"No soy dignO"... también las mujeres

Existen pequeños detalles sobre la liturgia que resultan de tremenda actualidad, es decir, vas a un sitio u otro y sufres los mismos errores en esos pequeños detalles. No se hunde el mundo, ciertamente, ni se arruina el valor de la Santa Misa, ni su carácter latreútico, eucarístico, impetratorio, etc., pero es una nota disonante en medio de todo el concierto sinfónico.

Pues volvamos a ello.

El sacerdote dice, en el rito romano, antes de la Comunión: «dichosos los invitados a la Cena del Señor». Y todos los fieles, varones o mujeres, responden pidiendo las palabras prestadas al centurión romano: «Señor, no soy DIGNO -¡no »¡digna!«- de que entres en mi casa…»

El lenguaje de la ideología de género, tan políticamente correcto, ha penetrado en la liturgia. Suenen las sirenas y las alarmas ante tal aberración. Rásguense las vestiduras llenos de estupor.

Sí, sí ha entrado.

Antes de comulgar el sacerdote invita a acercarse al Misterio Sacramental: «Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor». Dos frases bíblicas unidas.

¿Qué se responde? Con una frase bíblica: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para sanarme».

Respondemos con las palabras del centurión, creyente profundo, y ni en Israel encontró el Señor tanta fe.

Los fieles antes de comulgar repiten una frase evangélica.

Pero el lenguaje de «miembros y miembras» la ha transformado en «Señor, no soy dignA…» en caso de ser pronunciada por mujer, seglar o religiosa.

No se trata del sentimiento personal de dignidad, sino de repetir las palabras del centurión con fe.

¿Se imagina alguien a un varón, recitando el Ángelus, y diciendo: «aquí está EL esclavO del Señor, hágase…». No. Repite en femenino las palabras de la Virgen («aquí está LA esclavA del Señor…»): simplemente recuerda y repita lo que dijo Ella.

Pues antes de la comunión, los fieles, sean varones o mujeres, repiten lo mismo del centurión: «no soy dignO».

Esto viene al hilo de un post de lexorandi.blogspot.com, donde mi colega y amigo Adolfo Ivorra trata de lo mismo, con mejor gracia y acierto que yo. Por ejemplo afirma:

«Pero no podemos dejar de lado la respuesta, que también es importante. Aquí algún caso se da de ‘inclusivismo’ feminista. Hay que estar ‘en medio de la masa’ de fieles para ver actuar el inclusivismo en el único lugar que podría caber: ‘Señor, no soy digna de que entres…’. Ya sabemos que no eres digna. Pero aquí no se trata de reconocer personalmente la propia indignidad, sino hacer nuestras las palabras del único pagano del que Cristo dijo que tenía más fe que los judíos».

Os pido que pinchéis este enlace: «Dichosos los invitados a la Cena del Señor», y veréis que, sin ponernos de acuerdo, afirmamos lo mismo porque no son opiniones personales, sino el sentido y la verdad de la liturgia misma.

Espero que sirva a todos, que se corrija lo que se haga mal, y que penetremos de verdad en el sentido de los ritos de nuestra liturgia.

 

47 comentarios

  
sofía
No tiene nada q ver con la ideología de género. Eso se ha dicho toda la vida de acuerdo con la lógica, es decir, en femenino si eres mujer. Se recuerda lo q dijo el centurión, pero hace uno suyas esas palabras, y me temo que cuando una mujer hace suyas las palabras de alguien las pone en femenino. Y si no, que nos hagan decir a todos: "El centurión dijo: "Señor, yo no soy digno de que entres...." porque tal como está se trata de identificarse con las palabras del centurión y lo siento mucho, pero no nos identificamos con el masculino.
El magnificat es un recitado de lo q dijo la Virgen María, eso lo tenemos muy claro todo el mundo, y no pensamos q se aplique nada a nosotros. Es María quien dice q el Todopoderoso ha hecho grandes obras en ella, no vd ni yo. No es lo mismo. La situación del centurión sí es la nuestra y se le cita por eso y no por ninguna otra razón. Que yo sepa. Y si no, como dije, q nos digan q repitamos: "el centurión dijo: tal y cual" y además q insistan en q no tiene nada q ver con la actitud humilde q tenemos q tener nosotros, q se limitan a citarlo porque sí.
18/07/19 11:42 AM
  
Luis López
En la Santa Misa en el rito tradicional no hay ese problema, ni puede haberlo.

Todos decimos (y no una sino tres veces): "Domine, non sum dignus".
18/07/19 11:47 AM
  
sofía
Vd mismo dice q se trata de hacer nuestras esas palabras, pues esa es la forma en q podemos hacerlas nuestras nosotras. La otra es q vds y nosotras, todos a una dejemos claro q se trata de una cita de un centurión y q ni vd ni yo ni nadie podemos hacerla nuestra, solo citarlo. Para eso, la introducción de "el centurión dijo:..." es la única manera de dejarlo claro.
18/07/19 11:49 AM
  
Soma
Supongo Sofía que antes de recitar el angelus tambien tendremos que decir: "Y maría dijo"...cuanta tontería y lavado de cerebro.
18/07/19 2:10 PM
  
Estefanía
Este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre y de la mujer...
Eso lo he oído más de una vez en Misa
18/07/19 2:16 PM
  
Oriol
Luis López, normalmente no hay ese problema, pero evidentemente podría haberlo: "non sum digna..."
18/07/19 2:45 PM
  
Luis Piqué Muñoz
El Bestial ¡la Bestia! Nazismo ¡Feminismo! se ha infiltrado profundamente en la Iglesia Católica moderna como una mortal y purulenta Epidemia de Peste Bubónica ¡o Pecado Mortal, de Muerte! ya desde el ¡Ay! herético y Confuso ¡como la Iglesia Hoy! Concilio con una Ideología satánica como todas las Ideologías ¡Y la Iglesia ¡Dios! es Libre, la Libertad! ¡Muera el Nazismo! ¡Viva la Libertad! ¡Viva el Papa! ¡Viva la Iglesia! ¡Viva Dios!
18/07/19 4:57 PM
  
