InfoCatólica / Javier Tebas / Categoría: Sociedad

12.03.10

En la muerte de Miguel Delibes

Hay libros que entretienen y hay libros que transmiten. Los primeros pasan por nuestras manos, nos divierten, pero sus historias y argumentos se disipan en las estanterías y en la memoria. Los segundos, por alguna extraña razón, dejan en nuestra conciencia una impresión que marca nuestra forma de ver las cosas.

Apenas conozco a Miguel Delibes, nací cuando los “best seller” ya eran de importación. Supongo que fallecido el gran escritor, escribirán sobre él amigos, familia y literatos o críticos, que desmenuzarán su estilo, su obra y su temperamento. A esto yo no tengo nada que aportar, más que lo percibido en lo poco que he leído, de quién sin duda es uno de los escritores que considero imprescindibles.

Creo que es en el trasfondo de la trama. Por allí Delibes camina en casi todas sus novelas, haciendo partícipe al lector de cuestiones verdaderamente profundas, que en un planteamiento cercano, conmueven y hacen reflexionar.

Cuando el marco temporal de la historia discurre por toda una vida en clave de recuerdos, como en “Señora de rojo sobre fondo gris” o “Cinco horas con Mario”, Delibes nos descubre con la mejor prosa un alegato, a veces pesimista y a veces idealizado, al papel de las relaciones humanas en la felicidad, el amor o la familia. Es la muerte, con crudeza, la que viene a ponerlo de relieve, siendo la ausencia la que muestra las pequeñas y grandes cosas de la vida.

Indiscutiblemente ha muerto uno de los grandes, de los que estudiarán en las escuelas siglos adelante, cuando ya nadie recuerde nuestro nombre. Vayan para él toda mi admiración, y mi oración.

Javier Tebas
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4.03.10

¿Por qué nos suicidamos?

Si me lo dicen en una tertulia de cafetería universitaria, habría jurado mil veces que es mentira. Sin embargo no es un argumento inverosímil de mi amigo derrotista, ese que lo da todo por perdido, y que sería capaz de inventarse datos para regodearse en su pesimismo. Es el Instituto Nacional de Estadística, quien ha hecho público que 3421 personas se quitaron la vida durante el pasado año. En España muere más gente por suicidio que por accidente de tráfico.

Quién lo diría, ahora que la felicidad queda a un SMS más IVA de distancia, que puedes cambiarte de sexo gratis y el sentido de la vida tiene doscientos caballos de potencia. Ahora que somos más libres y soberanos que nunca, que las guerras solo salen por la tele, que no hay nostalgia ni distancia desde que existe Facebook.

Avanzamos, evolucionamos, hasta racionalizamos nuestra existencia los domingos por la tarde con Punset. Y sin embargo, por alguna extraña razón, la realidad contradice esa ilusión en la que creemos vivir. El bienestar del hombre de hoy, que cree saberlo todo, es un espejismo que nos vacía cada día, sustituyendo dentro de nosotros el contenido sustancial por una satisfacción falsa y efímera, que como si fuese un suntuoso decorado de cartón piedra, se desmorona con una pequeña ráfaga de viento.

Algo estamos haciendo mal, los modelos de vida que plantea la sociedad se deshacen en el papel cuché de las revistas. El hombre se niega a sí mismo, ya no busca la virtud, ya no le importa lo trascendente, no se hace preguntas. Mientras tanto sus aspiraciones banales naufragan, como lógica de su imposibilidad, o decepcionan, cuando una vez alcanzadas todo era mentira.

12.02.10

El Valle de los Caídos, cerrado

Parece que la gran cruz granítica del Valle de los Caídos, irradiase una energía invisible que alcanza todo el Cuelgamuros, convirtiéndolo en un lugar donde por alguna razón, el espíritu gana su particular batalla de dominio con lo material. Tan majestuoso como austero, la parte física del Valle de los Caídos impresiona al ojo humano, pero trasciende a él. Por lo general al recorrerlo volvemos sorprendidos, y describimos la visita en clave de sensaciones. Quizás eso tenga algo que ver con que sea el monumento más visitado del Patrimonio Nacional Español.

