Santidad o Muerte

San Juan Bosco decía que “el sacerdote ni se salva ni se condena solo. El sacerdote no va solo al cielo ni va solo al infierno. Si obra bien, irá al cielo con las almas que salve con su buen ejemplo. Si obra mal y da escándalo, irá a la perdición con las almas condenadas por su escándalo”. Yo no soy sacerdote. Soy director de un colegio. Pero mi responsabilidad es la misma: llevar almas al cielo.

Les confieso que hasta hace poco tiempo la salvación de las almas me traía sin cuidado. “Cada uno verá lo que hace”. “Allá cada cual”. Esa era mi actitud. Y digo que “era” porque últimamente el celo por la salvación de las almas me devora por dentro. Lo que antes me importaba un bledo ahora se ha convertido en una especie de fuego que me consume. Nada me parece más importante que llevar almas al cielo. Nuestro deber es amar a los pecadores, a los alejados de Cristo: aunque nos desprecien, aunque nos insulten, aunque se rían de nosotros. Porque solo la verdadera caridad sana los corazones, invita a la conversión y conduce a las pobres almas al cielo. Recemos por la conversión de los que no creen en Dios y amémosles como Dios los ama. Jesús no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores. 

¿Por qué ese cambio? Por gracia de Dios, sin duda. Este es mi cuarto curso dirigiendo el Colegio Juan Pablo II de Puerto Real. Hace poco me preguntaba un sacerdote cuál había sido el momento más importante desde que había llegado a este bendito pueblo. Y le contestaba que el momento más grande fue cuando don Rafael Zornoza inauguró la capilla del Colegio y nos hizo el mayor regalo: tener a Cristo Eucaristía en nuestro Sagrario, en el centro del Colegio. Tener a Cristo Vivo, a Cristo Rey, al Señor, al Creador… ¡Qué cosa más grande! Nada me consuela más que ver a los niños en la capilla a la hora del recreo rezando delante del sagrario, sin que nadie los obligue.

¡Cuánto quiero a mis profesores, a los niños del colegio y a sus familias! ¡Cuánto amo a Dios! ¡Y aún es poco…! Me veo a mí mismo como un gusano enterrado en el estiércol de mi pecado ¡Hay tanto pecado en mí y tanto pecado a mi alrededor! El pecado, el mal, es como una bomba atómica que te destroza a ti y destroza a cuantos te rodean: a los niños, a sus padres, a mis profesores… El pecado tiene efectos demoledores, destructores: tanto para ti como para los que conviven contigo. Y sólo Cristo quita el pecado del mundo. Sólo Cristo puede darme un corazón como el Suyo. Y mi pecado impide que los que me conocen vayan a Ti, Señor. No lo permitas más. Hazme santo o quítame de en medio, Señor: santidad o muerte.

Me gustaría que todos mis profesores, que todos los niños y todas las madres y los padres del Colegio fueran al cielo. ¡Cuánto me gustaría que todos viviéramos en gracia de Dios! ¡Cuánto desearía que todos se confesaran y fueran a misa y creyeran en Él y Dios les diera a sentir la hondura de su Amor! ¡Cuánto me gustaría que todos se convirtieran! Porque Cristo es el tesoro escondido por el que merece la pena venderlo todo. ¡Cómo me gustaría llevarlos a todos al Cielo, a Cristo! Porque sólo Cristo es la felicidad y el Amor y la Belleza y el Bien y la Verdad.

Si obro bien, iré al cielo con las almas que se salven. Si obro mal y doy escándalo, iré a la perdición con las almas condenadas a causa de mi pecado. Por eso le pido al Señor hasta las lágrimas que me haga santo para que con el testimonio de mi santidad pueda llevar a todos al cielo: a mi familia, a las familias a las que intento servir cada día, a mis profesores, a mis niños… Porque soy tan débil… Soy un pecador, bueno para nada. Y mi pecado los aleja a todos de Ti, Señor. No lo consientas ni un segundo más. Lleva todas las almas al cielo a pesar de mí, que soy un pecador.

