr, y correr bastante, para que no la dejara “el Tren de la Historia.” Fue ese el modo prevalente de entender la expresión “aggiornamento” que en la mente del Papa San Juan XXIII significaba adecuación en los medios para difundir el Evangelio pero no cambio alguno en su sustancia ni en sus exigencias. La palabra, tan querida por él, fue “secuestrada” por el ala progresista y muy pronto empezó a significar: “el mundo nos ha abandonado; somos irrelevantes; algo tenemos que hacer para lograr significancia en las nuevas coordenadas sociales.”

Así surgió la idea, o más bien, la tendencia a buscar “relevancia” a toda costa. Uno se asombra de ver cuántas cosas pasan en la Iglesia sobre el presupuesto de “seamos relevantes.” Ya se trate de reventar la liturgia para que pueda conectar con las emociones del hombre moderno, o ya se trate de experimentar con sacerdotes y religiosas en el mundo de la farándula, uno puede ver esa prisa, esa urgencia, de no ser descartados, de no quedarse atrás, de no perder el ritmo del mundo.

Por supuesto, el problema está en que, una vez acordado que el mundo va delante y la Iglesia detrás, será siempre el mundo el que determine los temas, los énfasis e incluso el contenido del Evangelio que está dispuesto a aceptar. Hoy por ejemplo, el mundo acepta con gusto temas de justicia social, ecología, fraternidad universal y espiritualidad neutra, entendida esta simplemente como una pausa en el materialismo. Si la Iglesia no quiere ser rechazada por ese mundo entonces hablará solo de esos temas, y dejará sin perturbación lo que parece discutible en el dogma, como por ejemplo, los novísimos, o lo que es incómodo para el hedonismo individualista actual, como por ejemplo, la defensa de la vida o del matrimonio según el designio de Dios.

La palabra que resulta proscrita en este modo, esencialmente modernista, de ver las cosas es la conversión. En la mentalidad del mundo no cabe que alguien desee o trabaje por la conversión de otros. Tal cosa es vista como un atentado a la libertad y autodeterminación de la persona, que hoy es vista como una especie de absoluto metafísico intocable. Además, y siempre según la misma mentalidad igualitaria tan propia del Modernismo, pretender la conversión de otros implica que hay verdades objetivas, y que no todo da lo mismo. El mundo no está dispuesto a tragar eso de que alguien puede tener la verdad. El dogma prevalente en nuestra cultura es que la verdad es una construcción comunitaria y por eso nadie puede esperar que otro cambie, y si lo pretende, es reo de fundamentalismo, mentalidad inquisitorial y muy posiblemente, sarna mental en avanzado estado.

Llegamos así a una multitud de evangelizadores que no quieren serlo; predicadores que solo quieren “caer bien;” pastores paralizados de miedo con solo pensar que alguien se incomode; actividades pastorales evaluadas puramente en términos de número de selfies e impacto en redes sociales… Pero, ¿un llamado claro, fuerte, cargado de amor y celo por la gloria divina? Escaso, muy escaso.

A las puertas de la cuaresma conviene recordar, subrayar, con humildad pero con absoluta claridad, el llamado de Jesucristo a la conversión.

Así como se oye: dejar el pecado, a través de una buena confesión; emprender la ruta de una vida sellada por la fe, la esperanza y el amor; abrazar el misterio solemne de la Cruz; hacer penitencia por los pecados propios y los del mundo entero; orar con perseverancia y total confianza; dar testimonio, cada vez más pleno, de la gracia recibida con nuestra vida y nuestras palabras, para que también otros tengan la bendita experiencia de la CONVERSIÓN.

18.09.18

Necesitamos mejores materiales catequéticos

Evangelizar “con dibujitos” tipo comics no es la mejor idea. El sentido de las imágenes, según el Concilio de Nicea II, es inspirar la veneración y la oración, cosa muy improbable ante un dibujo solo amable o “simpático.”

Además, los comics representan muy inadecuadamente la ofrenda hecha por nuestra salvación, esto es, la Sangre que Cristo derramó por nosotros en una Cruz de verdad. Un cierto realismo es indispensable para asomarse con gratitud a este misterio.

Y además las catequesis con comics se usan a menudo con los niños, que ya tienen un mundo saturado de más comics tipo “Pato Donald.” Cuando los niños crecen y dejan las fantasías suelen dejar por asociación lo que han recibido con envoltura de fantasía: su fe cristiana.

Lo dicho vale proporcionalmente para otros medios visuales, como son diapositivas, afiches y películas. Así que, sin caer en extremos protestantes o iconoclastas, es necesario elevar la calidad de los materiales que usamos en catequesis.

Y finalmente no olvidemos que el verdadero “audiovisual” que necesita la gente es este: seres humanos REALES que de manera visible y fascinante muestren a Jesucristo y sus misterios.

[Publicado primero en mi cuenta de Twitter.]

16.04.18

La muerte de un ateo "bueno"

Quería hacerte una pregunta. Cuando una persona atea muere que pasa con su alma? Si esa persona fue buena y nunca hizo daño a nadie, tenía buenas obras.. pero no creía en Dios? Yo estoy haciendo oración por su alma, ayer ofrecimos la sagrada eucaristía por él. –P.F.

* * *

El tema del “ateo bueno” es actual y de gran importancia.

Para mí lo más interesante de la pregunta sobre qué sucede con la eternidad de un ateo “bueno” es que nos obliga a preguntarnos con mayor profundidad qué es ser “bueno,” con lo cual, en el fondo, nos estamos preguntando qué tipo de vida debe uno vivir.

Lo más interesante es comprobar que para mucha gente ser bueno significa simplemente “no ser malo” y esto de “no ser malo” quiere decir: respetar las costumbres de convivencia social y tener de vez en cuando algunos actos de solidaridad, como por ejemplo, dar una donación para las víctimas de un terremoto, o ayudar a algún anciano a pasar la calle, o prestar dinero sin interés a un amigo en necesidad. Eso es lo que quiere decir “bueno” para mucha gente.

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