55 años es tiempo para agradecer a Dios

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El artículo de hoy va a ser algo especial porque quiero felicitar a las personas que creo deben ser felicitadas y agradecer a Quien hace que todo sea posible. Y es que nada es mejor, para un creyente católico, que regalar (aunque sean felicitaciones y agradecimientos) cuando es, como es el caso, su cumpleaños. Y es que es más que bueno eso de dar, como sabemos y, aquí, felicitar y agradecer.

 

Felicito, por lo tanto:

 

A las personas que ponen su fe católica por encima de todas las mundanidades que puedan recaer sobre su corazón o sobre su mente.

 

A los creyentes católicos que han descubierto que son amados por Dios y eso les sirve, ya, siempre y siempre.

 

A los creyentes católicos que hacen posible que la fe arraigue en sus corazones con raíces profundas.

 

A los creyentes católicos que no se dejan arrebatar el corazón por lo políticamente correcto y los respetos humanos.

 

A los creyentes católicos que son, en verdad, pobres de espíritu, mansos y humildes.

 

A los creyentes católicos que se saben en un mundo pagano y procuran reaccionar espiritualmente dirigiéndose al Padre en demanda de auxilio para sus almas y la de sus prójimos.

 

A los creyentes católicos que se ven en la obligación de corregir fraternalmente al hermano que se ha equivocado para que no se salga del camino recto que lleva al definitivo Reino de Dios.

 

A los creyentes católicos que, ante la situación económica por la que pasa el mundo, no se arredra y pone sus manos al servicio de quien está necesitado.

 

A los creyentes católicos que no transigen con la falsedad y hacen uso de su fe para contraponer la Verdad a la mentira que niega su propia fe.

 

A los creyentes católicos que demandan siempre a Dios que se les apague su ira y su rabia y les dé un corazón puro, limpio, manso y jovial.

 

A los creyentes católicos que no se sienten abandonados por el Creador y siempre lo sienten a su lado y en su corazón.

 

A los creyentes católicos que no ceden a la presunta imposibilidad de llevar su fe al mundo.

 

A los creyentes católicos que nunca se ven saciados de formarse acerca de su fe.

 

A los creyentes católicos que se reconocen pecadores y piden perdón a Dios en el Sacramento de la Penitencia.

 

A los creyentes católicos que no dan un paso atrás cuando se sienten injuriados o vejados a causa de su fe y por Jesucristo, Perfecto Dios y perfecto hombre.

 

A los creyentes católicos que tienen la paciencia suficiente como para saber que, aunque siembren en el corazón ajeno la savia de Dios, sólo el Creador determina cuando fructificará.

 

A los creyentes católicos que no se cansan de decir que lo son en todas las circunstancias por las que pasa su existencia.

 

A los creyentes católicos que mientras sufren dan gracias a Dios por tal don.

 

A los creyentes católicos que hacen de la Palabra de Dios su muy particular medio y causa de vida.

 

A los creyentes católicos que nunca mancillan al hermano con sus críticas y juicios.

 

A los creyentes católicos que prefieren una existencia limpia y esperanzada antes que una que lo sea contraria a la voluntad de Dios.

 

A los creyentes católicos que reconocen sus errores y saben enmendarlos.

 

Y, en fin, a los creyentes católicos que saben que lo son y actúan en consecuencia.

fuegos artificiales

 

Sí, es cierto que este, digamos, listado de realidades que deben ser felicitadas, ya lo he utilizado otras veces. Sin embargo, también rezamos todos los días y, no por eso, vamos a excluir de nuestra vida las oraciones aunque sean repetidas. Y es que es bueno lo es siempre.

De todas formas, algo nuevo sí quiero decir. Bueno, nuevo por no haber sido traído aquí aunque nuevo, lo que se dice nuevo, no es posible que el que esto escribe sea capaz de “inventarse” nada en materia de fe católica.

Pues bien. Hasta ahora han quedado felicitados los hermanos en la fe católica… ¡por serlo! Pero no puedo olvidar agradecer a Quien todo esto lo ha hecho posible porque sin Él nada habría sido hecho.

Dios. Sí, Dios. Al Padre Eterno debo agradecer desde la nada hasta el todo. Es decir, desde haber querido que estuviese aquí, en el mundo, hasta que mantenga en el mismo a quien, pecador como soy, nada es con relación a mi Creador.

Sí, es verdad. Esto lo puede decir cualquiera que no esté ciego o no vea las cosas como son. Pero a cada cual la fiesta le va de determinada forma y no voy a ser menos. Faltaría más. 

Agradecer a Quien nos ha dado la vida y a Quien ha hecho todo con perfección absoluta sólo estropeada por nuestras acciones, es lo mínimo que se nos puede pedir, que se me puede pedir. Pero ha de tratarse de un agradecimiento grande y franco, sin fisuras, sin exigencias inmorales e impresentables. 

Agradecer, pues, a Dios, es un acto, como se diría, de obligado cumplimiento o, por decirlo de otra forma, se trata de una obligación grave. Esto sí es obligatorio porque somos bien nacidos. Y, aunque a veces, miremos para otro lado cuando se nos reclama ser fieles a nuestra filiación divina, no por eso vamos a negar lo evidente de nuestra existencia y de nuestro día a día. 

No hay, para esto, ni tiempo limitado ni restricciones mentales. Queremos decir que no debe haberlas. Y es que agradecer a Dios porque existimos, por el paso de cada noche al día, por haber despertado y poder incorporarnos al mundo, no debería ser nada extraordinario. Hacerlo, además, desde tal principio del día… lo primero. Y luego, a lo largo de la jornada no deberían faltar momentos de dar gracias porque es mucho (e impagable) lo que le debemos, ¡sí debemos!, al Creador, a Dios Todopoderoso.

 

Gracias Dios, Padre mío y nuestro, por haberme dado la vida y mantenerme en ella.

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Eleuterio Fernández Guzmán 

 

 Nazareno

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Es de bien nacido ser agradecido. Pues eso, que nos conviene más que mucho agradecerle a Dios la vida. Sí, la nuestra. Eso como poco.

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

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