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28.10.19

Venerable Marta Robin - ¡Importantísima verdad!

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

             Resultado de imagen de Journal. Décembre 1929, Novembre 1932

Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

  

¡Importantísima verdad!

 

“Pero este incomparable tesoro, hace falta recibirlo del Cielo para apreciarlo en su verdadero valor, porque las alegrías de este mundo no saben nada de las alegrías de allá. Sin duda hace falta luchar todavía, luchar siempre, incluso muy penosamente; pero qué diferencia entre esas luchas donde el bien triunfa magníficamente y aquellas en las que mal es siempre vencedor! (Cuaderno íntimo, 7 de enero de 1930)

 

Dejarse conducir por el Amor de Dios. Eso es a lo que se refiere la Venerable Marta Robin cuando habla, en este especial apartado de su Cuaderno íntimo, de un tesoro que es, y es cierto eso, verdaderamente incomparable.

Es bien cierto que no siempre estamos dispuestos, ni siquiera, a dejarnos conducir por lo que Dios quiere para nosotros y, en definitiva, por su Amor. Y eso es más que perjudicial para nosotros en cuanto hijos suyos que somos y porque, sobre todo, nosotros ansiamos y anhelamos el Cielo, ir al definitivo Reino de Dios y eso será difícil si no hacemos según qué…

Debemos, por tanto, recibir del Cielo el Amor de Dios y, así, nosotros, que queremos lo mejor para nuestra vida espiritual, haremos con la misma lo mejor que seamos capaces de hacer. Y es que no es poco que nuestro corazón acuerde con el de Dios, nuestro Creador.

Sobre esto, estamos de acuerdo con lo que nuestra hermana en la fe nos dice acerca de las alegrías. Y es que, ciertamente, las de este mundo, las que de ordinario nos acogen, no tienen mucho que ver con las del Cielo. Es más, no es que no tengan poco que ver sino que no saben nada las del mundo de las del Cielo por estar separadas por un abismo más grande que el que separa el Infierno, donde habita el rico Epulón, del seno de Abrahám donde está el que fuera pobre Lázaro…

Por tanto, es verdad que nada puede saber, por decirlo así, lo que puede desviar del Bien del Bien mismo…

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