Los Illuminati y otras tramas esotéricas

Massimo Introvigne, Los Illuminati y el Priorato de Sión. La verdad en Ángeles y demonios y El Código Da Vinci (Madrid: Rialp 2005) 216 pp.

Massimo Introvigne, director del CESNUR (Centro Studi sulle Nuove Religioni), con base en Turín, es uno de los más prolíficos escritores europeos actuales sobre el tema de las sectas y el esoterismo (puede verse en el nombre del centro que dirige su orientación, que habla de “nuevas religiones” y no de “sectas”). Poco después de la aparición del original italiano, Rialp ha publicado en español este libro, uno más en la gran cantidad de literatura que responde críticamente al éxito mundial de la novela El Código Da Vinci, de Dan Brown.

En la introducción, tras presentar sintéticamente el planteamiento de la novela, Introvigne justifica la publicación de este libro como respuesta a «este evidente cúmulo de necedades» en el hecho de que El Código Da Vinci «no es sólo una novela, o al menos no es así como Dan Brown la presenta» (12). El autor aporta algunos datos que refutan puntos de la novela, y hace lo mismo con la otra composición anterior de Brown, Ángeles y demonios. Por eso quiere estudiar a los grupos sobre los que basculan ambos best-sellers: el Priorato de Sión y los Illuminati, integrantes de tantas teorías conspiracionistas de la historia. Diferencia los tipos de complots, negando la veracidad de los “macrocomplots”, y afirmando que todo lo que se dice de las dos organizaciones tratadas quiere inculcar la idea de que habría un “Gran Complot”, y «propagar la (falsa) información de que tanto los Illuminati del siglo XX (y XXI) como el Priorato de Sión son organizaciones potentísimas que traman complots desde hace siglos, cuando en realidad se trata – como veremos – de grupos pequeños y no muy poderosos, que actúan desde fechas relativamente recientes» (30). Ésta va a ser la idea principal del libro. Además de que su promoción sería un contraataque a la “auténtica conspiración contra la humanidad”, encarnada por la Iglesia católica. También hace alusión a la conexión esotérica de todo esto, integrada por templarios, masonería y rosacrucismo.

El primer capítulo está dedicado a los Illuminati, y se adentra en los orígenes de esta orden en el Iluminismo alemán del siglo XVIII, como reacción bávara anticatólica dirigida por Adam Weishaupt, que al crearla le atribuye una gran antigüedad, y que cuenta con una accidentada historia en la que se entremezcla la masonería, y a la que llegaron a pertenecer, entre otros, Goethe y Herder. Después, «desaparecidos los Illuminati, vive su leyenda» (61). Serán Robison y Barruel los encargados de confeccionar el mito del complot, que los responsabilizaría de la Revolución Francesa, algo infundado. De ahí pasaron a ser un elemento popular en los EE.UU. (en donde forman parte de numerosas teorías conspiracionistas, como la que los vincula con la orden Skull and Bones de Yale, y a la que pertenece George W. Bush). El episodio siguiente es la creación, a finales del siglo XIX, de la segunda Orden de los Illuminati como sociedad iniciática y paramasónica, que tiene un azaroso recorrido que se prolonga hasta hoy: «la Orden no ha desaparecido, pero puede considerársela en vías de extinción» (102).

El segundo capítulo del libro le sirve a Introvigne para demostrar que el Priorato de Sión no es más que «una organización neo-caballeresca, fundada en 1956 por el esoterista francés Pierre-Athanase-Marie Plantard» (103), sobre bases políticas y esotéricas. La descendencia de los merovingios fue una reclamación clave en toda la historia de Plantard y su aureola iniciática, junto con el célebre enigma de los supuestos documentos y tesoros hallados en la iglesia de la localidad francesa de Rennes-le-Château. Según la documentación falsificada por estos personajes, el Priorato tendría su origen en el mismo Godofredo de Bouillon, y habría tenido importantes Grandes Maestres, encargados desde entonces de proteger a los merovingios, descendientes legítimos del trono francés, y sus secretos. Todo esto, con muchas precisiones, «para mostrar de manera definitiva que los documentos, esos que el epígrafe Los hechos al inicio de El Código Da Vinci da todavía como auténticos, son falsos y sus autores los reconocieron como tales al menos veinte años antes de que Dan Brown se ocupase de tales escritos» (164).

