14.12.17

María embarazada: milagro y misterio

“…Cada embarazo, cada niño gestándose en el seno de su madre, es un milagro y un misterio.

Pero entre todos los de la historia, los nueve meses que tuve a mi Niño en mi seno fueron singulares. 

Porque todas las demás mamás saben o imaginan, de un modo u otro, cómo será su niño. Si parecido al papá o a ellas, si a la familia paterna o materna.

Pero mi Niño… fue concebido de manera especial. Mi Niño se formó en mi seno porque el Poder del Altísimo me cubrió con su sombra.

Esos meses fueron maravillosos y tremendos al mismo tiempo. 

Maravillosos, porque sentía la Vida palpitar en mi interior. 
Porque sentía que, en realidad, no sólo yo y José esperábamos: era toda la humanidad, más aún, todo el cosmos, los que estaban esperando su nacimiento.

Y sentía a cada paso a mi lado el anhelo de Abraham que deseaba ver cumplida la promesa, y la mirada de Moisés, que había hablado cara a cara con Dios… 

Y sentía muy cerca a David, anhelando ver realizada la esperanza de un reinado eterno de un descendiente suyo… e imaginaba y casi podía escuchar a Isaías, hablando de él, y diciéndome al oído: “…será llamado Príncipe de la paz… el Espíritu del Señor reposará sobre Él… será el Emmanuel”

Pero a la vez fue tremendo. Tremendo porque alrededor todo parecía igual. Porque el mundo y los hombres seguían en sus cosas, encarcelados en el estrecho límite de sus ocupaciones cotidianas, intentando llenar su anhelo de infinito con migajas… 
Y seguían ofendiendo a Dios, a ese Dios que había elegido el camino menos esperado para redimirlos.

Desde Niña había aprendido a rezar con las oraciones de mi pueblo, a veces con los ojos puestos en el Cielo, otras veces con ellos cerrados.

En esos meses, para rezar, miraba hacia adentro… y tocaba, ¡sí!, tocaba al Santo de Israel, y lo acariciaba presente en mi interior. Y le decía muchas veces a mi Niño: “…mi alma tiene sed de contemplar tu Rostro…”

Así transcurrieron los días, las semanas y los meses. Afuera pasaban cosas, se sucedían los problemas… José sufrió pero fue fiel, y aceptó… En Roma, el emperador tuvo la idea de convocar el censo; en mi patria, muchos se rebelaron. Nosotros, simplemente, obedecimos, porque sabíamos que algo tenía Dios preparado.

Pero para mí, la verdadera Realidad estaba en mi interior, estaba por Nacer. 

Intuía que con su Nacimiento, Dios comenzaría a cumplir su promesa: “aparecerán Cielos nuevos y tierra nueva". En ellos comencé a vivir desde entonces.

El Niño en mi seno es el mayor milagro y misterio de la historia. 

Por eso, mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador… 

Alégrense ustedes, también, los que han sido llamados a salir a su encuentro.”

12.11.17

La alegría sacerdotal: "llega el Esposo, salgan a su encuentro"

“Llega el Esposo, salgan a su encuentro”

Estas palabras del Evangelio de hoy han resonado fuerte en mi interior estos días.

Días que han estado repletos de actividades, inundados de proyectos, de iniciativas y de concreciones.

Días donde Jesús me ha regalado no sólo el gozo de sembrar, sino la luminosa e inmerecida experiencia de -algo- cosechar.

Pero aunque la “onda verde” en varios asuntos es capaz de traer entusiasmo a cualquier corazón, hay una experiencia que es aún más luminosa y plenificante: “llega el Esposo, salgan a su encuentro".

Y es que en estos días las ALEGRÍAS más intensas, alegrías de Cielo, Jesús me las ha regalado en la administración de los sacramentos.

