Un acto de justicia histórica hacia Pío XII

LO QUE TODOS AFIRMARON CUANDO MURIÓ PÍO XII Y QUE LA LEYENDA NEGRA HABÍA HECHO OLVIDAR A ALGUNOS

La decisión de Benedicto XVI de declarar Venerable a Pío XII es un acto de justicia por parte del Papa. Sería desconocer a este Papa el pensar que dejaría de realizar un acto tan justo como el de declarar Venerable a Pío XII por miedo a los medios de comunicación o a las presiones de ciertos rabinos ignorantes o malintencionados(que ni siquiera son la mayoría). Él ha hecho lo que ha visto que era de justicia, y realmente lo es. Y los susodichos rabinos han empezado a dar la matraca en contra de la decisión papal, como se esperaba, pero la justicia es la justicia.

Cuando Pablo VI anunció durante el Concilio el propósito de comenzar la causa de Canonización de su predecesor Juan XXIII, anunció a la vez el comienzo de la causa de Pío XII, uniendo estrechamente dichas causas, una de las cuales confió a los Dominicos y la otra a los Jesuítas. Se concluyó mucho antes la de Juan XXIII, porque realmente era más fácil, y sirvió su beatificación para quitarse en el Vaticano un problema que no sabían como resolver para no quedar mal con el estado italiano, esto es, la beatificación de Pío IX. Realizadas ambas Beatificaciones, quedaba esperar el final de la causa de Pío XII, que ha sido lenta y fatigosa, pero que ha concluido en tiempo bastante oportuno para poder hacerla a coincidir con otra declaración de Venerable -y quizás también con la Beatificación- de Juan Pablo II, que a todos parecerá bien y en principio no atraerá ninguna crítica.

Son coincidencias (aunque ha habido que retrasar el decreto de virtudes heroicas de Pío XII un par de años) que ayudan a la Santa Sede a presentar algo tan justo y verdadero como la santidad del Pastor Angélico, pero que pocos quieren escuchar en el mundo progre de hoy. Ha sido tan larga y profunda la leyenda negra que ha rodeado a Pío XII, que parecía que nunca se llegaría su Beatificación. Se necesitaba la valentía de un Papa sin respetos humanos pero con gran respeto a la verdad y el bien de la Iglesia.

El pobre Pío XII ha tenido que aguantar de todo en los últimos años, aunque desde el cielo imagino que le habrá importado poco. Las mentiras más gordas se han dicho sobre él sin ningún pudor, y temo que en los próximos meses serán repetidas por el coro de los periodistas mediocres que pueblan la faz de la tierra (que no son todos, por supuesto, pero sí son muchos). Y, sin embargo, si quisieran averiguar la verdad la podrían encontrar facilmente.

¿Cuál es la verdad? Pues que cuando Pio XII murió, el mundo entero lloró su tránsito a la casa del Padre, los católicos nos enorgullecíamos de este papa grande y las comunidades hebreas manifestaban abiertamente su aprecio y reconocimiento por haber salvado a muchos judíos de la deportación y de la muerte. El presidente estadounidense Eisenhower –de confesión presbiteriana– declaró: “El mundo ahora es más pobre después de la muerte del Papa Pío XII. Su vida ha estado enteramente dedicada a Dios y a servir a la humanidad”. Golda Meir, ministra israelí de Asuntos Exteriores, dijo: “Lloramos a un gran servidor de la paz que levantó su voz por las víctimas cuando el terrible martirio se abatió sobre nuestro pueblo”. El político de izquierda y ex primer ministro francés Mendès-France –de origen judío- afirmó: “Quienquiera que se ha acercado al Papa se ha asombrado por su valor como estadista, cuya acción se extiende sobre uno de los periodos más dramáticos de la historia. No se puede olvidar que en el ardor de su fe, la adhesión a la paz fue uno de los constantes valores de su pontificado”. El rabino jefe de Londres, doctor Brodie, en un mensaje enviado al arzobispo de Westminster, escribió: “Nosotros miembros de la comunidad judía, tenemos razones particulares para dolernos de la muerte de una personalidad que, en cualquier circunstancia, ha demostrado valiente y concreta preocupación por las víctimas de los sufrimientos de la persecución”. El mariscal Bernard Law Montgomery –protestante convencido- declaró al diario Sunday Times: “Siento un inmenso respeto y admiración por Pio XII. Era un hombre sencillo y amigable que irradiaba amor y caridad.” Incluso el liberal gobernador del Estado de Nueva York, Haverell Harriman, afirmó: “Como ningún otro hombre de nuestro tiempo y como pocos hombres en la historia, ha sabido asumir en la santidad los principios de la humanidad”.