Palas Atenea
Pues, ahora que lo dice, siempre he dicho: "Señor, yo no soy digno" pero hace algún tiempo me pareció que hacer nuestras las palabras del centurión hacían un tanto ridículo que yo dijera: "Yo no soy digno" siendo, como soy, una mujer.
En el Ángelus la cosa está clara porque ningún hombre puede ponerse en la situación de la Virgen María y ninguna mujer tampoco.
El Ángel del Señor anunció a María
Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.
Yo soy la esclava del Señor
Hágase en mi según su Palabra.
Y el Verbo se hizo carne
y habitó entre nosotros.
En la misa, en cambio no decimos: "y dijo el centurión: Señor, yo no soy digno" sino simplemente "Señor, yo no soy digno" y la indignidad del centurión es la de cada uno de nosotros, pero si se utiliza la primera persona del presente de indicativo del verbo ser habrá que tener en cuenta el sexo de la persona que habla como indica la gramática.
En mi pensamiento al decir estas palabras, aunque sean las del centurión no está éste sino mi propia indignidad ante el regalo inmerecido del Cuerpo de Cristo.
18/07/19 6:36 PM
  
Palas Atenea
Perdón, me he expresado mal, no se trata del verbo, que es invariable, sino del adjetivo que le acompaña que tiene que concordar con el sujeto, y en el caso de que este sujeto sea femenino parece que lo lógico es que sea "digna". Ahora bien, si es importante no variar las palabras textuales se puede decir "digno", pero en ese caso a una mujer le resultará difícil proclamar así su indignidad ante el Sacramento e, invariablemente, pensará en la persona que lo dijo y no en si misma. Ese fue el problema que se me planteó a mi, que decía "yo no soy digno" y me parecía que la cosa no iba conmigo. El nosotros, en cambio, es distinto porque en español ya estamos acostumbradas a utilizarlo siempre que en el colectivo haya hombres como un genérico, pero el yo pertenece a cada persona y el "yo no soy digno" hace referencia a que el centurión no se consideraba así cuando la que va a comulgar soy yo y no el centurión.
18/07/19 6:56 PM
  
susi
Tiene toda la razón en lo que usted explica, pero, yo también he oído a bastantes sacerdotes decir hermanos y hermanas, en vez de solo hermanos, por ejemplo.
EN el ofertorio, decir fruto del trabajo del hombre y la mujer; fruto del trabajo humano; etc.
Quiero decir que muchas veces son los propios sacerdotes los que con ese lenguaje de lo políticamente correcto, van introduciendo sutilmente- no digo que conscientemente- la ideología de género. La de género, la de número y la de caso.
Dios nos ayude.
18/07/19 7:42 PM
  
Pradera
Con todo respeto, padre, la famosa frase evangélica del Centurión no termina diciendo "bastará para sanarme", como la de Misa, sino "bastará para sanar a mi criado". La frase está, pues, modificada (a diferencia de la frase del Ángelus, que sí es totalmente literal), resultando evidente que la idea es que el fiel que la repite, lo haga aplicándosela a sí mismo y convirtiéndola en una oración propia. Creo, además, que el Señor también lo preferiría así, ya que esa respuesta le agradó tanto. Le encantará que cada uno se la diga de corazón (incluidas las mujeres) y no sólo para recordarle a aquel bendito centurión. En ese sentido, yo no veo problema en que las mujeres digamos la palabra "digna", en femenino, si favorece la devoción y la autenticidad de la oración. Yo lo hago desde hace mucho tiempo, cuando la ideología de genero ni existía. Si digo "sanarme" al final de la oración, me estoy refiriendo a mí y yo soy una mujer, luego el femenino debiera ser el uso correcto, me da la impresión. Si hay que atenerse al masculino formal, seguramente habrá más probabilidades de que, para las mujeres, la frase se quede, efectivamente, más en una formalidad que otra cosa y no parece que sea ésa la intención de la Iglesia.
Y, por favor, no caigamos en el error de ver ahora ideología de género por todas partes. No siempre la hay, en absoluto.
18/07/19 7:47 PM
  
sofia
Palas lo ha explicado perfectamente.
Desde luego q en plural el nosotros nos incluye. Lo de decir continuamente alumnos y alumnas etc me parece absurdo y ridiculo y no lo hago. Pero yo no puedo referirme a mi, hacer mia una idea utilizando el masculino singular. Yo no lo he sabido explicar bien, pero Palas si.
18/07/19 8:31 PM
  
Juan L
Hola Javier, gracias por el post. No sé casi nada de liturgia, por lo cual no está en mí la posibilidad de afirmar o negar lo que ud. dice. Sin embargo, ateniéndome al argumento que ud. presenta, veo un punto discutible. La frase bíblica (la tomo de la web del Vaticano) es la siguiente: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará" (Mt 8, 8). Más allá de la traducción, lo que quiero resaltar es que el centurión se refiere a la salud de un sirviente, no a la suya.
Si, como usted dice, se debe respetar el masculino en "no soy digno", para ser fieles al pasaje bíblico, ¿por qué en la misa se dice "bastará para sanarme", en primera persona?
Es decir, la respuesta de los fieles en la misa de hecho sí modifica el pasaje bíblico en cuanto a su sentido original. Decimos "para sanarme", en referencia a uno mismo, en vez de "para sanarle", en referencia a un tercero, como hace el centurión. Y justamente, si al decir "para sanarme", uno habla en primera persona, es razonable que las mujeres digan "digna", pues se están refiriendo a ellas mismas.
Como decía, no pretendo con esto dar por cerrado el asunto. Solo digo que al argumento de respetar el pasaje bíblico original no lo veo sólido. Y que la referencia a la primera persona en el "sanarme" es un factor en contra de lo que usted afirma.
Si tiene usted el tiempo de responderme le agradezco. Seguro aprendo algo.
Saludos.
18/07/19 9:04 PM
  
Luis López
La oración "Señor, no soy digno..." es pronunciada colectivamente por los cristianos en la Misa, por lo que abarca tanto a hombres como a mujeres.