El momento de mayor popularización llega cuando contacta con Plantard el actor Henry Lincoln, que produce varios documentales sobre toda esta historia para la BBC. En todo el ambiente esotérico a partir de los años 60 del siglo pasado, Lincoln publica en 1982 con otros dos autores el popular libro El enigma sagrado (editado en España por Martínez Roca), y que divulga la tesis de que «Jesús se casó con María Magdalena y tuvo varios hijos que, huidos a Francia junto con la madre, dieron origen a los Merovingios. El auténtico “Santo Grial” consistiría en el secreto de la existencia de descendientes directos y físicos de Jesucristo, el último de los cuales es – o pudiera ser, dice expresamente el texto – Plantard. Con una etimología discutible, pero sugestiva, que ya hemos visto retomada por Dan Brown, los tres autores leer “Santo Grial” como sang réal: “sangre real” no sólo merovingia, sino procedente del propio Jesucristo. Para custodiar precisamente ese secreto nació el Priorato de Sión» (168). Con esto se pretende deslegitimar el cristianismo desde su misma raíz y fundamento, y ha tenido gran repercusión mediática. En 1989, Plantard relanzó el Priorato, confirmando su historia y sus célebres dirigentes pretéritos, hasta su muerte en 2000. Ahora habría un grupo, entre otros muchos, dirigido por Gino Sandri.

El libro termina con una conclusión en la que el autor comenta varios asuntos relacionados con lo tratado, a nivel de cultura popular: la posible próxima novela de Brown, una película producida por Walt Disney con ingredientes semejantes, la serie de televisión Expediente X (que, al contrario que los otros títulos, no aparece traducida, sino en su original X-Files), la Nueva Era y el mito contemporáneo de los Reptilianos. Estos últimos serían seres extraterrestres que habrían intervenido en el origen del hombre y querrían dominar a la humanidad, ocupando ocultamente gobiernos y sociedades secretas, y en cuya existencia basa su teórico principal, el inglés David Icke, la explicación y la trama de toda la realidad mundial pasada y presente. Según esta teoría, muy difundida en algunos ambientes, «el complot de los Illuminati y del Priorato de Sión se desvela como un complot extraterrestre» (197), lo que complica todo aún más. Y, para colmo, para acabar con todo ello habría que destruir la religión, especialmente con la Iglesia católica (la más peligrosa de todas, naturalmente).

Resume Introvigne toda esta maraña de datos y teorías absurdas con la ingeniosa expresión «de cómo un ratón parió una montaña» (198). Y lo explica por la necesidad de lo sagrado y de lo misterioso, cuando se ha pretendido desterrar la religión y dejar al hombre a solas con un puro racionalismo, proyecto típico de la modernidad. Dan Brown y todos estos autores ofrecen a las masas, «al amplio y hoy mayoritario mundo del ‘creer sin pertenecer’, expresión de la socióloga G. Davie] cierta razón para creer, o muchas razones para no pertenecer» (200-201). Con respecto a esta última idea son interesantes las afirmaciones que hace Santiago Guijarro, profesor de Nuevo Testamento en la UPSA, en una entrevista (Agencia Veritas, 16/12/05).

Considero oportuno destacar de todo el libro este último punto de la conclusión, en el que hace un análisis muy acertado del éxito de esta literatura de best-seller encuadrada en el paradigma esotérico y en la nueva religiosidad difusa. Y también el comienzo de la introducción, donde propone una comparación (qué habría pasado si una novela hubiera atacado así al budismo) que muestra con transparencia la intolerancia cultural que se da, en mayor o menor medida, contra lo cristiano. El resto del libro, muy documentado, a veces puede cansar por el exceso de fechas, nombres, anécdotas y otros muchos datos, que hacen difícil seguir la argumentación. Pero que pretenden ser, con todo detalle, una crítica de fondo a cierta mentalidad conspiracionista, tan extendida y tan fantasiosa.

LUIS SANTAMARÍA DEL RÍO
Recensión publicada en Diálogo Ecuménico 128 (2005) 564-567.

3 comentarios

  
JCA
Nadie, salvo los pirados, habla de un "gran Complot"; siempre se ha sabido que masones, carbonarios, etc. no han sido muchos (ni siquiera son excluyentes: muchos pertenecían a más de una) de lo que se habla es de la gran influencia que han tenido ocupando puestos clave en la política y, sobre todo, en la «comunicación» en sentido amplio como herramienta de influencia, desestabilización y propaganda. El s. XIX es un buen ejemplo. Me extraña que minimice tanto su influencia.
29/09/09 2:43 PM
  
anonimo
un amigo me dijo que el gran sol eluminara las calles de mexico a si un gran gigante detruirar las ciudades pronto el ante critosto nacera pero ay un cer que nos puede salvar esta en la tierra el antecristo no nacera pero eso no semefica que el gran sol no cubra las calles de mexico distrito federal e europa el gigante no tumbe todo asupaso esto es 11 11 10 pronto sera un gran mañana
03/04/10 12:16 PM
  
José Valls
En el tema de las "conspiraciones" hay que evitar tanto lo fantasioso como la ingenuidad cómoda. Al que ha investigado un poco le intranquilizan los "tranquilizadores" como Introvigne. Él reconoce que existe un "lobby" gay, abortista y eutanásico. ¿De dónde procede? ¿No le interesa investigar eso? ¿Piensa que vivimos en la sociedad de la transparencia total y que la verdad cuelga de las ramas de los árboles al alcance de la mano?
04/02/11 3:58 AM

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