Y todos estos halagos no están carentes de fundamento histórico.Así, según el historiador judío Emilio Pinchas Lapide, que fue cónsul de Israel en Milán, “la Santa Sede, los nuncios y la Iglesia Católica salvaron de la muerte entre 700.000 y 850.000 judíos” (“Three Popes and the Jews”). Pero fue una labor llevada a cabo en su mayor parte de modo discreto y silencioso, millares de historias increíbles y anónimas de caridad cristiana hacia los judíos perseguidos y que solamente en los últimos años están viniendo a la luz. Y de modo más o menos directo, detrás de estas historias está el influjo del Papa Pacelli. Así, por ejemplo, cuando al Cardenal Pietro Palazzini se le concedió después de la guerra la medalla de “Justo entre las Naciones”, por haber salvado a cientos de judíos escondiéndoles en el Seminario Mayor de Roma, él afirmó. “El mérito es todo de Pío XII, que nos pidió que hiciéramos todo lo que pudiéramos para salvar a los judíos de la persecución”.

Luciano Tas, autorizado representante de la comunidad judía romana, escribió: “Si el porcentaje de judíos deportados en Italia no fue tan alto como en otros países, sin duda se debió a la ayuda de la población italiana y concretamente de las instituciones católicas. Centenares de conventos, siguiendo las órdenes que venían del Vaticano, acogieron y escondieron a los judíos, miles de sacerdotes les ayudaron, importantes prelados organizaron una red clandestina para distribuirles documentos falsos, etc” (Historia de los judíos italianos).

El abajo firmante de este artículo y blog vivió durante 4 años de su estancia en Roma en un convento en el que los sacerdotes mayores contaban, con todo detalle, como durante la ocupación nazi de la ciudad llenaron la casa de judíos, a los cuales cedieron sus propias habitaciones y a los cuales, cuando llegaban los registros, escondían entre las bóvedas y el techo de la iglesia. Dichos sacerdotes me contaron, como cosa sabida y normal, que todos los conventos de Roma que pudieron hicieron lo mismo, a veces con gran heroicidad, y que todo venía de la iniciativa de Pío XII.

Siguiendo con la ciudad de Roma, en ella la comunidad judía certificó al acabar la guerra que la iglesia había salvado a 4.447 judíos de la persecución nazi. En una inscripción que se encuentra en el Museo Histórico de la Liberación de Roma y que va dirigida a Pío XII, se puede leer: “El Congreso de los delegados de las comunidades judías italianas, en su primera reunión celebrada en Roma después de la liberación, siente el deber de dedicar un homenaje reverente a Su Santidad y expresarle el profundísimo sentido de agradecimiento que anima a todos los judíos, por las pruebas de fraternidad humana que les dio la Iglesia durante los años de la persecución, cuando su vida estuvo en peligro a causa de la barbarie nazifascista”. En este mismo sentido, Gideon Hausner, procurador israelí en el proceso contra Eichmann, el 18 de octubre de 1961, afirmó: “El clero italiano ayudó a numerosos israelitas y los escondió en los monasterios, y el Papa intervino personalmente a favor de los arrestados por los nazis”.

Los testimonios son innumerables y hacen que surja la pregunta de porqué tanto testimonio clarísimo es olvidado por ciertos historiadores y, por tanto, cuáles intereses les mueven para tergiversar de modo tan descarado la historia. Porque no hacen falta grandes argumentos para desmentirles, es la misma historia la que lo hace. El historiador Renzo De Felice, en su obra “Historia de los judíos italianos bajo el fascismo”, ha escrito: “La ayuda de la Iglesia hacia los judíos fue muy notable e iba creciendo. No fue prestada solamente por los católicos individuales, sino también de muchísimas instituciones católicas. Y esta ayuda, además, era la misma que desde hacía años ya venía prestando la Iglesia en otros países ocupados por los nazis, como era el caso de Francia, Bélgica, Rumania o Hungría, que además de manifestarse en ayudas materiales concretas, intentaba también interceder ante los gobiernos para favorecer a los judíos de esos territorios”.

