7.11.19

(389) Clasicidad, I: traditio, traición, revolución

1.- Clasicidad es la virtud de aferrarse firmemente a lo tradicional.

2.- Traditio es entrega del legado de las generaciones precedentes.

Ocurrencias, novedades y constructos no conforman legado.

Revolución es interrupción de la tradito en orden a la sustitución del legado por el artificio.

«La Tradición, en el sentido ordinario de transmisión de un determinado orden moral, político, cultural, etc., constituido por un largo proceso temporal congruente  de generación en generación y dentro siempre de una comunidad más o menos amplia, incluso en la familia, es una acepción del concepto expresado por la palabra latina traditio, que pertenece al léxico técnico del derecho, y puede traducirse por “entrega".» (ÁLVARO D’ ORS, Cambio y tradición, Verbo, n. 231-232, 1985, pág. 113).

3.- El hombre tradicional es accipiens, recibe con agradecimiento el legado. En cuanto accipiens se sabe y siente hombre deudor.

4.- El hombre tradicional es tradens, entrega lo recibido fielmente. Y en cuanto transmisor del legado es exigente, se sabe y siente acreedor de un deber inexcusable. En cuanto tradens confronta la conciencia del presente.

«De las dos personas que intervienen en toda entrega hay una, aparentemente activa, que es quien entrega, y otra, aparentemente pasiva, que es quien recibe. Sin embargo, en la estructura real del acto de entrega se invierte la relación: el sujeto realmente activo es el que toma […]; el protagonista de toda traditio no es el tradens sino el accipiens». (Idem).

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1.11.19

(388) Injerto y mutación

28.- El injerto.— La escuela personalista pretende la introducción del concepto moderno de persona en el pensamiento católico. Y dado que la esencia de la Modernidad es el subjetivismo, con el concepto inserido se inserta su tuétano. Es imposible, tras el injerto, que la nueva médula no injiera su caldo.

Los personalistas no lo quieren directamente, sino sazonado de catolicismo. La idea es injertarlo en el cuerpo conceptual católico para que, cual fragmento de tejido vivo, repare la supuesta lesión causada por el mundo moderno y protestante. Y a esta reparación estética denominar actualización.

 

29.- La metamorfosis.— La introducción es ideológica y por tanto sus resultados también. La fe será sometida a opinión, degenerando en fiducia. En esta clave hay que entender la empatización eclesial actual con el protestantismo.

Las nuevas nociones y principios envolverán la doctrina tradicional en una crisálida fenomenológica, en una pupa axiológica, en una suspensión teleológica, como diría Kierkegaard, de la que emergerá un nuevo logos  humanista católico.

Una nueva mente que se pretende mejor que el numen moderno, que no es católico; y mejor que el numen católico tradicional, que no es moderno. Será un tercer grado medio de catolicismo, como diagnosticarán cabalmente Julio Meinvielle, Rafael Gambra y Leopoldo Eulogio Palacios, un camino de medias tintas a hechura del liberalismo de tercer grado.

 

30.- ¿Catolicismo mutante?— La transformación conceptual requiere dejar en suspenso lo inmóvil, lo inmutable, el orden de la estabilidad, con su certeza firmísima. La puesta entre paréntesis del viejo acervo sumergirá la mente católica en puro movimiento, la trastornará con su espíritu de injerto y mutación. Pero como todo cambio doctrinal es prueba de error, habrá negar que exista cambio y afirmar que no hay error, sino pluralidad y misterio

La verdad es sinfónica, dirá Hans Urs Von Balthasar, no hay que preocuparse, pues siendo incognoscible el Misterio, no son disonantes las contradicciones, se dice, no son cacofónicas las divergencias doctrinales, todo cabe ante lo informulable. Se abre la caja de Pandora. Los vientos de doctrina procedentes del Maelstrom sacuden la Casa del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad (1 Tim 3, 15).

La mente católica comenzará a sufrir mutaciones, y a pedir a gritos, por pura supervivencia, el reposo de la verdad, la restauración de lo tradicional, la perspectiva clásica inmutable, perfecta y quieta, que aporta la Cruz.

 
David González Alonso Gracián
 

24.10.19

(387) Personalismo y liberalismo de tercer grado

«Liberalismo de tercer grado.

14. Hay otros liberales algo más moderados, pero no por esto más consecuentes consigo mismos; estos liberales afirman que, efectivamente, las leyes divinas deben regular la vida y la conducta de los particulares, pero no la vida y la conducta del Estado; [y que] es lícito en la vida política apartarse de los preceptos de Dios y legislar sin tenerlos en cuenta para nada.» (LEÓN XIII, Carta Encíclica Libertas praestantissimum, 20 de junio de 1888)

 

Liberalismo de tercer grado es separación del orden político del orden natural y sobrenatural, y relegacion de éste al ámbito doméstico, para salvaguardia de la libertad negativa (que diría Danilo Castellano) del Estado y los particulares.

El liberalismo de tercer grado, es decir el personalismo político, pretende ser antiliberal y antimarxista sin dejar de ser moderno. Pero el subjetivismo moderno es la causa del liberalismo y del marxismo, conforme a su concepción desustanciada de la persona. 

El liberalismo católico de tercer grado pretende poner las fuerzas sobrenaturales de la religión al servicio del progreso. Y desde abajo, desde las subjetividades individuales, a modo de fermento. Nunca desde arriba, desde las leyes, desde las instituciones, desde la comunidad política.

