23.05.18

Serie “Un selfie con la Virgen María - 1 - La Virgen se pone guapa

 

 

 Un selfie con la Virgen María                         Un selfie con la Virgen María

 

  

No podemos negar que muchas veces nos sorprenden los inventos que el hombre, con la ayuda inestimable de los dones de Dios, es capaz de llevar a cabo. Por eso estamos donde estamos en este siglo XXI y no nos hemos quedado quietos en aquellos primeros momentos de nuestra creación. Podemos decir, y no nos equivocaremos, que el Padre nos dio un corazón, además de limpio (aunque luego pasó lo que pasó) muy proclive a hacer rendir las neuronas. 

Haciendo de esto algo de humor negro, hasta el pobre Caín hizo algo impensable con una quijada de animal. Le dio uno uso que, con toda seguridad, no era el que tenía destinado a tener. Y es que el hombre, hasta en esto, es capaz de hacer algo nuevo con lo viejo. 

Esto, de todas formas, lo dejamos escondido (esto sí), bien escondido, debajo de algún celemín para que se vea lo mínimo posible y no dar malas ideas a nadie… 

En fin. El caso es que, como decimos, somos capaces de inventar lo inimaginable. Hasta hay quien dice que algunos tratan de descubrir la inmortalidad. Y es que esto ha sido, desde que el hombre es hombre, el sueño inalcanzable de todo aquel que no sabe dónde tiene su límite y, sobre todo, el de quien ignora, al parecer, que el único que es eterno de toda eternidad es Dios quien, no por casualidad, nos ha creado a cada uno de nosotros con el concurso de nuestros asustados padres terrenos. 

De todas formas, todo lo que, al ser inventado, sirva para el bien de la humanidad ha de tener en refrendo, la aprobación, de todo aquel que se sabe hijo de Dios y quiere, como es lógico, que las cosas vayan mejor si es que eso supone que vayan por el camino trazado por Dios para su descendencia humana. Y es que hay quien, inventando, no hace más que equivocar parte de la senda y se sale de ella con algún que otro mal pretexto de egoísmo personal. Pero a tales personas no va dirigido esto, aunque, bien pensado, a lo mejor podrían cambiar el rumbo y volverse a situar en el camino de ladrillos como si se tratase del mítico Mago de Oz sabiendo, eso sí, que su destino es mucho mejor que la de aquel grupo escaso de amigos bien extraños. 

Cuando en la famosa zarzuela se dice aquella famosa frase de “es que las ciencias avanzan que es una barbaridad” no nos sorprende nada que quisiesen referirse a inventos puramente humanos. Y es que aquellos, en aquellos antiguos tiempos, aún tenían mucho que conocer y cada apertura del conocimiento era como abrir una ventana hacia un futuro que, cada día, se presentaba más sorprendente. Sin embargo, nosotros no nos referimos a eso sino a otro tipo de inventos que tienen todo de espiritual aunque pudiera parecer que no hacemos, sino, uso de algo que está echando su cuarto a espadas en cuanto acercamiento entre personas o, simplemente, acontecimientos en los que queremos estar presentes de una forma tan directa que pareciera que no queremos perdernos ninguno de ellos. 

Nos referimos, claro está, a la utilización de la técnica fotográfica para dejar constancia de nosotros mismos en tal o cual situación. Y sí, nos referimos al palabro inglés que, de uno mismo, un en sí mismo, hace una realidad presente: el selfie. 

Alguien puede decir que estamos algo equivocados porque ¿qué tiene que ver con la fe cristiana, aquí católica, esto de tal tipo de imágenes? 

Sin embargo, no queriendo contrariar tal pensamiento, podemos decir que podemos hacer uso de tal avance de la técnica para hacernos, eso, un selfie, pero con alguien muy especial para nosotros. Y es que si hay alguien que no esté de acuerdo en hacerse uno con la Madre de Dios, digamos, en directo, que levante la mano y lo diga. Y no decimos que tire la primera piedra porque siempre puede haber quien tenga afición a echar, sobre los demás, sus culpas propias… 

Todo lo dicho hasta ahora, ahí arriba, es para animarnos a usar tal técnica pero aplicándola a una hipotética sesión fotográfica que, de improviso, nos pudiera surgir. Y no queremos referirnos a ningún tipo de aparición de la Virgen María (la Madre sabe qué hacer a tal respecto) sino a una imaginaria situación que se nos pudiese presentar sin nosotros haberlo esperado. 

De todas formas, no podemos negar que nuestra Madre del Cielo estaría más que dispuesta a tal tipo de situación pues ¿qué mejor para Ella que siempre nos quiere cerca que tenernos a tan escasa distancia del alma? 

Por cierto, si un selfie, ordinariamente, se hace, digamos, de improviso, casi sin pensarlo (como decimos arriba), aquí vamos a hacer uno que, en esto, es totalmente innovador: vamos a pensar más que bien qué supone el mismo, cómo nos presentamos nosotros ante la cámara del alma y cómo, por fin, se presenta la Virgen María con su Niño en brazos. Y es que en esto, también Ella nos permite hacer cosas distintas…

1 -   La Virgen se pone guapa

Luego ya hablaremos de nosotros, los interesados en el selfie, pero ahora nos corresponde apreciar cómo la Madre de Dios se presenta a tan buena ocasión. Lo que queremos decir es qué aporta ella a esto. 

Sabemos que la Virgen María no era una mujer como otra. Es decir, físicamente sí lo era pero, espiritualmente hablando, había subido muchos escalones hacia el definitivo Reino del Padre. Por eso Dios la dotó de una serie de virtudes y dones que son las que muestra ella ante la cámara del corazón. 

De todas formas, no olvidemos que trae consigo al Niño Jesús que, como luego veremos, no quiere perderse ripio de este momento. 

Pues bien, ha llegado la Virgen MaríaViene verdaderamente guapa. Pero, no nos equivoquemos, no se trata de la belleza reflejada en las obras de arte. En realidad, nadie que haya dejado constancia de la Madre de Dios en una obra pictórica tenía a la esposa de José ante sí para no equivocarse en el retrato o en la escultura. No. Lo que se ha hecho a lo largo de los siglos es reflejar una belleza física derivada de una que lo era espiritual. Y de eso, sí podemos decir algo pues lo tenemos como propio de una santa doctrina y una fe que arraigan en la Verdad. 

Que la Virgen tiene tales dones y virtudes a los antes hemos hecho referencia nos lo dicen muy bien nuestros pastores cuando en “Lumen gentium” (65), documento del Concilio Vaticano II (años 60 de siglo XX), nos dicen que los fieles católicos levantamos “los ojos a María, que resplandece como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos.” Sabemos, por tanto, que no es poco decir que nos vamos a hacer un selfie con alguien que, espiritualmente hablando, es un modelo más que bueno. Tenemos, pues, mucho que aprender de ella. 

Bueno. La base la tenemos: estamos nosotros mismos y viene la Inmaculada. Ahora sí que contemplamos las virtudes marianas que, valga la redundancia, adornan a María. 

Se dicen que son siete o doce. En resumidas cuentas: son muchas las virtudes que la Virgen María atesora y de las cuales mucho podemos aprender y mucho nos conviene conocer. 

1.

Sabemos que la Virgen María es humilde y que su humildad es espejo (en cuanto dónde mirarnos) y es ejemplo (en cuanto qué debemos hacer) Por eso su humildad es camino porque es lo que Dios Padre Todopoderoso quiere de sus hijos: ser como barro, como el humus, del que salimos para habitar un mundo donde la soberbia ha llegado a dominar almas y corazones. Pero ella es humilde porque así quiso serlo desde que, consciente de la existencia de Dios y de su fidelidad más absoluta, se sometió virginalmente al Padre del Cielo.

 

Digamos, para que nadie se equivoque, que la humildad de la Virgen María, supone que, ciertamente, se sabe muy pequeña ante Dios (tan pequeña que ella dijo ser esclava del Señor) y que eso la hace actuar de forma consciente de lo que tal verdad supone. 

Nos dice San Bernardo que es de esperar que un pecador sea humilde (además, lo necesita) pero que María lo sea supone, no siendo pecadora para nada y siendo tan alta su dignidad, es un “prodigio de humildad”. 

Ejemplo de su humildad, de saberse servidora del prójimo, es que no dudó ni un segundo en acudir donde su prima Isabel estaba esperando al que sería Precursor del Mesías. Entonces mostró qué supone ser humilde y no soberbia; también es ejemplo que, a diferencia de los que no son humildes, María no quería ser ensalzada ante el prójimo. Por eso no estaba presente cuando su hijo era, Él sí, ensalzado. Sí estuvo, sin embargo, en los peores momentos de la Pasión de Nuestro Señor. Y eso es muestra de acendrada humildad. 

2. 

Pero también sabemos que la Inmaculada acepta la palabra de Dios y manifiesta una confianza ostensible en el Todopoderoso. Y esto es otra virtud que mucho nos enseña a sus hijos: la fe.

¿Qué nos quiere decir nuestra Madre con tener fe?

Como don de Dios, ella la tiene en grado sumo. Por eso, por ejemplo, aceptó en su concepto mismo, a la Santísima Trinidad al conocer que el Espíritu Santo, enviado por Dios, iba a cubrirla con su sombra y que ella, aquella pequeña niña judía, iba a ser madre, la Madre de Dios. Y a todo eso ella respondió con el “fiat” que tanto bien ha hecho a la humanidad y que ha permitido que se unan el cielo y la tierra para siempre, siempre, siempre (como diría Santa Teresa de Ávila al respecto de la duración de la gloria).

María nunca cesó de confesar su fe. Y es que sabía que aquel niño que llevaba en su seno era Hijo de Dios. Ni lo intuía ni se imaginaba que lo era… ¡lo sabía desde el mismo momento de la Anunciación! Por eso siempre esperó de su Jesús lo mejor y, así, lo obtuvo y podemos decir, con San Mateo (15, 28), “Oh, mujer, que grande es tu fe”.

Ejemplo de la fe de María, de nuestra Madre, es que fue ella la que provocó en su hijo Jesucristo que iniciara su vida pública (digamos, que milagrosa) con aquella conversión del agua en vino en la boda a la que habían sido invitados tanto ella como su hijo y sus, entonces, escasos discípulos. Y aquella fe, grande, fue capaz de mover una montaña no sin negar que el mismo Jesús no quería que fuera aquel el momento en el que manifestaría al mundo su poder (el de Dios) y tal fue así que sólo los criados (y María, claro) supieron de dónde venían aquellos cientos de litros de vino. Vamos, los más humildes y pobres…

3.

María, como no podemos olvidar, manifiesta, a lo largo de su vida, una obediencia generosa.

Antes ya lo hemos dicho pero es tan importante que no podemos dejar de insistir. Y es que cuando María dice al Ángel Gabriel que sí, que se hiciera lo que quisiera Dios, manifestaba una obediencia que, a sabiendas (como sabemos) de lo que el anciano Simeón le iba a profetizar (y sucedió palabra por palabra), fue más que generosa. No se guardó nada para sí sino que todo lo ofreció a Aquel que enviaba al Ángel.

El caso es que en todo momento María había sido obediente: lo hizo a sus padres cuando no se opuso a su casamiento con José; hizo lo mismo para cumplir lo que estableció el emperador Augusto y marchó a Belén; por ser Madre de Dios podía haber no llevado a cabo determinadas funciones pero ella no se opuso a ninguna de ellas y las desempeñó como cualquier otra mujer.

