InfoCatólica / Liturgia, fuente y culmen / Categoría: Espacio litúrgico

26.04.18

La sacristía también es lugar litúrgico

Un lugar amplio, hermoso, que disponga para empezar la celebración litúrgica con suficiente recogimiento y que sirva igualmente para conservar todas las cosas y elementos necesarios para el culto: esto es la sacristía.

   El Caeremoniale episcoporum señala como paradigma:

    “En la iglesia catedral no debe faltar el “secretarium”, es decir una sala digna, en lo posible cercana a la entrada de la iglesia, en la cual el Obispo, los concelebrantes y los ministros puedan ponerse los vestidos litúrgicos, y de la cual se inicie la procesión de entrada. La sacristía será de ordinario diferente del “secretarium”; en ella se guarda el ajuar sagrado, y en ella los días ordinarios el celebrante y los ministros se pueden preparar para la celebración “ (n. 53).

  Tanto en la sacristía como en el secretarium debe observarse el silencio y la modestia (cf. Id., n. 37):

  “Pongan todos esmero en guardar silencio, respetando así tanto la común disposición de ánimo como la santidad de la casa de Dios” (Id., n. 170).

   En las nuevas construcciones hay que pensar en la sacristía como un lugar amplio y no como si fuera un pequeño vestidor; y pastoralmente, cuidar mucho la sacristía: hay que lograr que unos minutos antes de la celebración litúrgica no se convierta en lugar de conversaciones y asuntos varios, sino de silencio, ya que es lugar casi-sagrado, para permitir que el sacerdote y los ministros se dispongan a los Misterios con humildad y devoción. El silencio y el orden son cualidades de una buena sacristía.

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6.04.18

La capilla del Sagrario

    El tabernáculo -sagrario- debe estar situado dentro de las iglesias en un lugar de los más dignos con el mayor honor. La nobleza, la disposición y la seguridad del tabernáculo eucarístico deben favorecer la adoración del Señor realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar (Catecismo de la Iglesia, nº 1183).

     El lugar de la reserva eucarística no es, de por sí, un lugar celebrativo, sino un lugar de oración personal. Al hacer esta afirmación no queremos decir que la reserva eucarística esté desligada de la celebración litúrgica, pero sí, en cambio, subrayar que el creyente que se recoge ante el Santísimo no se sitúa en la dinámica de la celebración sacramental, sino de la oración personal. Pensemos cómo a lo largo del Barroco proliferaron hermosísimas capillas sacramentales o capillas del Sagrario en parroquias y templos, para ensalzar su Presencia Real, permitir la adoración personal y favorecer el culto al Santísimo.

   “Conviene, pues, que el sagrario se coloque a juicio del Obispo diocesano… o también en alguna capilla idónea para la adoración privada y para la plegaria de los fieles, que se halle estructuralmente unida con la iglesia y a la vista de los fieles” (IGMR, n. 315b).

    1. Al ser para la oración personal, lo primero es que se debe procurar que sea aparte del lugar de la celebración, para facilitar la intimidad, el silencio y recogimiento. Su sitio no es el presbiterio.

    2. Lugar sereno: por la luz, por la comodidad, por los bancos.

    3. Una vela encendida, signo de la presencia del Señor.

    4. El centro es el sagrario: incluso un foco con luz directa al sagrario, no tanto a las imágenes que pueda haber en ninguna capilla sacramental.

    La ubicación del Sagrario debe permitir una cierta intimidad para la oración personal creando un espacio de recogimiento así como favorecer mucho su ubicación la cercanía física con el presbiterio para las celebraciones litúrgicas y que sea fácil reservar después de distribuir la comunión en la celebración eucarística. Pensemos que éstos son los criterios litúrgicos establecidos:

     “Es conveniente que se destine para la reserva de la sagrada Eucaristía una capilla o lugar fuera del cuerpo central de la iglesia, adecuado para la adoración y la oración privada de los fieles. Este lugar ha de ser verdaderamente destacado y noble, de fácil acceso desde el atrio o pórtico y desde la nave de la iglesia. El ambiente debe ofrecer un clima de recogimiento y de atención a la presencia eucarística” (Sdo. Nacional de Liturgia, Directorio Ambientación y arte del lugar de la celebración, n. 17).

    Sería muy ilustrativo leer la historia y evolución de la reserva eucarística en cualquier buen manual de liturgia.

