28.09.14

(27) De la pereza metafísica que conduce a la muerte, y su remedio

Una y otra vez caemos en la misma sima y tropezamos con la misma piedra. Y nos desanimamos.

Pero hemos de tener esperanza.

¿En qué?

La Imitatio Christi nos dice en qué no hemos de ponerla:

“No debe poner su esperanza en cosa alguna de la tierra” (L I, c 12,1 )

En cosa alguna de la tierra:

es decir,

ni en el amor, ni en el dinero, ni en la salud, ni en la familia, ni en los jóvenes, ni en la voluntad,

ni en la lotería, ni en un nuevo gobierno, ni en un partido político nuevo, ni en nuevo proyecto educativo,

ni en fabulosos y atractivos programas pastorales, ni en una nueva titulación, ni en los viejos planes ni en las nuevas ideas, ni en los teólogos de fama ni en grandes manifestaciones, ni en la naturaleza humana ni en una nueva declaración de intenciones… ni en cinco millones de firmas hemos de poner nuestra confianza.

En cosa alguna de la tierra.

Hemos de poner toda nuestra esperanza en UNA SOLA COSA, y esa cosa apropiárnosla y aferrarnos a ella. Que a eso nos mueve el Señor. Y luego, si Dios nos lo concede con su divino auxilio, ponerla a trabajar y no hacerla vana, nos cueste lo que nos cueste.

Hemos de poner toda nuestra esperanza en una sola cosa.

Una sóla cosa que no viene de cosa alguna de la tierra, sino que viene de lo alto.

Es lo único, repetimos, que debemos apropiarnos, de forma que apoyemos toda nuestra existencia en ella, y construyamos nuestra casa en su roca. Y dejaremos de caer y tropezar en las mismas simas y piedras.

Ya nos lo dice el Bautista:

“No debe el hombre apropiarse nada que no le venga de lo Alto” (Jn 3, 27)

Sólo debemos, pues, hacer propiamente nuestra una cosa. Una cosa que viene de lo alto.

Veamos cuál es.

La Palabra Divina nos lo dice con claridad.

“Poned toda vuestra esperanza en la Gracia de la Revelación de Jesucristo". (1 Pe 1:13)

En la gracia, en la vida sobrenatural, que juntamente nos viene con la verdad de Cristo, según Juan 1, 17:

“La gracia y la verdad nos vienen por Jesucristo”

No hay nada en la faz de la tierra ni en la propia naturaleza del ser humano que nos traiga por sí misma la gracia. Sólo Cristo Salvador, en su Cuerpo, que es la Iglesia. 

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23.09.14

(26) De las primicias del Espíritu en el agua de la lluvia

Tiempos duros, sombríos y recios. No viene mal un poco de belleza, y a eso me he aplicado en este post. A contemplar un poco. Unas nubes sobre un charco, en el pavimento, mientras oraba camino de casa, dieron pie a esta contemplación. Sirva como consuelo y recreación orante, y de intermedio.

Se lo dedico a la Santísima Virgen y al Niño chico de su mano, saltando entre charcos, que va jugando.

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1 Todas las calles son la calle que llega hasta el Sagrario.

2 Mira que el Sagrario es el centro del mundo, y allí estás recogido en tu Salvador

3 Cuando eras niño, hacías estallar el agua llovida de los charcos, junto a la puerta del templo. Y cuando entrabas en Misa con tu madre, la lluvia cesaba y te arrimabas al Misterio de su mano.

Ahora que eres hombre, contemplas la verdad reflejada en el espejo de la lluvia, como un esbozo de pintura italiana sobre el azogue del pavimento.

“pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí.” (1ª Cor 13, 12)

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17.09.14

(25) De impertinencias y tonterías y el misterio de la gracia

Donde está el Espíritu de Cristo allí hay libertad 2 Cor 3:17

En este post os invito a reflexionar sobre algunas de esas tonterías e impertinencias varias a que tan aficionados eran y son pelagianos y semipelagianos. Lo hacemos con ánimo amistoso y doctrina recta, y no descartamos tomarnos un café con ellos siempre y cuando moderen sus lenguas y no se pongan jartibles hablando de la voluntad una y otra vez.

1 Calvinismo: libertad 0% gracia 100%

Pelagianismo: libertad 100% gracia 0%

Semipelagianismo: libertad 50% gracia 50%

Doctrina verdadera y católica:

libertad 100% y gracia 100%
Y el resultado es 100%, no 200% ¡Misterio tremendo!

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Plena gracia para plena libertad.

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15.09.14

(24) Del disparate novaeriano y otras lindezas pseudoespirituales

1 La necedad del apóstata no descansa hasta que por un milagro de la gracia se convierte.

2 Todavía andas con Anthony de Mello y Enomiya Lasalle investigando cómo meditar contemplándote el dedo gordo del pie. Y mientras tanto Cristo hablándote al oído y arrimándose a ti, ¡que no le escuchas!

3 Paulo Coelho, Bucay, y demás apóstoles de la auto-redención, ni pueden ni son capaces de auto- redimirse. ¿Vas a serlo tú, que eres un simple lector de sus libros?

4 Consumir libros de autoespiritualidad como se comen hamburguesas o se va al espá: qué locura hedonista: gnosticismo de centro comercial.

5 La Postmodernidad considera simplemente irrelevante la capacidad de la razón humana para alcanzar verdades. De esta irrelevancia se alimenta el deseo de un conocimiento de consumo, que es como la comida rápida de la inteligencia gaseosa.

6 Las maldades sutiles y diisfrazadas son más difíciles de combatir que las evidentes y encaradas

7 Están siempre con el mismo cuento de una libertad que vale igualmente para el bien que para la elección del mal ,como si esa indeferencia electiva fuera lo propio y esencial de la libertad humana. Y quieren potenciar esa indiferencia con técnicas de psicología transaccional, que elimine toda huella de responsabilidad y de culpa, no sea que sufra la autoestima. ¡Qué camino, perfumado de incienso novaeriano, hacia la esclavitud!