No podemos olvidar cómo obedeció María cuando se le indicó a su esposo José que debían marchar a Egipto; tampoco como no dejó de cumplir con la ley judía al llevar a presentar al Niño al Templo…

Y, sobre todas las obediencias, qué decir de la muerte de Cristo. Y es que María, su Madre, no puso inconvenientes a Dios a lo que sabía iba a suceder. Y esto lo decimos porque, hemos apuntado arriba, el anciano Simeón le dijo aquello de la espada que iba a atravesar su corazón… ¿Y qué espada hay peor que la que supone ver a un hijo morir de la manera cómo iba a morir Jesús?

Sobre esto, nos viene la mar de bien traer aquí lo que la Virgen María dijera a Santa Brígida acerca de esta virtud: “La obediencia es la que introduce a todos en la gloria” (Rev.1.6. c. 11) Y por eso a la misma santa dijo la Madre de Dios que por los méritos de su obediencia (los de María, queremos decir) había obtenido de Dios que todos los pecadores que a ella se encomendaran serían perdonados. Y recordemos que, salvo Cristo y la misma María, pecadores somos todos, todos y todos desde este momento: “Pecador me concibió mi madre” (Sal 51, 7). 

4.

¿Qué sobre la caridad solícita de María?…

Que nuestra Madre era caritativa lo dice el episodio tan conocido de su visita-ayuda-auxilio a su prima Isabel. Arriba ya hemos dicho algo de esto pero es aquí, donde el amor muestra su cara verdadera, cuando corresponde hacer una mención más exacta.

La caridad es mucho más que la solidaridad. Nosotros sabemos que ser solidario tiene mucho que ver con el aspecto humano y con la necesidad de la cosa pero que ser caritativo muestra una vertiente que va más allá de eso. Por eso María se siente urgida a ir casi corriendo (es un decir, claro) a Ain Karen porque sabe que una mujer de edad avanzada que se queda embarazada (¡y en aquel tiempo!) va a necesitar más que ayuda.

En todo caso, ¿puede haber mayor caridad que consentir ser la Madre de Dios?

Sobre esto cualquiera diría que eso es fácil decirlo ahora, que conocemos lo que luego pasó, pero María arriesgaba mucho al aceptar aquello que le proponía el Ángel porque conocía más que bien lo que podría pasar si el pueblo se enteraba que había quedado embarazada sin mantener relación con el hombre con el que se había desposado…

Pero ella dijo sí. Mostró, entonces y siempre, que su corazón rebosaba tanta caridad que sometió su vida a la voluntad expresada por Dios a través del Ángel Gabriel.

De todas formas, la Virgen María muestra caridad excelsa cuando, a los pies de la Cruz, asiente al perdón que su Hijo pide a Dios por aquellos que no sabían lo que hacían. ¿Se puede tener más caridad?

Esto que hace María con su prójimo (Isabel, los perseguidores de Cristo, etc.) lo hace, sin duda, porque su corazón conoce aquello que escribiría, más tarde, su protector en su Primera Carta (1Jn 4, 21) acerca de que “Este mandato hemos recibido del Señor: que quien ame a Dios ame también a su hermano” que es lo que hace, exacta y perfectamente, María. Y es que ella era, también, a quien se refería Jesús cuando, al aviso de que había ido a buscarlo su madre, dijera aquello de “’¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?’ Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: ‘Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.’”  (Mt 12, 48-50). Y es que ¿había alguien que hubiese cumplido mejor la voluntad de Dios que la Virgen María y con tanta caridad?

5.

María, por decirlo de alguna manera que sea fácil de entender, tiene una sabiduría reflexiva. Y aclaremos que significa esto de tener una sabiduría con tal característica.

Muchas veces se ha dicho, y aquí también, aquello que nos dicen las Sagradas Escrituras, de que María “guardaba todas estas cosas en su corazón”, como nos dice San Lucas en 2, 19.

Aquella forma de hacer las cosas, queremos decir de guardar así lo que era importante no sólo para ella sino para toda la humanidad, era una que lo era de saber mantener un silencio que, muchas veces, era roto por las circunstancias de su vida. Pero, en definitiva, aquella forma de guardar determinados acontecimientos de la vida de Jesucristo en su corazón, mostraba que entendía más que bien el papel que le había tocado desempeñar en toda esta historia de amor de Dios con sus criaturas humanas.

Como mujer de oración, pero de oración de verdad, perseverante, aquella joven judía sabía que Dios la escuchaba. Es decir, confiaba en ser escuchada por el Todopoderoso. Y en aquello abundaba por su mucha fe y mayor voluntad de ser servidora del Creador, su esclava.

Aquella sabiduría que María atesoraba había hecho seno en su ser porque Dios la debió privilegiar con la misma. Es decir, como don sobrenatural infundido por el Espíritu Santo le permitió tener un conocimiento profundo de su Creador pero no para hacer uso del mismo en interés propio sino para favorecer a todo aquel que estaba necesitado del mismo. Por eso María guardaba en su corazón lo que era importante fuera guardado para, en contacto con aquella sabiduría, purificar una santa existencia como era la suya.

El caso es que la sabiduría reflexiva que María mostró a lo largo de su vida mostró que Dios había escogido más que bien a quien iba a ser su Madre. 

6.

Tiene, también como virtud, una piedad a prueba de todo lo contrario a ella. Es decir, nuestra Madre es piadosa sobre todo y sobre todas las circunstancias más adversas.

Por piedad, la Virgen María, mostró la misma cuando acudió en ayuda de su prima Isabel. Y no decimos nada más porque muchas veces hemos escrito aquí mismo sobre esto.

En realidad, que María mostrase piedad era debido a que era toda compasión y misericordia. Por eso manifestaba una devoción por las cosas santas propia de quien sabe que Dios es su Padre y Creador y a quien se ha entregado de forma total y absoluta desde que es consciente que eso puede hacerlo. Por eso dedicó su vida a la persona amada: Dios mismo y su Hijo santísimo.

Podemos decir que la piedad de María se acentúa cuando debe sufrir la zozobra que pasa su desposado José cuando sabe que está embarazada sin haber mantenido relaciones sexuales con ella. Por eso, sintiendo compasión por aquel hombre que podía ser su esposo si no lo malograba una denuncia de su embarazo por parte del mismo, lo ama, aún, más.

Piedad también es propia de quien, como María, tiene amor por quien está necesitado. Y tal es el ejemplo de las bodas de Caná. Y es que ella sabe que aquellos novios lo están pasando mal y aún lo van a pasar peor cuando el vino deje de llenar las tinajas habilitadas para el mismo. Por eso insta a su hijo a que haga lo que sabe puede hacer diciéndole aquello de que “no tienen vino”.

En realidad, el corazón misericordioso de María muestra aquella compasión propia de quien es piadoso a carta cabal y no hace dejación de tal piedad ni quiere hacer dejación de ella sino que, al contrario, allí donde es requerido su ser, allí acude. 

Ciertamente, remediar el mal del prójimo es muestra de piedad acendrada pues ni tiene mancha ni defecto. Y es que el amor fraterno está indisolublemente unido a la caridad (cf. II Pe 1, 7) y eso lo hace patente María a lo largo de su terrena vida y, no digamos ya, de su existencia junto a Dios Todopoderoso donde la piedad se pone al servicio de sus hijos. 

7.

Es, también, María, paciente y fuerte. Y su paciencia y su fortaleza eran, y serán siempre, de un cariz bastante especial en cuanto a su origen y finalidad. Queremos decir que fue paciente y fuerte en las situaciones, digamos, dificultosas de su vida.

Aquí, en la vida de María, nada es por casualidad sino que tiene todo que ver con la historia de la salvación. Y es que ya había dicho el Hijo de Dios (y lo recoge San Lucas en 21, 19) que “Mediante vuestra paciencia salvaréis vuestras almas”. Y ella, sin duda, tenía ya su alma salvada y así, con su comportamiento, era ejemplo para sus hijos.

Decimos que María era paciente y que, como expresión de tal paciencia, era fuerte. Pues bien, por su paciencia María insistió en Caná a Jesús y Él, digamos, se opuso con la boca pequeña porque sabía que no podía negar nada a su Madre. Fue, pues, María, paciente hasta el extremo de exigir, digámoslo así, a Jesús, que hiciera algo por aquellos atribulados novios que se iban a ver, pronto, en una situación muy afrentosa. Por eso, para probar la paciencia de María, dice Jesús aquello de “Mujer, ¿qué nos va a mí y a ti?”.

Hay, sin embargo, muchas ocasiones en la vida de la Virgen María en las que muestra una paciencia a prueba de toda impaciencia:

-     Por ejemplo, cuando José intentó abandonarla y ella no podía hacer más que rogar a Dios, pacientemente, para su desposado comprendiese y amase.

-     Por ejemplo, cuando tuvo que soportar, pacientemente, que en Belén no hubiera sitio para ellos y ver nacer a su hijo en un establo.

-     Por ejemplo, cuando tuvieron que huir a Egipto tras el aviso a José sin saber cuándo volverían a su tierra.

-     Por ejemplo, cuando tuvo que soportar, pacientemente, todas las afrentas que sufrió su hijo.

-     Por ejemplo, ¡qué paciencia no mostró María al saber cuál era el final de su hijo!

-     Por ejemplo, ¡qué paciencia durante la Pasión de Jesucristo!

Vemos, por tanto, que nuestra Madre del Cielo albergaba en su corazón un tesoro de paciencia que la hacía fuerte ante las adversidades. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que la desesperanza en ella no habitaba aunque, eso, lo veremos luego. 

8.

María es pobre pero pobre con dignidad y manifestando confianza en el Señor lo cual, en sí mismo, es una forma más que recomendable de ser. Y, para ello, supo entregarse a Dios de la única manera que puede entregarse quien sabe que su Padre del Cielo comprende, acepta y goza con tal forma de manifestarse.

La pobreza de María podemos contemplarla en determinados aspectos de su vida:

-     Casándose con José, un artesano no rico sino, al contrario, pobre.

-     Viendo el establo de Belén como lugar de nacimiento del Hijo de Dios.

-     Entregando en el Templo de Jerusalén, al acudir a presentar a su hijo, dos palomas que era el ofrecimiento de los pobres.

-     Pasando, seguramente, muchas privaciones en su periplo por Egipto.

Sobre la pobreza de María, en las revelaciones que la misma hizo a Santa Brígida le comunicó que había resuelto en su corazón no poseer nada en el mundo y tal había sido su conducta. En realidad, ¿podía haber más riqueza que ser la Madre de Dios?

Sin embargo, es más que cierto que aquí no se habla, no se pretende que se crea eso, que lo que importa de ser pobre es, digamos, serlo, sino amar la propia pobreza como un don de Dios. Por eso diría Cristo aquello de “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos“ (Mt 5,3). Y es que tales pobres lo único que quieren es a Dios y encuentran en su Creador al mejor de los tesoros que hombre cualquiera pudiera soñar poseer. Eso, un comportamiento así, haría decir a San Francisco aquello de “Mi Dios y mi todo” porque, era verdad, le bastaba con Dios. Y por eso, Santa Teresa dijo aquello de “Sólo Dios basta” y San Rafael Arnáiz Barón afirmó, en el colmo de la sencillez y la fidelidad, “Sólo Dios”. ¿A qué más?

María, por tanto, era pobre pero lo era con la dignidad propia de quien sabe en qué consiste tal tipo de pobreza ensalzada por Jesucristo en las Bienaventuranzas. Y que la hizo propia a lo largo de toda su vida terrena fue más que evidente lo que, además, le ha atesorado en el Cielo una riqueza espiritual sin parangón en aquellos lares divinos.

 

9.

No debemos olvidar, y es otra virtud, que la Virgen María mantiene la esperanza en un nivel más que alto. En primer lugar porque la fe nace de la esperanza y eso nos permite decir, sin temor a equivocarnos, que quien tiene tanta fe como para declararse “esclava del Señor” y someterse a su entera voluntad ha de ser persona de una virtud como es tal que lo es cardinal.