En privado, es lógico que la mujer que reza diga: "no soy digna...".
18/07/19 9:19 PM
  
Palas Atenea
susi: Tienes mucha razón, pero en el caso de que hablamos el lenguaje políticamente correcto no ha lugar, se trata de si se dice textualmente lo que dice el Evangelio, porque estas palabras están en los Evangelios, o si la persona que las utiliza las hace suyas. Si se dice textualmente es difícil para una mujer identificarse con ellas en español, en las lenguas en que los adjetivos no varíen, como el inglés, no habrá problema porque no afecta al idioma. Cuando oigo la misa en euskera, por ejemplo, da lo mismo: "Jauna, ni ez naiz inor Zu nere etxean sartzeko" pero inor no significa "digno", exactamente, sino "nadie", si en español se tradujera igual tampoco afectaría ya que nadie es igual para ambos sexos. Y que no me pregunten por qué se ha traducido así, pero es el ritual de la misa en euskera homologado en cualquier parte del País Vasco por lo que la traducción a los distintos idiomas puede ser distinta.
18/07/19 9:36 PM
  
Palas Atenea
Luis López: El colectivo afecta al nosotros pero no al yo, al menos gramaticalmente. La cuestión aquí no es el colectivo sino si las palabras deben ser textuales y, como dice Juan L, en los Evangelios no dice "sanarme" porque el centurión hablaba de su criado.
18/07/19 9:41 PM
  
Felicitas
Cuando llega ese momento de la celebración eucarística, soy yo la que le digo a mi Señor: no soy digna de ti. De tú a tú, como hacemos durante toda la liturgia de la santa Misa. No es el vecino del tercero el que está en Misa, sino yo. Y con toda la Iglesia me uno personalmente al acto litúrgico.
La santa Misa es oración y debe ser vivida de forma intensa, interior y eclesial. Más es importantísimo que cada uno la viva como si estuviera viendo al Señor a lo largo de los 45 minutos que dura. Si cuando estamos en la celebración eucarística no la vivimos de forma personal e intransferible, es como un amigo que mientras le explicas algo importante, está distrayéndose con una película. Yo, Felicitas, no soy digna de recibirte, Señor, más una Palabra Tuya bastará para sanarme.
18/07/19 9:49 PM
  
Vladimir
Leyendo los comentarios a favor de utilizar el femenino (digna) y viendo los argumentos que se ofrecen para ello, caigo en la cuenta de que esa "feminización" no es un favor a la ideología de género, sino la aplicación de la más elemental lógica. Juan L es quien mejor lo razona.
Me recuerda esto, un canto mariano que dice: "Mientras recorres la vida, tú nunca solo estás; contigo por el camino, Santa María va". Al cantarse en Comunidad, siempre escucho que las mujeres sustituyen el "tú nunca solo estás" por "tú nunca SOLA estás" y me parece perfectamente lógico.
18/07/19 10:04 PM
  
Bertilda Galeano
Padre Javier:
Desde Bogotá, Colombia reciba un afectuoso saludo y mi deseo porque ya se encuentre totalmente recuperado.
Usted dice: El lenguaje de la ideología de género, tan políticamente correcto, ha penetrado en la liturgia. Totalmente de acuerdo.
Quiero compartirle lo que he venido apreciando en nuestras Eucaristías tanto las que transmiten por la televisión como las de nuestras parroquias. Y los sacerdotes son los primeros promotores de este nuevo lenguaje ya que les oímos decir: los discípulos y las discípulas, los misioneros y las misioneras, los hijos y las hijas, los religiosos y las religiosas, los laicos y las laicas, aquellos y aquellas, otros y otras, oremos por cada uno y cada una, juntos y juntas, todos y todas, etc. A un sacerdote le escuché decir al iniciar la Misa: “Hermanos y hermanas, sean todos y todas, bienvenidos y bienvenidas a esta Eucaristía”.
Y en cuanto a los textos de la liturgia, vea lo siguiente Padre Javier, de lo poco que he tomado nota:

En la fórmula de confesión general –Formulario 1– del Acto Penitencial: Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos y hermanas, que he pecado… Por eso ruego a santa María… a ustedes hermanos y hermanas, que intercedan…

En la conclusión del Acto Penitencial: Dios todopoderoso nos perdona a todos y a todas y nos lleva a la vida eterna.

En el himno del Gloria: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres y las mujeres que ama el Señor.

En el Credo: Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, que es Padre y Madre a la vez, creador del cielo y de la tierra…

Un párrafo del Prefacio Común VIII - Jesús, Buen Samaritano, dice: También hoy, como buen samaritano, se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo o en su espíritu, y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.
Pero un sacerdote, muy moderno dijo: También hoy, como buen samaritano, se acerca a todo hombre y mujer que sufren en su cuerpo o en su espíritu, y nos cura con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.

La Plegaria Eucarística III dice: Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación, traiga la paz y la salvación al mundo entero.
Pero le escuche decir a un sacerdote: Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación, traiga la paz y la salvación a los hombres y mujeres de esta tierra.

La Plegaria Eucarística para diversas circunstancias IV dice: Santo eres en verdad y digno de gloria, Dios que amas a los hombres…
Pero a un sacerdote le pareció mejor decir: Santo eres en verdad y digno de gloria, Dios que amas a los hombres y las mujeres…

En la invitación al Banquete escuchamos ahora: Este es el Cordero de Dios el que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados y las invitadas a participar de la cena del Señor.

En la fórmula para la bendición final escuchamos: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre cada uno y sobre cada una y permanezca para siempre.

¿Por qué no se cumple lo que dice el Código de Derecho Canónico – Canon 846 y la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium: “Por lo mismo, que nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la liturgia” – Canon 22 -3?
¿A dónde iremos a llegar? Porque lo que los sacerdotes están añadiendo, quitando y cambiando es infinito. ¿Qué liturgia le tocará a las futuras generaciones? ¿Dónde quedó el respeto por la liturgia que es de Cristo?
18/07/19 11:28 PM
  
Albert L
Hay casos peores. El cura de mi parroquia al rezar el Credo en Misa dice: creo en Dios, Padre y madre...

Desolador. Un curilla que osa cambiar el Credo de la Iglesia como sintal cosa.

