InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Octubre 2018

11.10.18

El rincón del hermano Rafael - "Saber esperar" - Una gran, y triste, verdad

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

 

“Saber Esperar” –  Una gran, y triste, verdad

“Si este Dios que se oculta en un poco de pan, no estuviese tan abandonado, los hombres serían más felices, pero no quieren serlo.” (Punto 242)

 

Cuando Dios crea, entre otros seres, al ser humano, podía haberle atribuido unas u otras características. Es decir, pudo haber hecho que, por ejemplo, estuviese sometido a su santa Voluntad siempre y que, por tanto, siempre, atendiese a la misma.

Dios, sin embargo, no quiso hacer eso. Y, a tal respecto, no podemos decir nada sino, simplemente, aceptar lo que quiso hacer.

Pero ¿qué fue lo que quiso hacer el Creador sobre el ser humano y su hacer particular?

En realidad, es bien sencillo: Dios quiso que el ser humano fuera libre.

La libertad, entendida de forma simple, supone hacer lo que se quiera aunque se sepa que no se puede actuar de tal forma que se impida la libertad de otro…

En fin… eso fue lo que Dios quiso para su criatura que había creado, además, a su imagen y semejanza.

Al respecto de ser imagen y semejanza de Dios, no es raro que se llegue a creer que nuestro Creador es, digamos, físicamente como nosotros somos. Y es que si nosotros somos así y somos (valga tanta redundancia) imagen suya…la conclusión es obvia.

Leer más... »

10.10.18

Serie “Gozos y sombras del alma” - La esperanza

 

Gozos y sombras del alma

Cuando alguien dice que tiene fe (ahora decimos sea la que sea) sabe que eso ha de  tener algún significado y que no se trata de algo así como mantener una fachada de cara a la sociedad. Es cierto que la sociedad actual no tiene por muy bueno ni la fe ni la creencia en algo superior. Sin embargo, como el ser humano es, por origen y creación, un ser religioso (¿Alguien no quiere saber de dónde viene, adónde va?) a la fuerza sabe que la verdad (que cree en lo que sea superior a sí mismo) ha de existir. 

Aquí no vamos a sostener, de ninguna de las maneras, que todas las creencias son iguales. Y no lo podemos mantener porque no puede ser lo mismo tener fe en Dios Todopoderoso, Creador y Eterno que en cualquier ser humano que haya fundado algo significativamente religioso. No. Y es que sabemos que Dios hecho hombre fue quien fundó la religión que, con el tiempo se dio en llamar “católica” (por universal) y que entregó las llaves de su Iglesia a un tal Cefas (a quien llamó Pedro por ser piedra sobre la que edificarla). Y, desde entonces, han ido caminando las piedras vivas que la han constituido hacia el definitivo Reino de Dios donde anhelan estar las almas que Dios infunde a cada uno de sus hijos cuando los crea. 

El caso es que nosotros, por lo que aquí decimos, tenemos un alma. Es más, que sin el alma no somos nada lo prueba nuestra propia fe católica que sostiene que de los dos elementos de los que estamos constituidos, a saber, cuerpo y alma, el primero de ellos tornará al polvo del que salió y sólo la segunda vivirá para siempre. 

Ahora bien, es bien cierto que tenemos por bueno y verdad que la vida que será para siempre y de la que gozará el alma puede tener un sentido bueno y mejor o malo y peor. El primero de ellos es si, al morir el cuerpo, es el Cielo donde tiene su destino el alma o, en todo caso, el Purgatorio-Purificatorio como paso previo a la Casa del Padre; el segundo de ellos es, francamente, mucho peor que todo lo peor que podamos imaginar. Y lo llamamos Infierno porque sólo puede ser eso estar separado, para siempre jamás, de Quien nos ha creado y, además, soportar un castigo que no terminará nunca. 

Sentado, como hemos hecho, que el alma forma parte de nuestro propio ser, no es poco cierto que la misma necesita, también, vida porque también puede morir. Ya en vida del cuerpo el alma no puede ser preterida, olvidada, como si se tratase de realidad espiritual de poca importancia. Y es que hacer eso nos garantiza, con total seguridad, que tras el Juicio particular al que somos sometidos en el mismo instante de nuestra muerte (y esto es un misterio más que grande y que sólo entenderemos cuando llegue, precisamente, tal momento) el destino de la misma sólo puede ser el llanto y el rechinar de dientes… 

Pues bien, el alma, nuestra alma, necesita, por lo dicho, nutrición. La misma ha de ser espiritual lo mismo que el cuerpo necesita la que lo es material. Y tal nutrición puede ser recibida, por su origen, como buena o, al contrario, como mala cosa que nos induzca al daño y a la perdición. 