8 Y siguen empeñados en resaltar la voluntad como causa principal y autónoma de la aceptación de la gracia, ¡¡Que no!! ¡Que la voluntad nada saludable puede por sí misma sin la gracia! Tampoco la voluntad tecnificada y deconstruida por el zen novaeriano. ¿O acaso el ki puede substituir a la gracia?

9   Qué aburrido es autosalvarse. Sencillamente, porque es imposible. Y todo lo que no viene de Dios es cansino hasta la muerte.

10 León Bloy tuvo que elaborar una Exégesis de Lugares Comunes para purificar el catolicismo burgués de su época. Nosotros tendremos que redactar un Manual del Disparate.

13.09.14

(23) De la caída y la gracia de la justificación

1 Con la Caída, nos caímos de la amistad con Dios.

Este es el hecho desastroso que atraviesa milenios, y que ha desordenado la Creación entera, aun sin destruir su bondad. Date cuenta: de amigos de Dios, pasamos a ser inmundos a sus ojos, como dice Trento.

A ojos de Dios, estamos injustificados. Sin excusa. Como enemigos. De ahora en adelante, una vez caídos de su gracia, ya ni la naturaleza ni la ley pueden justificarnos a ojos de Dios:

“habiendo perdido todos los hombres la inocencia en la prevaricación de Adán, hechos inmundos, y como el Apóstol dice, hijos de ira por naturaleza, según se expuso en el decreto del pecado original; en tanto grado eran esclavos del pecado, y estaban bajo el imperio del demonio, y de la muerte, que no sólo los gentiles por las fuerzas de la naturaleza, pero ni aun los Judíos por la misma letra de la ley de Moisés, podrían levantarse, o lograr su libertad; no obstante que el libre albedrío no estaba extinguido en ellos, aunque sí debilitadas sus fuerzas, e inclinado al mal.” (Trento, ses VI, cap. 1)

2 Nos caímos de la gracia. ¿A dónde? Al imperio de la muerte, del pecado y del demonio. (Aún así, conservamos libre albedrío, aunque debilitado e inclinado al mal.) Esclavos del pecado. Bajo el imperio del demonio. Y con el mal introducido en la Creación misma, que queda deformada en su figura primigenia. -Debido a una misteriosa relación, lógica, sin duda, teniendo en cuenta el papel del ser humano en el mundo creado,  el universo y el ser humano comparten el desastre de la Caída, de distinta manera, claro.

CAT 1046 En cuanto al cosmos, la Revelación afirma la profunda comunidad de destino del mundo material y del hombre

3 De alguna manera, pues, la Creación también cae con la caída. Muerte, enfermedades, depredación, violencia, desórdenes morfológicos, crueldad… El mundo se llena de pecado, sufrimiento, injusticias. El pecado original y el pecado actual han deformado nuestra identidad. Inmundos a ojos de Dios, aun con nuestra dignidad natural no del todo destruida. ¿Cómo hacemos para volver a ser amigos de Dios?

¿Qué hacemos para arreglar esto? Nosotros, por nosotros solos, con nuestras fuerzas naturales, no podemos arreglar nuestra enemistad con Dios ni sus efectos en la Creación. Tenemos que darnos cuenta de esto.

Ninguno de nosotros puede merecer con obras naturales  la gracia de ser justificado y limpiado. Ninguno de nosotros puede merecer por sí mismo ser de nuevo amigo de Dios.

Ninguno de nosotros, con nuestras propias fuerzas, puede, tampoco, devolver a este universo herido por el pecado su figura y esplendor primigenio, ni a este mundo sufriente traer la salvación.

4 Pero Dios no se contenta con esta situación. Para subsanarla, envía a su Hijo a los hombres injustificados, para que los justifique verdaderamente ante Él.

No sólo a que no les sean imputados sus pecados,no sólo a cubrirlos, no sólo a tapar el mal para que el Padre no lo vea, por así decir, no sólo a arrojar una manta sobre un muerto, como decía Lutero.

Sino a justificarlos real y verdaderamente, mediante una infusión de vida justificante y sanadora, que limpie la inmundicia, libere, y sea principio de vida agradable a Dios, tan agradable a Él, como puede serlo su vida participada.

Es tan bello, que nos quebranta en lágrimas, y en oración de alabanza y agradecimiento. ¡Felix culpa!

5 Dios no se conforma con limpiar al ser humano de su inmundicia, ni con hacerlo amigo. Quiere además hacerlo hijo adoptivo suyo. Quisiera que

“todos recibiesen la adopción de hijos” (Trento, ses VI, cap II)

“No obstante, aunque Jesucristo murió por todos, no todos participan del beneficio de su muerte, sino sólo aquellos a quienes se comunican los méritos de su pasión. Porque así como no nacerían los hombres efectivamente injustos, si no naciesen propagados de Adán; pues siendo concebidos por él mismo, contraen por esta propagación su propia injusticia; del mismo modo, si no renaciesen en Jesucristo, jamás serían justificados; pues en esta regeneración se les confiere por el mérito de la pasión de Cristo, la gracia con que se hacen justos.” (Trento, ses. VI, cap. 3)

6 La gracia con que se hacen justos. La gracia gratum faciens, como se decía en el pensamiento medieval. No hablamos aquí de la gracia que es auxilio eficaz o suficiente. Hablamos de la gracia que justifica, y que de enemigo, vuelve amigo al hombre, y más aún, hijo.

Distinguimos pues en este post la gracia santificante de la gracia actual, eficaz o suficiente.

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