Sobre esto debemos decir que no vaya a creer nadie que el hecho de tener esperanza quiera decir que podamos excluir el temor o la incertidumbre de nuestra vida. Y es que eso es lo que manifestó María cuando se extrañó que el Ángel le dijera que iba a concebir sin haber, ella, conocido varón. Sin embargo, no es menos cierto que a mayor esperanza, menor es el temor y menor, aún, la incertidumbre. Por eso acabó por pronunciar el “fiat”. Y eso demuestra que era mujer de esperanza.

En cuanto a la esperanza, a lo que supone de, en fin, entrega a Dios, ya había escrito el salmista (digamos, ahora, que el Rey David) aquello de “Más para mí, mi bien es estar junto a Dios. He puesto mi cobijo en el Señor” (Sal 77, 28) y eso es lo que hace, exactamente, la Virgen Santísima cuando, en efecto, se cobija en su Dios que es el nuestro.

Tal cobijo, por ejemplo, lo manifiesta cuando se aquieta ante la situación en la que se encuentra al verse abocada a dar a luz en un establo. Confía en Dios, tiene fe y, de la misma, nace la esperanza de saber que está en manos del Todopoderoso y que jamás la va a abandonar ni a ella ni a su hijo; lo mismo decimos de cuando tuvo que ir rauda a Egipto tras el aviso de que corría su hijo Jesús; y otro tanto cuando lo de Caná y las bodas a la que nos hemos referido arriba.

Todo, pues, apunta a que María es mujer esperanzada y, es más, pone en tal esperanza (que es lo mismo que decir en las manos de Dios) la existencia no sólo de sí misma sino del mismísimo Hijo de Dios. ¿Es que, acaso, iba a fallar Dios en esta ecuación?

En todo caso, la esperanza, tenerla y sustentar una vida en la misma, es algo más que dejarse hacer por Dios. Y es que viene a ser como si dejáramos de pensar que somos autosuficientes y que nos bastamos nosotros solos para hacer lo que tenemos que hacer y para llevar a cabo lo que debamos llevar a cabo. No. Nosotros, al igual que la Virgen María, nos sustentamos esperanzados en la voluntad de Aquel que nos ha creado y nos mantiene y aunque no tengamos que salir huyendo (otros, para su desgracia, sí deben salir huyendo de sus casas y naciones por causa de persecución religiosa) es bien cierto que podemos estar sometidos a otras situaciones, seguramente, menos dolorosas pero no menos preocupantes para nosotros y nuestra existencia de fe. Y si, como María, sostenemos la vida sobre la esperanza de sabernos amparados y protegidos por Dios, no iremos por el mundo con una preocupación que exceda del ahora mismo. Dios, en la distancia espiritual que nos separa de Él, nos mira y nos ama. Y ella, la Madre, nuestra Madre, permanece, mediadora de esperanza, ante los pies del Creador. 

10.

Que María tiene un amor ardiente a Dios que manifiesta tantas y muchas veces a lo largo de su vida es algo que tenemos por cierto y verdad.

En realidad, esto resulta la mar de sencillo. Queremos decir hablar del amor que María tenía por su Creador. Y es que nadie como ella (salvo Jesucristo, claro está), su propia Madre, podía manifestar lo que era amar a Quien la había creado y había escogido como Madre.

Sabemos, sobre esto, que María tuvo muchos “privilegios” de parte de Dios. Y es que ¿quién no hace lo que puede por su propia madre?, ¿No iba a hacer eso mismo el Todopoderoso?

Si ella, por ejemplo, nació sin la mancha del pecado original, no era porque sí sino porque Dios había querido, para su Madre, una tal naturaleza limpia y blanca; y si a ella no se le conoce pecado es porque el Creador veló para que el Maligno no emponzoñase con su veneno maldito.

Por eso, y por muchas más cosas que, seguramente, no conocemos ahora y sólo conoceremos cuando, Dios quiera, estemos en el Cielo junto a nuestra Madre, María tenía un amor, digámoslo sin temor, desmedido, fuera de toda medida, por el Padre de todos los hombres.

Digamos que el amor por Dios consumía las entrañas de la Virgen María. Por eso proclama el Magnificat con pleno conocimiento de lo que dice y no por medio de ninguna forma dictada fuera de sí. Ella sabe y, por tanto, ella dice lo que sabe y nadie puede contradecir tales santas palabras. Y lo hace así (y no de otra manera) porque su amor no tiene límites y se sale de su corazón volando hacia el de su Padre que es, por misteriosa voluntad de Dios, su descendencia…

Pero sobre esto no nos podemos callar lo que debería ser obvio en un hijo de Dios pero no siempre lo es. Sí, sin embargo, lo es en María. Y nos referimos a que haya correspondencia entre lo que se dice que se cree y lo que, en efecto, se muestra que se cree. Y no vaya a creerse nadie que se trata, esto, de un trabalenguas. Es algo más sencillo pero, ¡tantas veces!, tan difícil de llevar a cabo.

Con todo esto queremos decir que para María no había diferencia entre amar a Dios y hacer lo que Dios quería que hiciese. Eso ya lo hemos dicho muchas veces aquí pero conviene no olvidar que todo lo que pudo sufrir a lo largo de su vida como Madre de Dios lo sufrió porque creía que debía sufrirlo y porque, en definitiva, tenía un amor grande por Quien la había creado.

A lo mejor si ponemos un ejemplo se nos entienda mejor.

Quien ama hace toda clase de sacrificios por la persona amada. Es más, sería capaz de dar hasta su propia vida si hubiese menester. Y eso nadie lo puede dudar porque entra dentro de la naturaleza humana. Todo, pues, se hace con gusto y toda razón de existencia tiene un nombre y unos apellidos que centran, esperando que sea para siempre, la propia existencia. Todo, pues, se hace por amor.

Y eso es lo que hace la Virgen María.

De todas formas, es tan sencillo comprender que aquella joven de una aldea judía hiciera suyo aquel “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón” propio del Primer Mandamiento de la Ley del Todopoderoso, que no hacen faltan muchas palabras para dar a entender que ella amaba a Dios, primero, porque quería y, luego, porque debía frente a los que sólo lo aman porque deben sin tener en cuenta el querer que es lo mismo que sin tener en cuenta la propia voluntad amante del Creador.

11.

María, claro, es mujer de oración.

Se suele representar a la Virgen María en oración antes de que entrara a su presencia el Ángel Gabriel. Y a nadie extraña tal postura o posición orante porque nos podemos imaginar, sin forzar mucho tal posibilidad humana, a la Madre de Jesucristo dirigiéndose al Creador de una forma ardiente y ferviente.

María, seguramente, amaba la soledad en la que se dirigía a Dios en la oración. Por eso el Ángel Gabriel dijo aquello de que “El Señor está contigo”. No te sientas sola, casi podríamos añadir, porque no lo has estado jamás ni lo estarás nunca.

Pero María oraba de forma perseverante. Como joven entregada en cuerpo y alma, castidad y fe, habría pedido muchas veces a Dios que enviara al Mesías prometido. Sabía que su pueblo, Israel, necesitaba un Salvador y no podía, sino, dirigirse a Dios para que cumpliese aquella antigua promesa. Lo que ella no sabía, aún, era que había escogido, precisamente, a una joven que, como ella, oraba con insistencia y sin pedir nada que no fuera bueno para su pueblo.

La oración de María tuvo que ser pura, limpia, sin las asechanzas del egoísmo que tantas veces atenaza el corazón del orante. Ella, al contrario, pedía a Dios según era: pura con toda pureza, limpia de corazón y alma preparada para la respuesta del Todopoderoso. Y a fe que la obtuvo.

No por casualidad dice San Jerónimo, en lo referido a la búsqueda de la soledad para orar por parte de María, que en hebreo la palabra “virgen” significa, hablando de forma literal, “virgen retirada” y es lo que se refería el profeta Isaías cuando en 7, 14 escribió aquello de “He aquí que la virgen está encinta y va a dar a luz un hijo y le pondrá el hombre de Emmanuel”. Soledad buscada, virgen que será la Santa Virgen María. Por eso escribiría Oseas (2, 16) “La llevaré a la soledad y le hablaré al corazón”.

De todas formas, ¿no buscaría Cristo la soledad, la ausencia de otros, en el Huerto de los Olivos para orar al Padre?

12.

Y, por fin, María es virginalmente pura.

La consagración de la Virgen María a Dios desde bien pequeña es un dato que se ha dado por bueno desde el principio de los tiempos cristianos. Es decir, a lo mejor no está escrito pero es algo que la Tradición da por cierto y verdad y no sin sentido alguno sino por la vida que llevó la Madre de Dios.

Ella “no había conocido varón” (como le dijera al Ángel Gabriel) no porque no hubiera tenido ocasión siendo una joven bella. No. Ella no había conocido varón porque no había querido conocerlo a fuerza, por gozo y gusto, de entregarse a Dios en tal sentido. Por eso María había sido especialmente agraciada, llena de dones, por el Todopoderoso.

La aceptación de María de lo que le había propuesto el Enviado de Dios tenía su razón de ser en el hecho de que no habría menoscabo en su virginidad: ella era virgen antes de la Encarnación, durante el parto y, luego del mismo. Sería siempre virgen y pura como lo había querido ser en honor a su Dios, a su Señor, a su Padre del Cielo.

Pero es que la pureza de María tiene un más allá del mismo hecho de su virginidad. Y es que el Todopoderoso quería que tal limpieza, sin mancha alguna, sirviera de ejemplo a lo que sería la Iglesia, luego llamada católica por el paso del tiempo y los aconteceres históricos; y, es más, quiso Dios que la Virgen María sirviera, en general, a toda la humanidad, como ejemplo de virginidad.

Ella no había querido manchar su pureza con las impurezas del mundo. Por eso podría parecer que estaba algo alejada del sexo contrario en sus relaciones mundanas. Sin embargo, tal consideración de su sentido puro y virginal equivoca de lleno el tiro: no se trata de que aquella joven judía no quisiese mantener relaciones, siquiera, con su desposado José sino que tenía una buena razón, no caprichosa o mojigata, que cumplir: amaba a Dios por encima de todas las cosas y eso le impedía hacer según qué cosas.

Hemos visto, hasta ahora, que hay de todo en las doce virtudes que muestra, que nos muestra, la Virgen María. Por eso decimos que se ha presentado, al selfie, más que guapa. Vamos, espiritualmente maravillosa.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Nazareno

Para entrar en la Liga de Defensa Católica

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A la venta la 2ª edición del libro inédito del beato Lolo

Segunda edición del libro inédito del beato Lolo

Ya está disponible la 2ª edición de Las siete vidas del hombre de la calle, libro inédito de nuestro querido beato Lolo. La acogida ha sido tal que hemos tenido que reeditarlo para atender la creciente demanda del mismo: amigos de Lolo y su obra, para regalar, para centros de lectura y bibliotecas, librerías,… innumerables destinos para los hemos realizado una segunda edición de hermoso e inédito libro.


Si aún no lo compraste o si aún no lo regalaste ¡ahora es el momento de pedirlo!
portada del libro Las siete vidas del hombre de la calle, segunda edición, del beato Lolo

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Ahora puedes adquirir tu ejemplar de la 2ª edición del libro inédito del Beato Lolo, escrito en el año 1960, “Las siete vidas del hombre de la calle”, pidiéndolo en:

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Colaboración económica: 6 € + gastos de envío

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Seguro que la Virgen María accede a hacerse con nosotros el selfie. Y es que es Madre, no lo podemos negar, muy consentidora con sus hijos.