Nosotros sabemos, a tal respecto, que el alma goza. También sabemos que sufre. Y a esto segundo lo llamamos sombras porque son, en tal sentido, oscuridades que nos introducen en la tiniebla y nos desvían del camino que lleva, recto, al definitivo Reino de Dios Todopoderoso. 

En cuanto a los gozos que pueden enriquecer la vida de nuestra alma, los que vamos a traer aquí es bien cierto que son, al menos, algunos de los que pueden dar forma y vida al componente espiritual del que todo ser humano está hecho; en cuanto a las sombras, también es más que cierto que muchos de los que, ahora mismo, puedan estar leyendo esto, podrían hacer una lista mucho más larga. 

Al fin al cabo, lo único que aquí tratamos de hacer es, al menos, apuntar hacia lo que nos conviene y es bueno conocer para bien de nuestra alma; también hacia lo que no nos conviene para nada pero en lo que, podemos asegurar, es más que probable que caigamos en más de una ocasión. 

Digamos, ya para terminar, que es muy bueno saber que Dios da, a su semejanza y descendencia, libertad para escoger entre una cosa y otra. También sabemos, sin embargo, que no es lo mismo escoger realidades puramente materiales (querer esta o aquella cosa o tomar tal o cual decisión en ese sentido) que cuando hacemos lo propio con aquellas que son espirituales y que, al estar relacionadas con el alma, tocan más que de cerca el tema esencial que debería ser el objeto, causa y sentido de nuestra vida: la vida eterna. Y entonces, sólo entonces, somos capaces de comprender que cuando el alma, la nuestra, se nutre del alimento imperecedero ella misma nunca morirá. No aquí (que no muerte) sino allá, donde el tiempo no cuenta para nada (por ser ilimitado) y donde Dios ha querido que permanezcan, para siempre, las que son propias de aquellos que han preferido la vida eterna a la muerte, también, eterna. 

Y eso, por decirlo pronto, es una posibilidad que se enmarca, a la perfección, en el amplio mundo y campo de los gozos y las sombras del alma. De la nuestra, no lo olvidemos.

Gozos- La esperanza

  

“El que espera, desespera”.

 

Esto, sin duda alguna, es un dicho más que conocido. Lo que pasa es que, en materia de fe católica es, sencillamente, falso. 

Esperar supone mantener la esperanza que no es otra cosa que saber que Dios, nuestro Padre del Cielo, quiere lo mejor para sus hijos y nos tiene preparado, también, lo mejor: la vida eterna. 

Decimos, por eso, que quien espera, quien tiene esperanza, no puede desesperar porque eso, es, precisamente, la antítesis de la fe y supone, por otra parte, un lenguaje demasiado mundano y carnal. 

En efecto. En el mundo o el siglo, quien espera algo acaba desesperando porque acaba (muchas veces) de perder aquello que ansiaba y que sostenía sobre la esperanza cuando, la mayoría de las veces no era, sino, una esperanza más que vaga y genuinamente  humana. 

En materia de fe, y católica por ser la nuestra, las cosas son bien distintas. 

Nosotros esperamos, en primer lugar, porque confiamos. Queremos decir que mostramos confianza en Quien sabemos que nos escucha y nos mira. 

Sabemos, por eso mismo, que Dios, que quiere lo mejor para nosotros, no va a permitir que se pierdan sus hijos… si no quieren perderse ellos mismos. 

La esperanza, en este sentido, tiene una base más que sólida porque es, ni más ni menos, aquella que se sustenta sobre la Roca que es Cristo que, siendo Dios hecho hombre, no puede engañar nunca a su descendencia. 

Esperamos, por tanto, porque ansiamos esperar. Y queremos decir con eso que es nuestra voluntad alcanzar lo bueno y gozar de lo mejor. Y, tanto lo primero como lo segundo tiene un nombre, que ya fue dicho a los antiguos, y que es “El que soy”: Dios, que es el que es, es el destino que sus hijos queremos alcanzar.

Leer más... »

9.10.18

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Esperanza puesta en Dios

Presentación

Resultado de imagen de manuel lozano garrido

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

Resultado de imagen de El sillón de ruedas

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Durante unas semanas, si Dios quiere, vamos a dedicar el comentario de los textos de Lolo a un apartado particular del libro citado arriba de título “Recuento de beneficios” donde hace indicación de los beneficios de la relación del Beato con el Todopoderoso.

Esperanza puesta en Dios

 

Luego, cuando la tarde se encapote y en el paladar se espese un líquido repudiable, cuando en el minuto cero o cuarenta y ocho de cualquier día haya sobre los tendones una concentración de cuchillos a fuego y en la garganta se conforme el perfil de un lamento, hay ya la seguridad de una mano que ha de venir quedamente con la brida del dominio y la esperanza. No importa que siga la citación de la fatalidad, la tristeza, la monotonía, la tentación o las imágenes huecas. Por mucho que acudan y acometan, ya nada violaría ese tesoro de unos párpados que se inclinan ante una presencia con el pudor feliz de un niño en la noche de Reyes.

