Serie Bienaventuranzas en San Mateo - 8.-Los perseguidos por causa de la justicia - Fin de la serie

Hoy es San Jorge.

Por la libertad de Asia Bibi y Youcef Nadarkhani.

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Enlace a Libros y otros textos.

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Explicación de la serie

Sermón del Monte

S. Mateo, que contempla a Cristo como gran Maestro de la Palabra de Dios, recoge, en las 5 partes de que consta su Evangelio, la manifestación, por parte del Hijo, del verdadero significado de aquella, siendo el conocido como Sermón de la Montaña el paradigma de esa doctrina divina que Cristo viene a recordar para que sea recuperada por sus descarriados descendientes.

No creáis que vengo a suprimir la Ley o los Profetas (Mt 5,17a). Con estas palabras, Mateo recoge con claridad la misión de Cristo: no ha sido enviado para cambiar una norma por otra. Es más, insiste en que no he venido a suprimirla, sino a darle su forma definitiva (Mt 5,17b). Estas frases, que se enmarcan en los versículos 17 al 20 del Capítulo 5 del citado evangelista recogen, en conjunto, una explicación meridianamente entendible de la voluntad de Jesús.

La causa, la Ley, ha de cumplirse. El que, actuando a contrario de la misma, omita su cumplimiento, verá como, en su estancia en el Reino de los cielos será el más pequeño. Pero no solo entiende como pecado el no llevar a cabo lo que la norma divina indica sino que expresa lo que podríamos denominar colaboración con el pecado o incitación al pecado: el facilitar a otro el que también caiga en tal clase de desobediencia implica, también, idéntica consecuencia. El que cumpla lo establecido tendrá gran premio.

Pero cuando Cristo comunica, con mayor implicación de cambio, la verdadera raíz de su mensaje es cuando achaca a maestros de la Ley y Fariseos, actuar de forma imperfecta, es decir, no de acuerdo con la Ley. Esto lo vemos en Mt 5, 20 (Último párrafo del texto transcrito anteriormente).

Las conductas farisaicas habían dejado, a los fieles, sin el aroma a fresco del follaje cuando llueve, palabras de fe sobre el árbol que sostiene su mundo; habían incendiado y hecho perder el verdor de la primavera de la verdad, se habían ensimismado con la forma hasta dejar, lejana en el recuerdo de sus ancestros, la esencia misma de la verdadera fe. Y Cristo venía a escanciar, sobre sus corazones, un rocío de nueva vida, a dignificar una voluntad asentada en la mente del Padre, a darle el sentido fiel de lo dejado dicho.

El hombre nuevo habría de surgir de un hecho antiguo, tan antiguo como el propio Hombre y su creación por Dios y no debía tratar de hacer uso, este nuevo ser tan viejo como él mismo, de la voluntad del Padre a su antojo. Así lo había hecho, al menos, en su mayoría, y hasta ahora, el pueblo elegido por Dios, que había sido conducido por aquellos que se desviaron mediando error.

El hombre nuevo es aquel que sigue, en la medida de lo posible (y mejor si es mucho y bien) el espíritu y sentido de las Bienaventuranzas.

8.- Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia y en el nombre de Cristo

Los perseguidos por causa de mi nombre

Bien podemos unificar, en un solo sentido, las dos últimas bienaventuranzas. Cuando Jesús habla de persecución por causa de la justicia, une esto a ser Él “la causa” (por mi causa, dice) en la última bienaventuranza.

Aplicar la justicia, en sentido estricto, es dar a cada uno según lo suyo, según le corresponda (1) . Sin embargo, aquí también, como en otras bienaventuranzas, nos encontramos con un doble sentido de este término: para con Dios y para con los hombres. Al fin y al cabo aquellas son expresión de la relación del Padre con los hijos, en perfecta unión.

Está claro que en nuestra relación con Dios no cabe que nosotros seamos justos a tenor de la desproporción existente entre su Derecho y el nuestro, derivado de su voluntad y que, por eso, no puede ser equiparado. Sólo podemos demandar misericordia y perdón. Él es la misma justicia.

Pero es con los hombres, el otro ángulo desde el que vislumbramos esta virtud, con quienes podemos mostrar si hemos aprehendido algo de la conducta de Cristo.

Ser justos con los demás supone ser respetuosos con la dignidad de los hermanos o de los gentiles, llevar la comprensión hasta un límite que no conozca fin (setenta veces siete), a saber perdonar cualquier ofensa, a saber hacer uso de la caridad que, con Francisco Fernández Carvajal acordamos, llega donde la justicia no alcanza.

Sin embargo, no podemos perder de vista el verdadero sentido de estas dos últimas bienaventuranzas, que no refieren a la mera acepción de lo justo interpartes o entre hijo y Padre. Lo que más es de destacar en ellas es que Cristo entiende que Él puede ser la causa de persecución porque Él es la Justicia (aquí con merecida mayúscula) misma.

Antes hemos apuntado algo acerca del verdadero sentido que Jesucristo da al término justicia ya que, sobre el mismo, hay que aplicar otras consideraciones para evitar que la práctica de la misma derive en un fácil abuso del que la sustenta.

Para Cristo no hay justicia si no hay misericordia; o lo que es lo mismo, sin perdón; no hay justicia si no anida en el corazón del hombre el sentido más tierno del amor, si se circunscribe, únicamente, a una medida raquítica y escuálida el hecho de ser justo.