También, si intentas comulgar de rodillas te niega la comunión... un encanto de hombre. ¿De dónde sale esta gente?
19/07/19 1:11 AM
  
maru
Paso del feminismo ortográfico. Como leí en una ocasión, sobre este tema, decia:: no se dice periodista y periiodisto, etc. Siempre digo ''...no soy digno...''y no me gusta cuando dicen ''queridos hermanos y hermanas'' en ''queridos hermanos'' estamos todos incluidos o lo de ''hijos e hijas de Dios''. Al decir ''hijos'' estamos todos incluidos, varones y hembras. Este lenguaje, también adoptado en la Iglesia, me parece ridículo.
19/07/19 8:34 AM
  
Lector
Reconozco que toda la vida he oído a mujeres en misa responder "no soy digna" sin problema 'de género' alguno por parte de nadie (la moda totalitaria es de ahora). Sobre todo cuando llegaban al final, es decir: al "sanarme" litúrgico, en lugar de al "sanarle" que la Escritura atribuye al centurión.
19/07/19 9:40 AM
  
Lector
Añado que prefiero el masculino genérico. Que, por ejemplo, veo muy elegante en las canciones de José María y Nacho Cano cantadas por Ana Torroja (grupo "Mecano"). Algo que hoy más que nunca les reprocha todo el beaterio de recogidas de Santa Feminástica.
19/07/19 9:50 AM
  
Palas Atenea
Aquí nadie esta hablando de feminismo, me parece que eso ha quedado claro, pero aunque prescinda de él sigo siendo una mujer y el singular no me obliga a definirme como digno, bueno, listo o tonto. Anular a la mujer convirtiéndola en un hombre a la fuerza no es que sea machismo, es que es una solemne estupidez. Si no sabemos distinguir eso mal vamos.
Naturalmente que hay una infiltración feministoide en la liturgia que no voy a discutir pero siempre en los plurales, en los singulares no. Lo de Dios Padre y Madre y otras tonterías está anulado por la misma oración del Padrenuestro, por el Credo y por múltiples oraciones, que insistan en ello es bochornoso.
La cuestión es si yo, ante Dios, también tengo que hablarle como si fuera varón ignorando el Génesis que dice: "Varón y Hembra los creó".
Imagenémosnos que, rezando a Dios, le digo: "Señor, perdóname por ser un pobre pecador, lujurioso y vago, desobediente e indigno de ti", el único adjetivo con el que puedo identificarme es desobediente, con los otros no. Y no digamos si me voy a confesar con ese planteamiento.
La confesión de Fe, el Credo, y la de los pecados es personal y por eso la oración empieza diciendo "Creo" y no "creemos", pero como esa Confesión de Fe es ajena a nosotros es igual para todos; no así la de los pecadores que se confiesan. Ni siquiera la Santísima Virgen María tuvo la ocurrencia de decirle al Ángel Gabriel: "Yo soy el esclavo del Señor".
En cuanto a la confesión comunitaria jamás la utilizo aunque tenga que buscar un confesor a 60 km. de distancia, como hice hace tres días. El pecador que confiesa sus pecados comunitariamente confiesa abstracciones, no pecados reales. Se echa encima todos los pecados, sean suyos o no, y eso le deja muy satisfecho; aquel que se confiesa con un sacerdote lo pasa muy mal porque sus culpas son reales y no hay manera de pasárselas a otro. No todo el mundo es un adorador de Mammón y por lo tanto confesarse comunitariamente de codicia le parece estupendo porque sabe que no le atañe, pero si realmente es codicioso ir ante el sacerdote para confesar eso le produce mucha más inquietud, desazón y dolor. Es casi imposible la contrición en una confesión en la que permaneces anónimo y asumes pecados colectivos.
19/07/19 11:44 AM
  
Javier Sánchez Martínez
Pero si esto es muy fácil. Decir todos a la vez lo mismo porque eso es lo que pone el Misal.
Cuando subjetivamos, y estamos más atentos a lo que yo siento, lo que yo expreso, etc., mal vamos en la liturgia.
Todos a una responden: "Señor, no soy digno..." Tan fácil como obedecer al Misal.
19/07/19 12:09 PM
  
Palas Atenea
Bien, pero entonces no me pueden exigir a mi que subjetivamente me sienta indigna sino solo que sea indigno objetivamente. Si se trata de eso por seguir el misal, de acuerdo.
19/07/19 2:12 PM
  
Miguel García Cinto
Estimado Padre Javier Sánchez:
Soy un seglar que durante tres años ha impartido los cursos de formación de liturgia en la parroquia a la que pertenezco. Al confeccionar el listado de los miembros asistentes en cada curso, al final expresaba una frase. En un curso expresé: En lo cierto unidad, en lo dudoso libertad y en todo caridad. En el curso 2018/19 escribí: Que nadie aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la liturgia. Concilio Vaticano II. Constitución sobre la liturgia 22,3.
En el Misal en la invitación a los fieles, el sacerdote hace genuflexión, toma................., diciendo: Éste es el Cordero de Dios............... Y juntamente con los fieles, añade:
Señor, no soy digno de que entres en mi casa,............
No soy partidario de rizar el rizo, bien sabemos lo que expresa el Evangelio sobre el centurión, pero ello no contradice la esencia de lo reseñado en el Misal.
Padre Javier, he tenido varios profesores de liturgia, pero a usted a quien le sigo desde hace tiempo, lo considero mi profesor virtual por su excelentes conocimientos litúrgicos, en mi opinión, ajustados a la Sagrada Escritura, la Tradición y el bimilenario Magisterio de Nuestra Madre la Iglesia Católica.
El Señor le bendiga y le guarde.
19/07/19 3:02 PM
  
Norberto E.
https://www.catholicworldreport.com/2019/07/14/reflections-on-authority-in-liturgy-today/
19/07/19 3:13 PM
  
Alcide
DignA es lo que deben decir las mujeres porque el idioma español funciona así. ¿O es que a la hora de dirigirse a Dios la mujer debe prescindir de su condición femenina? Es una falta de respeto rechazar el femenino.
19/07/19 4:33 PM
  
