4.09.10
Cuando el Cardenal Xavier Nguyen Van Thuan (que retornó a la Casa del Padre el 16 de septiembre de 2002) escribiera, en su libro “Mil y un pasos en el Camino de la Esperanza”, como preguntando a alguien (a casi cualquiera, podríamos pensar hoy día) “¿Te vas a unir a varias Iglesias?/ ¿Te vas a acomodar a todas las morales y vas a ajustarte a todas las conciencias?” puso en evidencia un asunto de no poca importancia: podría parecer que cuando hablamos de Fe todo vale o, también que tanto da una creencia como otra.
Un buen punto de partida para reconocer la Fe que verdaderamente nos asiste es lo que dejó dicho San Pablo en la Primera Epístola a los Tesalonicenses (5,21) cuando manifestó una gran verdad: “Examinadlo todo y quedaos con lo bueno”. Lo que no dijo es, por ejemplo, quedaos con todo porque, acto seguido (5,28) bendijo a los cristianos de Tesalónica con “la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros”. Por tanto, desde allí, hace ya tanto tiempo, hasta nuestro ahora mismo, queda claro que no todo es igual; en cuestiones de Fe no todo es igual.
Cuando Cristo dijo aquello de que nos debíamos “cuidar de los falsos profetas” (Mt 7,15) bien sabía a lo que se refería, pues muy conocida es, sobre todo hoy día, la proliferación de grupos que se dicen religiosos porque manifiestan algún tipo de creencia, pero que en realidad, son, por dentro, “lobos feroces” (Mt 7,15). La ferocidad que muestran es, a veces, poco vistosa, porque recurren a la adulación del ego humano o a vestir de divinidad sus proyectos cuando, en realidad, no son, sino, meros adalides de la mundanidad y del nihilismo, cuando no falsos interpretadores de las Sagradas Escrituras que abusan del desconocimiento, por parte de los católicos, de la misma Palabra de Dios e incluso de la más terrible preterición de la voluntad del Padre.
3.09.10
Muchas personas hemos nacido en el seno de una familia que profesaba la religión católica; nacimos, con el espíritu, a la vida del mundo, acunados en las manos progenitoras y divinas.
Así se es católico.
Muchas personas fuimos bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, esa fórmula que nos une, en lo íntimo del corazón, a nuestro Creador porque por su voluntad existimos.
Así se es católico.
Muchas personas asistimos a una catequesis más o menos adecuada, con el tiempo y con la forma de ser actual, en la que trataron de que conociéramos mejor quién era Jesús y Dios, y qué era la Iglesia que fundó hace tiempo, mucho tiempo, seguramente desde la eternidad.
Así nos reconocemos católicos.
Muchas personas fuimos conformados en la Fe, cuando la razón descubre a Dios y hacemos uso de ella; conformados, y por tanto, afirmando lo que, por la edad, en la comunión, quizá no entendimos o se pasó, para nosotros, envuelto en un halo de misterio y fiesta.
Así nos confirmamos católicos.
Muchas personas nos sentimos acogidos cuando, en la Iglesia, contrajimos matrimonio sellando, en ella, una alianza con Dios y con la otra persona con la que quisimos formar una familia de las que ahora denominan tradicional.
Así nos vimos católicos.
2.09.10
Se quiera decir lo que se quiera decir al respecto, el caso es que la realidad es la que es y no se puede falsear para disimular o mirar para otro lado.
La cosa, el asunto, el caso de la situación de lo musulmán en Europa está que arde. No podemos decir otra cosa y no debemos decir otra cosa.
Y si a alguien se le ha ocurrido, que sí, hacer como si no pasara nada y favorecer todo lo musulmán en la vieja Europa ya se encargan los seguidores de Mahoma de poner los puntos sobre todas las letras que sean necesarias.
Tuvo que ser ante un grupo de 500 mujeres (tratadas a patadas por el islamismo, por cierto) ante el que Muamar el Gadafi describiera las bondades de su religión. Eso es como si Hitler, ante un grupo de 500 judíos, les perorara sobre lo bueno que era su régimen asesino. Exactamente igual.
