InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: General

30.10.19

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - La Cruz en nosotros

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

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Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

La Cruz en nosotros

 

“Se me ocurre, y escribo, que la Cruz bien puede ser la huella dactilar del alma.“ (El sillón de ruedas, p. 109)

 

Pudiera parecer, según las mismas palabras del Beato Manuel Lozano Garrido, que lo que ahora escribe y aquí traemos que se trata de una ocurrencia o algo así como lo que le pueda parecer en un momento determinado. Vamos, como una cosa que no tiene importancia.

Sin embargo, no es el caso.

El Beato de Linares (Jaén, España) nos tiene que decir algo que es muy importante y que tiene que ver, como tantas veces, con nuestra salvación eterna.

El caso es que lo escribe, Lolo lo escribe, para que aquellos que pudiera leer lo escrito, lo tengan en cuenta. Y es que era sabedor que realidades espirituales como las que ahora ponía sobre el papel, podían hacer mucho bien a quien llegara a tener conocimiento de ellas. Y por eso, cuando se le ocurre esto, lo escribe.

Digamos que lo que nos dice Lolo tiene mucho que ver con lo que decimos que creemos. Y decimos (valga la redundancia) “decimos” porque una cosa es lo que sostenemos acerca de nuestra fe católica y otra, ¡Ay, por desgracia!, lo que muchas veces mostramos.

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13.10.19

La Palabra del Domingo - 13 de octubre de 2019

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Lc 17, 11-19

 

 

“11 Y sucedió que, de camino a Jerusalén, pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, 12 y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia 13 y, levantando la voz, dijeron: ‘¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!’ 14 Al  verlos, les dijo: ‘Id y presentaos a los sacerdotes.’ Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios.15 Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; 16 y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. 17 Tomó la palabra Jesús y dijo: ‘¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? 18 ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?’ 19  Y le dijo: ‘Levántate y vete; tu fe te ha salvado.’”

      

COMENTARIO

 

Dar, siempre, gracias a Dios

 

Es más que cierto que muchas veces tomamos las gracias que Dios nos entrega y luego nos olvidamos, precisamente, de Quién nos la entregado. Y eso es lo que pasa con muchos de los leprosos que curó el Hijo de Dios en la ocasión que nos trae el Evangelio de San Lucas. 

Todo, sin embargo, no puede ser objeto de crítica. 

Decimos esto porque aquellas personas, que tenían una enfermedad gravísima y que no tenía cura, tenían fe. Y es que sabían que Jesús, el Maestro, podía curarles de su grave dolencia. 

Aquellos hombres, que eran leprosos, sabían que médicamente nada se podía hacer por ellos. Debían, pues, vivir fuera de los pueblos y, además, vestir de una forma determinada con el objeto de que se supiera que eran leprosos y nadie se les acercara por miedo al contagio. 

Vivían, por decirlo pronto, de forma miserable porque no tenían los medios de vida ordinarios. Ni siquiera, por ejemplo, podían pedir limosna entre quienes no fueran leprosos y eso hacía de sus vidas una realidad insoportable. 

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11.10.19

J.R.R. Tolkien – Ventana a la Tierra Media – Una influencia, bien merecida, de un maestro llamado John Ronald Reuel.

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Es más que posible que haya quien no acepte que nuestro autor, J.R.R. Tolkien, tenga influencia más allá de lo que pueda suponer la literatura. Seguramente, quien así vea las cosas es seguro que tiene un problema de percepción de la realidad porque el profesor de Oxford no sólo influencia aquello que lo ha hecho más que merecidamente famoso, la literatura más que fantástica, sino que ha dejado y deja huellas no poco importantes en otros aspectos del arte.

Si hablamos de aquello que supone el mundo de la intelectualidad, Tolkien padre ha llegado más que lejos en su influencia. Así, por ejemplo, su presencia es aceptada o permanece poco advertida (aunque esté ahí) en multitud de autores que han hecho, de la obra de aquel, el origen de la suya cuando no una simple imitación sin llegar, claro está, a captar la totalidad del mundo subcreado por nuestro autor.

Lo que, en general, ha propiciado J.R.R. Tolkien es, por así decirlo, una ampliación de la posibilidad de crear literatura fantástica. Así, por ejemplo, el autor de la tan nombrada “Juego de Tronos”, a la sazón George R.R. Martin, no ha tenido problema alguno en decir bien claro que la influencia del autor de El Hobbit o El Señor de los Anillos, ha sido decisiva en su vida como autor y, luego, en lo que la misma haya podido tener en la serie animada que se ha producido basándose en su obra literaria. Incluso, aunque esto sea lo que es, sin darle más vueltas, resulta curioso que haya coincidencia en las iniciales, R.R., de sus nombres…

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9.10.19

Un amigo de Lolo – “Lolo, libro a libro” - Todo tiene relación

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

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Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Todo tiene relación

“Los que amamos al agua, la luz y la curva de la montaña por su eje de sencillez, brindamos un homenaje a la quintaesencia de las fórmulas elementales: la Redención.” (El sillón de ruedas, p. 104)

Lo más sencillo, para Dios, es que su corazón de carne y misericordioso se manifieste en toda su magnanimidad. Y eso es lo que hoy nos dice nuestro hermano Manuel Lozano Garrido, a la sazón Beato de la Santísima Iglesia católica. Y es que tiene más razón que un santo, como es.

Pues bien, el caso es que nosotros sabemos y reconocemos que el Todopoderoso creó lo que existe. Y sabemos que lo creó de la nada porque antes nada, salvo Él, existía. Y eso nos alegra porque nosotros formamos parte, excelsa y muy amada por el Creador, de tal Creación. Es más, estamos creados a Su imagen y semejanza y ello debería llenar nuestro corazón de gozo y nuestra alma de una legítima esperanza en la vida eterna.

La vida eterna es, por decirlo pronto y bien, el anhelo de todo aquel que reconoce que existe Dios, que lo ha creado y que, como se diría en tiempos antiguos, lo quiere cabe sí (cerca de sí). Y eso ha de formar parte de nuestro ser mismo de hijos de Dios.

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7.10.19

Serie Venerable Marta Robin – El pecado expiado

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

 

El pecado expiado

 

“Bienaventurado quien comprende que el pecado que ha ofendido al Amor merece expiación.” (Cuaderno íntimo, 7 de enero de 1930)

 

No hay nada mejor para un creyente católico que ser iluminado por aquellos hermanos suyos que han alcanzado un grado elevado de conocimiento de lo que supone su fe en un Dios Todopoderoso, en un Hijo engendrado y no creado y en un Espíritu que, además, es Santo. Y eso es lo que pasa con nuestra Venerable hermana, la francesa Marta Robin.

Esto lo decimos porque muchas veces hace falta que voces autorizadas pongan las cartas sobre la mesa. Y en este caso es lo que hace aquella creyente que, llevando una vida llena de sufrimientos físicos supo sobrenaturalizarlos y servir, así, de ejemplo a muchos.

Eso es lo que ahora nos pasa: Marta Robin llama bienaventurados a determinados tipo de personas: las pecadoras.

Esto puede resultar sorprendente porque ¿cómo es posible que alguien pueda decir de otra persona, que peca, que puede ser llamada bienaventurada?

Lo que pasa aquí es que la Venerable Marta Robin habla del momento después del pecado. Por tanto, no alaba a quien peca sino a quien se da cuenta de que peca.

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