La Iglesia tuvo que pagar también su precio por esta ayuda a los judíos, y no fue bajo: En toda Europa los religiosos deportados a los campos de concentración fueron más de 5.500 (en Italia fueron 729 sacerdotes), de los cuales la mayoría fueron apresados como represalia por la ayuda de la Iglesia a los judíos. Y a pesar de los riesgos la obra de asistencia fue vasta y eficaz: Solamente el Cardenal de Génova salvó al menos a 800 judíos, y el obispo de la pequeña población de Asís a 300. Y todo esto fue dirigido por el Papa, pues como muchos saben en Roma pero pocos historiadores recuerdan, ya en el 1939, nada más estallar la segunda guerra mundial, el Papa creó en la sección alemana de la oficina de Información del Vaticano otra oficina especial para ayuda a los judíos. Dicha oficina resolvió alrededor de 36.800 casos a favor de los judíos (sobre el trabajo de dicha oficina se han publicado datos fehacientes en el Canadian Jewish Chronicle). La obra de asistencia organizada por el Papa Pacelli era tan conocida en Italia y a nivel mundial que cuando en el 1955 Italia celebró el décimo aniversario de la Liberación, la Unión de las Comunidades Judías italianas proclamó el 17 de abril el “día de la gratitud” en recuerdo de la ayuda proporcionada por el Papa Pío XII durante el periodo de la guerra.

10 comentarios

  
Luis Fernando
Lo cierto es que da bastante asco el ver cómo hoy hay judíos que se empeñan en llevarle la contraria a lo que en su día dijeron sus padres y abuelos.
20/12/09 6:48 PM
  
Hermenegildo
P. Alberto: ¿quiere Vd. decir que el decreto de virtudes heroicas de Pío XII se ha retrasado un par de años para hacerlo coincidir con el de Juan Pablo II?
20/12/09 7:03 PM
  
pablo
Viene bien esta información para taparles la boca a los mentirosos que gustan de tergiversar la verdad con tal de ir contra la iglesia. Gracias.
Un saludo.
20/12/09 7:06 PM
  
Hermenegildo
Y, por cierto, ¿por qué era más fácil la beatificación de Juan XXIII que la de Pío XII?
20/12/09 7:09 PM
  
Carmen
Muchas gracias por la información. Las leyendas negras se retroalimentan ellas solitas. Y es que la calumnia es como una mancha que cuesta limpiar.
20/12/09 8:35 PM
  
Alberto Royo Mejía
Estimado Hermenegildo: Muchas gracias por el interés que muestra por muchos de los artículos de este blog (algunos son menos interesantes, pero qué le vamos a hacer, la historia da para todo). Le explico lo del Decreto de virtudes heroicas: La causa de Pío XII se acabó ya hace un par de años y se le presentó al Papa para que firmara dicho decreto, que es como el paso final de la fase probatoria de la causa (luego vienen los milagros, si no se trata de mártires). El Papa parece de dijo "pensiamoci un pò di più", esto es, que quería pensar más sobre el tema. Entonces estaba por medio la visita a tierra santa y el comienzo de las conversaciones de la Santa Sede con el estado de Israel. Una vez pasada la visita y consolidadas (más o menos) dichas conversaciones, se habría allanado el camino para una decisión que sin duda enfadaría a algunos judíos, como ha ocurrido. Por otra parte, como ya se hizo con Pio IX y Juan XXIII, el juntar a dos Papas, uno muy popular y otro polémico, hace desviar un poco el interés de la prensa, que no se ceba tanto con el polémico al querer dedicar también espacio al que es popular. Es cuestión de diplomacia vaticana, podríamos decir.

Sobre lo de Papa Juan XXIII, por haber tenido un pontificado más breve, por ser muy querido por la gente, sonriente, bonachón, y pocas voces en contra, era una beatificación fácil sobre la que prácticamente nadie protestó.

Un abrazo y felices fiestas
20/12/09 9:58 PM
  
Hermenegildo
Gracias, P. Alberto.
20/12/09 10:43 PM
  
Francesco
Muchas gracias, Padre, por este artículo que, como es costumbre en su blog, es de gran valor.

Aprovecho para preguntarle: la oposición a la beatificación del Papa Pío IX, ¿de dónde han provenido: desde dentro de la Iglesia o de sectores no eclesiales de Italia?