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22.05.18

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Regalos de Dios – Recuento de beneficios – 6 - El verdadero cariño.

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

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Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Durante unas semanas, si Dios quiere, vamos a dedicar el comentario de los textos de Lolo a un apartado particular del libro citado arriba de título “Recuento de beneficios” donde hace indicación de los beneficios de la relación del Beato con el Todopoderoso.

Recuento de beneficios – 6 – El verdadero cariño

 

“El del Cariño, que florece en las mejillas de los que acercan sus gestos de amistades auténticas, desposeídas de su costra de intereses”.

 

El amor hacia el prójimo no es que sea algo que, a lo mejor, se recomienda por parte de Jesucristo y de Dios sino que forma parte de lo esencial del discípulo del Mesías.

El Beato Manuel Lozano Garrido sabe que no es cosa baladí tener muy en cuenta al otro porque el Otro, por antonomasia, amó a sus hermanos los hombres y en muchas ocasiones les mostró un cariño a prueba de todo lo que pudiera parecer imposible. Y por eso Lolo entiende que eso, el cariño, es un don de Dios y un regalo del Creador a su descendencia.

Se nota. El cariño, tenido muy en cuenta por Lolo, se nota y se ha de notar. Y queremos decir con eso que no se puede esconder debajo de ningún celemín que se le tiene al prójimo sino que, al contrario, ha de verse claramente reflejado. Es, por decirlo así, la otra cara de la moneda de lo que Cristo no quiere que sea haga con hipocresía (mostrar que se ayuna, orar con aspavientos, etc.) y, por eso mismo, una actitud no sólo recomendable sino, lo decimos como es, exigible a todo hermano del Hijo de Dios.

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21.05.18

Serie Venerable Marta Robin – Sobre la pasión en sí misma vivida - Dones de Cristo

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Sobre la pasión en sí misma vivida – Dones de Cristo

 

Marta Robin vivió la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo desde 1930. Y es que entre desde el jueves por la noche (21 horas) hasta el mediodía del domingo, pasó por los estados físicos que sufrió el Mesías.

Pues bien, nuestra Venerable francesa describe la íntima comunión con Jesucristo que le permite, como dice el autor del libro aquí traído, “sobrepasar el sufrimiento para encontrar el Corazón de Cristo”:

 

“El alma está en intimidad de Amor y de sufrimiento con Él. (…) En su divina voluntad, en su Amor. (…) Jesús se me aparece en tales momentos a veces en su humanidad dolorosa, a veces gloriosa y triunfante (…) mostrándome su corazón amante y doloroso” (Cuaderno 22, 17 y 18 de enero de 1945)”.

 

Cuando se sufre como sufrió nuestra hermana, y Venerable, Marta Robin, no es poco el consuelo que le puede producir el contacto con el Hijo de Dios que es, como bien sabemos, el ejemplo más extremo en cuanto a sufrimiento.

Que Marta Robin pasó por la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo (queremos decir que padeció la misma) es bien sabido. Esto debería suponer el afianzamiento, en nuestros corazones, del amor por quien, con aquel sufrimiento, supo responder de forma tan buena ante tal situación. Y si, además, nosotros nos podemos beneficiar de su especial paso por el sufrimiento… en fin, mejor que mejor. Y es que estamos seguros de que eso no va a molestar a nuestra hermana en la fe.

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20.05.18

La Palabra del Domingo - 20 de mayo de 2018

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Jn 20, 19-23

 

19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar  donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros.’ 20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. 21    Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió,  también yo os envío.’ 22 Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. 23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.’”

      

 

 

COMENTARIO

 

Los poderes de Dios y de Cristo

 

Para que  todo lo que hizo tuviera sentido tuvo que aparecerse, Jesús, a sus discípulos que, con miedo, estaban escondidos. Y no es de extrañar que tuvieran miedo pues sabían cómo se las podían gastar los miembros de su mismo pueblo. Estaban acostumbrados a matar a los que anunciaban la voluntad de Dios (muchas veces lo habían hecho a lo largo de su historia) y no pararían ante nada para acabar con los seguidores de Aquel a quien habían colgado en una cruz y le habían hecho morir de muerte infamante porque, para ellos, era la única forma de terminar, para siempre, con aquel dolor de cabeza y de bolsillo que había supuesto el Maestro de Nazaret. 

Pero Jesús sabía que debía dirigirles la palabra, la Palabra.  Y se aparece ante ellos. El texto no dice que abrió la puerta y allí entró sino que se presentó y sí dice que las puertas estaban cerradas. 

El caso es que Jesús había alcanzado el estado de espiritualización del cuerpo resucitado y podía atravesar paredes. Por eso allí se aparece sin problema alguno de puertas cerradas ni nada por el estilo. 

Sólo así comprendieron todos los, para ellos, extraños mensajes  que habían recibido de Él y que, en su tiempo, no entendieron. 

Y se presentó ante ellos con la paz por delante, como deseándoles lo mejor, la tranquilidad del alma, la mejor forma de manifestarse, la expresión pura y simple de su ser. 

Sin embargo, es posible que no fuera suficiente pues para aquellos que lo habían visto morir todo lo que estaba sucediendo les venía, en exceso, grande. Necesitaban algo más contundente que les hiciera caer de aquel caballo de incredulidad en el que aún andaban subidos. 

Por eso les enseña las heridas de su Pasión. Heridas que a más de uno, otro día, hicieran exclamar aquello de “Señor mío y Dios mío”. 

Pero aún debía dar un paso más que resultó impagable para la vida de la humanidad que debía continuar su camino sin la presencia física del Maestro. Y es que era fundamental que, sobre ellos, exhalara el Espíritu Santo; que, como prometió, fuera conveniente, para ellos que Él se fuera, se marchara al Padre, porque enviaría otro Paráclito, otro Defensor, ese Espíritu que les iba a guiar, dirigir, marcar el camino hacia Dios. 

Y también llevó a cabo el primer envío después de darles a aquel. Una misión: predicar el Evangelio, esa Buena Noticia que debían de llevar a todos,  con el poder de perdonar pecados, y de retener los que creyeran que debían ser retenidos. Todo un poder legítimo, significativo, creador de un nuevo mundo basado en su ejemplo, en su amor, en la Verdad que Él trajo, otros brazos para Dios.

 

PRECES

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no confían en el Espíritu Santo. 

Roguemos al Señor.

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no aceptan la paz del Señor. 

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN

 

Padre Dios; ayúdanos a llevarte a todo el que no te conozca.

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 Nazareno

 

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

La Paz de Jesucristo no es una paz cualquiera porque la da Dios mismo.

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Para leer Fe y Obras.

 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

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19.05.18

Serie “Al hio de la Biblia- Y Jesús dijo…” – Servir; otra vez servir

Sagrada Biblia

Dice S. Pablo, en su Epístola a los Romanos, concretamente, en los versículos 14 y 15 del capítulo 2 que, en efecto, cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia, y los juicios contrapuestos de condenación o alabanza. Esto, que en un principio, puede dar la impresión de ser, o tener, un sentido de lógica extensión del mensaje primero del Creador y, por eso, por el hecho mismo de que Pablo lo utilice no debería dársele la mayor importancia, teniendo en cuenta su propio apostolado. Esto, claro, en una primera impresión.

Sin embargo, esta afirmación del convertido, y convencido, Saulo, encierra una verdad que va más allá de esta mención de la Ley natural que, como tal, está en el cada ser de cada persona y que, en este tiempo de verano (o de invierno o de cuando sea) no podemos olvidar.

Lo que nos dice el apóstol es que, al menos, a los que nos consideramos herederos de ese reino de amor, nos ha de “picar” (por así decirlo) esa sana curiosidad de saber dónde podemos encontrar el culmen de la sabiduría de Dios, dónde podemos encontrar el camino, ya trazado, que nos lleve a pacer en las dulces praderas del Reino del Padre.

Aquí, ahora, como en tantas otras ocasiones, hemos de acudir a lo que nos dicen aquellos que conocieron a Jesús o aquellos que recogieron, con el paso de los años, la doctrina del Jristós o enviado, por Dios a comunicarnos, a traernos, la Buena Noticia y, claro, a todo aquello que se recoge en los textos sagrados escritos antes de su advenimiento y que en las vacaciones veraniegas se ofrece con toda su fuerza y desea ser recibido en nuestros corazones sin el agobio propio de los periodos de trabajo, digamos, obligado aunque necesario. Y también, claro está, a lo que aquellos que lo precedieron fueron sembrando la Santa Escritura de huellas de lo que tenía que venir, del Mesías allí anunciado.

Por otra parte, Pedro, aquel que sería el primer Papa de la Iglesia fundada por Cristo, sabía que los discípulos del Mesías debían estar

“siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3, 15)

Y la tal razón la encontramos intacta en cada uno de los textos que nos ofrecen estos más de 70 libros que recogen, en la Antigua y Nueva Alianza, un quicio sobre el que apoyar el edificio de nuestra vida, una piedra angular que no pueda desechar el mundo porque es la que le da forma, la que encierra respuestas a sus dudas, la que brota para hacer sucumbir nuestra falta de esperanza, esa virtud sin la cual nuestra existencia no deja de ser sino un paso vacío por un valle yerto.

La Santa Biblia es, pues, el instrumento espiritual del que podemos valernos para afrontar aquello que nos pasa. No es, sin embargo, un recetario donde se nos indican las proporciones de estas o aquellas virtudes. Sin embargo, a tenor de lo que dice Francisco Varo en su libro “¿Sabes leer la Biblia? “ (Planeta Testimonio, 2006, p. 153)

“Un Padre de la Iglesia, san Gregorio Magno, explicaba en el siglo VI al médico Teodoro qué es verdaderamente la Biblia: un carta de Dios dirigida a su criatura”. Ciertamente, es un modo de hablar. Pero se trata de una manera de decir que expresa de modo gráfico y preciso, dentro de su sencillez, qué es la Sagrada Escritura para un cristiano: una carta de Dios”.

Pues bien, en tal “carta” podemos encontrar muchas cosas que nos pueden venir muy bien para conocer mejor, al fin y al cabo, nuestra propia historia como pueblo elegido por Dios para transmitir su Palabra y llevarla allí donde no es conocida o donde, si bien se conocida, no es apreciada en cuanto vale.

Por tanto, vamos a traer de traer, a esta serie de título “Al hilo de la Biblia”, aquello que está unido entre sí por haber sido inspirado por Dios mismo a través del Espíritu Santo y, por eso mismo, a nosotros mismos, por ser sus destinatarios últimos.

Por otra parte, es bien cierto que Jesucristo, a lo largo de la llamada “vida pública” se dirigió en múltiples ocasiones a los que querían escucharle e, incluso, a los que preferían tenerlo lejos porque no gustaban con lo que le oían decir.

Sin embargo, Jesús decía lo que era muy importante que se supiera y lo que, sobre todo, sus discípulos tenían que comprender y, también, aprender para luego transmitirlo a los demás.

Vamos, pues, a traer a esta serie sobre la Santa Biblia parte de aquellos momentos en los que, precisamente, Jesús dijo.

 

Servir; otra vez servir

 

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Y Jesús dijo… (Mc 9, 35)

 

“Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: ‘Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos’”.

 

No podemos negar que cuando el Hijo de Dios quiere plantear algo que es enrevesado se las apaña para que, en efecto, lo sea. Sin embargo, es muy bueno saber que lo que nos dice aquí nos viene la mar de bien para nuestra propia salvación eterna.

¡Sí! Y es que Jesucristo, que quiere más que mucho a sus hermanos los hombres, no quiere que se pierda ni uno de ellos aunque, bien sabemos, muchos sí se pierden…

El caso es que esto del servicio lo plantearía en la Última Cena al lavar los pies a los discípulos pero ahora, ahora mismo, ya los está preparando para que comprendieran lo importante que era el servicio y, con él, servir.