Juan L
Padre Javier, me ha hecho pensar su comentario, y creo que tiene ud. razón en algo fundamental: hay que respetar el misal. Por más que a uno le parezca que cierta parte de lo estipulado en el misal debiera ser distinto, y por más fundamentos que pueda dar para ello, aún así hay que respetarlo. Porque si cada uno dice lo que le parece mejor en cada parte, la liturgia sería una payasada. Dado lo cual, si el misal estipula, como usted dice, que "Todos a una responden: «Señor, no soy digno...»", pues entonces las mujeres deberán decir "digno", en masculino.
Dicho eso, entiendo por otro lado que es perfectamente lícito presentar argumentos para sostener que ciertas palabras o acciones en el rito no son las mejores, y que deberían cambiarse. Si ha habido cambios en liturgia a lo largo de la historia de la Iglesia, ha sido (o debería haber sido) para mejorar el culto. En ese sentido me parece claro que hacer a las mujeres decir "no soy digno... pero una palabra Tuya bastará para sanarme", no es lo más apropiado. Cuanto menos constituye un error de concordancia gramatical. Creo que es algo que debiera cambiarse. Y no por sentimentalismos, no es eso. Entiendo que esa respuesta de los fieles ("No soy digno...") está en el misal para que cada uno de nosotros reconozca la propia indignidad, que poseemos por nuestra condición humana pecadora, frente a la altísima dignidad de Jesucristo en el sacramento. Con o sin sentimiento, eso es secundario, lo que importa es proclamar una verdad que adquiere relevancia en ese momento de la misa. Pero si esa verdad refiere a la propia indignidad, una mujer debería decirlo refiriéndose a sí misma, y por tanto en femenino. Esto no tiene nada que ver con ideología inclusivista, es una cuestión de hacer coherentes el lenguaje y el sentido de la liturgia.

En el caso hipotético de que esto llegara a cambiarse, me parecería poco feliz hacer que las mujeres digan "digna" y los varones "digno". No es porque sí que el misal obliga a todos a decir lo mismo. Entiendo que se trata sobre todo de la solemnidad que da la proclamación a una sola voz. Yo creo que lo mejor en este caso es el latín. Más solemne, y sin problemas con el masculino y el femenino, como señalaba Luis López.

Como decía, no sé nada de liturgia, así que cualquier corrección o clarificación que necesite la agradezco.

Saludos.
19/07/19 7:13 PM
  
Pradera
A Juan L: En latín, también hay terminaciones distintas en masculino y femenino, como ha recordado otro lector. Así que su uso no solucionaría la cuestión.
Respecto al asunto principal, si hay que usar el masculino por obediencia en la frase del centurión, pues qué se le va a hacer, aunque para las mujeres tiene menos sentido, por razones gramaticales. Es una pena que la frase no fuera dicha al Señor por una mujer, sería divertido oír a todos los varones, en Misa, diciéndola en femenino, con eso de la literalidad evangélica y tal (aunque, muy probablemente, la Jerarquía de la Iglesia, que por Voluntad de Dios es masculina, ya se habría encargado de readaptar la frase también en eso; que, de tonta, no tiene un pelo).
En fin, me alegro de poder expresarme de forma gramaticalmente correcta, al menos, en mi oración personal y privada, sin que se meta nadie que no sea, en su caso, la RAE. O de expresarme, directamente, como a mí me dé la gana, aunque eso sí, siempre con mucho amor y respeto a Nuestro Señor. Que una cosa no quita la otra.
19/07/19 10:37 PM
  
clara
Siempre lo he rezado con "digno" pensando que lo decía al unísono con todos los fieles, hombres y mujeres.
20/07/19 1:04 AM
  
Mercedes
Hace varios años, cuando se cambiaron las palabras de la Consagración del Vino, -en confesión- pregunté al padre, a qué se debía tal cambio, y él me respondió "eso si fue el papa (Benedicto XVI), y lo hizo porque las feministas se quejaron de que al decir 'por todos los hombres' dejaba por fuera a las mujeres". (Al decir ahora 'por muchos' no solo sigue dejando por fuera a las mujeres si no también una parte de los hombres).
Dios Todopoderoso lo colme de bendiciones Padre Javier... CUÁNTO DAÑO HACEN ESOS CAMBIOS.
20/07/19 2:34 AM
  
Pradera
Mercedes, ese cambio en la fórmula de la consagración se hizo para adaptarla mejor a las palabras literales de Nuestro Señor, Quien, efectivamente, no dijo "por todos los hombres", sino " por muchos". El cambio también se debe a razones teológicas, ya que, aunque es cierto que Cristo murió para lograr la salvación de todos los hombres, no todos se salvan, ya que, en la salvación, también la libertad humana influye.
Pensar que Benedicto XVI hizo el cambio por lo que dijeran no sé qué feministas me parece completamente absurdo, la verdad.
En fin, no todos los cambios son malos.
20/07/19 11:25 AM
  
maru
Muy bien P. Javier!!!!
20/07/19 12:39 PM
  
Mercedes
Sobre mi comentario: Al preguntar sobre 'POR MUCHOS', a un jesuita muy anciano (quien nunca dice 'por muchos' en la Consagración), me dijo que la traducción más exacta de 'pro multis' es POR TODOS LOS HOMBRES. -Otros sacerdotes dicenA al consagrar: por todos los hombres y las mujeres; o por toda la humanidad-, -para que las feministas se sientan incluidas-)*.
Y el CONFESOR, antes de nombrar las feministas, me dijo: "FUE POR LA TEORÍA DEL GÉNERO**, PORQUE LAS FEMINISTAS...".
Aquello de que dijo 'por muchos' porque NO TODOS SE SALVAN -por la libertad- (podemos libremente NO SALVARNOS; PERO SÍ ESTAR REDIMIDOS T-O-D-O-S, porque al condenarnos podríamos decirLe a DIOS: a mí no me redimiste... redimiste a muchos, no a mí... ¿¿¿sería J-U-S-T-O???) y además, no es creíble puesto que demasiadas veces la Sagrada Biblia repite que Dios Todopoderoso quiere la salvación de TODOS, y en muchas oraciones, algunas de ellas, en la Santa Misa se dice lo mismo.
¿Y DONDE ESTARÍA LA MISERICORDIA DE DIOS TODOPODEROSO QUE AMA A TODAS SUS CRIATURAS, SI LA REDENCIÓN HUBIESE SIDO NO PARA TODOS LOS HOMBRES, SINO PARA MUCHOS?
(Lo que dice Bertilda Galeano desde Bogotá, es muy muy muy cierto, yo también vivo allí... *es eco o nó de la TEORÍA DEL GÉNERO???)
**Lo omití antes para evitar polémicas.
DE NUEVO DIOS LE COLME DE BENDICIONES, PADRE JAVIER.
20/07/19 5:10 PM
  
bLANCA
Entendiendo que repetimos las palabras del Centurión, no ha lugar los personalismos, que confieso yo he estado utilizando. Gracias por la aclaración.
desde ahora encomiendo su enfermedad en la Misa diaria.
20/07/19 6:49 PM
  