Y una más: ¿están abiertas las causas de los Papas León XIII y Pío XI? Nunca he escuchado nada sobre ello y siempre he tenido la duda. Se, por otra parte, que sí lo están las de Juan Pablo I (alguna novedad ha habido hace algunos meses) y la Pablo VI (que, según creo haber oído, no parece avanzar con mucha rapidez).

Muchas gracias una vez más, Padre.






21/12/09 5:06 AM
  
Alberto Royo Mejía
Estimado Francesco: La oposición a la Beatificación de Pío IX venía sobre todo de sectores de fuera de la iglesia, la mayoría italianos (políticos, historiadores, medios de comunicación), pues fue el Papa que se opuso al Risorgimento y a la unificación de Italis (aunque al principio era favorable, pero viendo el sesgo masón que tomaban los acontecimientos dió marcha atrás). En Italia ha sido un Papa visto muy negativamente como símbolo de conservadurismo retrógrado. Pero, aparte de sus ideas políticas, fue un Papa santo, lo cual la Iglesia ha reconocido. No faltaba sin embargo algún clérigo -de los que nunca faltan- que decía que no era oportuno remover aguas pasadas con su Beatificación. Por último, también los judíos malmetían por un caso de un niño judío que decían que el Papa había obligado a bautizar, una cuestión que los historiadores de la causa de Beatificación probaron que no era como decían los que acusaban al Papa.

De Leon XIII y Pío XI no se ha hablado de proceso. En el caso de Pío XI, todos recuerdan el mal carácter que tenía, nadie parece que haya pensado a un proceso de este tipo. Sobre Juan Pablo I y Pablo VI, volvemos a lo que decíamos sobre Juan XXIII y Pío XII. EL proceso de Juan Pablo I es más fácil, por su pontificado corto (más bien cortísimo), mientras que con Pablo VI se va poco a poco, aunque la fase diocesana está terminada.

