Eppur si muove - ¿Crucifijo y sociedad política son incompatibles?

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Me llama poderosamente la atención que haya personas que, siendo católicas, se empeñen en que el crucifijo desaparezca de la vida publica.

Por ejemplo, resulta difícilmente entendible que, por ejemplo, un teólogo como Juan José Tamayo se manifieste tan en contra de la cruz de Cristo y, claro, de lo que la misma representa.

Hace pocos días le publicaron un artículo en la poco benéfica Redes Cristianas titulado “Camps, Cotino, el crucifijo y la corrupción” y trata de escribir, el teólogo progre, acerca de la toma de posesión del Presidente de las Cortes Valencianas (Juan Gabriel Cotino Ferrer) porque, el buen hombre, tuvo, al parecer, la mala idea, de colocar, para jurar él mismo, el crucifijo que, de ordinario, tenía en su despacho de Consejero, hasta entonces, de Medio Ambiente.

Pues bien, hay personas como Tamayo, que se definen, por ejemplo, por la forma de titular un artículo.

Dice el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española, que la “i griega” o “ye” tiene una utilidad consistente, por ejemplo, en “unir palabras o cláusulas en concepto afirmativo” o, lo que es lo mismo, que tienen una relación muy directa y, en general, que van unidas muy íntimamente.

Pues bien, el título, tan sólo el título, es ya bastante ruin e impresentable “… el crucifijo y la corrupción”.

Además de estar vendiendo la piel del oso antes de cazarla, en referencia a la posible condena del Presidente Camps (pues ya sabemos del pie que cojea Tamayo y que no es, precisamente, el derecho) equipara, el taimado individuo, el crucifijo a la corrupción por el simple hecho de ser utilizado en la jura de un cargo. Queda, pues, claro, que hay, al menos, un teólogo, al que la cruz de Cristo no le gusta demasiado porque la usa para sembrar confusión.

Si, además, por afirmativo se entiende el hecho de dar por cierto algo podemos concluir que, para Juan José Tamayo, el crucifijo y corrupción son una misma cosa.

Con esto debería terminar este artículo porque denota, sólo con eso, un extravagante sentido del más importante símbolo del discípulo de Cristo. Sin embargo, me parece a mí que no es suficiente porque tenemos la obligación de desenmascarar a los lobos con piel de oveja o de cabrito, quien sabe.

Parecería, entonces, que el crucifijo nada tiene que ver con la vida política y que, en todo caso, debería quedar fuera de la misma. Esto es, además, algo extraño porque como está permitido “jurar” (además de prometer) un cargo público, a nadie debería extrañar que se manifieste tal voluntad ante quien representa la razón, precisamente, de jurarlo. Eso no debería extrañar a nadie salvo a quien se extrañe de que las cosas sean como son por muy alejadas de su voluntad que estén.

Dice, además, que el crucifijo aparezca en tal situación es una “perversión” porque sostiene que “Tamañas perversiones no hubieran sucedido si el Gobierno hubiera llevado al Parlamento la Ley de Libertad Religiosa y de Conciencia, que era el buque insignia legislativo del PSOE y en la que ha venido trabajando un grupo de expertos durante toda la legislatura”. Y, entonces, se le acaba de ver el plumero: al lado de un partido de izquierda que manifiesta, de forma continua, un ánimo consistente en hacer que la Iglesia católica queda arrinconada y su doctrina olvidada y escondida en algún rincón de la historia. Vamos, toda una joya al lado de la que se pone Juan José Tamayo, poco insigne teólogo diezmador, si es que puede, de la fe que dice tener pero de la que, a todas luces, aborrece y de la que se asquea.

Por eso es más importante que nunca que el crucifijo no esté alejado de la sociedad política. No es para que la Iglesia católica tenga poder alguno que no quiere ni busca sino, sólo, exclusivamente y por la única razón y causa relacionada con las creencias de la mayoría de la sociedad española. Y eso debería bastar incluso para aquellos que querrían ver la cruz y lo que representa, muy lejos de la vida pública siendo, como es, el fundamento de un comportamiento digno de ser tenido como bueno y benéfico.

Y a Juan José Tamayo, por cierto, que le vayan dando píldoras mundanas cada 8 horas porque, al parecer, se las sigue tomando de dos en dos y le producen tales efectos que, además, agradece pergeñando determinados escritos.

Eleuterio Fernández Guzmán

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4 comentarios

  
Luis C.
La primera parte de este apunte es de chiste, lo de la conjunción digo. El mismo diccionario, en su acepción segunda, dice:

2. conj. copulat. U. para formar grupos de dos o más palabras entre los cuales no se expresa. Hombres y mujeres, niños, mozos y ancianos, ricos y pobres, todos viven sujetos a las miserias humanas. Se omite a veces por asíndeton. Acude, corre, vuela. Ufano, alegre, altivo, enamorado. Se repite otras por polisíndeton. Es muy ladino, y sabe de todo, y tiene una labia...

Buscarle más pies al gato de los que tiene es ridículo.

Con respecto al tema de crucifijos en cámaras publicas no seré yo quien se oponga a que estén presentes si algún representante desea jurar frente al mismo. Por mi como si lo quiere hacer con una foto de Maradona por motivos religiosos. Una vez terminado su juramento, se retira el símbolo en cuestión y punto. Sin problemas.


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EFG


Siento no haberme sabido explicar. Debería haber dicho que aquí dice esto:


y2.
(Del lat. et).
1. conj. copulat. U. para unir palabras o cláusulas en concepto afirmativo.
08/07/11 2:59 AM
  
Miserere mei Domine
Quien odia la cruz se califica a si mismo. Pero la sociedad actual acepta este odio como algo positivo, guay e intrínsecamente bueno. El enemigo ve cumplidos sus objetivos. Dios nos ayude y le bendiga D. Eleuterio :)
08/07/11 10:16 AM
  
Vult
La cruz es símbolo personal y comunitario de todo cristiano y de toda sociedad cristiana, con su retirada amparada en la excusa del “estado aconfesional” ¿se busca que sólo los ateos anti clericales, puedan ejercer funciones públicas, Como en las épocas pretéritas donde los totalitarismos nazi o comunista, ya se ensañaron con las cruces?. Pues eso parece, donde haya un cristiano ahí tiene que haber una cruz , y más en una sociedad como es la europea y en particular la española, constituida sobre la Fe cristiana, si Cristo murió por nuestros pecados en la Cruz, en la expresión del amor extremo, tendremos que asumir su Cruz y lo que significa. En esta sociedad que no pone cruces en los domicilios privados, porque son “macabras”, existe demasiada hipocresía con este tema, como cristianos ¿Cuántos tenemos crucifijos en casa?, si primero quitamos los crucifijos de las casas, no es de extrañar que ahora vengan por los situados en espacios públicos. Pero que quede claro, sin cruz no hay perdón, ni cristiandad, sin cristiandad no hay, ni identidad europea ni naciones, y lo que es peor no hay salvación, pues quien niega la cruz, sea hombre o sociedad se estará negando así mismo.

Saludos y Bendiciones.
08/07/11 12:49 PM
  
rastri
-En tanto y cuanto la "sociedad política" pretenda eternizarse en este su mundo de gobierno, y el Crucifijo ofrezca la bienaventuranza eterna fuera del mismo: El Crucifijo y la política de los hombres, ciertamente son por naturaleza atagónicos.

-Lo dicho: no se puede servir al Crucifijo y a los hombres sin traicionar a uno o a otros.
08/07/11 4:18 PM

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