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18.05.18

Serie “De Ramos a Resurrección” - Los que permanecen ante la Cruz

De-ramos-a-resurrección

En las próximas semanas, con la ayuda de Dios y el permiso de la editorial, vamos a traer al blog el libro escrito por el que esto escribe de título “De Ramos a Resurrección”. Semana a semana vamos a ir reproduciendo los apartados a los que hace referencia el Índice que es, a saber:

Introducción                                        

I. Antes de todo                                           

 El Mal que acecha                                  

 Hay grados entre los perseguidores          

 Quien lo conoce todo bien sabe               

II. El principio del fin                          

 Un júbilo muy esperado                                       

 Los testigos del Bueno                           

 Inoculando el veneno del Mal                         

III. El aviso de Cristo                           

 Los que buscan al Maestro                      

 El cómo de la vida eterna                              

 Dios se dirige a quien ama                      

 Los que no entienden están en las tinieblas      

 Lo que ha de pasar                                 

Incredulidad de los hombres                    

El peligro de caminar en las tinieblas         

       Cuando no se reconoce la luz                   

       Los ánimos que da Cristo                  

       Aún hay tiempo de creer en Cristo            

IV. Una cena conformante y conformadora 

 El ejemplo más natural y santo a seguir          

 El aliado del Mal                                    

 Las mansiones de Cristo                                

 Sobre viñas y frutos                               

 El principal mandato de Cristo                         

       Sobre el amor como Ley                          

       El mandato principal                         

Elegidos por Dios                                    

Que demos fruto es un mandato divino            

El odio del mundo                                   

El otro Paráclito                                      

Santa Misa                                             

La presencia real de Cristo en la Eucaristía        

El valor sacrificial de la Santa Misa                   

El Cuerpo y la Sangre de Cristo                 

La institución del sacerdocio                     

V. La urdimbre del Mal                         

VI. Cuando se cumple lo escrito                 

En el Huerto de los Olivos                              

La voluntad de Dios                                        

Dormidos por la tentación                        

Entregar al Hijo del hombre                            

Jesús sabía lo que Judas iba a cumplir       

La terrible tristeza del Maestro                  

El prendimiento de Jesús                                

       Yo soy                                            

       El arrebato de Pedro y el convencimiento   

       de Cristo

Idas y venidas de una condena ilegal e injusta  

Fin de un calvario                                   

Un final muy esperado por Cristo              

En cumplimiento de la Sagrada Escritura

La verdad de Pilatos

Lanza, sangre y agua

 Los que permanecen ante la Cruz                   

       Hasta el último momento                  

       Cuando María se convirtió en Madre          

       de todos

 La intención de los buenos                      

       Los que saben la Verdad  y la sirven          

VII. Cuando Cristo venció a la muerte        

El primer día de una nueva creación                 

El ansia de Pedro y Juan                          

A quien mucho se le perdonó, mucho amó        

 

VIII. Sobre la glorificación

 La glorificación de Dios      

Cuando el Hijo glorifica al Padre                       

Sobre los frutos y la gloria de Dios                  

La eternidad de la gloria de Dios                      

La glorificación de Cristo    

Primera Palabra                                             

Segunda Palabra                                           

Tercera Palabra                                             

Cuarta Palabra                                               

Quinta Palabra                                        

Sexta Palabra                                         

Séptima Palabra                                     

 

Conclusión   

 El libro ha sido publicado por la Editorial Bendita María. A tener en cuenta es que los gastos de envío son gratuitos.

  

“De Ramos a Resurrección” -  Los que permanecen ante la cruz

“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, maría, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre

y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: ‘mujer, ahí tienes a tu hijo.’

Luego dice al discípulo: ‘ahí tienes a tu madre.’ Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa”

(Jn 19, 25-27)

 

Hasta el último momento

Cuando Jesús se encontraba en el Huerto de los Olivos y llegó el momento crucial en el que fue detenido podemos decir que la actitud de los que le acompañaban no fue de lo más valiente que se podía esperar. Una vez Pedro desenvainó la espada y tuvo que dejar de utilizarla por mandato de Jesús cundió el miedo:

“Y abandonándole huyeron todos” (Mc 14, 50).

 “Entonces los discípulos le abandonaron todos y huyeron” (Mt 26, 56).

 

No es nada extraño, humanamente hablando, que los que acompañaban a Jesús se temiesen lo peor porque tampoco hubiera sido extraño que, allí mismo, les hubieran causado algún daño irreparable o que, simplemente, los hubieran detenido. Y huyeron aunque, como dice el evangelio de san Lucas (22, 54) “Pedro le iba siguiendo de lejos.”

Luego, ya sabemos qué pasó con el apóstol que tanto había prometido defender a Jesús y entregarse en las mismas condiciones que su Maestro:

“Habían encendido una hoguera en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro se sentó entre ellos. Una criada, al verle sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: ‘este también estaba con él.’ Pero él lo negó: ‘¡mujer, no le conozco!’ Poco después, otro, viéndole, dijo: ‘Tú también eres uno de ellos.’ Pedro dijo: ‘¡Hombre, no lo soy!’ Pasada como una hora, otro aseguraba: ‘cierto que éste también estaba con él, pues además es galileo.’ Le dijo Pedro: ‘¡Hombre, no sé de qué hablas!’ Y en aquel momento, estando aún hablando, cantó un gallo,y el señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del señor, cuando le dijo: ‘antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces’” (Lc 22, 55-61).

Siaqueleraelprimero de entre ellos… ¿qué sería de los demás? Uno, por ejemplo, se negaría a reconocer que Jesús había resucitado (Tomás); de los otros, incluido el incrédulo, no se sabe hasta que se les encuentra escondidos por miedo a los judíos (cf. Jn 20, 19). El caso es que la desbandada fue general y que todos abandonaron a Jesús en aquellas circunstancias.

¿Todos?

Gracias a Dios no la totalidad de los que seguían a Jesús quisieron mirar para otro lado y lo más lejos posible sino que hubo honrosas excepciones que confirmaron, no obstante, la regla. Es decir, no todos dejaron solo al Maestro. 

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17.05.18

El rincón del hermano Rafael - "Saber esperar" - Ansia de vida eterna

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

 

“Saber Esperar”  - Ansia de vida eterna

  

“¡Qué ansias de vida eterna le entran el alma que conoce a Jesús!… ¡Qué pequeño es todo, Hermano, qué pequeño y deleznable es todo lo que no es Jesús!”

El hermano Rafael pone una condición, digamos, sine qua non, a través de la cual (cumpliéndola) se alcanza la vida eterna. Y por ser del tipo que es no se puede hacer otra cosa que cumplirla.

Lo que todo hijo de  Dios ansía (y si no lo ansía debería preocuparse en cuanto a su fortaleza espiritual) es habitar las praderas del definitivo Reino del Todopoderoso. Otra cosa no tendría sentido alguno.

La condición a la que antes nos hemos referido es la de conocer a Jesús.

Conocer al Hijo de Dios no es algo que sea fácil aunque, seguramente, lo que no es fácil es conocerlo y, luego, actuar en consecuencia. Y es que lo que pasa es que solemos disfrazar nuestras carencias con malas excusas…

Pues bien, al parecer, el alma necesita conocer a Jesús. Entonces, una vez lo conoce, lo que ansía sólo puede tener relación con la vida eterna.

La vida eterna es una gran meta. Por tanto, es una situación espiritual que se quiere, que se anhela y, en fin, que se ansía. Y eso lo dice San Rafael Arnáiz Barón que, llevando una vida acorde a la voluntad de Dios, su Padre y el nuestro, ha alcanzado el definitivo del Padre Eterno del que hemos hablado arriba.

Cuando se conoce a Jesús, digamos, el alma se pone en situación de habitar alguna de las mansiones que el Hijo de Dios está preparando para ella y para otras muchas que han aceptado su mesiánica misión y su filiación divina.

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16.05.18

Serie “Un selfie con la Virgen María”. Recomendaciones para hacer un buen selfie con la Virgen María

 

 Un selfie con la Virgen María                         Un selfie con la Virgen María

 

  

No podemos negar que muchas veces nos sorprenden los inventos que el hombre, con la ayuda inestimable de los dones de Dios, es capaz de llevar a cabo. Por eso estamos donde estamos en este siglo XXI y no nos hemos quedado quietos en aquellos primeros momentos de nuestra creación. Podemos decir, y no nos equivocaremos, que el Padre nos dio un corazón, además de limpio (aunque luego pasó lo que pasó) muy proclive a hacer rendir las neuronas. 

Haciendo de esto algo de humor negro, hasta el pobre Caín hizo algo impensable con una quijada de animal. Le dio uno uso que, con toda seguridad, no era el que tenía destinado a tener. Y es que el hombre, hasta en esto, es capaz de hacer algo nuevo con lo viejo. 

Esto, de todas formas, lo dejamos escondido (esto sí), bien escondido, debajo de algún celemín para que se vea lo mínimo posible y no dar malas ideas a nadie… 

En fin. El caso es que, como decimos, somos capaces de inventar lo inimaginable. Hasta hay quien dice que algunos tratan de descubrir la inmortalidad. Y es que esto ha sido, desde que el hombre es hombre, el sueño inalcanzable de todo aquel que no sabe dónde tiene su límite y, sobre todo, el de quien ignora, al parecer, que el único que es eterno de toda eternidad es Dios quien, no por casualidad, nos ha creado a cada uno de nosotros con el concurso de nuestros asustados padres terrenos. 

De todas formas, todo lo que, al ser inventado, sirva para el bien de la humanidad ha de tener en refrendo, la aprobación, de todo aquel que se sabe hijo de Dios y quiere, como es lógico, que las cosas vayan mejor si es que eso supone que vayan por el camino trazado por Dios para su descendencia humana. Y es que hay quien, inventando, no hace más que equivocar parte de la senda y se sale de ella con algún que otro mal pretexto de egoísmo personal. Pero a tales personas no va dirigido esto, aunque, bien pensado, a lo mejor podrían cambiar el rumbo y volverse a situar en el camino de ladrillos como si se tratase del mítico Mago de Oz sabiendo, eso sí, que su destino es mucho mejor que la de aquel grupo escaso de amigos bien extraños. 

Cuando en la famosa zarzuela se dice aquella famosa frase de “es que las ciencias avanzan que es una barbaridad” no nos sorprende nada que quisiesen referirse a inventos puramente humanos. Y es que aquellos, en aquellos antiguos tiempos, aún tenían mucho que conocer y cada apertura del conocimiento era como abrir una ventana hacia un futuro que, cada día, se presentaba más sorprendente. Sin embargo, nosotros no nos referimos a eso sino a otro tipo de inventos que tienen todo de espiritual aunque pudiera parecer que no hacemos, sino, uso de algo que está echando su cuarto a espadas en cuanto acercamiento entre personas o, simplemente, acontecimientos en los que queremos estar presentes de una forma tan directa que pareciera que no queremos perdernos ninguno de ellos. 

Nos referimos, claro está, a la utilización de la técnica fotográfica para dejar constancia de nosotros mismos en tal o cual situación. Y sí, nos referimos al palabro inglés que, de uno mismo, un en sí mismo, hace una realidad presente: el selfie. 

Alguien puede decir que estamos algo equivocados porque ¿qué tiene que ver con la fe cristiana, aquí católica, esto de tal tipo de imágenes? 