Un saludo y felices fiestas
21/12/09 9:38 AM
  
Daniel Marcelo Ferrer
No he de abundar en las virtudes heroicas para ser Santo de Pio XII, puesto que eso nos incumbe sólo a los católicos".Respecto a la infamias sólo citaré los evangelios:"Hiera al Pastor y se dispersarán las ovejas" Zac. 16.7,.Seré breve.Citaré ejemplos dee los hoy detractores:New York Times,25/12/1941."La voz de Pío XII es una voz solitaria en el silencio y la oscuridad que rodean a Europa en estas Navidades .. Es prácticamente el único gobernante que queda en ese continente que se atreve a alzar su voz."¿De qué se acusa a Pío XII?La principal acusación es que No hizo denuncia pública del nazismo y sus atrocidades1 - La encíclica "Mit Brennender Sorge" (1937). Firmada por el entonces Papa Pío XI fue preparada por el Cardenal Pacelli ya que es quien mejor conocía la situación alemana por haber sido el representante del Vaticano (Nuncio) en Baviera y en Berlín. Fue la primera encíclica escrita en alemán y es la más clara condena del nazismo, no sólo de la Iglesia sino también de entre todos los gobiernos de entonces. Aún hoy se conservan los borradores en los que pueden comprobarse los añadidos y correcciones de Pacelli al texto original. La encíclica fue introducida secretamente en Alemania y leída en todas las parroquias el 21 de marzo de 1937.Alemania invadió y ocupó Holanda en 1940. Hacia 1942 comenzaron las deportaciones masivas y sistemáticas de judíos "al este". Pronto se pusieron de acuerdo los jefes de las iglesias católica, calvinista y luterana en elaborar un documento para protestar contra estas acciones. Pero cuando fue conocido este proyecto por el comisario del Reich en Holanda, Seys-Inquart, amenazó a los responsables religiosos de tomar las mismas medidas, no sólo con los judíos de sangre y de religión sino también con los bautizados. Por este motivo tanto calvinistas como luteranos hicieron silencio. En cambio, en las iglesias católicas fue leído el documento el domingo 26 de julio de 1942, "siguiendo la ruta indicada por el Santo Padre", y decía:
"Vivimos en una época de gran miseria, tanto en el campo espiritual como en el material, pero dos hechos muy dolorosos llaman nuestra atención: el triste destino de los judíos y la suerte de quienes han sido destinados a trabajos forzados en el extranjero. Todos deben ser profundamente conscientes de las penosísimas condiciones de unos y otros; por eso, llamamos la atención de todos por medio de esta pastoral común.
Estas tristísimas condiciones deben ser puestas en conocimiento de aquellos que ejercitan un poder de mando sobre aquellas personas: a este objeto, el reverendísimo episcopado, en unión con casi todas las comunidades de las Iglesias de los Países Bajos, ya profundamente afectadas por las medidas tomadas contra los judíos holandeses para excluirlos de la participación en la vida civil normal, han tomado con verdadero horror la noticia de las nuevas disposiciones que imponen a hombres, mujeres, niños y familias enteras la deportación a territorio del Reich alemán. Los inauditos sufrimientos infligidos así a más de diez mil personas, la conciencia de que una manera de proceder tal repugna al sentimiento moral del pueblo holandés, y sobre todo, el que esté en contraste absoluto con el mandamiento divino de la justicia y la caridad, obligan a las mencionadas comunidades de las Iglesias a dirigir la petición de que no se pongan en ejecución los procedimientos mencionados."
¿Cuáles fueron los efectos de esta "valiente" denuncia? Más deportaciones. Una semana más tarde se apresaba a 1.200 judíos católicos, entre ellos Edith Stein (Sor Teresa Benedicta de la Cruz) y su hermana Rosa en el Carmelo de Echt (15). A ésto podemos agregar las palabras con las que el jefe de la Gestapo en Holanda en el año 1942, Wilhelm Harster, pronunciara durante el juicio que se le hizo por su colaboración con la deportación y asesinato de 82.854 judíos holandeses (17). Cuando el juez le interrogó sobre las causas por las que en el verano de 1942 los nazis se ensañaron con tanta crueldad con los hebreos, Harster respondió:
"Fueron los obispos holandeses quienes dieron alas a nuestros afanes de venganza; no quisimos tolerar por más tiempo sus reproches a nuestra política en lo tocante a la cuestión judía."
A ésto podemos agregar las palabras con las que el jefe de la Gestapo en Holanda en el año 1942, Wilhelm Harster, pronunciara durante el juicio que se le hizo por su colaboración con la deportación y asesinato de 82.854 judíos holandeses (17). Cuando el juez le interrogó sobre las causas por las que en el verano de 1942 los nazis se ensañaron con tanta crueldad con los hebreos, Harster respondió:
"Fueron los obispos holandeses quienes dieron alas a nuestros afanes de venganza; no quisimos tolerar por más tiempo sus reproches a nuestra política en lo tocante a la cuestión judía.
Hasta la misma Cruz Roja Internacional llegó a las mismas conclusiones:
"Las protestas no sirven y, es más, podrían producir daño a las personas que se intenta ayudar."
Testimonios de judíos sobre Pío XII
A la muerte de Pío XII desde todos los rincones del mundo llegaron al Vaticano mensajes de condolencia. Veamos algunos de ellos expresados por judíos de relieve mundial:
1 - Golda Meir (Ministro de Asuntos exteriores y después Primer Ministro de Israel) en su discurso en la ONU en 1958:
"Compartimos el dolor de la humanidad por la muerte de Su Santidad Pío XII. En una generación afligida por guerras y discordias, él ha afirmado los altísimos ideales de la paz y de la piedad. Durante el decenio del terror nazi, cuando nuestro pueblo sufría un terrible martirio, la voz del papa se elevó para condenar a los perseguidores y apiadarse de sus víctimas. La vida de nuestro tiempo se ha visto enriquecida por una voz que expresaba las grandes verdades morales más allá del tumulto de los conflictos cotidianos. Lloramos a un gran servidor de la paz." También Albert Einstein expresó su reconocimiento a la Santa Sede. En una entrevista aparecida en el Time Magazine afirmó:
"Siendo un amante de la libertad, cuando llegó la revolución a Alemania miré con confianza a las universidades sabiendo que siempre se habían vanagloriado de su devoción por la causa de la verdad. Pero las universidades fueron acalladas. Entonces miré a los grandes editores de periódicos que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, fueron reducidos al silencio, ahogados a la vuelta de pocas semanas.
"Sólo la Iglesia permaneció de pie y firme para hacer frente a las campañas de Hitler para suprimir la verdad.
"Antes no había sentido ningún interés personal en la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran afecto y admiración, porque sólo la Iglesia ha tenido la valentía y la obstinación de sostener la verdad intelectual y la libertad moral.
"Debo confesar que lo que antes despreciaba ahora lo alabo incondicionalmente.LA SALVACIÓN POR EL CINE
Mediante la filmación de "La puerta del cielo" Vittorio De Sica salvó a 300 judíos del nazismo



