InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Camino de Nochebuena y Navidad

15.12.18

Camino a Nochebuena y Navidad – Personajes de Adviento: María, siempre María

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Camino a Nochebuena y Navidad – Personajes de Adviento: María, siempre María

 

  

A lo largo de los días que llevamos de Adviento (la mitad, más o menos…) la Madre de Dios ha aparecido en muchos momentos de los pasos que estamos dando. Y eso se debe a que, como es fácil de imaginar, tiene una importancia algo más que vital en este, como suele decirse, episodio de la historia de la salvación. 

Cualquiera podría decir, a este respecto, que podría haber sido otra joven la escogida por Dios para que fuera su Madre. Sin embargo, si nos atenemos a lo que entonces sucedió, no fue otra sino aquella que era hija de Ana y de Joaquín y tampoco fue otra joven la que dijo sí a lo que le decía aquel Ángel, de nombre Gabriel, que tan ocupado andaba por aquellos días. 

A este respecto tanto tradicionalmente como litúrgicamente se ha dedicado el último domingo de Adviento, el 4º, a la persona que, dando su sí ante Gabriel, supo manifestar una humildad y un amor digno de su propia causa. 

No extraña que así se haga porque, ciertamente, a las puertas de recordar el nacimiento del Hijo de Dios, que la Madre del Creador sea a quien se dedique el recuerdo, entra dentro del más puro sentimiento humano. 

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14.12.18

Camino a Nochebuena y Navidad – Recapitulemos: en mitad de Adviento, más o menos

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Camino a Nochebuena y Navidad – Recapitulemos: en mitad de Adviento, más o menos

 

A día de hoy estamos, más o menos, a mitad del tiempo de Adviento. Y eso requiere una pausa, un descanso para ver el qué y/o el cómo o, en fin, para encontrar bien el camino si lo hemos perdido por cualquier causa. 

Cuando decimos “más o menos” no lo hacemos por hacer alguna gracia o por resultar ocurrentes. No. Lo decimos porque es posible que nos hayamos pasado de largo o, al contrario, que no hayamos llegado a la comprensión de lo que supone esto que hacemos. Y nos explicamos porque, como es lógico, aún estamos a tiempo de rectificar lo que tengamos que cambiar… 

A lo mejor nos hemos pasado de largo

Sí, es bien cierto que se puede decir que en materia espiritual no se puede dar el caso de que nos pasemos de largo en hacer las cosas bien. Pero sí, se puede y eso tampoco nos hace mucho bien. 

En esto pasa como en el entrenamiento deportivo que, al preparar determinada prueba no es bueno, no lo es, pasarse de preparación porque nuestro cuerpo se puede resentir. Y eso mismo nos pasa cuando hablamos de algo tan especial como es nuestra alma. 

Tenemos ansia. Es cierto. Tenemos ansia, decimos, porque llegue un tiempo tan gozoso como es la Nochebuena y la Navidad. Damos, como sabemos, determinados pasos hacia tales gloriosos días. Y, sin embargo, debemos dar paso a paso porque, de lo contrario, podemos agobiar en exceso el alma. Y sí, es cierto que eso no nos va a pasar muchas veces porque somos como somos y, al contrario, nos puede pasar lo que, justamente, decimos ahora mismo. Y nadie se extrañe de lo que ahora viene.

 

A lo mejor no hemos llegado

 

“Bueno, aún queda mucho para Nochebuena y también mucho para Navidad. Para qué vamos a dar paso a paso, así, tan despacio…”

 

Tal forma de expresarse no es propia de quien crea una fase o varias haciendo uso de lo que Santa Teresa llamaba la “loca de la casa” refiriéndose a la imaginación. No. Por desgracia para muchos creyentes en Dios Todopoderoso y en su Hijo Jesucristo y, para ceñirnos a lo nuestro, hijos de la Iglesia Católica, tal forma de ver las cosas suele ser demasiado común. Claro, hay excepciones y, a lo mejor, muchas, que hacen las cosas como se deben hacer pero… 

Veamos lo que, a este respecto, pasa. 

