Las llaves de Pedro - Es tan importante hablar del sufrimiento...

Escudo papal Francisco

El Papa, obispo de Roma y sucesor de San Pedro, “es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles” (Lumen Gentium, 23)

Para el 11 de febrero de 2014, Jornada Mundial del Enfermo (en su edición XXII), el Santo Padre Francisco escribió un Mensaje que presentó al mundo el 6 de diciembre del pasado año 2013. El lema de la misma fue “Fe y caridad: ‘También nosotros debemos dar la vida por los hermanos” basándose, para el mismo, en un texto de la Primera Epístola de San Juan, 3, 16. El caso es que el tema del sufrimiento es muy importante. Y lo es porque considerarlo de forma cristiana pueda cambiar, totalmente, la concepción que tenemos de él.

Dijo, dice, el texto, lo siguiente

 
“Queridos hermanos y hermanas:
1. Con ocasión de la XXII Jornada Mundial del Enfermo, que este año tiene como tema Fe y caridad: «También nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1 Jn 3,16), me dirijo particularmente a las personas enfermas y a todos los que les prestan asistencia y cuidado. Queridos enfermos, la Iglesia reconoce en vosotros una presencia especial de Cristo que sufre. En efecto, junto, o mejor aún, dentro de nuestro sufrimiento está el de Jesús, que lleva a nuestro lado el peso y revela su sentido. Cuando el Hijo de Dios fue crucificado, destruyó la soledad del sufrimiento e iluminó su oscuridad. De este modo, estamos frente al misterio del amor de Dios por nosotros, que nos infunde esperanza y valor: esperanza, porque en el plan de amor de Dios también la noche del dolor se abre a la luz pascual; y valor para hacer frente a toda adversidad en su compañía, unidos a él.

2.  El Hijo de Dios hecho hombre no ha eliminado de la experiencia humana la enfermedad y el sufrimiento sino que, tomándolos sobre sí, los ha transformado y delimitado. Delimitado, porque ya no tienen la última palabra que, por el contrario, es la vida nueva en plenitud; transformado, porque en unión con Cristo, de experiencias negativas, pueden llegar a ser positivas. Jesús es el camino, y con su Espíritu podemos seguirle. Como el Padre ha entregado al Hijo por amor, y el Hijo se entregó por el mismo amor, también nosotros podemos amar a los demás como Dios nos ha amado, dando la vida por nuestros hermanos. La fe en el Dios bueno se convierte en bondad, la fe en Cristo Crucificado se convierte en fuerza para amar hasta el final y hasta a los enemigos. La prueba de la fe auténtica en Cristo es el don de sí, el difundirse del amor por el prójimo, especialmente por el que no lo merece, por el que sufre, por el que está marginado.

3. En virtud del Bautismo y de la Confirmación estamos llamados a configurarnos con Cristo, el Buen Samaritano de todos los que sufren. «En esto hemos conocido lo que es el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1 Jn 3,16). Cuando nos acercamos con ternura a los que necesitan atención, llevamos la esperanza y la sonrisa de Dios en medio de las contradicciones del mundo. Cuando la entrega generosa hacia los demás se vuelve el estilo de nuestras acciones, damos espacio al Corazón de Cristo y el nuestro se inflama, ofreciendo así nuestra aportación a la llegada del Reino de Dios.

4. Para crecer en la ternura, en la caridad respetuosa y delicada, nosotros tenemos un modelo cristiano a quien dirigir con seguridad nuestra mirada. Es la Madre de Jesús y Madre nuestra, atenta a la voz de Dios y a las necesidades y dificultades de sus hijos. María, animada por la divina misericordia, que en ella se hace carne, se olvida de sí misma y se encamina rápidamente de Galilea a Judá para encontrar y ayudar a su prima Isabel; intercede ante su Hijo en las bodas de Caná cuando ve que falta el vino para la fiesta; a lo largo de su vida, lleva en su corazón las palabras del anciano Simeón anunciando que una espada atravesará su alma, y permanece con fortaleza a los pies de la cruz de Jesús. Ella sabe muy bien cómo se sigue este camino y por eso es la Madre de todos los enfermos y de todos los que sufren. Podemos recurrir confiados a ella con filial devoción, seguros decque nos asistirá, nos sostendrá y no nos abandonará. Es la Madre del crucificado resucitado: permanece al lado de nuestras cruces y nos acompaña en el camino hacia la resurrección y la vida plena.

5. San Juan, el discípulo que estaba con María a los pies de la Cruz, hace que nos remontemos a las fuentes de la fe y de la caridad, al corazón de Dios que «es amor» (1 Jn 4,8.16), y nos recuerda que no podemos amar a Dios si no amamos a los hermanos. El que está bajo la cruz con María, aprende a amar como Jesús. La Cruz  es «la certeza del amor fiel de Dios por nosotros. Un amor tan grande que entra en nuestro pecado y lo perdona, entra en nuestro sufrimiento y nos da fuerza para sobrellevarlo, entra también en la muerte para vencerla y salvarnos… La Cruz de Cristo invita también a dejarnos contagiar por este amor, nos enseña así a mirar siempre al otro con misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien tiene necesidad de ayuda» (Via Crucis con los jóvenes, Río de Janeiro, 26 de julio de 2013).

