Serie “Un selfie con la Virgen María - 6- No escondamos la foto

 

 

 Un selfie con la Virgen María                         Un selfie con la Virgen María

 

 No podemos negar que muchas veces nos sorprenden los inventos que el hombre, con la ayuda inestimable de los dones de Dios, es capaz de llevar a cabo. Por eso estamos donde estamos en este siglo XXI y no nos hemos quedado quietos en aquellos primeros momentos de nuestra creación. Podemos decir, y no nos equivocaremos, que el Padre nos dio un corazón, además de limpio (aunque luego pasó lo que pasó) muy proclive a hacer rendir las neuronas. 

Haciendo de esto algo de humor negro, hasta el pobre Caín hizo algo impensable con una quijada de animal. Le dio uno uso que, con toda seguridad, no era el que tenía destinado a tener. Y es que el hombre, hasta en esto, es capaz de hacer algo nuevo con lo viejo. 

Esto, de todas formas, lo dejamos escondido (esto sí), bien escondido, debajo de algún celemín para que se vea lo mínimo posible y no dar malas ideas a nadie… 

En fin. El caso es que, como decimos, somos capaces de inventar lo inimaginable. Hasta hay quien dice que algunos tratan de descubrir la inmortalidad. Y es que esto ha sido, desde que el hombre es hombre, el sueño inalcanzable de todo aquel que no sabe dónde tiene su límite y, sobre todo, el de quien ignora, al parecer, que el único que es eterno de toda eternidad es Dios quien, no por casualidad, nos ha creado a cada uno de nosotros con el concurso de nuestros asustados padres terrenos. 

De todas formas, todo lo que, al ser inventado, sirva para el bien de la humanidad ha de tener en refrendo, la aprobación, de todo aquel que se sabe hijo de Dios y quiere, como es lógico, que las cosas vayan mejor si es que eso supone que vayan por el camino trazado por Dios para su descendencia humana. Y es que hay quien, inventando, no hace más que equivocar parte de la senda y se sale de ella con algún que otro mal pretexto de egoísmo personal. Pero a tales personas no va dirigido esto, aunque, bien pensado, a lo mejor podrían cambiar el rumbo y volverse a situar en el camino de ladrillos como si se tratase del mítico Mago de Oz sabiendo, eso sí, que su destino es mucho mejor que la de aquel grupo escaso de amigos bien extraños. 

Cuando en la famosa zarzuela se dice aquella famosa frase de “es que las ciencias avanzan que es una barbaridad” no nos sorprende nada que quisiesen referirse a inventos puramente humanos. Y es que aquellos, en aquellos antiguos tiempos, aún tenían mucho que conocer y cada apertura del conocimiento era como abrir una ventana hacia un futuro que, cada día, se presentaba más sorprendente. Sin embargo, nosotros no nos referimos a eso sino a otro tipo de inventos que tienen todo de espiritual aunque pudiera parecer que no hacemos, sino, uso de algo que está echando su cuarto a espadas en cuanto acercamiento entre personas o, simplemente, acontecimientos en los que queremos estar presentes de una forma tan directa que pareciera que no queremos perdernos ninguno de ellos. 

Nos referimos, claro está, a la utilización de la técnica fotográfica para dejar constancia de nosotros mismos en tal o cual situación. Y sí, nos referimos al palabro inglés que, de uno mismo, un en sí mismo, hace una realidad presente: el selfie. 

Alguien puede decir que estamos algo equivocados porque ¿qué tiene que ver con la fe cristiana, aquí católica, esto de tal tipo de imágenes? 

Sin embargo, no queriendo contrariar tal pensamiento, podemos decir que podemos hacer uso de tal avance de la técnica para hacernos, eso, un selfie, pero con alguien muy especial para nosotros. Y es que si hay alguien que no esté de acuerdo en hacerse uno con la Madre de Dios, digamos, en directo, que levante la mano y lo diga. Y no decimos que tire la primera piedra porque siempre puede haber quien tenga afición a echar, sobre los demás, sus culpas propias… 

Todo lo dicho hasta ahora, ahí arriba, es para animarnos a usar tal técnica pero aplicándola a una hipotética sesión fotográfica que, de improviso, nos pudiera surgir. Y no queremos referirnos a ningún tipo de aparición de la Virgen María (la Madre sabe qué hacer a tal respecto) sino a una imaginaria situación que se nos pudiese presentar sin nosotros haberlo esperado. 

De todas formas, no podemos negar que nuestra Madre del Cielo estaría más que dispuesta a tal tipo de situación pues ¿qué mejor para Ella que siempre nos quiere cerca que tenernos a tan escasa distancia del alma? 

