Serie Venerable Marta Robin – Orar sin cesar

 

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

    Resultado de imagen de Le secret de Marta Robin

  

Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Le secret de Marthe Robin” escrito por el P. Jacques Ravanel" palabras que, con ayuda de Dios y del diccionario, hemos procurado traducir. 

     

Orar sin cesar

 “Conviene orar sin cesar” (Le secret de Marthe Robin, p. 177)

El Hijo de Dios creemos que esto lo tuvo que decir muchas veces. Es decir, además de aquellas que, en efecto, están recogidas en las Sagradas Escrituras y en las que dijo que era importante orar, estamos seguros de que en otras ocasiones diría lo mismo. Y es que, por si su Palabra no fuera ya suficiente (que lo era y es) los que lo conocían tenían, además, la práctica de la oración. Y, es más, tal era su forma de hacerla que hubo quien quiso aprender la forma mejor de dirigirse a Dios y hasta se atrevieron a decirle que les enseñara a orar. Y Él les enseñó el Padre Nuestro…

Esto, así dicho, es algo que los creyentes católicos tenemos más que claro pero si nos lo dice alguien como la Venerable Marta Robin… en fin, que la cosa toma un cariz distinto, como más serio.

Nosotros tenemos por verdad que la oración no es algo que hacemos para quedar bien con Dios o para conformarnos con hacerla. Es decir, estamos seguros de que nuestro Creador quiere que nos dirijamos a Él a través de la oración. Por eso, por ejemplo, Santa Teresa de Jesús tenía por bueno que orar es estar a solas con Aquel que sabemos que nos ama. “Que sabemos que nos ama”. Y por eso queremos orar… porque sabemos que nos ama Quien nos ha creado y mantiene.

Y sí, también nos dirigimos a Quien no es Dios mismo sino, por ejemplo, a su Madre y la nuestra; incluso, imploramos la mediación de Ella y, también, pedimos auxilio a nuestros hermanos a los que la Esposa de Cristo ha puesto en los altares. En fin…

El caso es que orar es muy importante y, no entrando ahora en qué tipo de oración podemos realizar (pues, podemos decir, hay una o más para cada circunstancia ante la que nos encontremos) lo bueno y mejor es que debemos orar.

Decimos, sí, que eso lo sabemos pero también sabemos que no siempre estamos dispuestos a llevarlo a cabo con la insistencia, perseverancia o, incluso, santa cabezonería con lo que debemos llevarlo a cabo. Y es que ya sabemos, por ejemplo, la insistencia (incluso llegando a la pesadez) con la que un hijo (más cuanto menos edad tiene) pide algo a su padre. Y nosotros debemos hacer otro tanto con nuestro Padre del Cielo porque, además, Él quiere que perseveremos en la oración (sea para pedir, o, ¡Ay!, para dar gracias). Así lo quiere Dios Todopoderoso.

Pues bien, nuestra Venerable francesa dice algo que nunca debería pasar desapercibido aunque pudiera pasar así por nuestro corazón y nuestra alma. Y es que ella nos habla de orar, sí, pero no lo dice de cualquier manera. No. Nos dice, utilizando una palabra que mucho significa, que “Conviene” orar.

Debemos estar atentos a lo que esto significa. Así, por ejemplo, nosotros sabemos que nos “conviene” alimentarnos porque, de lo contrario, moriríamos. Esto es algo evidente que todo el mundo conviene. Pues lo mismo pasa con la oración: sí, si no oramos sin cesar moriremos. Pero no morirá el cuerpo (seguramente) sino que lo hará aquella parte de nosotros que no debe morir porque no muere nunca: el alma.

La conveniencia de orar, como nos dice Marta Robin, no está en que pueda ser más o menos importante para nosotros (que sí, que lo es) sino en el hecho incontrovertible de que sin oración no existe relación con  Dios. Así de simple y sencillo de entender.

Esto debemos entenderlo: si no oramos, no nos relacionamos con Dios. Y por eso lo de que nos conviene no orar, así, de vez en cuando (como respondiendo a nuestras particulares necesidades, casi siempre materiales) sino que lo debemos hacer “sin cesar” o, lo que es lo mismo, siempre.

Pero ¿es posible eso?

Lo es. Y lo es porque la oración tiene muchas formas de manifestarse. Así, por ejemplo, oramos a Dios cuando ofrecemos nuestra labor diaria, nuestro trabajo, la mayor o menor intervención que tengamos en el andar del mundo según nos ha tocado llevar a cabo. Y, desde ahí, hasta la eternidad y más allá…

Y, a partir de eso que tan elemental es y que no necesita más que el simple, pero fundamental, ofrecimiento a Dios, podemos dar los pasos que creamos convenientes pero en los que nunca debe faltar, precisamente y no por casualidad, la oración.

Orar, pues, es, en un sentido tan cierto como que el sol ilumina el mundo en el que vivimos, un camino, el camino, recto que nos lleva a la vida eterna. Por eso no debemos dejar de orar y debemos orar, pues, sin cesar, por muy difícil que lo sea… y lo es.

 

  Eleuterio Fernández Guzmán

Nazareno

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La Venerable Marta Robin es buen ejemplo de lo que se puede llegar a ser: hija de Dios.

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