Sin embargo, no queriendo contrariar tal pensamiento, podemos decir que podemos hacer uso de tal avance de la técnica para hacernos, eso, un selfie, pero con alguien muy especial para nosotros. Y es que si hay alguien que no esté de acuerdo en hacerse uno con la Madre de Dios, digamos, en directo, que levante la mano y lo diga. Y no decimos que tire la primera piedra porque siempre puede haber quien tenga afición a echar, sobre los demás, sus culpas propias… 

Todo lo dicho hasta ahora, ahí arriba, es para animarnos a usar tal técnica pero aplicándola a una hipotética sesión fotográfica que, de improviso, nos pudiera surgir. Y no queremos referirnos a ningún tipo de aparición de la Virgen María (la Madre sabe qué hacer a tal respecto) sino a una imaginaria situación que se nos pudiese presentar sin nosotros haberlo esperado. 

De todas formas, no podemos negar que nuestra Madre del Cielo estaría más que dispuesta a tal tipo de situación pues ¿qué mejor para Ella que siempre nos quiere cerca que tenernos a tan escasa distancia del alma? 

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15.05.18

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Regalos de Dios – Recuento de beneficios – 5- Sobre el prójimo.

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

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Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Durante unas semanas, si Dios quiere, vamos a dedicar el comentario de los textos de Lolo a un apartado particular del libro citado arriba de título “Recuento de beneficios” donde hace indicación de los beneficios de la relación del Beato con el Todopoderoso.

Recuento de beneficios – 5 – Sobre el prójimo

 

“El del Amor Humano, con la presencia continua y el prodigio inagotable de un corazón que se da y que renace gigante en la entrega”.

 

Considera el Beato Manuel Lozano Garrido que, lo mismo que otros bienes y dones entregados por Dios, el prójimo es otro bien, otro don. Pero es que, entonces y además, también lo es el propio Amor Humano, que escribe con mayúsculas porque no es poca cosa que sea importante sino que es de lo más importante que el ser humano ha de tener en cuenta en su vida.

El prójimo, para quien se sabe hijo de Dios y es consciente de lo que eso significa, no es “alguien” que está ahí, sí, puesto por Dios, pero a quien no se le presta excesiva importancia. Al contrario es la verdad: forma parte de los Mandamientos de la Ley de Dios que ser refieren, y no por casualidad, al otro, a quien se ha de respetar, no robar, no matar, no codiciar lo suyo, etc.

Vemos, por tanto, que el prójimo no deja de tener importancia para Lolo y, es más, al mismo (por así decirlo) dedicó el esfuerzo de su existencia terrena siendo ejemplo de entrega en el sacrificio y de amor a Dios en el sufrimiento.

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14.05.18

Serie Venerable Marta Robin – Sobre la pasión en sí misma vivida – Glorificar a Dios a través del sufrimiento y de Cristo

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Sobre la pasión en sí misma vivida – Glorificar a Dios a través del sufrimiento y de Cristo

 

“Es por mis manos divinas por las que te fijo en la Cruz, para que por mi Cruz te ofrezcas y glorifiques al Padre conmigo y como Yo”.

 

En la vivencia de la Pasión de Nuestro Señor por parte de nuestra hermana Marta, palabras del Hijo de Dios hay que serenan su alma y le facilitan pasar por tan difícil trago físico. Y las que aquí traemos hoy sirven, más que bien, de sostén y, además, de piedra sobre la que construir con firmeza una vida espiritual sana y gozosa. Y no sobra nada porque están dichas por Quien sufrió para que ella misma se salvara y, además, tuviera privilegios propios de alguien a quien Dios quiere mucho. Eso sí, eran privilegios ganados a fuerza de sufrimientos y padeceres.

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13.05.18

La Palabra del Domingo - 13 de mayo de 2018

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 Mc 16, 15-20

 

“15 Y les dijo: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. 16    El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. 17 Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, 18 agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.’ 19 Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. 20 Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales  que la acompañaban.”

 

COMENTARIO 

 

Ascensión y confirmación de la Palabra

 

Antes de acudir, hasta su próxima venida en la Parusía, al Padre, deja un mensaje el Hijo de Dios. También deja una voluntad a aquellos que en ese momento lo ven y escuchan. Tanto una cosa como otra será fundamental para la transmisión de la Palabra de Jesús. 

El mensaje que debían de difundir es la Buena Nueva que Cristo trajo a la humanidad, la voluntad es, entiendo yo, el envío que hace a los transmisores. 

Este texto de Marcos está dividido, claramente, en tres partes, enlazada la primera con la tercera y siendo, la segunda, un, a modo, de enlace. Creemos que lo más importante en el envío que hace Cristo es el objeto del mismo: transmitir la Buena Nueva. Esa noticia que ha de salvar no es otra que el saber que el Reino de Dios ya ha llegado y que, sabiéndolo, puede resultar más fácil conocerlo y, conociéndolo, gustarlo y disfrutarlo. 

El mismo hecho de mandar, dirigir, enviar, a unas personas es ya importante en sí mismo pues significa que Jesús confía en esas personas que, tras la resurrección, han acabado de creer en todo lo que les dijo con anterioridad; además, que con su visión tras su sanguinolento suceder saben, ya, que han sido testigos del acontecimiento más importante que, desde la Creación, ha podido suceder. Es por esto que el Mesías, a pesar de saber de las dificultades con las que se encontrarían (ya les dijo que, no sólo los expulsarían de la sinagoga sino que, demás, cuando acabaran con sus vidas los que lo hicieran pensarían que lo hacían en nombre de Dios…) no duda en darles es último empujón, esa última ayuda que los confirmará en la labor que debían de llevar a cabo. 

Para que su trabajo no pudiera resultar vano sino que se apoyara en la gracia de Dios, les entrega una serie de signos, indicándoles que, a los que crean, no podrá afectarles el veneno de la serpiente (pensemos en el sentido de esto, en la picadura del mal, del pecado, que se verían libres, en cuanto creyentes), etc. Con esto lo que hacía era apoyar su designio en la forma en que la sociedad de su tiempo entendía la realidad: señales (que muchas veces le pidieron para que demostrara, así, que era quien decía que era) sobre las que apoyar sus creencias pues pareciera que con la sola predicación del Enviado parece que no había sido suficiente para convertir a muchos. 

Y lanza un mensaje que encierra el objetivo a desarrollar. El proceso es el siguiente: creer, bautizarse, salvarse. No es esto nada baladí ni carente de importancia. En primer lugar se hacía, y hace, necesario, en personas adultas o ya con suficiente uso de razón, el creer, a los que están alejados de Dios por la causa que sea. Luego, confirma esa aceptación de su voluntad con el bautismo para conseguir salvarse en tanto en cuanto se practique la voluntad de quien envió a Jesús. La salvación, pues, es trasunto de un hacer y no gratuidad sólo. A la gratuidad, que sólo tiene Dios, cabe añadir un comportarse, un hacer, un ser. 

Dado este último mensaje, a Jesús sólo le quedaba subir al Padre, ascender para confirmar todo lo dicho enviando al Defensor, al segundo Defensor, al Espíritu Santo. Así quedaría, claramente, demostrado que quien decía ser que era lo era y que ya no cabía duda alguna. “Conviene que yo me vaya”, “os conviene” diría. Sólo así el cumplimiento será total. 

En esa Ascensión interpretamos o podemos ver la perfección del contrato de Dios con el hombre: entregado el Hijo a la muerte humana (no confundamos al pensar que el Padre quería que muriese sino que eso era lo que tenía que pasar) su subida al Padre, a encontrar consigo mismo, tras su periplo de hombre, era lo único que podía suceder. 

Y tras esto, a los discípulos sólo les queda una cosa por hacer: salir a predicar, a extender, por el mundo, lo visto y oído, a comunicar a “todo el mundo” que las señales que hacían tan sólo lo eran para confirmar la Palabra, como Cristo, ya Cristo, les había dicho, superada la vida humana de Jesús. 

Haríamos, ahora mismo, y con relación a esto último escrito (lo de la superación de la humanidad de Jesús) esta pregunta: ¿cuántos de los que leen esto creen a Jesús, pero no en Cristo? Que cada cual se responda a sí mismo.

  

PRECES

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que esperan el regreso de Cristo. 

Roguemos al Señor.

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no quieren transmitir la Buena Noticia. 

Roguemos al Señor. 

 

ORACIÓN

 

Padre Dios; ayúdanos a ser transmisores fieles de la Buena Noticia.

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto. 

 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 Nazareno

 

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Por la libertad de Asia Bibi. 
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Por el respeto a la libertad religiosa.                                                                                                                                         
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Enlace a Libros y otros textos.

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

Cristo subió al Cielo a cumplir todas sus promesas. 

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Para leer Fe y Obras.

 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

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InfoCatólica necesita vuestra ayuda.

 

Escucha a tu corazón de hijo de Dios y piedra viva de la Santa Madre Iglesia y pincha aquí abajo:

 

da el siguiente paso. Recuerda que “Dios ama al que da con alegría” (2Cor 9,7), y haz click aquí.

12.05.18

Serie “Al hilo de la Biblia- Y Jesús dijo…” – Orar como ora Cristo

Sagrada Biblia

Dice S. Pablo, en su Epístola a los Romanos, concretamente, en los versículos 14 y 15 del capítulo 2 que, en efecto, cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia, y los juicios contrapuestos de condenación o alabanza. Esto, que en un principio, puede dar la impresión de ser, o tener, un sentido de lógica extensión del mensaje primero del Creador y, por eso, por el hecho mismo de que Pablo lo utilice no debería dársele la mayor importancia, teniendo en cuenta su propio apostolado. Esto, claro, en una primera impresión.

Sin embargo, esta afirmación del convertido, y convencido, Saulo, encierra una verdad que va más allá de esta mención de la Ley natural que, como tal, está en el cada ser de cada persona y que, en este tiempo de verano (o de invierno o de cuando sea) no podemos olvidar.

Lo que nos dice el apóstol es que, al menos, a los que nos consideramos herederos de ese reino de amor, nos ha de “picar” (por así decirlo) esa sana curiosidad de saber dónde podemos encontrar el culmen de la sabiduría de Dios, dónde podemos encontrar el camino, ya trazado, que nos lleve a pacer en las dulces praderas del Reino del Padre.

Aquí, ahora, como en tantas otras ocasiones, hemos de acudir a lo que nos dicen aquellos que conocieron a Jesús o aquellos que recogieron, con el paso de los años, la doctrina del Jristós o enviado, por Dios a comunicarnos, a traernos, la Buena Noticia y, claro, a todo aquello que se recoge en los textos sagrados escritos antes de su advenimiento y que en las vacaciones veraniegas se ofrece con toda su fuerza y desea ser recibido en nuestros corazones sin el agobio propio de los periodos de trabajo, digamos, obligado aunque necesario. Y también, claro está, a lo que aquellos que lo precedieron fueron sembrando la Santa Escritura de huellas de lo que tenía que venir, del Mesías allí anunciado.

Por otra parte, Pedro, aquel que sería el primer Papa de la Iglesia fundada por Cristo, sabía que los discípulos del Mesías debían estar

“siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3, 15)

Y la tal razón la encontramos intacta en cada uno de los textos que nos ofrecen estos más de 70 libros que recogen, en la Antigua y Nueva Alianza, un quicio sobre el que apoyar el edificio de nuestra vida, una piedra angular que no pueda desechar el mundo porque es la que le da forma, la que encierra respuestas a sus dudas, la que brota para hacer sucumbir nuestra falta de esperanza, esa virtud sin la cual nuestra existencia no deja de ser sino un paso vacío por un valle yerto.