Además, siguiendo a Lactancio (2) han de concurrir, para tener un sentido apropiado de esta virtud, otras como la piedad y la equidad. Entendemos que la piedad fortalece de razón a la hora de aplicar la justicia; la segunda es elemento fundamental de un discurrir esencialmente justo; la equidad corrige, o, al menos, ha de corregir, el uso de la virtud de la que tratamos para darle una consideración exacta de su contenido.

Porque la Justicia es causa para la persecución por quienes tergiversan su sentido, por quienes consideran que un uso de la misma a su antojo es conducta adecuada con la voluntad de Dios, al ser garantes de la misma, porque secularmente así ha sido. Es causa de incomprensión cuando se reclama su verdadero sentido, el querido por Dios.

El caso es que Cristo, siendo objeto de persecución por poner de manifiesto lo que es justo hasta el extremo, motivó que sus seguidores fueran perseguidos por esa causa, siendo la justicia divina que Jesús representa la que produce terror en los detentadores de la Ley; en aquellos que, desde sus sacerdocios y demás controles, entienden que tienen autoridad suficiente como para considerarse, ellos, sabedores de lo que la Justicia significa. Son ellos mismos los portadores del estandarte enrollado, meguil.lah (3) que contiene lo que es justo. De aquí que los que sean reclamados por cumplir pena por los aplicadores formales de lo escrito tendrán, ya, el Reino de los cielos con ellos (al igual, recordemos, que los pobres de espíritu), como anticipo al único cielo posible: aquel donde el rostro de Dios disipará cualquier sombra de injusticia humana de los que se han apropiado de esta virtud para interpretar, a su gusto, la voluntad de Dios, el único Justo.

“Alegráos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros”. Con esto, Cristo da sentido a todo el sufrimiento de los bienaventurados, prometiéndoles un gran premio ya que tantos otros, antes, en siglos anteriores, enviados a anunciar al pueblo elegido la voluntad de Dios, sufrieron como ellos, también, persecución y muerte (y no sólo del alma, y no sólo causa de tristeza del corazón).

En esta manifestación de misericordia por parte de Dios, mostrando el camino que lleve a Él y facilitando, así, la consecución de esa meta tan anhelada por el hombre, brilla la Verdad misma. Desde ella fluye, hacia los oyentes de aquel Sermón y, desde entonces, hacia todos los seguidores del mismo, una fuente de agua viva de la que podemos vivir, de la que, con una elección sabia si estimamos nuestra salvación, podemos alimentar nuestro espíritu.

CONCLUSIÓN DE LA SERIE SOBRE LAS BIENAVENTURANZAS EN SAN MATEO

Hemos visto, a lo largo de estas artículos, que Jesucristo, como Hijo de Dios y, por lo tanto, enviado del Padre a transmitirnos la Verdad en su más intensa expresión, trató de que sus semejantes y contemporáneos llegaran a comprender el fundamento que encierra la Palabra de Dios; el cómo llevar a la práctica, como vehiculo que permite una vida acorde a su voluntad, un quehacer diario.

Como expresión de lo que dijo, y quedó para siempre, un comportamiento exento de incumplimientos y deseoso de evidenciar, para ser entendido, una forma de vida llena de múltiples ejemplos, de parábolas que llenaban el corazón de sus escuchantes o de los transmisores de su Palabra, de riquezas del alma que daban forma y sustento a una vida “nueva”, a nuevo “odre” que recogiese el vino exento de vileza y pecado.

Hemos podido comprobar que el sentido de lo contenido en ese “discurso” de múltiples aportaciones a la bondad y a la misericordia, es aceptable y llevable a la práctica, otorga una posibilidad de mejorar en el vivir y formaliza, para quien lo quiera aceptar, una visión del mundo ejemplo del Reino que ha de llegar y del que disfrutamos, compartiendo, ya, en este paso nuestro por el mundo.

Que sea comprendido por aquellos que lo reciban es una opción que Dios, también, deja de nuestra mano.

¡Alabado sea Dios por darnos la oportunidad de mejorar como hijos suyos!

NOTAS

(1) Sto. Tomás de Aquino la define como el hábito según el cual uno, con constante y perpetua voluntad, da a cada cual su derecho. Cita recogida por Francisco Fernández Carvajal, en obra citada y referida, en concreto a la Summa Teológica 2-2, q. 58, a.1.
(2) Institución divina, V. 15; PL 6, 596.
(3) Meguil.lah, meguil.lot: rollo, rollos: donde están los escritos sagrados, de donde se lee y aprende el texto de los mismos.

Leer Bienaventurados los pobres de espíritu.

Leer Bienaventurados los mansos.

Leer Bienaventurados los que lloran.

Leer Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia.

Leer Bienaventurados los misericordiosos.

Leer Bienaventurados los limpios de corazón.

Leer Bienaventurados los que trabajen por la paz.

Eleuterio Fernández Guzmán

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Para leer Fe y Obras.
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1 comentario

  
María
El Reino de los Cielos, es el Reino de los Hijos de DIOS.
El mundo fué hecho para ellos, y cuando sea purificado del pecado, cuando se realice plenamente la Justicia, les será entregado.
24/04/12 10:51 AM

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