InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Noviembre 2018

15.11.18

El rincón del hermano Rafael - "Saber esperar" - Bien lo necesitamos

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

 

“Saber Esperar” –  Bien lo necesitamos

“Señor, ayúdame, atiéndeme en la tentación, no me dejes, Señor, pues yo solo, ¿qué podré hacer?” (Punto 253)

 

Ciertamente, es más que probable que los seres humanos lleguemos a creernos más de lo que somos.

Cuando decimos esto no es que creamos que somos más que Dios aunque, en realidad, viene a ser lo mismo cuando olvidamos la Santa Providencia que, como gran virtud y realidad, viste el corazón de nuestro Creador.

Hacer eso o, lo que es lo mismo, olvidar una gran verdad puede acarrearnos graves consecuencias.

En realidad, estar en la seguridad de que nos valemos por nosotros mismos y que, al fin y al cabo, si estamos en el mundo es porque podemos sacar nuestra existencia adelante sin ayuda “exterior y sobrenatural”, es, como decimos, un error más que grave.

Dios nos crea y, a través de nuestros padres de la tierra, venimos al mundo con el Espíritu Santo infundido en nuestro corazón. Eso se nos recuerda en nuestro bautismo. Y esto, apenas aquí dicho, es más que suficiente como para  que no nos equivoquemos tantas veces al respecto de qué somos y qué podemos hacer solos…

Sabemos, a este respecto, que nuestro hermano y Dios, Jesucristo, lo dejó bien dicho, para que nadie se equivocara: “separados de mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5) aunque bien entendemos que no quería decir que “nada” pudiéramos hacer porque podemos, y vaya si podemos hacer cosas que son malas. Se refería, sin duda, el Hijo de Dios, a que no podíamos hacer nada que fuese provechoso y fructífero para nuestra alma. 

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14.11.18

Serie “Gozos y sombras del alma” - Gozos - Cristo y su camino hacia el Cielo

 

Gozos y sombras del alma

Cuando alguien dice que tiene fe (ahora decimos sea la que sea) sabe que eso ha de  tener algún significado y que no se trata de algo así como mantener una fachada de cara a la sociedad. Es cierto que la sociedad actual no tiene por muy bueno ni la fe ni la creencia en algo superior. Sin embargo, como el ser humano es, por origen y creación, un ser religioso (¿Alguien no quiere saber de dónde viene, adónde va?) a la fuerza sabe que la verdad (que cree en lo que sea superior a sí mismo) ha de existir. 

Aquí no vamos a sostener, de ninguna de las maneras, que todas las creencias son iguales. Y no lo podemos mantener porque no puede ser lo mismo tener fe en Dios Todopoderoso, Creador y Eterno que en cualquier ser humano que haya fundado algo significativamente religioso. No. Y es que sabemos que Dios hecho hombre fue quien fundó la religión que, con el tiempo se dio en llamar “católica” (por universal) y que entregó las llaves de su Iglesia a un tal Cefas (a quien llamó Pedro por ser piedra sobre la que edificarla). Y, desde entonces, han ido caminando las piedras vivas que la han constituido hacia el definitivo Reino de Dios donde anhelan estar las almas que Dios infunde a cada uno de sus hijos cuando los crea. 

El caso es que nosotros, por lo que aquí decimos, tenemos un alma. Es más, que sin el alma no somos nada lo prueba nuestra propia fe católica que sostiene que de los dos elementos de los que estamos constituidos, a saber, cuerpo y alma, el primero de ellos tornará al polvo del que salió y sólo la segunda vivirá para siempre. 

Ahora bien, es bien cierto que tenemos por bueno y verdad que la vida que será para siempre y de la que gozará el alma puede tener un sentido bueno y mejor o malo y peor. El primero de ellos es si, al morir el cuerpo, es el Cielo donde tiene su destino el alma o, en todo caso, el Purgatorio-Purificatorio como paso previo a la Casa del Padre; el segundo de ellos es, francamente, mucho peor que todo lo peor que podamos imaginar. Y lo llamamos Infierno porque sólo puede ser eso estar separado, para siempre jamás, de Quien nos ha creado y, además, soportar un castigo que no terminará nunca. 