La Santa Biblia es, pues, el instrumento espiritual del que podemos valernos para afrontar aquello que nos pasa. No es, sin embargo, un recetario donde se nos indican las proporciones de estas o aquellas virtudes. Sin embargo, a tenor de lo que dice Francisco Varo en su libro “¿Sabes leer la Biblia? “ (Planeta Testimonio, 2006, p. 153)

“Un Padre de la Iglesia, san Gregorio Magno, explicaba en el siglo VI al médico Teodoro qué es verdaderamente la Biblia: un carta de Dios dirigida a su criatura”. Ciertamente, es un modo de hablar. Pero se trata de una manera de decir que expresa de modo gráfico y preciso, dentro de su sencillez, qué es la Sagrada Escritura para un cristiano: una carta de Dios”.

Pues bien, en tal “carta” podemos encontrar muchas cosas que nos pueden venir muy bien para conocer mejor, al fin y al cabo, nuestra propia historia como pueblo elegido por Dios para transmitir su Palabra y llevarla allí donde no es conocida o donde, si bien se conocida, no es apreciada en cuanto vale.

Por tanto, vamos a traer de traer, a esta serie de título “Al hilo de la Biblia”, aquello que está unido entre sí por haber sido inspirado por Dios mismo a través del Espíritu Santo y, por eso mismo, a nosotros mismos, por ser sus destinatarios últimos.

Por otra parte, es bien cierto que Jesucristo, a lo largo de la llamada “vida pública” se dirigió en múltiples ocasiones a los que querían escucharle e, incluso, a los que preferían tenerlo lejos porque no gustaban con lo que le oían decir.

Sin embargo, Jesús decía lo que era muy importante que se supiera y lo que, sobre todo, sus discípulos tenían que comprender y, también, aprender para luego transmitirlo a los demás.

Vamos, pues, a traer a esta serie sobre la Santa Biblia parte de aquellos momentos en los que, precisamente, Jesús dijo.

 

Orar como ora Cristo

 Resultado de imagen de Les dijo: Esta clase con nada puede ser arrojada sino con a oración.

Y Jesús dijo… (Mc 9, 29)

 

“Les dijo: ‘Esta clase con nada puede ser arrojada sino con a oración”.

 

Sabemos lo que había pasado acerca de aquel demonio que tenía dominado al muchacho que le presenta el padre a Jesús. Y, francamente lo decimos, la respuesta que da el Hijo de Dios a los apóstoles es clara y terminante. Y es que ellos quieren saber las razones de que no hayan podido expulsar al demonio ellos mismos. Y, la verdad, no quedaron muy bien y, así, quedaron retratados… 

Ciertamente que, tanto aquellos primeros discípulos de Cristo (los Apóstoles) como los que, a lo largo de los siglos, han ido haciendo crecer la Esposa de Cristo, fundada por el Hijo de Dios, oramos. Las cosas, sin embargo, no son como nosotros creemos que son. 

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11.05.18

Reseña: Y 30: “Acercarse al Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo – 2-”.

 Acercarse al Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo – 2-                         Acercarse al Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo – 2-

Título: Acercarse al Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo -2-.

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Lulu

Páginas: 132

Precio aprox.:  4.50 € en papel – 0.99 € formato electrónico.

ISBN:  5800128269649 papel; 978-0-244-08625-1 electrónico.

Año edición: 2018

 

Los puedes adquirir en Lulu.

 

Acercarse al Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo -2-” de Eleuterio Fernández Guzmán.

 

Continuamos (y terminamos, por cierto, como abajo decimos) con la publicación de textos dentro de la Colección Fe sencilla. Este libro pertenece al apartado de título Hermanos en la fe.

Tenemos que decir que con este libro terminamos la colección de título Fe sencilla(han sido 30 los títulos que han visto la luz en la misma) y, si Dios quiere, continuaremos por otros derroteros hasta donde nuestro Creador quiera…

Vayamos, pues, con la reseña. Y, para eso, reproducimos el primer apartado que, como no puede ser de otra forma (habiendo un primer libro sobre este tema y con las características propias del mismo) lleva como título “Una sana continuación“.

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10.05.18

El rincón del hermano Rafael - "Saber esperar" - Ansias de Cristo

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

 

“Saber Esperar”  - Ansias de Cristo

“¡¡Ansias de Cristo!! ¿Cómo no tenerlas? ¿Cómo es posible amar esta vida que es la que nos separa de Dios?

 

Uno puede escribir, por ejemplo, algo así como “tengo ansias de Cristo”. No es que esté mal hacer eso sino que la forma de hacerlo dice mucho de la intención con la que se hace algo. Y el hermano Rafael lo deja bien claro desde el principio.

San Rafael Arnáiz Barón escribe “¡¡Ansias de Cristo!!”. Queremos decir que no lo hace de cualquiera manera o de forma poco expresiva (algo así como hemos dicho arriba) sino que quiere hacer ver que, en efecto, las ansias de Cristo, las ansias por Cristo, no son como las de cualquier otra realidad espiritual sino que manifiestan, dichas así las cosas, un corazón que, en su libertad, opta más que claramente por el Hijo de Dios.

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9.05.18

Un selfie con la Virgen María”. Presentación – Las ciencias avanzan que es una barbaridad.

 Un selfie con la Virgen María                         Un selfie con la Virgen María

  

No podemos negar que muchas veces nos sorprenden los inventos que el hombre, con la ayuda inestimable de los dones de Dios, es capaz de llevar a cabo. Por eso estamos donde estamos en este siglo XXI y no nos hemos quedado quietos en aquellos primeros momentos de nuestra creación. Podemos decir, y no nos equivocaremos, que el Padre nos dio un corazón, además de limpio (aunque luego pasó lo que pasó) muy proclive a hacer rendir las neuronas. 

Haciendo de esto algo de humor negro, hasta el pobre Caín hizo algo impensable con una quijada de animal. Le dio uno uso que, con toda seguridad, no era el que tenía destinado a tener. Y es que el hombre, hasta en esto, es capaz de hacer algo nuevo con lo viejo. 

Esto, de todas formas, lo dejamos escondido (esto sí), bien escondido, debajo de algún celemín para que se vea lo mínimo posible y no dar malas ideas a nadie… 

En fin. El caso es que, como decimos, somos capaces de inventar lo inimaginable. Hasta hay quien dice que algunos tratan de descubrir la inmortalidad. Y es que esto ha sido, desde que el hombre es hombre, el sueño inalcanzable de todo aquel que no sabe dónde tiene su límite y, sobre todo, el de quien ignora, al parecer, que el único que es eterno de toda eternidad es Dios quien, no por casualidad, nos ha creado a cada uno de nosotros con el concurso de nuestros asustados padres terrenos. 

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8.05.18

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Regalos de Dios – Recuento de beneficios – 4- Providencia de Dios

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

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Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Durante unas semanas, si Dios quiere, vamos a dedicar el comentario de los textos de Lolo a un apartado particular del libro citado arriba de título “Recuento de beneficios” donde hace indicación de los beneficios de la relación del Beato con el Todopoderoso.

Recuento de beneficios – 4- Providencia de Dios

 

“La suerte y yo bien podemos ya sentarnos sobre la arena para ir desmenuzando los regalos que Dios desperdigó a lo largo de mis días: 

”El del terco Estar Providente , con sus bloques de granito apuntalando una vida en derrumbamiento , sus manos de olivo sobre la fiebre y el escándalo de la herida, su clamor sin palabras, su verdad callada que retumba en el corazón como un peñascal por las vertientes.“ (“El sillón de ruedas”, p. 35).

 

Aquí, a la perseverancia de Dios hacia su descendencia, la llama el Beato Manuel Lozano Garrido terquedad. Y no es que se trata de hacer de menos o de, digamos, poner mal al Todopoderoso sino que muestra que Dios, con nosotros sus hijos, no tiene límite en cuanto a lo que hace en nuestro beneficio.

El caso que se la santa Providencia de Dios no es un bien escaso sino, al contrario, más que abundante. Y es que el Creador, que quiere lo mejor para sus hijos, no puede quedarse a mitad de camino en cuanto al auxilio y a la ayuda. No. Llega hasta las últimas consecuencias y, lo que es mejor, tiene una paciencia más que abundante con nosotros.

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7.05.18

Serie Venerable Marta Robin – Sobre la pasión en sí misma vivida – Un regalo de Cristo

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Sobre la pasión en sí misma vivida – Un regalo de Cristo

 

Marta Robin vivió la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo desde 1930. Y es que entre desde el jueves por la noche (21 horas) hasta el mediodía del domingo, pasó por los estados físicos que sufrió el Mesías.

Pues bien, nuestra Venerable francesa describe la íntima comunión con Jesucristo que le permite, como dice el autor del libro aquí traído, “sobrepasar el sufrimiento para encontrar el Corazón de Cristo”:

 “Te dono mi propia cruz roja de mi sangre divina. Recíbela, mi Bien Amada, como el más rico presente de mi Corazón, como el más elevado testimonio de mi Amor”.

 

Es bien cierto que esto se lo dice Jesucristo a la Venerable Marta Robin pero no es menos cierto que bien nos lo podemos aplicar nosotros mismos, hermanos de Marta y del mismo Hijo de  Dios. Y es que, aunque, sea bien cierto y verdad que la Pasión vivida por nuestra hermana en la fe era algo muy personal, no es menos cierto que, como lo recibido de parte de Cristo es un ser divino y eterno, como si se tratase (que lo era) de la misma Palabra de Dios, bien podemos hacer uso espiritual de aquello.

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6.05.18

La Palabra del Domingo - 6 de mayo de 2018

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Jn 15, 9-17

“9 ‘Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. 10    Si guardáis mis mandamientos        permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 11 Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. 12 este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros   como yo os he amado. 13         Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15 No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 16  No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre  os lo conceda. 17        Lo que os mando es   que os améis los unos a los otros.’”

 

COMENTARIO

 

Amar como Cristo nos amó

 

Quizá Jesús fue enviado del Padre sólo para una cosa, sólo para que comprendiésemos el principal mandato de Dios, el mandato del amor. Y digo mandato aunque esto pueda parecer excesivo. Esta palabra pudiera ser en exceso dura para quien no respeta a quien le dirige una orden pero que, si bien pensamos, y, sobre todo, en este caso, lo mandado y ordenado va, siempre en bien de sus receptores.

Esto, por otra parte, traza un camino a seguir, una senda por la que debemos pasar si, verdaderamente, queremos y ansiamos, el conocimiento de esa voluntad intrínseca de Dios que Jesús trata de que esté al alcance de nuestro corazón. Tal es así que el Mesías nos ama como su Padre lo amó, darle ese mismo amor, sin escatimar nada, como quiere que hagamos nosotros.

Pero, por eso, hemos de cumplir los mandamientos (¡otra vez aparece el mandato se puede pensar!), aquello que recibió Moisés y que Jesús perfecciona con su vida y con su predicación como, por ejemplo, sucede con las Bienaventuranzas. Es decir, ha de haber una correspondencia entre lo que decimos que hacemos, seguir a Jesús, y lo que, en realidad hacemos. Porque Jesús quiere que estemos, como él, en el seno del Padre, para que permanezcamos en su amor.

Y para eso, nada mejor que el ejemplo: predicar y dar trigo, podríamos decir. Jesús dice, en este texto que “nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” ya que conocedor de su futuro, sabía que, para empezar, ellos eran sus amigos, no sus siervos, y, por eso, iba a dar su vida para que todos fueran, fuéramos, salvados.

Pero, para eso, para que su amistad tuviera un sentido recepticio, fuera recibida por nosotros y, en consecuencia, fuera correspondida, hay que hacer, y nunca será bastante repetido esto, lo que él mandó.