No siempre estamos dispuestos a calibrar cómo está nuestro corazón porque, de lo contrario, veríamos que no está, a lo mejor, demasiado bien… Y aquí olemos renquear y, en esto, aún no hemos llegado a esta mitad del Adviento demasiado bien… 

Pero es que tampoco solemos tener en cuenta lo que supone que el Hijo de Dios va a volver a nacer y que eso ha de suponer mucho para nosotros. Y, en realidad, es algo que, por “repetido” lo solemos olvidar. En esto, tampoco, mostramos un acercamiento al Adviento demasiado aceptable… 

Sabemos, por otra parte, que Dios quiere de nosotros que seamos capaces de comprender lo que supone el Adviento. Pero, como tantas veces pasa, es posible que no acabemos de tener muy claro esto y, si lo tenemos, no lo llevamos a la práctica. Y, claro, en esto nuestro nivel de pasos dados en el Adviento no es el adecuado… 

Pero, en esto, ¿qué es lo que nosotros queremos? 

Decimos, siempre al menos lo solemos pensar, que lo tenemos todo más que claro: nosotros queremos llegar a Nochebuena con el alma limpia. Pero no siempre lo conseguimos. Y eso que ya hemos vivimos muchas Nochebuenas y muchas Navidades. Y es bien cierto, entonces, que no damos el nivel espiritual que nos corresponde… 

¿Nosotros, por otra parte, ansiamos los bienes espirituales que otros ansiaron? Sí, respondemos. Pero no nos ha de salir, como suele decirse, “gratis” espiritualmente hablando sino que eso requiere que pongamos por nuestra parte, por ejemplo, perseverancia en pedirlos a Dios, intención de quererlos. En fin… que no siempre queremos, en el fondo eso. Y, entonces, en tal caso, tampoco estamos donde debemos estar y, claro, no hemos llegado a esta mitad del Adviento como deberíamos haber llegado. 

Y sobre la esperanza. En nosotros ¿siempre está intacta o la solemos perder? 

Responder a esta pregunta de forma franca (o, lo que es lo mismo, diciendo toda la verdad aunque nos perjudique…) es esencial en esto. Y es que si está intacta del todo… entonces, iremos por buen camino pero si ha decaído en algo o en mucho entonces… al contrario de lo dicho antes no iremos por el buen camino que nos lleva a la Nochebuena y a la Navidad. 

Vemos, de todas formas y con esto apenas dicho, que la cosa no es tan fácil. Bueno, no es fácil para quien quiere entrar por la puerta estrecha porque, para quien quiera hacerlo por la ancha… en tal caso es más que seguro que lo dicho aquí se tenga por cosa de poca importancia cuando, al contrario, es tan importante que de no entenderlo así nuestros pasos estarán algo más que equivocados. 

Eso sí. No podemos negar que aún estamos a tiempo de rectificar porque, en todo caso, aún estamos a mitad del Adviento.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Nazareno

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13.12.18

Camino a Nochebuena y Navidad – Octavo paso – Somos avariciosos espirituales (lo queremos todo)

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Camino a Nochebuena y Navidad – Octavo paso – Somos avariciosos espirituales (lo queremos todo)

  

No podemos negarlo: somos así. Y sí, la avaricia, en este caso, no rompe el saco (porque no es una que lo sea mundana) sino que llena el corazón. 

Podemos decir que estos pasos que estamos dando hacia/hasta Nochebuena y Navidad están suponiendo una revisión de nuestras ansias. Y es que queremos que todo quede claramente plasmado en nuestro camino y no quisiéramos equivocarnos lo más mínimo en el que estamos recorriendo. 

Debemos, por eso, romper con lo que, tradicionalmente, y como decimos arriba, supone un dicho popular muy conocido. 

Sí. Ya sabemos: “La avaricia rompe el saco”. 

Cuando alguien habla así quiere decir, como todos sabemos, que alguien (supongamos que nosotros mismos) ansía tanto, tanto, tanto, que siempre acaba perdiendo mucho, mucho, mucho. Y eso, que es un comportamiento puramente mundano, no podemos decir que sea poco común… 

En materia espiritual, como tantas veces sucede, pasa justamente lo contrario. 

Nosotros, en realidad, en este Adviento lo queremos todo, pero todo, todo y más que todo. Y nos quedamos tan anchos al decir esto, claro está. 

El caso es que, a diferencia de las cosas del mundo, aquí, en esto, hay para todos y nunca se agota lo que queremos y ansiamos. 

Cristo, bueno, aquel Niño-Dios lo trajo a espuertas y no podemos negar que si aquellos que, entonces, lo vieron no sabían mucho (algunos, muy pocos, 2, sí) de lo que suponían Quien nacía, nosotros, al contrario, estamos al cabo de la calle de eso y de mucho más. Y por eso lo queremos todo.