Miguel García Cinto
Blanca:
Creo que con pocas palabras has entendido, que lo que repetimos todos, hombres y mujeres, es la casi literalidad de un párrafo en esencia del Evangelio, digo en esencia, porque el Evangelio expresa para curarle (sanar al sirviente del centurión) y no sanarme. En mi opinión el Magisterio de la Iglesia ha considerado expresar sanarme por sanarle.
Paz y bien en el Señor.
21/07/19 9:39 AM
  
Norberto E.
Mercedes:
CARTA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
AL PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ALEMANA



A Su Excelencia Reverendísima
Monseñor Robert Zollistsch
Arzobispo de Friburgo,
Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana
Herrenstraße 9
D-79098 FREIBURG

Vaticano, 14 de abril de 2012



Excelencia,
venerado y querido Arzobispo:

Con ocasión de su visita del 15 de marzo de 2012, usted me hizo saber que, por lo que se refiere a la traducción de las palabras «pro multis» en las Plegarias Eucarísticas de la Santa Misa, todavía no hay unidad entre los obispos de las áreas de lengua alemana. Al parecer, se corre el riesgo de que, ante la publicación de la nueva edición del «Gotteslob» [libro de cantos y oraciones], que se espera en breve, algunos sectores del ámbito lingüístico alemán deseen mantener la traducción «por todos», aún cuando la Conferencia Episcopal Alemana acordase escribir «por muchos», tal como ha sido indicado por la Santa Sede. Le había prometido que me expresaría por escrito sobre esta cuestión importante, con el fin de prevenir una división como ésta en el seno más íntimo de nuestra plegaria. Esta carta que ahora dirijo por medio suyo a los miembros de la Conferencia Episcopal Alemana, se enviará también a los demás obispos de las áreas de lengua alemana.

Ante todo, permítame una breves palabras sobre el origen del problema. En los años sesenta, cuando hubo que traducir al alemán el Misal Romano, bajo la responsabilidad de los obispos, había un consenso exegético en que la palabra «los muchos», «muchos», en Isaías 53,11s, era una forma de expresión hebrea que indicaba la totalidad, «todos». En los relatos de la institución de Mateo y de Marcos, la palabra «muchos» sería por tanto un «semitismo», y debería traducirse por «todos». Esta idea se aplicó también a la traducción directamente del texto latino, donde «pro multis» haría referencia, a través de los relatos evangélicos, a Isaías 53 y, por tanto, debería traducirse como «por todos». Con el tiempo, este consenso exegético se ha resquebrajado; ya no existe. En la narración de la Última Cena de la traducción ecuménica alemana de la Sagrada Escritura, puede leerse: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos» (Mc 14,24; cf. Mt 26,28). Con esto se pone de relieve algo muy importante: el paso del «pro multis» al «por todos» no era en modo alguno una simple traducción, sino una interpretación, que seguramente tenía y sigue teniendo fundamento, pero es ciertamente ya una interpretación y algo más que una traducción.

Esta fusión entre traducción e interpretación pertenece en cierto sentido a los principios que, inmediatamente después del Concilio, orientaron la traducción de los libros litúrgicos en las lenguas modernas. Se tenía conciencia de cuán lejos estaban la Biblia y los textos litúrgicos del modo de pensar y de hablar del hombre de hoy, de modo que, incluso traducidos, seguían siendo en buena parte incomprensibles para los participantes en la liturgia. Era una tarea novedosa tratar que, en la traducción, los textos sagrados fueran asequibles a los participantes en la liturgia, aunque siguieran siendo muy ajenos a su mundo; es más, los textos sagrados aparecían precisamente de este modo en su enorme lejanía. Así, los autores no sólo se sentían autorizados, sino incluso en la obligación, de incluir ya la interpretación en la traducción, y de acortar de esta manera la vía hacia los hombres, pretendiendo hacer llegar a su mente y a su corazón precisamente estas palabras.

Hasta un cierto punto, el principio de una traducción del contenido del texto base, y no necesariamente literal, sigue estando justificado. Desde que debo recitar continuamente las oraciones litúrgicas en lenguas diferentes, me doy cuenta de que no es posible encontrar a veces casi nada en común entre las diversas traducciones, y que el texto único, que está en la base, con frecuencia es sólo lejanamente reconocible. Además, hay ciertas banalizaciones que comportan una auténtica pérdida. Así, a lo largo de los años, también a mí personalmente me ha resultado cada vez más claro que el principio de la correspondencia no literal, sino estructural, como guía en las traducciones tiene sus límites. Estas consideraciones han llevado a la Instrucción sobre las traducciones «Liturgiam authenticam», emanada por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el 28 de marzo de 2001, a poner de nuevo en primer plano el principio de la correspondencia literal, sin prescribir obviamente un verbalismo unilateral. La contribución importante que está en la base de esta instrucción consiste en la distinción entre traducción e interpretación, de la que he hablado al principio. Esta es necesaria tanto respecto a la palabra de la Escritura, como de los textos litúrgicos. Por un lado, la palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta; por otro lado, a la Iglesia se le ha encomendado el cometido de la interpretación, con el fin de que – en los límites de nuestra comprensión actual – nos llegue ese mensaje que el Señor nos ha destinado. Ni siquiera la traducción más esmerada puede sustituir a la interpretación: pertenece a la estructura de la revelación el que la Palabra de Dios sea leída en la comunidad interpretativa de la Iglesia, y que la fidelidad y la actualización estén enlazadas recíprocamente. La Palabra debe estar presente tal y como es, en su forma propia, tal vez extraña para nosotros; la interpretación debe confrontarse con la fidelidad a la Palabra misma, pero, al mismo tiempo, ha de hacerla accesible al oyente de hoy.