Vittorio De Sica (1901-1974)

El cristianismo habló de la salvación por la fe y las obras. William Blake le agregó la salvación por el arte. El arte que salva remite a una experiencia purificadora del espíritu. Pero alguna vez el arte puede salvar la propia vida, la integridad física, el anhelo de un corazón que quiere seguir soñando y palpitando. Esto es lo que ocurrió con un film de Vittorio De Sica. En 1943 la Alemania nazi aún era una sombra sanguinaria extendida sobre Europa. Los fatídicos campos de concentración eran la diaria tumba de miles de seres humanos. La Gestapo secuestraba y enviaba a los campos de exterminio a numerosos judíos. En ese terrible horizonte, el cine fue la salvación. Vittorio De Sica acometió la filmación de La puerta del cielo. El rodaje fue patrocinado por el Vaticano. Trescientos actores, técnicos y extras judíos fueron contratados para el rodaje. El Papa Pío XII nombró a un joven monseñor para supervisar la filmación; con el tiempo, aquél clérigo sería el Papa Paulo VI. Un acuerdo confidencial entre el director italiano y el Vaticano determinaba que la filmación se debía prolongar todo lo posible a fin de impedir que los judíos fueran deportados. Un film en marcha actúo así como mágica coraza protectora de cientos de vidas. En este caso, la Iglesia desempeñó un rol humanitario aunque aún se descargan sobre el Papa Pío XII y otros altos eclesiásticos serias acusaciones de colaboracionismo con el nazismo.
Vittorio de Sica brilló en la historia del cine italiano como actor cómico y dramático, cantante y galán. Junto a Roberto Rossellini, y su Roma, ciudad abierta, pasa por ser el creador del movimiento neorrealista en el cine.
Ladrón de bicicleta (1948) es quizá su obra máxima y acaso también Umberto D. (1953), la historia de un hombre que trata de sobrevivir sólo con la ayuda de su perro. En su filmografía se destacan también Siusciá (1946); Milagro en Milán (1951); Pan, amor y fantasía (1953). De Sica nació en el seno de una familia de la burguesía ilustrada napolitana. Su presencia bella y simpática le permitió incursionar inicialmente como galán en comedias que promovía el fascismo para la diversión popular.
El cine de Vittorio De Sica exploró la triste realidad social de la empobrecida Italia de la posguerra. Su compromiso con la recreación del dolor y la tragedias sociales no le deparó grandes fortunas. Pero dejó una huella imborrable en la historia del arte cinematográfico. En 1973, afectado por un cáncer de pulmón, De Sica murió en un hospital parisino. En este nuevo momento de Cine y Trascendencia en Temakel le presentamos un artículo de Julio Argañaraz donde se reconstruye la especial historia de la salvación de la vida por el cine.
E.I


LA SALVACIÓN POR EL CINE
Mediante la filmación de "La puerta del cielo" Vittorio De Sica salvó a 300 judíos del nazismo
Por Julio Algañaraz

Dos películas que recuerdan una epopeya y que podrían dar lugar a una batalla judicial han reactualizado en estos días la filmación de La puerta del cielo, que el gran Vittorio De Sica comenzó a rodar hace 60 años, en el verano europeo de 1943. Era una extraña producción cinematográfica que contaba con el patrocinio del Vaticano y en la que trabajaba un número extraordinario de actores, técnicos y extras, la mayoría de los cuales eran alrededor de 300 judíos italianos y un grupo de perseguidos políticos antifascistas, que fueron así salvados de las garras del ocupante nazi.

De Sica contó luego que el acuerdo secreto con el Vaticano establecía que la filmación debía prolongarse todo lo posible hasta que llegaran los aliados a liberar a Roma, lo que ocurrió el 5 de junio de 1944. Un joven monseñor, alto prelado de la Santa Sede, fue nombrado por el papa Pío XII —sobre quien pesan algunas acusaciones de haber apoyado al régimen nazi— como delegado para la producción, con la reservada misión de salvar a tanta gente de la Gestapo. Su nombre era Giovanni Montini, quien en 1963 se convirtió en el papa Paulo VI. Alguna vieja fotografía de la época lo muestra cuando fue a supervisar la marcha del rodaje por cuenta del Centro Católico Cinematográfico, que financió la película.