   La normativa de la IGMR actual dice:

 314. Para cualquier estructura de la iglesia y según las legítimas costumbres de los lugares, consérvese el Santísimo Sacramento en el Sagrario, en la parte más noble de la iglesia, insigne, visible, hermosamente adornada y apta para la oración.

 Como norma general, el tabernáculo debe ser uno solo, inamovible, elaborado de materia sólida e inviolable, no transparente y cerrado de tal manera que se evite al máximo el peligro de profanación. Conviene, además, que se bendiga según el rito descrito en el Ritual Romano antes de destinarlo al uso litúrgico.

 315. Por razón del signo conviene más que en el altar en el que se celebra la Misa no haya sagrario en el que se conserve la Santísima Eucaristía.

 Por esto, es preferible que el tabernáculo, sea colocado de acuerdo con el parecer del Obispo diocesano:

 a) o en el presbiterio, fuera del altar de la celebración, en la forma y en el lugar más convenientes, sin excluir el antiguo altar que ya no se emplea para la celebración (cfr. n. 303);

 b) o también en alguna capilla idónea para la adoración y la oración privada de los fieles, que esté armónicamente unida con la iglesia y sea visible para los fieles.

 316. Cerca del sagrario, según la costumbre tradicional, alumbre permanentemente una lámpara especial, alimentada con aceite o cera, por la cual se indique y honre la presencia de Cristo.

 317. Tampoco se olviden de ninguna manera las demás cosas que para la reserva de la Santísima Eucaristía se prescriben según las normas del Derecho.

   A lo que hay que sumar las indicaciones de Benedicto XVI en la exhortación Sacramentum caritatis:

 Sobre la importancia de la reserva eucarística y de la adoración y veneración del sacramento del sacrificio de Cristo, el Sínodo de los Obispos ha reflexionado sobre la adecuada colocación del sagrario en nuestras iglesias. En efecto, esto ayuda a reconocer la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento. Por tanto, es necesario que el lugar en que se conservan las especies eucarísticas sea identificado fácilmente por cualquiera que entre en la iglesia, también gracias a la lamparilla encendida. Para ello, se ha de tener en cuenta la estructura arquitectónica del edificio sacro: en las iglesias donde no hay capilla del Santísimo Sacramento, y el sagrario está en el altar mayor, conviene seguir usando dicha estructura para la conservación y adoración de la Eucaristía, evitando poner delante la sede del celebrante. En las iglesias nuevas conviene prever que la capilla del Santísimo esté cerca del presbiterio; si esto no fuera posible, es preferible poner el sagrario en el presbiterio, suficientemente alto, en el centro del ábside, o bien en otro punto donde resulte bien visible. Todos estos detalles ayudan a dar dignidad al sagrario, cuyo aspecto artístico también debe cuidarse. Obviamente, se ha tener en cuenta lo que dice a este respecto la Ordenación General del Misal Romano. En todo caso, el juicio último en esta materia corresponde al Obispo diocesano (n. 69).

   ¿Y qué dicen los demás libros litúrgicos e Instrucciones de la Congregación para el Culto divino sobre el lugar del Sagrario?

+ Una Instrucción –es decir, reglamentación litúrgica- prescribe: “El lugar de la iglesia o del oratorio en que se guarde la Eucaristía en el sagrario sea verdaderamente destacado. Conviene que sea al mismo tiempo apto para la oración privada, de modo que los fieles no dejen de venerar al Señor en el Sacramento, aun con culto privado, y lo hagan con facilidad y provecho. Por eso se recomienda que el sagrario en cuanto sea posible, se coloque en una capilla que esté separada de la nave central del templo, sobre todo en las iglesias en que se celebran más frecuentemente matrimonios y funerales y en los lugares que son muy visitados por razón de los tesoros de arte y de historia” (Eucharisticum Mysterium, 53). Añadiendo: “«La sagrada Eucaristía se reservará en un sagrario sólido e inviolable, colocado en medio del altar mayor, o de un altar lateral, pero que sea realmente destacado, o también, según costumbres legítimas y en casos particulares, que deben ser aprobados por el Ordinario del lugar, en otro sitio de la iglesia, pero que sea verdaderamente muy noble y esté debidamente adornado” (Id., n. 54). No hay obligatoriedad alguna de que sea en el altar mayor, pero sí que sea MUY NOBLE y DEBIDAMENTE ADORNADO.