Cabe decir, con relación a la permanencia en Cristo que, aunque podamos pensar que nosotros, dotados de la libertad dada por Dios, somos los que, libremente, por tanto, escogemos a Dios para que forme parte de nuestra vida esto, esta apreciación, no es adecuada. Sabedores, y creyentes en eso, de que hemos sido creados por Dios, es fácil colegir de ello que es Él el que nos escoge a nosotros y no nosotros los que somos tan “bondadosos” que optamos por formar parte del grupo de los que se consideran hijos de Dios. Cometería un gran error quien pensara, seriamente, otra cosa. Así, y sólo así, daremos fruto; y así, sólo así, ese fruto será considerado por el Padre como digno reflejo del amor de Cristo, de Jesús, de su Hijo.

Así, de esa forma, de ese modo, aquello que demandamos a Dios nos será concedido, aunque sea difícil conseguir esa correspondencia a la que antes he hecho referencia.

El amor con amor se paga, como dice el dicho. Y Jesús nos dio amor, graciosamente, nada mejor que corresponderle, de cara a él y a los demás, con ese amor que vino a sembrar al mundo. 

 

PRECES

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no quieren guardar los mandamientos de Dios.

Roguemos al Señor.

Pidamos a Dios por todos aquellos que no quieren responder a la elección de Dios.

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a tener siempre presente que eres Tú quien nos eliges a nosotros. Y, entonces, a responderte con un sí.

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 Nazareno

 

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Por la libertad de Asia Bibi. 
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Por el respeto a la libertad religiosa.                                                                                                                                         
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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

Cristo nos llama amigos porque sabe que somos sus hermanos.

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Para leer Fe y Obras.

 

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5.05.18

Serie “Al hilo de la Biblia- Y Jesús dijo…” – El poder de la fe

Sagrada Biblia

Dice S. Pablo, en su Epístola a los Romanos, concretamente, en los versículos 14 y 15 del capítulo 2 que, en efecto, cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia, y los juicios contrapuestos de condenación o alabanza. Esto, que en un principio, puede dar la impresión de ser, o tener, un sentido de lógica extensión del mensaje primero del Creador y, por eso, por el hecho mismo de que Pablo lo utilice no debería dársele la mayor importancia, teniendo en cuenta su propio apostolado. Esto, claro, en una primera impresión.

Sin embargo, esta afirmación del convertido, y convencido, Saulo, encierra una verdad que va más allá de esta mención de la Ley natural que, como tal, está en el cada ser de cada persona y que, en este tiempo de verano (o de invierno o de cuando sea) no podemos olvidar.

Lo que nos dice el apóstol es que, al menos, a los que nos consideramos herederos de ese reino de amor, nos ha de “picar” (por así decirlo) esa sana curiosidad de saber dónde podemos encontrar el culmen de la sabiduría de Dios, dónde podemos encontrar el camino, ya trazado, que nos lleve a pacer en las dulces praderas del Reino del Padre.

Aquí, ahora, como en tantas otras ocasiones, hemos de acudir a lo que nos dicen aquellos que conocieron a Jesús o aquellos que recogieron, con el paso de los años, la doctrina del Jristós o enviado, por Dios a comunicarnos, a traernos, la Buena Noticia y, claro, a todo aquello que se recoge en los textos sagrados escritos antes de su advenimiento y que en las vacaciones veraniegas se ofrece con toda su fuerza y desea ser recibido en nuestros corazones sin el agobio propio de los periodos de trabajo, digamos, obligado aunque necesario. Y también, claro está, a lo que aquellos que lo precedieron fueron sembrando la Santa Escritura de huellas de lo que tenía que venir, del Mesías allí anunciado.

Por otra parte, Pedro, aquel que sería el primer Papa de la Iglesia fundada por Cristo, sabía que los discípulos del Mesías debían estar

“siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3, 15)

Y la tal razón la encontramos intacta en cada uno de los textos que nos ofrecen estos más de 70 libros que recogen, en la Antigua y Nueva Alianza, un quicio sobre el que apoyar el edificio de nuestra vida, una piedra angular que no pueda desechar el mundo porque es la que le da forma, la que encierra respuestas a sus dudas, la que brota para hacer sucumbir nuestra falta de esperanza, esa virtud sin la cual nuestra existencia no deja de ser sino un paso vacío por un valle yerto.

La Santa Biblia es, pues, el instrumento espiritual del que podemos valernos para afrontar aquello que nos pasa. No es, sin embargo, un recetario donde se nos indican las proporciones de estas o aquellas virtudes. Sin embargo, a tenor de lo que dice Francisco Varo en su libro “¿Sabes leer la Biblia? “ (Planeta Testimonio, 2006, p. 153)

“Un Padre de la Iglesia, san Gregorio Magno, explicaba en el siglo VI al médico Teodoro qué es verdaderamente la Biblia: un carta de Dios dirigida a su criatura”. Ciertamente, es un modo de hablar. Pero se trata de una manera de decir que expresa de modo gráfico y preciso, dentro de su sencillez, qué es la Sagrada Escritura para un cristiano: una carta de Dios”.

Pues bien, en tal “carta” podemos encontrar muchas cosas que nos pueden venir muy bien para conocer mejor, al fin y al cabo, nuestra propia historia como pueblo elegido por Dios para transmitir su Palabra y llevarla allí donde no es conocida o donde, si bien se conocida, no es apreciada en cuanto vale.

Por tanto, vamos a traer de traer, a esta serie de título “Al hilo de la Biblia”, aquello que está unido entre sí por haber sido inspirado por Dios mismo a través del Espíritu Santo y, por eso mismo, a nosotros mismos, por ser sus destinatarios últimos.

Por otra parte, es bien cierto que Jesucristo, a lo largo de la llamada “vida pública” se dirigió en múltiples ocasiones a los que querían escucharle e, incluso, a los que preferían tenerlo lejos porque no gustaban con lo que le oían decir.

Sin embargo, Jesús decía lo que era muy importante que se supiera y lo que, sobre todo, sus discípulos tenían que comprender y, también, aprender para luego transmitirlo a los demás.

Vamos, pues, a traer a esta serie sobre la Santa Biblia parte de aquellos momentos en los que, precisamente, Jesús dijo.

 

El poder de la fe

 

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Y Jesús dijo… (Mc 9, 23)

 

“Jesús le dijo:’¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!”

 

Se diga lo que se diga, aquí se le ve al Hijo de Dios algo enfadado pero, luego, sembrador de luz y de esperanza.

El caso es que a Jesús le presentan a un joven que está endemoniado desde pequeño. Echa espuma por la boca y hoy día, a lo mejor, podríamos decir que padecía alguna enfermedad muy conocida. Sin embargo, eso no quita nada de mérito a lo que hace Jesús que es, nada más y nada menos, que curar al muchacho aunque, por lo que nos dice el texto de San Marcos, un espíritu salió del mismo y lo dejó en paz. Y con eso nos quedamos.

Bueno.

A Jesús muchos lo conocían por lo que había dicho pero, sobre todo, por lo que iba haciendo por los caminos que no era poca cosa sino propia de alguien que no es un simple hombre.

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4.05.18

Serie “De Ramos a Resurrección” - Fin de un calvario

 

De-ramos-a-resurrección

En las próximas semanas, con la ayuda de Dios y el permiso de la editorial, vamos a traer al blog el libro escrito por el que esto escribe de título “De Ramos a Resurrección”. Semana a semana vamos a ir reproduciendo los apartados a los que hace referencia el Índice que es, a saber:

Introducción                                        

I. Antes de todo                                           

 El Mal que acecha                                  

 Hay grados entre los perseguidores          

 Quien lo conoce todo bien sabe               

II. El principio del fin                          

 Un júbilo muy esperado                                       

 Los testigos del Bueno                           

 Inoculando el veneno del Mal                         

III. El aviso de Cristo                           

 Los que buscan al Maestro                      

 El cómo de la vida eterna                              

 Dios se dirige a quien ama                      

 Los que no entienden están en las tinieblas      

 Lo que ha de pasar                                 

Incredulidad de los hombres                    

El peligro de caminar en las tinieblas         

       Cuando no se reconoce la luz                   

       Los ánimos que da Cristo                  

       Aún hay tiempo de creer en Cristo            

IV. Una cena conformante y conformadora 

 El ejemplo más natural y santo a seguir          

 El aliado del Mal                                    

 Las mansiones de Cristo                                

 Sobre viñas y frutos                               

 El principal mandato de Cristo                         

       Sobre el amor como Ley                          

       El mandato principal                         

Elegidos por Dios                                    

Que demos fruto es un mandato divino            

El odio del mundo                                   

El otro Paráclito                                      

Santa Misa                                             

La presencia real de Cristo en la Eucaristía        

El valor sacrificial de la Santa Misa                   

El Cuerpo y la Sangre de Cristo                 

La institución del sacerdocio                     

V. La urdimbre del Mal                         

VI. Cuando se cumple lo escrito                 

En el Huerto de los Olivos                              

La voluntad de Dios                                        

Dormidos por la tentación                        

Entregar al Hijo del hombre                            

       Jesús sabía lo que Judas iba a cumplir       

       La terrible tristeza del Maestro                  

El prendimiento de Jesús                                

       Yo soy                                            

       El arrebato de Pedro y el convencimiento   

       de Cristo

Idas y venidas de una condena ilegal e injusta  

Fin de un calvario                                   

Un final muy esperado por Cristo              

En cumplimiento de la Sagrada Escritura

        La verdad de Pilatos                        

        Lanza, sangre y agua                      

 Los que permanecen ante la Cruz                   

       Hasta el último momento                  

       Cuando María se convirtió en Madre          

       de todos

 La intención de los buenos                      

       Los que saben la Verdad  y la sirven          

VII. Cuando Cristo venció a la muerte        

El primer día de una nueva creación                 

El ansia de Pedro y Juan                          

A quien mucho se le perdonó, mucho amó        

 

VIII. Sobre la glorificación

 La glorificación de Dios                            

 

Cuando el Hijo glorifica al Padre                       

Sobre los frutos y la gloria de Dios                  

La eternidad de la gloria de Dios                      

 

La glorificación de Cristo                                

 

Primera Palabra                                             

Segunda Palabra                                           

Tercera Palabra                                             

Cuarta Palabra                                               

Quinta Palabra                                        

Sexta Palabra                                         

Séptima Palabra                                     

 

Conclusión                                          

 

 El libro ha sido publicado por la Editorial Bendita María. A tener en cuenta es que los gastos de envío son gratuitos.

  

“De Ramos a Resurrección” -   Fin de un calvario

 

 “Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado calvario, que en hebreo se llama Gólgota, y allí le crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: ‘Jesús el nazareno, el Rey de los judíos.’ esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: ‘no escribas: ‘el Rey de los judíos’, sino: ‘este ha dicho: Yo soy Rey de los judíos’.’ Pilato respondió: ‘Lo que he escrito, lo he escrito.’ Los soldados,  después que crucificaron a Jesús, tomaron sus  vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo.

Por eso se dijeron: ‘no la rompamos; sino echemos a suertes a ver quién le toca.’ Para que se cumpliera la escritura: ‘Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica’. Y esto es lo que hicieron los soldados. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la escritura, dice:  ‘Tengo sed.’

Había allí una vasija llena de vinagre. sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: ‘Todo está cumplido.’ E inclinando la cabeza entregó el espíritu. Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado —porque aquel sábado era muy solemne— rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la escritura: ‘no se le quebrará hueso alguno’. Y también otra escritura dice: ‘mirarán al que traspasaron’” (Jn 19, 16-24.28-37).

  

Un final muy esperado por Cristo en cumplimiento de la Sagrada  Escritura

  

En un momento determinado de la Última Cena, Jesús dijo:

 

“Y les dijo: ‘con ansia he deseado comer esta Pascua con  vosotros antes de padecer’” (Lc 22, 15).

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