El caso es conocido, aunque se ha reactualizado en estos días por el aniversario del comienzo de la filmación de La puerta del cielo y por el conflicto entre el actor y director Christian De Sica, hijo de Vittorio y de la actriz española María Mercader - compañera entonces del director y madre de Christian-, quien fue la protagonista del filme, y el director Maurizio Ponzi, que ha terminado de rodar Con las luces apagadas, una producción que cuenta también la extraordinaria historia de aquella filmación.

Christian De Sica hace dos años que anunció su propósito de hacer un filme sobre lo que pasó en el rodaje de La puerta del cielo. Ahora se limitó a decir que dio mandato a sus abogados para que estudien si no están dadas las condiciones para hacer una demanda de plagio contra Ponzi, quien retruca: "Mi historia es diferente, yo sólo aproveché el contexto histórico de la época".

El diario Corriere della Sera publicó una página con los recuerdos de La puerta del cielo y el conflicto entre la familia De Sica y el director Maurizio Ponzi. Pero lo importante y conmovedor es la movilización humana y los riesgos que corrieron los protagonistas de un caso único en la historia del cine mundial por salvar de la persecución nazi a centenares de perseguidos.

Vittorio De Sica contó varias veces, años más tarde, que también él y otros cineastas querían prolongar al máximo la filmación para salvarse ellos mismos de tener que irse de la Roma ocupada a Venecia, la ciudad donde el régimen fascista de la República de Saló, en el norte de Italia, había decidido establecer el centro de la actividad cinematográfica.

El dictador Benito Mussolini había sido depuesto en julio de 1943 y rescatado más tarde por Hitler de su prisión. Los alemanes ocuparon Roma y Mussolini lideró un régimen fantoche por orden de los nazis, estableciendo un gobierno en la pequeña ciudad de Saló, en el lago de Garda.

La puerta del cielo narraba el viaje de un grupo de peregrinos al santuario de Loreto para pedir la intercesión de la Virgen. El rodaje fue establecido en la basílica de San Paolo Extramuros, una de las cuatro basílicas pontificias de Roma, que gozaba de extraterritorialidad y enormes espacios.

Allí acamparon, hasta que llegaron los liberadores estadounidenses, centenares de perseguidos antifascistas y judíos romanos cuyo destino hubiera sido el campo de exterminio. Todos fueron inscriptos con falsos nombres y vivían en la misma basílica y en sus parques y jardines, para evitar caer en manos de la Gestapo.

Un momento dramático se vivió en febrero de 1944 cuando el célebre torturador y represor fascista Pietro Koch, fusilado después de la liberación de Italia, entró con su banda en la iglesia y se llevó a 60 sospechosos, de los cuales algunos no volvieron más. Otro momento difícil se vivió unos días después, el 3 de marzo, cuando un bombardeo aliado causó grandes destrozos pero sin tocar la basílica de San Paolo, llena de gente como estaba.

La puerta del cielo fue también el filme en el que se encontraron por primera vez Vittorio De Sica y el más grande guionista que tuvo el cine italiano: Cesare Zavattini. Otro autor del "copione" fue el escritor católico Diego Fabbri.

Cuando los norteamericanos liberaron Roma, el día antes del famoso Día D del desembarco aliado en Normandía, Francia, que dio comienzo a la fase final de la Segunda Guerra Mundial, De Sica terminó la filmación de La puerta del cielo. La película fue estrenada en 1945, aunque con poco éxito. Pero fue un gran acontecimiento de solidaridad humana, lo que lo convierte en un filme inolvidable. (*)


Imagen de "Ladrones de bicicletas" (1948), una de las obras máximas de Vittorio De Sica y del cine neorrealista italiano.

(*) Fuente: Julio Algañaraz, "Filmando una película. Vittorio De Sica salvo a 300 judíos de los nazis", publicado en Diario Clarín Ciudad de Buenos Aires, el jueves 21 de agosto de 2003.

Pio XII , Servio de Dios te invoco con respeto y cariño


18/02/10 5:22 AM

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