Por cierto, si un selfie, ordinariamente, se hace, digamos, de improviso, casi sin pensarlo (como decimos arriba), aquí vamos a hacer uno que, en esto, es totalmente innovador: vamos a pensar más que bien qué supone el mismo, cómo nos presentamos nosotros ante la cámara del alma y cómo, por fin, se presenta la Virgen María con su Niño en brazos. Y es que en esto, también Ella nos permite hacer cosas distintas…

6- No escondamos la foto 

 

Una vez nos hemos hecho el selfie con la Virgen María, no es de extrañar que queramos tenerlo en un lugar preferente en nuestro corazón. Es decir, no vamos a esconderlo debajo de cualquier celemín como si la cosa no hubiera tenido importancia. No. Nosotros sabemos que es crucial para nuestra vida tener en cuenta las virtudes de la Virgen María y si, además, el Niño también ha conseguido de su Madre aparecer junto a ella y nosotros… en fin, no vamos a mirar para otro lado como si sólo hubiéramos algo sin importancia. 

Esto lo decimos porque debemos saber, y seguro que no lo hemos olvidado, que Dios también ha visto lo que hemos hecho… 

Que Dios lo ve todo es algo de fe, que tenemos por verdad y que sabemos, aunque ignoremos en el fondo cómo eso es posible, que el Todopoderoso, de forma misteriosa, todo lo conoce de nosotros. Y esto, claro, también. 

Si decimos esto de que Dios todo lo ve y todo lo sabe pudiera parecer algo, digamos, de parte nuestra porque creemos que eso es así. Sin embargo, ya en el Antiguo Testamento se dice mucho de esto: 

Job 34,21

“Porque sus ojos observan los caminos del hombre, todos sus pasos observa.”

Job 24,23

“Le dejaba apoyarse con seguridad, pero sus ojos vigilaban sus caminos.”

Job 31,4

“¿No ve él mis caminos, no cuenta todos mis pasos?2

Salmo 33,13-15  

“Yahveh mira de lo alto de los cielos, ve a todos los hijos de Adán; desde el lugar de su morada observa a todos los habitantes de la tierra, él, que forma el corazón de cada uno, y repara en todas sus acciones.”

Jeremías 23,24

“¿O se esconderá alguno en escondite donde yo no le vea? - oráculo de Yahveh -.  ¿Los cielos y la tierra no los lleno yo? - oráculo de Yahveh -.”

1 Crónicas 28,9

“Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón entero y con ánimo generoso, porque Yahveh sondea todos los corazones y penetra los pensamientos en todas sus formas. Si le buscas, se dejará encontrar; pero si le dejas, él te desechará para siempre.”

Salmos 44,20-21

“Si hubiésemos olvidado el nombre de nuestro Dios o alzado nuestras manos hacia un dios extranjero, ¿No se habría dado cuenta Dios, él, que del corazón conoce los secretos?“

Jeremías 17,10

“Yo, Yahveh, exploro el corazón, pruebo los riñones, para dar a cada cual según su camino, según el fruto de sus obras.”

Ezequiel 11,5

“El espíritu de Yahveh irrumpió en mí y me dijo: «Di: Así dice Yahveh: Eso es lo que habéis dicho, casa de Israel, conozco bien vuestra insolencia.”

 Jeremías 2,22

Porque, así te blanquees con salitre y te des cantidad de lejía, se te nota la culpa en mi presencia - oráculo del Señor Yahveh-“

Oseas 7,2

“Y no se dicen en su corazón que yo me acuerdo de toda su maldad. Ahora les envuelven sus obras, ante mi rostro están.”

Amós 5,12    

“¡Pues yo sé que son muchas vuestras rebeldías y graves vuestros pecados, opresores del justo, que aceptáis soborno y atropelláis a los pobres en la Puerta!”

Isaías 46,10

“Yo anuncio desde el principio lo que viene después y desde el comienzo lo que aún no ha sucedido. Yo digo: Mis planes se realizarán y todos mis deseos llevaré a cabo.”

Isaías 42,9

“Lo de antes ya ha llegado, y anuncio cosas nuevas; antes que se produzcan os las hago saber.”

Isaías 44,7

“¿Quién como yo? Que se levante y hable. Que lo anuncie y argumente contra mí; desde que fundé un pueblo eterno, cuanto sucede, que lo diga, y las cosas del futuro, que las revele.”

Daniel 2,28-29

“Pero hay un Dios en el cielo, que revela los misterios y que ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá al fin de los días. Tu sueño y las visiones de tu cabeza cuando estabas en tu lecho eran éstos: ‘Oh rey, los pensamientos que agitaban tu mente en el lecho se referían a lo que ha de suceder en el futuro, y el que revela los misterios te ha dado a conocer lo que sucederá’.”

Hay, por decirlo así, un texto bíblico, también del Antiguo Testamento, que muestra a la perfección esto de que Dios todo lo conoce. Es un salmo: el 138:

“Señor, tú me sondeas y me conoces;

me conoces cuando me siento o me levanto,

de lejos penetras mis pensamientos;

distingues mi camino y mi descanso,

todas mis sendas te son familiares.

 

No ha llegado la palabra a mi lengua,

y ya, Señor, te la sabes toda.