 + El Ceremonial de Obispos sobreentiende que el lugar es una capilla aparte; en la Misa estacional el obispo es recibido en la puerta y con cruz y precedido por el cabildo, presbíteros y clero, recibe el hisopo se asperja y asperja a los presentes; “de inmediato prosigue con su comitiva al lugar donde se reserva al Santísimo Sacramento, y allí ora brevemente, y, por último, va a la sacristía” (Ce, n. 79). De hecho se advierte que “si la procesión pasa delante de la capilla del Santísimo Sacramento, no se detiene ni se hace genuflexión” (CE, n. 128) (por sentido común, girarse de dos en dos a hacer genuflexión destroza el orden y el sentido de la procesión). Por si fuera poco: “Se recomienda que el tabernáculo, según una tradición antiquísima conservada en las iglesias catedrales, se coloque en una capilla separada de la nave central. Si en algún caso particular el tabernáculo se encuentra sobre el altar en el cual va a celebrar el Obispo, trasládese el Santísimo Sacramento a otro lugar digno” (CE, n. 49).

 + El Ritual de la dedicación de iglesias y de altares prevé la existencia de una capilla del Sagrario. Dicen las rúbricas: “Conviene hacer la inauguración de la capilla de la reserva de la santísima eucaristía de la siguiente manera: Después de la comunión, se deja sobre la mesa del altar el copón con el santísimo sacramento. El obispo va a la cátedra y todos oran, por unos instantes, en silencio. Luego, el obispo dice la oración después de la comunión. Después, el obispo vuelve al altar e inciensa de rodillas, el santísimo sacramento y, tomando el velo humeral, recibe el copón en sus manos, cubiertas con dicho velo. Se ordena la procesión, en la cual, marchando todos detrás del crucífero, se lleva el santísimo sacramento con cirios e incienso por la nave de la iglesia a la capilla de la reserva”.

 

16.03.18

La pila bautismal, maternidad de la Iglesia

Pila bautismalLa pila bautismal es preciosa: ella es el seno de nuestra Madre queridísima, la Iglesia, que allí nos engendró a la vida sobrenatural, otorgándonos la filiación divina, ser miembros del Cuerpo de Cristo, templos del Espíritu, llamados a compartir con Cristo su sacerdocio, su realeza y su profetismo, llamados a la santidad.

Preciosa fuente, sus aguas reciben por el Espíritu la gracia de hacernos renacernos como nuevas criaturas, sepultando el pecado y convirtiéndonos en hombres nuevos, a imagen de Cristo, nuevo Adán.

Bendita pila bautismal, donde el Amor de Dios se sigue entregando para comunicar una nueva vida, adoptándonos, gratuitamente, como hijos.

Seno de la Iglesia, que siempre es Madre y Madre fecunda por sus sacramentos, acompañando nuestro crecimiento como hijos pequeños hasta que lleguemos a la madurez de la fe, a la medida de Cristo en su plenitud.

Una fuente bautismal, en una parroquia o catedral, es un signo venerable que nos recuerda de dónde brota todo y lo que somos.

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22.02.18

El baptisterio

La pila bautismal debe ser fija, sobre todo en el bautisterio, construida de materia apropiada y con arte, apta incluso para el caso del bautismo por inmersión. Con el fin de que resulte un signo más pleno, puede construirse de forma que el agua brote como un verdadero manantial (SECRETARIADO NACIONAL DE LITURGIA, Ambientación y arte en el lugar de la celebración, 1987, nº 20).

    Se prevé que la fuente bautismal esté en una capilla aparte, cerca de la entrada de la iglesia. Si no es posible, en el presbiterio, pero no como algo normal y habitual sino excepcional. Es preferible que tenga ocho lados, recuperando la antigua tradición, sea situando la fuente bautismal en una capilla octogonal, o enmarcando pila en un templete octogonal, o adoptando la forma octogonal la misma pila. ¿Por qué el número 8? Tiene evidentes raíces bíblicas. El Señor Resucitó en el Octavo Día, inaugurando un tiempo nuevo; si el tiempo cronológico tiene 7 días, el Señor abre el tiempo de la vida nueva con un día más, el Octavo, que supera el tiempo terreno.