 

Es bien cierto y verdad que cada cual, cada uno de los hijos de Dios, podemos pasar por malos momentos. En tan sentido, todos sufrimos igual (en el sentido mismo de sufrir) aunque, claro está, no todos los sufrimientos sean iguales ni tengan el mismo grado de intensidad.

El Beato Manuel Lozano Garrido, más conocido como Lolo, sufrió mucho a lo largo de su no muy extensa vida.

Decimos que cada cual sufrimos lo nuestro pero en este texto de su libro “El sillón de ruedas”(Muy propio, por cierto, que fuera el primero de sus libros el referido al sillón donde pasó muchas horas de su vida…) nos muestra un buen “catálogo” de padecimientos. Y, aunque estamos más seguros que no lo pone para dar lástima ni nada por el estilo, para que nadie sienta compasión por su situación… lo bien cierto es que da lástima y nos hace sentir compasión por quien haya pasado o esté pasando por tales sufrimientos.

De todas formas, no es eso lo que busca Lolo sino lo otro.

Pero ¿Qué es lo otro?

Leer más... »

8.10.18

Serie Venerable Marta Robin – Compartir con Cristo

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

    Resultado de imagen de Le secret de Marta Robin

 

Sobre la pasión en sí misma vivida – Compartir con Cristo

 

Marta Robin vivió la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo desde 1930. Y es que entre desde el jueves por la noche (21 horas) hasta el mediodía del domingo, pasó por los estados físicos que sufrió el Mesías.

Pues bien, nuestra Venerable francesa describe la íntima comunión con Jesucristo que le permite, como dice el autor del libro aquí traído, “sobrepasar el sufrimiento para encontrar el Corazón de Cristo”:

 

Compartir con Cristo

 

“Admiro el inmenso amor que ha llevado a Jesús a amarme hasta el punto de querer compartir conmigo los sufrimientos de su vida, las torturas de su Pasión de su Cruz.”

 

Es bien cierto que cuando se quiere a alguien es más que probable que se compartan las realidades más íntimas porque no otra cosa se puede esperar de quien se ama y a quien se ama.

Lo mismo, en tal sentido, pasa con la Venerable Marta Robin como bien muestra en este texto cuando, como sabemos, tiene esto que ver con la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo pero, sobre todo, con la forma que tuvo Marta de vivirla.

Admira. Ella nos dice que admira lo que supone que el Hijo de Dios la ame más que mucho. Y es que cuando eso pasa, no es poco lo que se espera, lo que espera nuestra hermana en la fe.

En realidad, lo que hace el Hijo de Dios con su hermana Marta Robin lo hacer porque sabe que ella va a recibir el tal “regalo” con gozo y esperanza.

¿De qué regalo hablamos?

Leer más... »

7.10.18

La Palabra del domingo - 7 de octubre de 2018

Resultado de imagen de SAnta Biblia

 

Mc 10, 2-16

 

“2 Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: ‘¿Puede el marido repudiar a la mujer?’ 3 El les respondió: ¿Qué os prescribió Moisés?’ 4 Ellos le dijeron: ‘Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla.’ 5 Jesús les dijo: ‘Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. 6      Pero desde el comienzo de la creación, = El los hizo varón y hembra. =7  = Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, =8     = y los dos se harán una sola carne. = De manera que ya no son dos, sino  una sola carne.9 Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.’10 Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. 11    El les dijo: ‘Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; 12 y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.’13 Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían.14 Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: ‘Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios.15 Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él.’16 Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos.”

 

 

COMENTARIO            

 

En el principio…

Este texto evangélico de Marcos nos muestra dos situaciones distintas pero que, aunque separadas, muestran dos aspectos importantes de las enseñanzas del Maestro.

Por una parte, el tema del matrimonio, el de la unión de un hombre y de una mujer; por otra, otra vez, con una reiteración que no ha de quedar en repetición simple sino en advertencia, el tema del niño, de los niños, y de su importancia, para entrar, en el Reino de Dios.

En cuanto al primero de los temas, el del matrimonio, alguna interpretación peculiar de la Ley de Dios había dado al traste con el verdadero sentido de lo que el Creador estableció en un principio. Es evidente que pretendían “cazar” a Jesús con la pregunta del repudio y el acta de divorcio. Sin embargo, no es menos cierto que el Mesías, que las tenía todas consigo, podía evitar, fácilmente, ese embate supuestamente difícil.

Dice, también, Jesús: “Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”. Esta frase, muy oída en muchas ocasiones, encierra esa Verdad que, en sí misma, dice mucho de la voluntad de Aquel. Cuando creó, cuando nos creó, en la figura de nuestros primeros padres, Dios no se conformó con hacer eso, que ya es suficiente, sino que manifestó, con la unión de ambos, un futuro establecido para el bien de la humanidad.

Leer más... »