Me estrechas detrás y delante,

me cubres con tu palma.

Tanto saber me sobrepasa,

es sublime, y no lo abarco.

 

¿Adónde iré lejos de tu aliento,

adónde escaparé de tu mirada?

Si escalo el cielo, allí estás tú;

si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,

si emigro hasta el confín del mar,

allí me alcanzará tu izquierda,

me agarrará tu derecha.

 

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,

que la luz se haga noche en torno a mí»,

ni la tiniebla es oscura para ti,

la noche es clara como el día.

 

Tú has creado mis entrañas,

me has tejido en el seno materno.

Te doy gracias,

porque me has escogido portentosamente,

porque son admirables tus obras;

conocías hasta el fondo de mi alma,

no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,

y entretejiendo en lo profundo de la tierra,

tus ojos veían mis acciones,

se escribían todas en tu libro;

calculados estaban mis días

antes que llegase el primero.

 

¡Qué incomparables encuentro tus designios,

Dios mío, qué inmenso es su conjunto!

Si me pongo a contarlos, son más que arena;

si los doy por terminados, aún me quedas tú.

 

Dios mío, ¡si matases al malvado,

si se apartasen de mí los asesinos

que hablan de ti pérfidamente,

y se rebelan en vano contra ti!

 

¿No aborreceré a los que te aborrecen,

no me repugnarán los que se te rebelan?

Los odio con odio implacable,

los tengo por enemigos.

 

Señor, sondéame y conoce mi corazón,

ponme a prueba y conoce mis sentimientos,

mira si mi camino se desvía,

guíame por el camino eterno.”

 

De todas formas, también en el Nuevo Testamento hay muchos ejemplos acerca de lo que Dios puede conocer de nosotros. Pero, para no extendernos de forma que se nos diga pesados, tan sólo traemos un ejemplo de esto que decimos. Está en la Epístola a los Hebreos, en concreto entre los versículos 12 y 14 del capítulo 4 de los mismos:

“Ciertamente, es viva la Palabra de Dios y eficaz, y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón. No hay para ella criatura invisible: todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuenta.”

Vemos, por tanto, que no podemos creer que hagamos lo que hagamos al respecto del selfie, nada se va a saber y que, salvo la Virgen María, a ningún corazón llegará el mismo. Es más, es mala cosa, por nuestra parte, creer esto cuando el mismo Niño Jesús está ahí con nosotros.  Y siendo el futuro Pastor del rebaño de Dios, Dios mismo…

En realidad, ¿qué mostramos si actuamos de forma que ocultemos a Dios este selfie?

Lo podemos decir de muchas formas pero, sencillamente, habremos actuado de forma muy tibia y ya sabemos lo que se nos dice en el Apocalipsis (3, 16) acerca de los que actúan de forma tibia:

“Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca.”

El caso es que los que nos consideramos hijos de Dios y, también, de la Virgen María, aplicamos al Todopoderoso una palabra que es una característica propia de Quien todo lo puede: omnisciencia. Y, ciertamente, es una que lo es dificultosa, incluso, de pronunciar, pero lo que significa debería darnos a entender muchas cosas.

Que Dios es omnisciente sabemos que quiere decir que tiene un conocimiento total. Vamos, que lo sabe todo. Y en el tal todo también se incluye lo que hemos anhelado y, al fin, conseguido y que no es otra cosa que el selfie del que hemos hablado desde que hemos dado comienzo a estas páginas.

Por eso, San Juan (1 Jn 3, 19-20) nos dice que “En esto conoceremos que somos de la verdad, y tranquilizaremos nuestra conciencia ante Él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo.” Y por eso, otro evangelista, aquel que fuera recaudador de impuestos, escribe (Mt 10-29-30) “¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.”

Pues bien, ya podemos imaginar que si el Todopoderoso conoce hasta los cabellos de nuestra cabeza, mucho más sabrá de lo que hacemos. Y eso lo expresa más que bien Jesucristo que, al dirigirse en una ocasión a los que le escuchan les dice esto (Mt 6, 2-8):

“Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. ‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.”

En lo secreto”. El Hijo de Dios dice varias veces que su Padre, Creador nuestro, ve “en lo secreto”. ¿Dónde, pues, vamos a esconder el selfie por falta de fe sobrevenida o respetos humanos?

En resumidas cuentas: Dios es bueno y misericordioso pero, no debemos olvidar que también es justo y su justicia, que es inapelable, no puede olvidar ciertas cosas nuestras… Y es que, para desgracia de muchos (pero Gracia, al fin y al cabo) Dios se acuerda de todo y, sin duda alguna, se ha guardado una copia de este selfie. Vamos, de lo que supone querer hacérselo.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Nazareno

Para entrar en la Liga de Defensa Católica

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Panecillo de hoy:

Seguro que la Virgen María accede a hacerse con nosotros el selfie. Y es que es Madre, no lo podemos negar, muy consentidora con sus hijos.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

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