Confío esta XXII Jornada Mundial del Enfermo a la intercesión de María, para que ayude a las personas enfermas a vivir su propio sufrimiento en comunión con Jesucristo, y sostenga a los que los cuidan. A todos, enfermos, agentes sanitarios y voluntarios, imparto de corazón la Bendición Apostólica.”

Es bien cierto que el ser humano pasa por malos momentos en su vida. Existe el sufrimiento al igual que existen momentos, muchos, en los que nos sentimos dichosos y podríamos gritar (si es que no nos lo impidiera el respeto humano) ¡Gracias, Padre, por su Amor y dones!

Es por eso que el dolor y, con el, el sufrimiento, son partes inescindibles de la vida humana. Sufrimos porque vivimos y podemos vivir si nos damos cuenta de que también es necesario el sufrimiento.

Ahora bien, no basta enfrentarse al sufrimiento de cualquier manera sino a modo de quien se sabe hijo de Dios y, por tanto, pensando que es más que posible que de sufrir se pueda sacar, cual jugo de una fruta, una buena sustancia, ahora, espiritual.

El Papa Francisco también sabe enfrentar el, al fin y al cabo, problema del sufrimiento en el que vive el ser humano. Ya cuando, el 23 de marzo de 2012, siendo Arzobispo de Buenos Aires tuvo que celebrar una Misa en la Catedral Metropolitana de aquella ciudad Argentina que venía traída a causa del recuerdo, hacía un mes entonces, de una tragedia ferroviaria supo cómo enfrentar tan gran misterio humano.

Dijo entonces que, a tenor de los propios textos litúrgicos de aquel día que correspondían al Libro de la Sabiduría, en los versículos 1a. 12-22 de su capítulo 2 (relativo a la vida según los impíos) y que decían que los mismos “Razonan erróneamente” pues ante una tragedia como aquella (o como otro sufrimiento que pueda recaer sobre nosotros) algunos no entendieron por qué eso pasaba.

Pues bien, decía entonces el ahora Papa Francisco que “Todo aquel que quiera explicar esto que pasa ahora, el misterio del dolor, el misterio del sufrimiento y de la muerte, razona equivocadamente. El pasaje termina con esta frase: ‘No concen los secretos de Dios’” pues, en efecto, no sabemos, para empezar, por qué cae sobre nosotros la espada de Damocles del sufrimiento y, para seguir, cómo enfrentarlo de forma provechosa.

Pues bien, en aquella misma Homilía se pregunta “Padre, ¿por qué?”, para responderse que

“cada uno de nosotros abra su corazón. Y siga preguntando por qué. Yo no puedo darles una respuesta, ni ningún obispo, ni el Papa, pero Él los va a consolar. Él es capaz de venir y en la armonía de su presencia paternal hacernos sentir que el misterio d ella vida y de la muerte tienen un sentido aún cuando venga de manos irresponsables”.

Y es por eso mismo por lo que es tan importante hablar del sufrimiento y del valor que tiene el mismo en la vida del hijo de Dios que se sabe, eso, hijo de Dios.

Por eso, durante el Vía Crucis celebrado el 27 de julio de 2013, en su viaje a la Jornada Mundial de la Juventud, en Brasil, dijo, preguntando,

“¿Qué ha dejado la Cruz en los que la han visto, en los que la han tocado? ¿Qué deja en cada uno de nosotros? Miren, deja un bien que nadie más nos puede dar: la certeza del amor indefectible de Dios por nosotros. Un amor tan grande que entra en nuestro pecado y lo perdona, entra en nuestro sufrimiento y nos da fuerza para sobrellevarlo, entra también en la muerte para vencerla y salvarnos”.

Y es que Cristo, que murió para que todos pudiésemos gozar de la vida eterna y ser salvados, lleva nuestra cruz porque sabe lo que es llevar una Cruz y, en efecto, colabora en el vencer a la muerte que, en su lucha con Dios, perdió la batalla contra el Hijo. Por eso en el punto 1 del mensaje aquí traído dice el Papa Francisco que “dentro de nuestro sufrimiento está el de Jesús, que lleva a nuestro lado el peso y revela su sentido”. Y más abajo (punto 2) que “El Hijo de Dios hecho hombre no ha eliminado de la experiencia humana la enfermedad y el sufrimiento sino que, tomándolos sobre sí, los ha transformado y delimitado.”