Alegrías inmensas, paz sin fronteras, unificación interior en el momento de adorar el Cuerpo Sacrosanto luego de consagrar; alegría profunda y duradera al oír la confesión de los pecados de niños de catequesis, entrecortada por sus sollozos y lágrimas; alegría desbordante al Bautizar un niño que reía divertido cuando su padres y padrinos decían “sí, creo…"; alegría y esperanza, regocijo sereno al entregar el Cuerpo del Señor por primera vez a un grupo de niños…; alegría y emoción al compartir la de unos novios que, decididos a comenzar una nueva vida, juran amor eterno ante el altar.

Alegrías tan intensas e inocultables que me he sorprendido a mí mismo, varias veces, sonriendo y hasta riendo en medio de la solemne ocasión de celebrar un sacramento

En cada uno de esos momentos que jalonan la vida sacerdotal -intercalados con idas y venidas, con algunos enojos y decepciones, con compras y ventas, con encuentros fraternos, y viajes, y clases y charlas- en cada uno de esos momentos he experimentado, con fuerza y realismo: “LLEGA EL ESPOSO, SALGAN A SU ENCUENTRO".

¡Gracias, Jesús, Amor mío!

¡Ayúdame, Madre, a tener siempre mi lámpara encendida!

3.11.17

La belleza del celibato

celibato

Siempre me he preguntado: ¿por qué a mucha gente el celibato le parece imposible?

Sin negar el aspecto de renuncia que conlleva, yo he visto siempre la vida célibe como muy parecida a la vida de un hombre casado fiel a su esposa y viviendo su vocación conyugal de cara a Dios -es decir, en la apertura a la vida y en la práctica de la abstinencia periódica si es preciso espaciar los nacimientos-

Sólo varios años después de ordenarme, creo que voy encontrando la respuesta, una trágica respuesta.

Muchas ven imposible -o casi- el celibato porque en realidad ya han perdido también la confianza en la fidelidad. Porque asumen resignadamente que el varón no puede ser fiel a una opción de amor durante toda la vida.

Entonces, es lógico: si ser fiel a una sola mujer es “imposible", y si “todos los hombres son infieles” -así piensan muchos hoy, recien me “desayuno"- es obvio que el celibato será sólo una pantalla, algo falso, que se muestra hacia afuera pero que en realidad no se vive.

Esta concepción se ve profundizada cuando algunos hermanos en el sacerdocio eligen traicionar su promesa de consagración al Señor, dándoles pie a los detractores de este modo de vida para decir “ven, yo les decía… no podía ser".

Lo cierto es que el celibato es posible, y es hermoso, y es plenificante.

Es una “soledad” repleta del Absoluto, y de rostros, y de sueños, y de proyectos.

Lo cierto es que el Señor -sobre todo el Señor - y también sus cosas y la amistad sacerdotal y los vínculos sanos que nos ofrece el ministerio, y el ciento por uno en “madres, hijos y campos", son completamente capaces de brindar todo el amor y el afecto que cualquier ser humano necesita para vivir.

Lo cierto es que yo no concibo, no me logro imaginar cómo sería no ser célibe… porque el celibato me da una libertad y una disponibilidad sin la cual no entiendo cómo podría intentar ser, verdaderamente, padre y pastor. Una libertad que me hace capaz de amar más, de amar siempre, de amar entero.

Lo cierto es que el celibato como consagración total a Dios y como disponibilidad para servir a la Iglesia es una belleza, es fuente de alegría, es una vocación y una opción que no sólo no atentan contra mi pleno desenvolvimiento sino que lo potencian.

Lo cierto es que el celibato demuestra también que el hombre, incluso hombres tan débiles y falibles como yo y mis hermanos, somos capaces de ordenar nuestros impulsos y pasiones para un objetivo trascendente… el celibato demuestra que el hombre, renovado y siempre sostenido por la GRACIA, es capaz de vivir la castidad, en cualquier estado en que sea llamado.

Lo cierto es que el celibato se constituye, entonces, en fuente de esperanza. En evidencia del poder de Cristo, sobre todo en este mundo en el cual el pesimismo antropológico lleva a muchos a pensar que el hombre es, simplemente, un esclavo de sus pulsiones. El celibato es la reivindicación de la Libertad humana -sanada por la Gracia- frente a la fragilidad del estado del hombre caído.