En este contexto, la Santa Sede ha decidido que, en la nueva traducción del Misal, la expresión «pro multis» deba ser traducida tal y como es, y no al mismo tiempo ya interpretada. En lugar de la versión interpretada «por todos», ha de ponerse la simple traducción «por muchos». Quisiera hacer notar aquí que ni en Mateo ni en Marcos hay artículo, así pues, no «por los muchos», sino «por muchos». Si bien esta decisión, como espero, es absolutamente comprensible a la luz de la correlación fundamental entre traducción e interpretación, soy consciente sin embargo de que representa un reto enorme para todos aquellos que tienen el cometido de exponer la Palabra de Dios en la Iglesia. En efecto, para quienes participan habitualmente en la Santa Misa, esto parece casi inevitablemente como una ruptura precisamente en el corazón de lo sagrado. Ellos se dirán: Pero Cristo, ¿no ha muerto por todos? ¿Ha modificado la Iglesia su doctrina? ¿Puede y está autorizada para hacerlo? ¿Se está produciendo aquí una reacción que quiere destruir la herencia del Concilio? Por la experiencia de los últimos 50 años, todos sabemos cuán profundamente impactan en el ánimo de las personas los cambios de formas y textos litúrgicos; lo mucho que puede inquietar una modificación del texto en un punto tan importante. Por este motivo, en el momento en que, en virtud de la distinción entre traducción e interpretación, se optó por la traducción «por muchos», se decidió al mismo tiempo que esta traducción fuera precedida en cada área lingüística de una esmerada catequesis, por medio de la cual los obispos deberían hacer comprender concretamente a sus sacerdotes y, a través de ellos, a todos los fieles por qué se hace. Hacer preceder la catequesis es la condición esencial para la entrada en vigor de la nueva traducción. Por lo que sé, una catequesis como ésta no se ha hecho hasta ahora en el área lingüística alemana. El propósito de mi carta es pediros con la mayor urgencia a todos vosotros, queridos hermanos, la elaboración de una catequesis de este tipo, para hablar después de esto con los sacerdotes y hacerlo al mismo tiempo accesible a los fieles.

En dicha catequesis, se deberá explicar brevemente en primer lugar por qué, en la traducción del Misal tras el Concilio, la palabra «muchos» fue sustituida por «todos»: para expresar de modo inequívoco, en el sentido querido por Jesús, la universalidad de la salvación que de él proviene.

Pero surge inmediatamente la pregunta: Si Jesús ha muerto por todos, ¿por qué en las palabras de la Ultima Cena él dijo «por muchos»? Y, ¿por qué nosotros ahora nos atenemos a estas palabras de la institución de Jesús? A este punto, es necesario añadir ante todo que, según Mateo y Marcos, Jesús ha dicho «por muchos», mientras según Lucas y Pablo ha dicho «por vosotros». Aparentemente, así se restringe aún más el círculo. Y, sin embargo, es precisamente partiendo de esto como se puede llegar a la solución. Los discípulos saben que la misión de Jesús va más allá de ellos y de su grupo; que él ha venido para reunir a los hijos de Dios dispersos por el mundo (cf. Jn 11,52). Pero el «por vosotros» hace que la misión de Jesús aparezca de forma absolutamente concreta para los presentes. Ellos no son miembros cualquiera de una enorme totalidad, sino que cada uno sabe que el Señor ha muerto «por mi», «por nosotros». El «por vosotros» se extiende al pasado y al futuro, se refiere a mí de manera totalmente personal; nosotros, que estamos aquí reunidos, somos conocidos y amados por Jesús en cuanto tales. Por consiguiente, este «por vosotros» no es una restricción, sino una concretización, que vale para cada comunidad que celebra la Eucaristía y que la une concretamente al amor de Jesús. En las palabras de la consagración, el Canon Romano ha unido las dos lecturas bíblicas y, de acuerdo con esto, dice: «por vosotros y por muchos». Esta fórmula fue retomada luego por la reforma litúrgica en todas las Plegarias Eucarísticas.

Pero, una vez más: ¿Por qué «por muchos»? ¿Acaso el Señor no ha muerto por todos? El hecho de que Jesucristo, en cuanto Hijo de Dios hecho hombre, sea el hombre para todos los hombres, el nuevo Adán, forma parte de las certezas fundamentales de nuestra fe. Sobre este punto, quisiera recordar solamente tres textos de la Escritura: Dios entregó a su Hijo «por todos», afirma Pablo en la Carta a los Romanos (Rm 8,32). «Uno murió por todos», dice en la Segunda Carta a los Corintios, hablando de la muerte de Jesús (2 Co 5,14). Jesús «se entrego en rescate por todos», escribe en la Primera Carta a Timoteo (1 Tm 2,6). Pero entonces, con mayor razón, una vez más, debemos preguntarnos: si esto es así de claro, ¿por qué en la Plegaria Eucarística esta escrito «por muchos»? Ahora bien, la Iglesia ha tomado esta fórmula de los relatos de la institución en el Nuevo Testamento. Lo dice así por respeto a la palabra de Jesús, por permanecer fiel a él incluso en las palabras. El respeto reverencial por la palabra misma de Jesús es la razón de la fórmula de la Plegaria Eucarística. Pero ahora nos preguntamos: ¿Por qué Jesús mismo lo ha dicho precisamente así? La razón verdadera y propia consiste en que, con esto, Jesús se ha hecho reconocer como el Siervo de Dios de Isaías 53, ha mostrado ser aquella figura que la palabra del profeta estaba esperando. Respeto reverencial de la Iglesia por la palabra de Jesús, fidelidad de Jesús a la palabra de la «Escritura»: esta doble fidelidad es la razón concreta de la fórmula «por muchos». En esta cadena de reverente fidelidad, nos insertamos nosotros con la traducción literal de las palabras de la Escritura.