Señor, hazme santo para llevar a todas las almas al cielo. No permitas que siga siendo lo que soy: un miserable pecador. Llévalos a todos al cielo y que mi pecado no les impida conocerte y amarte. El Amor de Dios me enciende, me arrebata, me conmociona hasta llorar como un niño. Y cuanto más me enciende el Señor en su amor, más amo a mis profesores, a mis alumnos, a mis familias… Y más celo y más pasión siento por la salvación de sus almas. Y más aborrezco mi pecado y el pecado del mundo. Y más siento lo pecador que soy. Porque solo siendo santo puedo ganar almas para Cristo. Y como no lo soy, me desespero muchas veces. Porque yo no puedo. Es mentira que “querer es poder”. Sólo Dios puede. Hazme santo, Señor. Abrásame en el fuego de tu amor para que pueda incendiar el mundo y amar a quienes Tú me has confiado como Tú quieres que los ame. Que mi vida invite a todos a ir a Ti. Que no me crea yo el protagonista, sino el pobre siervo que conduzca a todos hacia Ti.

Señor, necesito un trasplante de corazón. Arráncame el corazón que tengo lleno de pecado e implántame uno semejante al Tuyo: un corazón que se rompa de tanto amor, un corazón que lleve a todos al cielo, un corazón capaz de amarte a Ti, Señor, con locura y capaz de amar a todos con el mismo Amor que Tú les tienes. Hazme santo o quítame la vida, porque no quiero otra Vida que no seas Tú.

María, Madre Santísima: desde pequeño supe y sentí que eras mi madre y que tú me cuidabas y me querías. Tú que eres mediadora de todas las gracias, escucha mi oración e intercede por mí ante tu Hijo para que pueda ser digno hijo de una Madre como tú. 

 

9 comentarios

  
Amén, que se cumplan tus santos deseos
En este día de Jesucristo Rey del Universo, pido a la Inmaculada te conceda la gracia de VIVIR CRUCIFICADO CON CRISTO, y así, llevando en ti su muerte, puedas también ser testigo de cómo SU VIDA se manifiesta salvándote a ti y a los hermanos. Amén. Dios te siga bendiciendo y haciendo santo, al ritmo y modo que quiera. Amén.
25/11/18 2:19 PM
  
Ramvel
Me identifico con sus súplicas en mi condición de padre de familia y catequista.
Tan noble aspiración, tan cristiana, no quedará en vano.
Ruego por su perseveranvia en el camino de la santidad, ruegue por mi.
25/11/18 4:06 PM
  
Beatriz Mercedes Alonso (Córdoba - Argentina)
"Señor, hazme santo para llevar a todas las almas al cielo. No permitas que siga siendo lo que soy: un miserable pecador. Llévalos a todos al cielo y que mi pecado no les impida conocerte y amarte...
Señor, necesito un trasplante de corazón. Arráncame el corazón que tengo lleno de pecado e implántame uno semejante al Tuyo: un corazón que se rompa de tanto amor, un corazón que lleve a todos al cielo, un corazón capaz de amarte a Ti, Señor, con locura y capaz de amar a todos con el mismo Amor que Tú les tienes. Hazme santo o quítame la vida, porque no quiero otra Vida que no seas Tú". "Santidad o muerte".
Amén.
25/11/18 7:04 PM
  
Yo2
No sabe cuanto me identifico con usted y cuanto me reconforta leer sus palabras. Aun sabiendo que voy más atrás porque mi ser pecador sólo repica en mi mente, donde se que lo soy, pero no en mi corazón, donde realmente se sabe.
A usted se le nota el fuego en el corazón, Dios le cuide y le guie.
El Señor nos llama con su dulce voz y reconforta a sus ovejas.
Un saludo en la Fe
26/11/18 3:27 PM
  