Sentado, como hemos hecho, que el alma forma parte de nuestro propio ser, no es poco cierto que la misma necesita, también, vida porque también puede morir. Ya en vida del cuerpo el alma no puede ser preterida, olvidada, como si se tratase de realidad espiritual de poca importancia. Y es que hacer eso nos garantiza, con total seguridad, que tras el Juicio particular al que somos sometidos en el mismo instante de nuestra muerte (y esto es un misterio más que grande y que sólo entenderemos cuando llegue, precisamente, tal momento) el destino de la misma sólo puede ser el llanto y el rechinar de dientes… 

Pues bien, el alma, nuestra alma, necesita, por lo dicho, nutrición. La misma ha de ser espiritual lo mismo que el cuerpo necesita la que lo es material. Y tal nutrición puede ser recibida, por su origen, como buena o, al contrario, como mala cosa que nos induzca al daño y a la perdición. 

Nosotros sabemos, a tal respecto, que el alma goza. También sabemos que sufre. Y a esto segundo lo llamamos sombras porque son, en tal sentido, oscuridades que nos introducen en la tiniebla y nos desvían del camino que lleva, recto, al definitivo Reino de Dios Todopoderoso. 

En cuanto a los gozos que pueden enriquecer la vida de nuestra alma, los que vamos a traer aquí es bien cierto que son, al menos, algunos de los que pueden dar forma y vida al componente espiritual del que todo ser humano está hecho; en cuanto a las sombras, también es más que cierto que muchos de los que, ahora mismo, puedan estar leyendo esto, podrían hacer una lista mucho más larga. 

Al fin al cabo, lo único que aquí tratamos de hacer es, al menos, apuntar hacia lo que nos conviene y es bueno conocer para bien de nuestra alma; también hacia lo que no nos conviene para nada pero en lo que, podemos asegurar, es más que probable que caigamos en más de una ocasión. 

Digamos, ya para terminar, que es muy bueno saber que Dios da, a su semejanza y descendencia, libertad para escoger entre una cosa y otra. También sabemos, sin embargo, que no es lo mismo escoger realidades puramente materiales (querer esta o aquella cosa o tomar tal o cual decisión en ese sentido) que cuando hacemos lo propio con aquellas que son espirituales y que, al estar relacionadas con el alma, tocan más que de cerca el tema esencial que debería ser el objeto, causa y sentido de nuestra vida: la vida eterna. Y entonces, sólo entonces, somos capaces de comprender que cuando el alma, la nuestra, se nutre del alimento imperecedero ella misma nunca morirá. No aquí (que no muerte) sino allá, donde el tiempo no cuenta para nada (por ser ilimitado) y donde Dios ha querido que permanezcan, para siempre, las que son propias de aquellos que han preferido la vida eterna a la muerte, también, eterna. 

Y eso, por decirlo pronto, es una posibilidad que se enmarca, a la perfección, en el amplio mundo y campo de los gozos y las sombras del alma. De la nuestra, no lo olvidemos.

Serie Gozos y sombras del alma : Gozos - Cristo y su camino hacia el Cielo

  

Lo que, desde que vino al mundo y tuvo conciencia de la misión que debía cumplir, quiso el Hijo de Dios fue que sus hermanos los hombres se salvarán porque Dios los quiere a todos muy cerca de su santísimo corazón. 

En toda la vida conocida (en cuanto a predicación) de Jesucristo manifestó el Maestro un interés claro en lo dicho arriba. Por eso no se cansó de decir que era muy importante: primero, creer en Él y, luego, llevar a la vida de sus discípulos lo que predicaba. Es decir, que no se podía quedar la cosa en un oír pero no escuchar nada de nada de lo que decía. 

En muchos textos bíblicos, el Hijo de Dios procura nuestra salvación, nos dice que hemos de quererla, ansiarla. Y por eso, cuando llegó el momento definitivo (cf. Jn 14,2) dijo que era importante que se fuera porque iba a prepararnos mansiones en la Casa de Dios. Y esto era, digamos, porque ya había dicho antes que la realidad del ser humano no iba a quedar limitada a una vida en el mundo donde pisaba la tierra sino que había preparado algo mucho más importante para los hijos de Dios. 

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13.11.18

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Dios siempre está

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

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Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Dios siempre está

“Seguimos con el ribete de la alfombra y la cerilla descabezada. Todo es igual, pero bien distinto, porque Dios está y aquí, sin pisada, sin sonido, sin fisonomía, mas calando y transminando hasta hacerse catarata de interiores, igual que la presión extremada de una atmósfera que enfila a la piel como un panal y coloca sus dardos en el corazón, arriba y abajo, en el centro y por los bordes.”