Allí dijo unas lindezas a tener en cuenta por todas aquellas personas que amen la tierra que pisan y no quieran volver, por ejemplo, unos siglos atrás que son, precisamente, los que pisotearon los pies de los seguidores de Mahoma.
1.09.10
Se suele hablar de “células durmientes” y referirse a grupos de musulmanes radicales que permanecen en el anonimato hasta que se les requiere para que “despierten” y cometan algún que otro atropello a la vida humana.
Algo parecido, pero en bueno y malo, pasa con los cristianos, aquí católicos: en bueno porque no se trata de estar ocultos para salir a matar y en malo porque supone, tal actitud, una forma de malversar nuestra fe.
Así, los cristianos, los católicos, somos células de las que se compone el tejido de la Iglesia, institución creada por el Mesías y entregada a Pedro para que la gobernara y, entregara, con el paso de los siglos, las llaves, de forma sucesiva, a Benedicto XVI, el Santo Padre.
Como tales células damos vida al tejido que, tras el paso del tiempo, ha dado en ser la imagen de Dios en el mundo. Por más errores que se hayan cometido por parte de las personas que, como seres humanos, han dado en llevar a la Esposa de Cristo hasta la situación en la que se encuentra hoy día, lo bien cierto es que aquel manojo de llaves que Jesús entregó a quien lo negara sigue siendo válido. Abre nuestro corazón, lo llena de la Palabra de Dios y, por así decirlo, lo conforma según la voluntad del Padre.
Por eso, a veces, resulta necesario preguntarse cómo es posible que los que hemos de dar forma, de conformar, el sí a Dios, el sí a Cristo, el sí al Espíritu, permanezcamos en estado de letargo, cual embrión que espera que llegue el día de salir al mundo, cuando nosotros somos herederos del Reino más importante que en el mundo ha sido: el Reino de Dios que Jesucristo ya anunció y trajo, siendo Él, siendo Hijo, siendo Padre y Espíritu.
31.08.10
NOTA: por un error ha salido publicado, en este blog, hace casi dos horas (10:54 am), el artículo de mañana miércoles 1 de septiembre. Por esa razón lo he tenido que retirar. Siento si he producido algún tipo de malestar, sobre todo a las 4 personas que habían hecho comentarios.
De todas formas, los cuatro comentarios los recuperaré para mañana miércoles, 1 de septiembre pues los tengo guardados vía correo electrónico.
………………….

Con este primer artículo doy comienzo a una serie que lleva por título “Vida de santos, santos en vida” y que espero sea fructífera.
Hace algo más de dos meses, con motivo de la celebración, el 26 de junio, de la festividad de S. Josemaría, un comentarista (Martín Ellingham) dijo que sería importante escribir sobre Sto. Dominguito del Val porque hoy, precisamente, la Iglesia católica, celebra su día.
Tengo que decir, siendo esto muy grave, que no conocía a tal santo de la Iglesia católica y no sabía ni podía entender el interés que podía haber en tratar, en un artículo, el caso particular de tal santo.
Sin embargo, recogí, entonces, el guante de tal proposición y hoy, día en el que se celebra su recuerdo, vengo a escribir lo que sigue.
Si no sé tratarlo bien, que Dios me perdone.
En la catedral de Zaragoza, en una capilla hay una urna de alabastro que contiene los restos de un niño. Su nombre es Domingo del Val y sobre aquella la inscripción “Aquí yace el bienaventurado niño Domingo del Val, mártir por el nombre de Cristo“.
¿Quién fue Domingo del Val?
Licenciado en Derecho, casado y con dos hijos. Hijo de Dios y hermano en Cristo… en defensa de la fe,
sabiendo que en esta labor, a veces ingrata pero siempre fructífera, no estoy solo sino, al contrario,
acompañado de muy buenas compañías.
Mi correo electrónico, para quien quiera hacerme llegar una queja, alguna noticia, etc. es
eleu@telefonica.net
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