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12.12.18

Camino a Nochebuena y Navidad – Séptimo paso: tener la esperanza como ellos la tuvieron

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Camino a Nochebuena y Navidad – Séptimo paso: tener la esperanza como ellos la tuvieron

 

Esto es, sí, por consideración a nuestra propia realidad espiritual, un paso más que damos hacia Nochebuena y Navidad pero debemos tener en cuenta que es, más bien, el mismo camino que siempre debemos realizar hacia el definitivo Reino de Dios. Y nos referimos a la esperanza que, como virtud teologal que es, ni nunca debemos perderla ni debemos caer, claro está por eso mismo, en lo contrario: la desazón. 

Nosotros tenemos el inmenso gozo de contar, a lo largo de la historia de la salvación, con ejemplos elocuentes y más que suficientes como para satisfacer el nivel más alto que queramos poner de espiritualidad esperanzada. Y a ellos nos acogemos porque siempre bien muy bien tener en cuenta lo que se debe tener en cuenta. 

No es poca cosa la esperanza. Sustenta la existencia de muchos seres humanos (deberían ser todos) en los malos momentos pero, sobre todo, alienta el ser y la vida de todo aquel que quiera, de verdad, alcanzar la vida eterna. Y es que no hay, además, otra forma para nosotros, hijos de Dios, de ver las cosas del alma. Ni hay ni, sobre todo, podemos buscar sustitutos a la misma. 

Unos tuvieron esperanza de que llegara el Mesías; otros, nosotros, y hasta que vuelva, los demás, esperanzados estamos de que, como decimos, retorne al mundo el Hijo de Dios en su Parusía. Y es que ya llegó encarnándose y siendo un buen Hijo en el seno de una más que buena Madre. 

Pues bien, nosotros debemos ser, por así decirlo o, mejor, tener el corazón, como aquellos que mantuvieron siempre la esperanza aunque, no podemos negar que, a lo mejor, alguno de ellos pudiera tener alguna duda. Todos no, claro. 

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11.12.18

Camino a Nochebuena y Navidad – Sexto paso: ansiar las promesas mesiánicas

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Camino a Nochebuena y Navidad – Sexto paso: ansiar las promesas mesiánicas

 

Demos un paso más en este tiempo de Adviento: ansiemos, ansiemos, ansiemos lo que Dios quiere para nosotros. 

Suele decirse, a este respecto y porque es verdad, que el Antiguo Testamento no es un libro, digamos, propio del pueblo judío y ya está. No. En realidad, como forma parte de la historia de la salvación del ser humano tiene mucho que ver con el ahora mismo. Y, claro está, tiene que ver mucho con la venida del Mesías a quien el pueblo elegido por Dios estuvo esperando durante muchos siglos (era promesa del Todopoderoso enviarlo). 

Decimos estuvo esperando porque ahora, precisamente ahora, en estos días que van desde que el Primer domingo del tiempo de Adviento hasta la Nochebuena y la Navidad, recordamos que sí, que vino el Enviado de Dios y que vuelve a nacer. 

En realidad, lo que dejaron escritos muchos autores inspirados por el Espíritu Santo en aquellos antiguos libros no es, sino, la fijación por escrito de que, en efecto, la promesa de Dios iba a cumplirse. Y eso lo vemos, más que bien, en el profeta Isaías cuando describiría a la perfección el sufrimiento del Cordero de Dios. 

Eso, claro está, ocurriría mucho más tarde de lo que ahora vamos a celebrar. Pero valga este ejemplo para decir eso tan sabido según lo cual en el Antiguo Testamento está Cristo entre las líneas de tan sagrado y amado texto. 

Pues bien, es de esperar que, como eso es así, lo que ansiaba el pueblo escogido por Dios sea, también, esperado por nosotros. Y, por decirlo de una forma que sea fácil de entender ahora, en este tiempo de Adviento, nosotros también debemos ansiar las promesas mesiánicas que no han pasado ni de moda ni de tiempo. Y es que nada de aquellas ansias quedaron ancladas en siglos tan antiguos sino que son realidad tan presente porque, a veces por desgracia, la segunda venida del Hijo de Dios ha necesidad de que ansiemos determinadas realidades aunque, claro está, la necesidad no es por parte de Cristo sino de nosotros mismos.

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