InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: General

24.01.19

El rincón del hermano Rafael - "Saber esperar" - Querer y no saber cómo

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

  

“Saber Esperar” – Querer y no saber cómo

 

“Una de mis mayores penas es el ver que estoy abrazado a la Cruz de Jesús, y que no la amo como quisiera”.

 

No siempre es fácil confesar una falta. Mucho menos, si la misma tiene relación no ya con nuestro ser interior sino con el mismo Hijo de Dios. Y es que, al fin y al cabo, somos pecadores y eso, por mucha verdad que sea, nos cuesta reconocerlo.

Y eso honra, y mucho, al hermano Rafael. Hacerlo, queremos decir.

Para empezar, nosotros sabemos que no siempre nos resulta fácil abrazarnos a la Cruz de Cristo, abrazarla, queremos decir.

En realidad, tampoco debería extrañarnos esto porque nosotros, como seres humanos que somos, no tenemos tendencia clara, primero, a reconocer lo que hacemos mal y, luego, a pedir perdón. Y, sin embargo, en las generales de la ley de nuestra fe católica, bien sabemos que eso no está nada bien.

Además, tenemos ahí la Cruz.

La Cruz no está puesta por Dios para que miremos y admiremos sin que nada de nuestra existencia y vida se vea afectada. No. Está puesta para que mucho nos afecte y mucho llene nuestro corazón.

Sí. Ciertamente reconocemos eso: Dios nos quiere cerca de la Cruz donde colgaron a su Hijo porque lo pusieron allí, primero, aceptándolo Cristo y, luego, para que tuviera, como recompensa, la salvación nuestra, nuestra salvación eterna.

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23.01.19

Serie “Gozos y sombras del alma” - Gozos - Paraísos del alma

 

Gozos y sombras del alma

Cuando alguien dice que tiene fe (ahora decimos sea la que sea) sabe que eso ha de  tener algún significado y que no se trata de algo así como mantener una fachada de cara a la sociedad. Es cierto que la sociedad actual no tiene por muy bueno ni la fe ni la creencia en algo superior. Sin embargo, como el ser humano es, por origen y creación, un ser religioso (¿Alguien no quiere saber de dónde viene, adónde va?) a la fuerza sabe que la verdad (que cree en lo que sea superior a sí mismo) ha de existir. 

Aquí no vamos a sostener, de ninguna de las maneras, que todas las creencias son iguales. Y no lo podemos mantener porque no puede ser lo mismo tener fe en Dios Todopoderoso, Creador y Eterno que en cualquier ser humano que haya fundado algo significativamente religioso. No. Y es que sabemos que Dios hecho hombre fue quien fundó la religión que, con el tiempo se dio en llamar “católica” (por universal) y que entregó las llaves de su Iglesia a un tal Cefas (a quien llamó Pedro por ser piedra sobre la que edificarla). Y, desde entonces, han ido caminando las piedras vivas que la han constituido hacia el definitivo Reino de Dios donde anhelan estar las almas que Dios infunde a cada uno de sus hijos cuando los crea. 

El caso es que nosotros, por lo que aquí decimos, tenemos un alma. Es más, que sin el alma no somos nada lo prueba nuestra propia fe católica que sostiene que de los dos elementos de los que estamos constituidos, a saber, cuerpo y alma, el primero de ellos tornará al polvo del que salió y sólo la segunda vivirá para siempre. 

Ahora bien, es bien cierto que tenemos por bueno y verdad que la vida que será para siempre y de la que gozará el alma puede tener un sentido bueno y mejor o malo y peor. El primero de ellos es si, al morir el cuerpo, es el Cielo donde tiene su destino el alma o, en todo caso, el Purgatorio-Purificatorio como paso previo a la Casa del Padre; el segundo de ellos es, francamente, mucho peor que todo lo peor que podamos imaginar. Y lo llamamos Infierno porque sólo puede ser eso estar separado, para siempre jamás, de Quien nos ha creado y, además, soportar un castigo que no terminará nunca. 

Sentado, como hemos hecho, que el alma forma parte de nuestro propio ser, no es poco cierto que la misma necesita, también, vida porque también puede morir. Ya en vida del cuerpo el alma no puede ser preterida, olvidada, como si se tratase de realidad espiritual de poca importancia. Y es que hacer eso nos garantiza, con total seguridad, que tras el Juicio particular al que somos sometidos en el mismo instante de nuestra muerte (y esto es un misterio más que grande y que sólo entenderemos cuando llegue, precisamente, tal momento) el destino de la misma sólo puede ser el llanto y el rechinar de dientes… 

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22.01.19

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro" – Ver la Cruz como es

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

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Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Ver la Cruz como es

 

“Mirada la Cruz sólo como símbolo de dolor, es una idea parcial que se ha infiltrado incluso en la mentalidad de muchos cristianos, cuando la verdad es que los brazos de Cristo están todavía apuntalados sobre dos travesaños como una evidencia del amor que es posible saborear en la frondosidad del tiempo, igual que la corteza o el agua clara de cada día.”