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8.02.18

La sede para la penitencia

    La renovación de la vida bautismal exige la penitencia. Por tanto, el templo debe estar preparado para que se pueda expresar el arrepentimiento y la recepción del perdón, lo cual exige asimismo un lugar apropiado (Catecismo de la Iglesia, nº 1185).

    El sacramento de la penitencia es un sacramento eclesial, puesto que el pecador ofende a Dios y a la Iglesia con su pecado, y de ambos se separa, y por ambos, vuelve a la comunión. Es el sacramento de la paz de Dios donde se vuelve a la pax Ecclesiae. Es, asimismo, claro ejemplo, de cómo la Iglesia es santa en sí misma y pecadora en sus miembros.

    Este sacramento es un sacramento comunitario, aunque sólo lo celebre un penitente y un presbítero. Es un sacramento comunitario y eclesial, pero un tanto especial por su celebración. Reformada ésta por el Concilio y el Ritual, ahora consta -¡debe constar!- de saludo, lectura bíblica, confesión, penitencia, oración del penitente, imposición de manos y absolución, oración de acción de gracias y despedida.

    Este sacramento no es un encuentro psicológico ni una dirección espiritual: es una celebración litúrgica, donde existe una sede presidencial y un ministro que preside el sacramento revestido de las vestiduras litúrgicas, porque es signo e instrumento eficaz de Cristo.

  Junto a la sede del presidente, el lugar del penitente. Es conveniente que tenga la posibilidad de sentarse para confesar, igualmente que se pueda poner cómodamente de rodillas para la absolución, y que no existan separaciones que impidan la imposición de manos sobre la cabeza del penitente.

   La reja, que debe existir en todo confesionario, es un signo de respeto para el que quiera preservar su anonimato, pero no es lo deseable, puesto que impide la realización concreta y entera de los signos del sacramento. La rejilla hoy no es obligatorio usarla sino tenerla para el penitente que desee usarla y preservar el anonimato. En el caso de las mujeres, en general, es una buena medida de prudencia y recato.

    Debe haber un lugar discreto pero iluminado, que no produzca miedo sino serenidad y confianza para celebrar con tranquilidad el sacramento. Educar para el sacramento: silencio, imposición de manos, lectura de la Palabra, oraciones del penitente.

 Recordemos la instrucción pastoral “Dejaos reconciliar con Dios” del Episcopado español:

    “El sacramento de la penitencia normalmente se celebrará, a no ser que intervenga una causa justa, en una iglesia u oratorio. Ha de evitarse por todos los medios que las sedes para el sacramento de la penitencia o confesionarios estén ubicados en los lugares más oscuros y tenebrosos de las iglesias como en ocasiones sucede. La misma estructura del “mueble confesionario” tal y como es en la mayoría de los casos presta un mal servicio a la penitencia que es lugar de encuentro de Dios, tribunal de misericordia, fiesta de reconciliación. Por esto y para dar todo el relieve necesario al acto del coloquio penitencial, debe cuidarse la estética, funcionalidad y discreción de la sede para oír confesiones. En todo caso tener presente que, tanto en la iglesia como fuera de ella, el lugar para la reconciliación de responder, por una parte, a la discreción propia de la acción que se realiza y así pueda favorecer el diálogo; pero, a la vez, no debe perder el carácter de lugar visible.

    No podemos dejar de recordar aquí el respeto que se debe tener a este sacramento y la dignidad con la que debe celebrarse, incompatible con algunos usos que se manifiestan, a veces, en la manera de vestir o de comportarse el sacerdote durante la celebración. En este sentido recordamos que los ornamentos propios para celebrar la reconciliación individual en la iglesia son el alba y la estola” (n. 79).

 NB. Y añado a lo estrictamente litúrgico, porque me sale del alma: una buena sede penitencial requiere algo tan sencillo como que el sacerdote realmente se siente, aunque no confiese nadie, todos los días; que esté esperando allí aun cuando no acuda nadie ni un día ni otro ni otro. ¡Que aproveche para leer o para orar! Pero eso de los tablones de anuncios: “Confesiones media hora antes de la Misa” debe ser absolutamente real. El sacerdote ha de sentarse diariamente en su sede penitencial como Cristo que siempre está esperándonos. Esa es una gran catequesis sin palabras sobre la verdad del sacramento.