2.06.17

Apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas

Evangelio del viernes de la séptima semana de Pascua:

Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis corderos».
Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Él le dice: «Pastorea mis ovejas».
Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras».
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».
Jn 21,15-10

Jesús, el Buen Pastor, nos deja por pastor a Pedro, príncipe de los apóstoles. El mismo que le negó tres veces la noche anterior a su crucifixión. El mismo al que llamó Satanás cuando se opuso precisamente a que se dejara entregar como Cordero de Dios. Pero también el mismo a quien el Padre reveló quién es en verdad Jesucristo. El mismo que saltó de la barca para andar por las aguas camino del Señor, que le rescató cuando empezó a hundirse. El mismo con un corazón lleno de amor al Salvador. El mismo al que Cristo encargó el ministerio de confirmar en la fe a los hermanos, una vez se hubiera convertido. El mismo sobre cuya persona y sobre cuya confesión de fe el Señor edificaría su Iglesia. Por eso la Iglesia no es sin Pedro, de la misma manera que Pedro no sería Pedro sin Cristo.

Bien haremos, pues, en atender a las palabras de Pedro:

Como hijos obedientes, no conforméis vuestra vida a las antiguas concupiscencias del tiempo de vuestra ignorancia, sino que así como es santo el que os llamó, sed también vosotros santos en toda vuestra conducta, conforme a lo que dice la Escritura: “Sed santos, porque yo soy santo".
Y si llamáis Padre al que sin hacer acepción de personas juzga a cada uno según sus obras, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que habéis sido rescatados de vuestra conducta vana, heredada de vuestros mayores, no con bienes corruptibles, plata u oro, sino con la sangre preciosa de Cristo, como cordero sin defecto ni mancha, predestinado ya antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos para vuestro bien; para quienes por medio de él creéis en Dios, que le resucitó de entre los muertos y le glorificó, de modo que vuestra fe y vuestra esperanza se dirijan a Dios. Ya que habéis purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, para un amor fraterno no fingido, amaos de corazón intensamente unos a otros, como quienes han sido engendrados de nuevo no de un germen corruptible, sino incorruptible, por medio de la palabra de Dios, viva y permanente.
1ª Ped 1,14,23

Y bien haremos si escuchamos su advertencia:

Así como surgieron falsos profetas en el pueblo de Israel, también habrá entre vosotros falsos maestros. Éstos introducirán fraudulentamente herejías perniciosas: negando al Dueño que los rescató, atraerán sobre ellos mismos una pronta ruina. Muchos seguirán sus costumbres licenciosas, y por su causa el camino de la verdad quedará infamado;
2ª Ped 2,1-2

Y es que, como también nos alertó el apóstol San Pablo:

Me sorprende que hayáis abandonado tan pronto al que os llamó por la gracia de Cristo para seguir otro evangelio; aunque no es que haya otro, sino que hay algunos que os inquietan y quieren cambiar el Evangelio de Cristo. Pero aunque nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciásemos un evangelio diferente del que os hemos predicado, ¡sea anatema!
Gal 1,6-8

Por tanto, andemos en santidad y rechacemos a los falsos maestros que adulteran el evangelio de Criso. Y así lo haremos si en verdad el Señor nos lo concede por su gracia.

Señor, concede a nuestros pastores, y muy especialmente a Pedro, la gracia de la conversión para que nos lleven por el camino de la fidelidad a tu evangelio.

Luis Fernando

1.06.17

Que sean uno

Evangelio del jueves de la séptima semana de Pascua:

Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo:
No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos.
Jn 17,20-26

Nuestro Señor Jesucristo pide al Padre ni más ni menos que los cristianos seamos uno como Él y el Padre son uno. Es decir, pide para la Iglesia la unidad propia de la Trinidad. 

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31.05.17

¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme?

Evangelio en la Fiesta de la Visitación de la Virgen María

Por aquellos días, María se levantó y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando oyó Isabel el saludo de María, el niño saltó en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando en voz alta, dijo: “Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? Pues en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno; y bienaventurada tú, que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor".
María exclamó: “Proclama mi alma las grandezas del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha puesto los ojos en la humildad de “su” esclava; por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque ha hecho en mí cosas grandes el Todopoderoso, cuyo nombre es Santo; su misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le temen. Manifestó el poder de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó de su trono a los poderosos y ensalzó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos los despidió vacíos. Protegió a Israel su siervo, recordando su misericordia, como había prometido a nuestros padres, Abrahán y su descendencia para siempre.”
Luc 1,39-55

María. Dulce nombre de María. Madre del Señor, Madre nuestra. Don de lo alto de quien nos nace el Salvador, porque así lo decretó Dios.

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30.05.17

Te ruego por ellos; no ruego por el mundo

Evangelio del martes de la séptima semana de Pascua:

Así habló Jesús y, levantando los ojos al cielo, dijo: “Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese.
He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti,
porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.
Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti".
Jn 17, 1-11a

Gran parte de nuestros temores deberían quedar en nada si entendiéramos que somos propiedad de Dios. El Padre nos puso en manos del Hijo, y el Hijo nos custodia y ruega por nosotros al Padre. Ya puede caerse el mundo entero en rededor nuestro, que el Señor mismo nos mantendrá firmes a su lado. Por si fuera poco, hemos sido sellados con el Espíritu Santo (Efe 1,13).

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29.05.17

Yo he vencido al mundo

Evangelio del lunes de la séptima semana de Pascua:

Los discípulos le dijeron a Jesús: -Ahora sí que hablas con claridad y no usas ninguna comparación; ahora vemos que lo sabes todo, y no necesitas que nadie te pregunte; por eso creemos que has salido de Dios.
-¿Ahora creéis? -les dijo Jesús-. Mirad que llega la hora, y ya llegó, en que os dispersaréis cada uno por su lado, y me dejaréis solo, aunque no estoy solo porque el Padre está conmigo. Os he dicho esto para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis sufrimientos, pero confiad: yo he vencido al mundo.
Jn 16,29-33

Cada vez que los apóstoles, individual o colectivamente, “sacaban pecho", el Señor les “bajaba los humos". Le pasó a Pedro:

Él le dijo: -Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y hasta la muerte.
Pero Jesús le respondió: -Te aseguro, Pedro, que no cantará hoy el gallo sin que hayas negado tres veces haberme conocido.
Luc 22,33-34

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