Transformar y delimitar el sufrimiento sólo es posible si se tiene la fe bien arraigada en el corazón. Así, transformaremos el dolor en gozo si, acaso, somos capaces de alcanzar a comprender el valor que tiene completar los sufrimientos de Cristo (cf. Col 1, 24) y tener al dolor (material o espiritual) como un instrumento de mejora particular de nuestra alma. Y se delimita el sufrimiento porque tanto el mismo como la enfermedad (origen cierto del mucho sufrir) han dejado de tener, como dice el Papa Francisco, “la última palabra que, por el contrario, es la vida nueva en plenitud” (punto 2)

Es, pues, repetimos, muy importante hablar del sufrimiento para que se conozca que el mismo no tiene la palabra definitiva en nuestra vida sino que puede ser, de ser bien entendido y sometido a nuestra fe cristiana, la piedra angular sobre la que construir una mejor existencia.

Eleuterio Fernández Guzmán

El Pensador

La Editorial Stella Maris convoca el I Premio de Ensayo REVISTA EL PENSADOR.

Las bases son las que siguen:


1.- Editorial Stella Maris convoca el I Premio de Ensayo REVISTA EL PENSADOR, conforme a las presentes bases.

2.- Podrán concurrir al Premio cualesquiera obras inéditas de ensayo, en lengua castellana, cuya temática verse sobre “De Franco a hoy: evolución de España desde 1975 a 2013″ desde el punto de vista social, cultural y/o moral. Esta temática podrá ser abordada en conjunto o desde cualquier aspecto concreto.

3.- Las obras tendrán una extensión mínima de 150 páginas y máxima de 300. La tipografía a utilizar será el Times New Roman, tamaño 12, espaciada a 1,5. Se presentarán dos copias impresas en papel y se adjuntará una copia en formato word.

4.- Los autores, que podrán ser de cualquier nacionalidad, entregarán sus obras firmadas con nombre y apellidos, o con pseudónimo.

En el caso de que la obra venga firmada con nombre y apellidos, es obliga-torio incluir fotocopia del documento oficial de identidad, una hoja con los datos personales (nombre y apellidos, dirección postal, teléfono y email), un currículum vitae detallado del autor, así como un certificado firmado en donde se haga constar que la misma es propiedad del autor, que no tiene derechos cedidos a o comprometidos con terceros y que es inédita.

En el caso de que la obra sea presentada bajo pseudónimo, se incorporará una plica (con el título de la obra y el pseudónimo utilizado), en cuyo interior se incluirá la documentación referida en el párrafo anterior. Las plicas sólo serán abiertas en el caso de que la obra fuera premiada. En caso contrario serán destruidas junto a los originales presentados.

5.- Se admite la presentación de obras colectivas, pero en este caso el premio se repartirá a prorrata entre los autores. Y la documentación exigida en la cláusula anterior regirá por cada uno de ellos.

6.- Las obras presentadas al Premio no podrán ser editadas, reproducidas, cedidas o comprometidas con terceros, hasta el fallo definitivo. El ganador y, en su caso, los accésits ceden, por el mismo acto del fallo y de manera inmediata, los derechos exclusivos y universales de edición durante quince años a favor de Stella Maris.

Ninguna obra presentada al Premio podrá ser retirada del concurso hasta el fallo del Jurado.

7.- El Premio consistirá en:
* 6.000 euros en concepto de anticipos de derechos de autor.
* Publicación de la obra en una de las colecciones de Stella Maris.
* El 7% sobre las ventas, en concepto de derechos de autor.

8.- El Premio puede ser declarado desierto. Asimismo puede otorgarse un Accésit por cada una de las siguientes modalidades: Ciencias Sociales, Cultura y Filosofía.

El premio de cada accésit será un diploma acreditativo. Stella Maris se reservará el derecho de publicación de cada accésit y, en este caso, el otorgamiento de un 7% sobre ventas en concepto de derechos de autor.

9.- El plazo máximo de presentación de obras que opten al Premio comienza el 1 de febrero y finaliza el 29 de diciembre de 2014 a las 24 horas.
Las obras deberán presentarse por correo certificado a la siguiente dirección:

Stella Maris
(PREMIO “REVISTA EL PENSADOR")
c/. Rosario 47-49
08007 Barcelona

10.- El Jurado estará compuesto por cinco profesores universitarios e intelectuales de reconocido prestigio, designados por Stella Maris. La composición del Jurado se hará pública al mismo tiempo que el fallo del Premio.

11.- El premio será fallado el 27 de febrero de 2015 y será publicado al día siguiente, comunicándose directamente además al ganador y accesits. El fallo del jurado será inapelable.

Las obras no premiadas serán automáticamente destruidas y no se devolverán en ningún caso a sus autores. Stella Maris no están obligados a mantener correspondencia con ninguno de los aspirantes al Premio.

12.- La concurrencia al Premio implica la aceptación expresa de las presentes bases de convocatoria.

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Por la libertad de Asia Bibi.
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Por el respeto a la libertad religiosa.

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Enlace a Libros y otros textos.

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

El Vicario de Cristo pastorea a la grey de Dios porque sabe que es lo que Dios quiere que haga.

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Para leer Fe y Obras.
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