 

La ambigüedad del liberalismo de tercer grado, que aplicado al cristianismo se llama personalismo, consiste en que se sitúa en una posición de invisibilidad, entre los ojos, en una zona muerta a salvo de la crítica. Porque, por una lado, no apoya explícitamente el error liberal; pero por otro, tampoco apoya explícitamente la verdad católica. Por lo que se mueve en un terreno de doble realidad, de doble catolicismo, de anfibológica indefinición, que le protege cual coraza de toda crítica.

 

El personalismo tercergradista pide a la Virgen le ayude a construir el Estado Nominalista de los derechos positivistas, en que el deber religioso de las sociedades ha desaparecido, y la ley moral tan sólo brilla en la subjetividad del testimonio. Pero luego se lamenta de las leyes que vomita el Leviatán.

El personalismo tercergradista no busca el Reino de Dios sino una Nueva Humanidad en que la gracia está al servicio del hombre, como instrumento para fines inmanentes. El amor humano está en el centro, con la gracia subordinada a él, a su servicio, como simple ayuda para fines temporales autónomos.

 

18.10.19

(386) Glosario de la decadencia

Continuamos buscando la mayor precisión posible en la definición de los conceptos de la crisis. Porque conocer, con claridad, los entresijos intelectuales de la mentalidad vigente, es vital para despejar el camino de la restauración.

 

autodeterminación

Movimiento autónomo del sujeto hacia un valor autodefinitorio.

 
existencialismo

Doctrina de la existencia individual sin esencia universal.

 
fenomenología

Suspensión teleológica de los saberes heredados por tradición.

 
filosofía de la acción 

Subordinación del ser al acto de autodeterminación.

 
inmanentismo sobrenaturalista (también método de inmanencia)

Creencia en una exigencia natural de lo sobrenatural.

 
nominalismo

Escuela filosófica y teológica que postula la inexistencia de esencias comunes y bienes universales comunicables.

 
normas generales

Eufemismo con que se convierten los preceptos de la ley moral en reglamento convencional.

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7.10.19

(385) La Era del Subjetivismo

1. La fractura de la mente occidental

Tras la crisis de la Sagrada Escolástica, suscitada por los nominalistas, la llamada via moderna sembró en la mente occidental anhelos antropocéntricos. Un deseo irrefrenable de potentia absoluta, de libertad desordenada, de independencia radical, se apoderó de los espíritus.


La filosofía reivindicaba su independencia del dato revelado, y la teología se rebelaba contra el dato metafisico. Se había sembrado desavenencia entre la fe y la razón, y con ello, entre la vida política y el orden de la gracia.


En este contexto, la subordinación del entendimiento a la voluntad tiene una consecuencia: el deseo de independencia respecto de la autoridad del que sabe. Este anhelo de autonomía, que los nominalistas plantean de la filosofía respecto de la teología, se proyecta ahora sobre quien tiene la autoridad y la potestad para enseñar la verdad objetiva natural y sobrenatural, es decir, la Iglesia.

Esta proyección reviste dos formas: por un lado, se introduce el subjetivismo en la fe, y es el protestantismo. Por otro lado, se introduce el subjetivismo en la razón, y es la filosofía moderna. Ambas formas constituyen un potente principio secularizador, que romperá definitivamente la Cristiandad.

Es el momento en que la Hispanidad se rinde a la evidencia de los hechos: la Cristiandad ha medio caído con la caída de la síntesis católica, con la fractura de la Veterum sapientia, la antigua sabiduría clásica y cristiana. La Cristiandad ha medio caído con la caída del conocimiento objetivo.

Pero, aunque Occidente se había partido en dos nuevas mentalidades, protestantismo y humanismo renacentista, la Cristiandad sobrevivía, aún, de alguna forma, en Las Españas.

 

2. El virus nominalista a través de la Modernidad

El voluntarismo nominalista inyecta su escepticismo en la filosofía cartesiana, distorsiona el papel de la Causa Primera en Malebranche, desactiva el papel de las causas segundas en Lutero y su sola gratia; transmite su principio de autonomía a la moral kantiana, inocula el movimiento dialéctico en la filosofía de Hegel, introduce el distingo entre razón y pensar en la fenomenología de Husserl y de Heidegger, suscita la distinción entre individuo y persona en el personalismo de Maritain y el antropologismo de Rahner.

El virus terminista se difunde por la mente occidental y a partir de su doble vía, protestantismo y humanismo, teje una tela de araña de múltiples ramificaciones que llegan hasta hoy. Multitud de ismos se entrelazan y enmarañan. Es la nueva Torre de Babel subjetivista.


3. Babel humanista y protestante

Pico de la Mirandola (1463-1494) privilegia lo subjetivo frente a lo esencial con su concepto de dignidad humana. Exalta la posibilidad de autodeterminación del hombre, y la sustenta en la ausencia de límites definidos. Es uno de los primeros intentos explícitos de fundamentar la dignidad humana en lo que Danilo Castellano denomina, con cabal insistencia, libertad negativa:

«Tomó por consiguiente al hombre así construido, obra de naturaleza indefinida, y habiéndolo puesto en el centro del mundo, le habló de esta manera: Oh Adán, no te he dado ni un lugar determinado, ni un aspecto propio, ni una prerrogativa peculiar con el fin de que poseas el lugar, el aspecto y la prerrogativa que conscientemente elijas y que de acuerdo con tu intención obtengas y conserves. La naturaleza definida de los otros seres está constreñida por las precisas leyes por mí prescritas. Tú, en cambio, no constreñido por estrechez alguna te la determinarás según el arbitrio a cuyo poder te he consignado».

Es la idea del ser humano como proyecto de la subjetividad.

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