 

Las personas que no creen en Dios Todopoderoso ni, por tanto, tienen a Jesucristo por su Hijo engendrado y no creado, no entienden las cosas de igual manera que las entendemos aquellos que sí, que creemos que el Creador es nuestro Padre y que envió a su Hijo al mundo para que el mundo se salvase.

Hay un tema que, en esto, es crucial (nunca mejor dicho) porque supone no mucho sino todo en nuestra fe católica. Y, vemos, con tristeza, que hay quien pueda tener alguna que otra duda.

El Beato Manuel Lozano Garrido, que sabía mucho de la Cruz de Cristo y de la suya, habla con toda claridad. No tiene, pues, pelos en la lengua. Pore so habla acerca de la Cruz, así con mayúscula por referirse a la de Cristo, y lo hace con toda crudeza y, podemos decir con lamentación incluida, que con toda verdad.

¿A qué nos referimos?

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21.01.19

Serie Venerable Marta Robin – Orar sin cesar

 

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Le secret de Marthe Robin” escrito por el P. Jacques Ravanel" palabras que, con ayuda de Dios y del diccionario, hemos procurado traducir. 

     

Orar sin cesar

 “Conviene orar sin cesar” (Le secret de Marthe Robin, p. 177)

El Hijo de Dios creemos que esto lo tuvo que decir muchas veces. Es decir, además de aquellas que, en efecto, están recogidas en las Sagradas Escrituras y en las que dijo que era importante orar, estamos seguros de que en otras ocasiones diría lo mismo. Y es que, por si su Palabra no fuera ya suficiente (que lo era y es) los que lo conocían tenían, además, la práctica de la oración. Y, es más, tal era su forma de hacerla que hubo quien quiso aprender la forma mejor de dirigirse a Dios y hasta se atrevieron a decirle que les enseñara a orar. Y Él les enseñó el Padre Nuestro…

Esto, así dicho, es algo que los creyentes católicos tenemos más que claro pero si nos lo dice alguien como la Venerable Marta Robin… en fin, que la cosa toma un cariz distinto, como más serio.

Nosotros tenemos por verdad que la oración no es algo que hacemos para quedar bien con Dios o para conformarnos con hacerla. Es decir, estamos seguros de que nuestro Creador quiere que nos dirijamos a Él a través de la oración. Por eso, por ejemplo, Santa Teresa de Jesús tenía por bueno que orar es estar a solas con Aquel que sabemos que nos ama. “Que sabemos que nos ama”. Y por eso queremos orar… porque sabemos que nos ama Quien nos ha creado y mantiene.

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20.01.19

La Palabra del domingo - 20 de enero de 2019

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Jn 2, 1-11

“1 Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. 2         Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. 3      Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: ‘No tienen vino.’ 4 Jesús le responde: ‘¿Qué tengo yo contigo mujer?, Todavía no ha llegado mi hora.’ 5 Dice su madre a los sirvientes: = ‘Haced lo que él os diga.’ =6 Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. 7 Les dice Jesús: ‘Llenad las tinajas de agua.’ Y las llenaron hasta arriba. 8 ‘Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala.’ Ellos lo llevaron.9 Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían  sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio 10 y le dice: ‘Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora.’ 11  Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos.”

 

COMENTARIO     

 

Nos dice este texto del evangelio de San Juan que con esto que contiene Jesús dio comienzo a sus señales porque, al parecer, era necesario que hiciese eso para que, al menos, fuese escuchado…

Bien podemos decir que dio comienzo a sus señales a su pesar. Y es que, como le responde a su Madre, aún no había llegado el momento de manifestarse al mundo. Y es que esto, lo que sucedió en aquella boda, fue una manifestación, una Epifanía, de Jesús. Digamos que es como un decir que el Hijo de Dios ha venido al mundo a cumplir con lo que ha sido establecido por Quien lo engendró y lo hace a plena satisfacción del prójimo.

También hay algo importante. Nos dice San Juan que con aquello que allí sucedió, en Caná de Galilea, los discípulos de Jesús, creyeron.

El caso es que hasta entonces el Emmanuel se había limitado, por decirlo así, a reclutar a los que iban a caminar con Él por los caminos del mundo conocido por ellos para transmitir la Buena Noticia según la cual el Reino de Dios ya había llegado. Seguramente, como bien nos dice aquí San Juan, aun no había manifestado Cristo un poder tan grande como el que aquí muestra. Se habría limitado a instruir a sus discípulos más allegados pero no había demostrado que el poder de Dios estaba en Él y con Él.

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