¡Gracias, Jesús y María, por el don del celibato, del cual ustedes dos son los modelos perfectos!

25.10.17

La fe que nos GLORIAMOS de profesar

lafeAmo mi fe católica tanto, tanto, tanto…

Amo cada detalle, cada entresijo, cada pequeño fragmento y el sabor y el olor de sus dogmas.

Amo la armonía perfecta con que cada una de sus verdades encaja, como piezas de un rompecabezas, conformando un todo tan abismalmente vertiginoso como serenante y pacificador.

Amo la fe católica, la verdad católica, la doctrina católica, la Liturgia católica, la Moral católica, la oración católica, cada día más, cada día por más motivos y con más argumentos.

Amo esta Verdad que en el fondo es una Persona, que es Cristo y su “mente", que es el Espíritu que todo lo ilumina.

Amo mi fe católica porque lejos de anular mi pensamiento o mi inteligencia lo amplifica, le da horizontes infinitos, lo hace más profundo, más sagaz, más equilibrado.

Amo mi fe católica porque es capaz de ofrecer una respuesta tan sólida e inmutable como amable y cálida. Porque es Camino y Vida.

Amo esta fe y por eso mismo no cuenten conmigo para ningún intento de destruirla, de rebajarla, de desmerecarla… no me anoten para ningún proyecto ni evento donde se la desmerezca, donde se la oculte, donde se tenga miedo de llegar por ella y desde ella hasta las últimas consecuencias.

Amo esta fe católica porque no existe nada tan concreto, tan vivificador y tan dinamizante como esa doctrina, cuando le permito entrar en juego con mi libertad y fecundarlo todo.

Amo mi fe católica por el perfectísimo equilibrio asimétrico entre Dios y el hombre, entre el varón y la mujer, entre la unidad y la diversidad, entre la libertad y la providencia, entre la justicia y la misericordia, entre la fe y las obras, entre Cristo y María…

Amo mi fe, y quiero vivir sólo para que otros más la descubran, la amen y la abracen, hasta el fin.

14.10.17

Palabras de un bebé a su madre que piensa en abortar

“Mamá: vos todavía no lo sabés, pero ya -sí, ¡ya!- estoy viviendo, sintiendo y empezando a comprender dentro de tu ser.

Es imposible explicar ni describir la magia del primer instante. Un aliento creador, un soplo vital, acabó de amalgamar las dos incompletas células que se unían…

Y yo, de pronto, en un momento, comencé a existir. A recorrer este primer viaje -imagino que algo de esto será toda la vida- hacia el lugar donde acabo de anidarme. Me siento tan seguro, tan feliz, tan protegido.

Mamá, yo sé que no todo ha sido fácil, ni lo será en adelante. Sé que las cosas quizá no han ocurrido como lo esperabas, sé que te sientes sola por momentos.

Pero no te confundas, no te dejes engañar.

Yo no soy parte de tu cuerpo: aunque te debo todo, aunque te necesito imperiosamente, soy alguien, alguien distinto, alguien nuevo, alguien original. Y necesito que me cuides.

Y tampoco soy, como te dicen por ahí los ignorantes, o, peor aún, los malintencionados, un puñado de células. Si pudieras ver con tus ojos la perfección de cada proceso que estoy viviendo… si pudieras imaginar mi sonrisa ya esbozada, mis manitos ya prediseñadas, el color de los ojos que en vos descansarán por primera vez… Necesito sólo que esperes, sólo que me cuides.

La potencia de la vida se despliega, inexorable, a cada segundo… todo es tan rápido, tan vertiginoso… el orden, la armonía, la proporción, el equilibrio, no pueden tener más explicación que un milagro.

Mamá, yo no espero una vida perfecta. Yo no espero que todo sea ideal. Yo sólo espero tener la oportunidad de verte, de abrazarte, de besarte, de decirte cuánto te amo.

Te pido la oportunidad de seguir mi viaje. De que no se trunque, de que no acabe casi antes de empezar.

Mamá, juntos podremos vencer. Nada es imposible para el amor. Porque la vida es siempre un bien.

Tu hijito que te quiere con locura… y te necesita”