Sor Lucía
Lo malo de proclamar con tanta presunción lo de santidad o muerte es que antes o después la muerte te la hará llegar.
La santidad lo dudo pero la muerte.... con toda certeza.
26/11/18 5:52 PM
  
Amelia de la Fuente Trueba
Pobre Sor Lucía ! ¿Será la Caram o alguna de esas ?Siento por ella una infinita compasión. Desconoce la Caridad cristiana hasta límites insospechados. Y dudo mucho que haya sentido alguna vez el amor de Dios. No podría llamar presunción a tu conmovedor testimonio ni dudar de que Dios te conceda la santidad que le pides con tanto arrobamiento. ¿Quién será esta pobre alma , que se retuerce como serpiente ante tu testimonio ? Entiendo que te preocupen ahora tantísimo los pecadores.
Y casi agradezco este comentario. Te hace asemejarte mucho más a Cristo. Anda que , yo pensando cuál podía ser mi comentario a tus palabras, sin alabarte, sin ofender tu humildad. . . y Dios me ha obligado a otro. Sería feliz pudiendo llegar a pedir al Señor, hasta las lágrimas, que me haga santa; como haces tú. Gracias por tu valiente testimonio y ejemplo; ha llegado en un momento que lo necesitaba mucho. No dejes nunca de rogar por mí, loco de atar. Loco de Amor por Él.
26/11/18 11:17 PM
  
Francisco Sánchez Ruiz
Estoy totalmente de acuerdo con Vd. Su testimonio es de alguien que tiene "experiencia" de Dios, de alguien que "trata" a Cristo. Su testimonio no solamente "evangeliza" a los que no conocen la fe, sino que, conforta a los que compartimos la misma fe. Doy gracias a Dios por su brillante testimonio. Termino este comentario diciéndole que, yo también trato de vivir mi fe en Cristo evangelizando a través de impartir "Catequesis" a grupos adultos de mi Parroquia, y la meta que me he propuesto es, vivir cada día mi compromiso cristiano como si fuera el último de mi vida.
26/11/18 11:51 PM
  
hornero (Argentina)
Don Pedro Llera, es usted de buena madera, hombre de fibra, como lo han sido los santos, todos sin excepción. Sus palabras me suenan a las que el P. Iraburu refería de S. Luis de Montfort, respecto a los Apóstoles de los últimos Tiempos. Santos combativos que “herirán al diablo y a sus secuaces , y atravesarán de parte a parte , para la vida o para la muerte con su espada de dos filos de la palabra de Dios, a todos aquellos a quienes serán enviados de parte del Altísimo” (Trat. De la Verdadera Devoció, 57). Todo indica que serán apóstoles destinados a convertir esta humanidad de casi ocho mil millones de hombres. Cada cual cumplirá la misión que Dios y la Virgen le encarguen, pero que va a ser muy amplia, pareciera que sí, tan inmensa como la humanidad lo requiere hoy. El Santo terminaba reconociendo que no sabía cómo sería todo esto, pero los tiempos nuestros nos permiten vislumbrar algo más
27/11/18 12:54 AM
  
María de las Nieves
Como he llegado a identificarme con Ud en todo lo que expresa hasta en el aire que respira y lo bien que lo transmite,ahora como catequista les digo a mis Amados jóvenes hijos espirituales y también a sus padres.Solo deseo entrar con vosotros de la mano al cielo ,para eso me ha enviado el Señor y todo por Cristo Eucaristia oculto pero glorificado. Y le cuento que me he sonreído por dentro y le digo al Señor menos mal que hay muchos más que los aprietas deliberadamente,amor sin medida y pobres gusanillos somos postrados a sus pies. Gracias Pedro por su corazón de fuego viviente ,llama de amor viva ,la suya es la de El. Y a Sor Lucía la muerte se padece en esta vida desde el Bautismo sin muerte no hay santidad,no veo ninguna presunción es un hecho real.
27/11/18 12:54 AM

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