Así como hemos visto anteriormente que el «por vosotros» de la traducción lucano-paulina no restringe, sino que concretiza, así podemos reconocer ahora que la dialéctica «muchos»-«todos» tiene su propio significado. «Todos» se mueve en el plano ontológico: el ser y obrar de Jesús, abarca a toda la humanidad, al pasado, al presente y al futuro. Pero históricamente, en la comunidad concreta de aquellos que celebran la Eucaristía, él llega de hecho sólo a «muchos». Entonces es posible reconocer un triple significado de la correlación entre «muchos» y «todos». En primer lugar, para nosotros, que podemos sentarnos a su mesa, debería significar sorpresa, alegría y gratitud, porque él me ha llamado, porque puedo estar con él y puedo conocerlo. «Estoy agradecido al Señor, que por gracia me ha llamado a su Iglesia…” [Canto religioso “Fest soll mein Taufbund immer steen”, estrofa 1]. En segundo lugar, significa también responsabilidad. Cómo el Señor, a su modo, llegue a los otros – a «todos» – es a fin de cuentas un misterio suyo. Pero, indudablemente, es una responsabilidad el hecho de ser llamado por él directamente a su mesa, de manera que puedo oír: «por vosotros», «por mi», él ha sufrido. Los muchos tienen responsabilidad por todos. La comunidad de los muchos debe ser luz en el candelero, ciudad puesta en lo alto de un monte, levadura para todos. Esta es una vocación que concierne a cada uno de manera totalmente personal. Los muchos, que somos nosotros, deben llevar consigo la responsabilidad por el todo, conscientes de la propia misión. Finalmente, se puede añadir un tercer aspecto. En la sociedad actual tenemos la sensación de no ser en absoluto «muchos», sino muy pocos, una pequeña multitud, que se reduce continuamente. Pero no, somos «muchos»: «Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lengua», dice el Apocalipsis de Juan (Ap 7,9). Nosotros somos muchos y representamos a todos. Así, ambas palabras, «muchos» y «todos» van juntas y se relacionan una con otra en la responsabilidad y en la promesa.

Excelencia, queridos hermanos en el episcopado. Con todo esto, he querido indicar la línea del contenido fundamental de la catequesis, por medio de la cual se debe preparar a sacerdotes y laicos lo más pronto posible para la nueva traducción. Espero que pueda servir al mismo tiempo para una participación más profunda en la Santa Eucaristía, integrándose en la gran tarea que nos espera con el «Año de la Fe». Confío que dicha catequesis se presente prontamente, y forme parte así de esa renovación litúrgica, a la cual se comprometió el Concilio desde su primera sesión.

Con la bendición y el saludo pascual, me confirmo suyo en el Señor.

Benedictus PP. XVI
21/07/19 9:52 AM
  
SVS
Desde que tengo uso de razón he dicho "no soy digna" no por ideología sino porque no considero esa respuesta una cita textual, como creo que ocurre en la oración del Ángelus, sino una paráfrasis y por tanto si considero aceptable esa modificación (repito no es por ideología es que al hablar de mi misma lo hago en femenino)
Le agradezco el artículo y le ruego reenlace el artículo de lexorandi pues no he podido leerlo y me gustaría disfrutarlo.
Intentaré cambiar mi respuesta y hacerlo en masculino, pero...
22/07/19 12:04 PM
  
Vladimir
En mi parroquia existió una catequista de niños, venerable anciana, que cuando nos tomaba algunas preguntas del Catecismo a las que se debía responder afirmativamente, había que contestar "Sí Padre ...". Aunque el Sacerdote no era quien estaba tomando las preguntas, había que contestar "Sí Padre...", de lo contrario, la catequista nos calificaba mal. El argumento era que "ASI ESTABA ESCRITO EN EL CATECISMO".
Pienso que ningún texto, por venerable que sea, debe anular nuestra capacidad de pensar.
22/07/19 2:50 PM
  
Alcide
Espero que don Javier Sánchez nos comunique su impresión sobre los comentarios. Quizá haya cambiado de opinión. Ojalá. Otros artículos suyos me han gustado bastante.
¿Es que la mujer no está lo suficientemente marginada y ninguneada en la Iglesia? Frente al pseudofeminismo farsante cabe la postura radicalmente contraria: el machismo desbocado.
23/07/19 4:27 PM
  
Xristifer Panagiotis
Durante siglos y siglos, por las tardes se alzaban las voces de miles de varones para rezar y cantar en las Vísperas estas palabras:
“Quia respéxit humilitátem ancíllæ suæ: ecce enim ex hoc beátam me dicent omnes generatiónes. Quia fecit mihi magna, qui potens est:”,
que en castellano dice así:
“Porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí”
Y durante siglos miles y miles de mujeres por la noche se atrevían a decir durante las Completas:
“Nunc dimíttis servum tuum, Dómine, secúndum verbum tuum in pace”,
que en castellano se ha traducido así:
“Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz”
Si en la liturgia oficial de la Iglesia, pues el Oficio divino / Liturgia de las horas es el rezo oficial de la Iglesia, los varones no han tenido problemas en hacer suya una oración femenina sin masculinizarla, y las mujeres una masculina sin feminizarla, ¿a qué viene cambiar el “Señor, no soy digno”? Si alteramos esta frase, sacada de los Evangelios, no hay razón para que en el Nunc dimittis las mujeres digan que el Señor puede dejar a su “sierva irse en paz” o que en el Magnificat los varones digamos que el Señor “ha mirado la humillación de su esclavo”.
No juguemos con empezar a masculinizar o feminizar la liturgia de la Iglesia según la moda del momento porque si en algunos momentos les toca a las mujeres usar el masculino, en otras les toca utilizar a los varones el femenino.
24/07/19 2:34 PM
  
El gato con botas
Las nuevas generaciones no conocen el género epiceno, el que designa indistintamente a los dos géneros, absoluta y deliberadamente ignorado por los políticos de izquierda, para seguir calentándonos la cabeza con sus monsergas políticas.
( Por lo que veo la Real Academia de la Lengua también lo desconoce pues no veo que lo mencione).
08/08/19 8:00 PM
  
Noe
Dejen de decir estupideces,
En la misa el sacerdote es el que representa el pueblo ante Dios y la oracion no es tuya es la respuesta de todo el pueblo.
decir "no soy digno" abarca hombres y mujeres.
09/08/19 7:50 PM
  
Coquito
Ni siquiera debería haber polémica, así se hace más grande el chisme y se confunden muchas personas.
10/08/19 3:45 AM
  
Milton Benítez R.
La Iglesia Católica por ser universal ha d señirse en sus rituales litúrgicos a las disposiciones d la Sagrada Congregación Litúrgica, es así que las oraciones comunitarias q manifiestan la Fe, han d ser prescritas por la autoridad eclesial .
10/08/19 6:26 PM

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