 

Es bien cierto que, para muchos creyentes católicos, la presencia de Dios en sus vidas no es fácil de apreciar. Expresiones como “no veo a Dios por ninguna parte en mi vida” o “no siento a Dios” (error, éste, de querer sentir a Dios como si se tratase de un simple sentimiento volandero y cambiante. A lo mejor por eso…)

El caso es que, para tales personas no resulta sencillo poder rescatar de su corazón la presencia de Dios en su ordinario vivir. Y es que, por ser el mundo actual como y el pensamiento de muchos como es, también, si no se puede tocar (literalmente, esto) o, al menos, apreciarlo con algunos de los otro cuatro sentidos que tenemos… en fin, que se tiene por no real y, al fin y al cabo, por no existente.

Esto es, claro, un gran problema para un creyente que por tal tenga la verdad porque, como es de imaginar, creer que Dios porque no puede pedirle una cita como se pide para ir al médico o a otro tipo de servicio que el mundo ofrezca es, en fin, no saber en qué consiste la fe ni a dónde se puede llegar con ella.

El Beato Manuel Lozano Garrido, que poco podía hacer para “buscar” a Dios por el mundo (estuvo, como sabemos, muchos años en un sillón de ruedas e impedido para ir por ahí como puede hacerlo quien no padezca de tal enfermedad), a lo mejor sabía dónde encontrarlo. Es más, estamos más que seguros que lo sabía porque lo muestra y demuestra muchas veces en lo que dejó escrito.

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12.11.18

Serie Venerable Marta Robin – Sobrenaturalizar

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Sobrenaturalizar

  

“Transformar todos mis actos en actos sobrenaturales y divinos; es la verdad más bella, es el más grande y último nombre del amor.”

 

Es verdad, y es difícil negarlo, que en materia de fe católica son muchas las formas que tenemos de ver lo que tiene relación con la misma, la espiritualidad que encierra creer en Dios Todopoderoso y, en fin, lo que supone ser piedra que da forma y construye la Iglesia de Cristo.

A tal respecto, la Venerable Marta Robin, que tan a gusto estaba en el seno d ella Esposa de Cristo y tanto bien hizo por ella y por muchos de sus miembros, sabe muy bien en qué consiste, por eso de la práctica que llevó a cabo en sus años de vida,  en qué consiste, decimos, lo esencial de nuestro comportamiento al respecto de una tal realidad.

Todo lo resume en una palabra que, digamos, no es sencilla de entender pero que, al fin y al cabo, es la verdad de lo que debemos hacer y llevar a cabo: sobrenaturalizar.

“Sobrenaturalizar” es un término, no lo podemos negar que  dice mucho o, para algunos, nada. De todas formas dice más que mucho para quien cree en Dios, Creador nuestro y Todopoderoso. Y, claro, para Marta Robin tenía mucho de verdad pero, sobre todo, de acto, de hacer, de ser.

¿Qué hay, pues, qué hacer?

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11.11.18

La Palabra del domingo - 11 de noviembre de 2018

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Mc 12, 38-44

“38 Decía también en su instrucción: ‘Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, 39 ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; 40 y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa. 41 Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos  echaban mucho. 42 Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as.

43 Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: ‘Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro.44 Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.”

 

COMENTARIO

 

Lo que más vale y sirve

 

1.-Escatología y merecimiento. Estos dos conceptos, que encierran mucho de lo que Jesús nos comunicó, tienen mucho, todo, que ver en el texto que el Calendario Litúrgico nos ofrece para hoy. Escatología y merecimiento es lo que se refleja en la actuación de la viuda y sentimiento de comprensión por parte de Jesús.

2.- En este texto de Marcos, Jesús nos aclara dos situaciones que, siempre, suelen producirse y que han de suponer, para sus discípulos, un ejemplo de lo que no puede ser y, a la vez, y al contrario, de lo que ha de ser.

En primer lugar, Jesús hace hincapié en que hay algunas personas (en este caso los escribas pero que se puede extender a otros) en las que primero, en su comportamiento, priva la apariencia sobre lo que de verdad tendría que ser su forma de actuación ya que, además de creer en Dios, eran personas notables dentro de la sociedad de la época.

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