Lo han cerrado. Exceptuando los convenios ineludibles con la Iglesia, que permiten asistir a Misa en la basílica, el gobierno ha puesto el cerrojo. ¿El pretexto? Unas obras, que según informan los propios monjes benedictinos que viven allí, no se están realizando. ¿El fondo de la cuestión? Que un oasis propenso a la espiritualidad, no encaja en la mentalidad de quienes quieren imponer el materialismo a toda la sociedad.

Leía hace poco el libro del periodista Juan Blanco “Valle de los Caídos. Ni presos políticos. Ni trabajos forzados”. Creo que el título es lo suficientemente expresivo, no cabe discusión. Los datos objetivos, constatables y manifiestos, muestran que la leyenda negra sobre la construcción del Valle de los Caídos no tiene fundamento, es falsa. Una burda mentira que contribuye desde la ignorancia a desmantelar un lugar inigualable, que simboliza la verdadera reconciliación. Me remito a todo lo aportado por este libro, que desgrana magistralmente la realidad del para qué, quién, cómo, y en qué condiciones se construyó.

Vuelve a ganar la ignorancia, la mentira, el engaño, y yo ya estoy hasta los pies de este acoso. Más sectarismo, más persecución, y nosotros agacharemos la cabeza. Como quién tiene que avergonzarse de algo, ante quienes ahora se autoproclaman orgullosos sucesores, de la mayor persecución a los cristianos que vio la Historia desde tiempos de Diocleciano.

Grupo en Facebook contra el cierre del Valle de los Caídos.

Javier Tebas
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4.02.10

Para que viva el Estado, morirá la Nación

Podemos enfadarnos –y con razón- por la iniciativa del gobierno para subir la edad de jubilación. El despilfarro es norma general, y antes que recortar avances de tipo social, deberían retirarse las ingentes cantidades de dinero en subvenciones absurdas. Pura lógica.

Sin embargo el fondo de la cuestión, es mucho más profundo que la calamitosa gestión del gobierno. Nuestra sociedad anti-natalista, la nueva cultura de la familia, la concepción de los hijos como un mero objeto de auto-realización y entretenimiento, el egoísmo y hedonismo en definitiva, son el origen principal de una quiebra social inevitable. No es solo una moralina de púlpito, es una realidad objetiva, la demografía de occidente con una tasa de decrecimiento poblacional, no podrá sostener ningún sistema de pensiones.

Cuando la población activa -los cotizantes que contribuyen a las pensiones- no sea suficiente para pagar a todos los subsidiados y pensionistas. Crack. El Estado quiebra. No quedará entonces otro remedio que ampliar la edad de población activa, como una medida que simplemente posponga en el tiempo el suicidio del Estado.

Pero nuestro hedonismo cultural moderno, no solo lanza a la quiebra al Estado como ente administrativo. Sino que, de una forma más grave, aniquila a la nación. Sin un relevo generacional, y con un Estado necesitado de población activa, no queda otro remedio que la importación exógena de cotizantes, que mantengan a todos los subsidiados.

Cuidado demócratas de la corrección política y consensual, no es xenofobia, es una constatación igualmente objetiva, la desaparición de la identidad cultural de la nación es otra consecuencia irremediable. De la nación, y de ese conjunto de valores inmutables que se transmiten con ella.

Acabáramos. Con una importación exógena, necesitados de población activa, la llegada de culturas, que como la musulmana, nos dan diez vueltas en natalidad, terminará en un plazo muy breve con la muerte de la nación, a cambio quizás de la supervivencia del Estado.

¿La solución? Que la generación de los que hoy somos jóvenes, rompa con las paredes del nefasto ideal de vida moderno. ¿Es factible? Los milagros pasan.

Javier Tebas
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31.01.10

La vida a referéndum

Proponer un referéndum, como un recurso que podría lograr frenar la nueva ley del aborto, puede parecer una táctica válida. En última instancia y sin muchas cuerdas a las que agarrarnos, la consecuencia objetiva de una votación en la que la mayoría apoyase el derecho a la vida, frenaría en seco las políticas abortistas en España.

La idea es seductora, pero la razón nos dice que la seducción de lo inmediato es especialmente propensa al engaño. No podemos obviar el análisis de fondo; la consideración que nos dé una perspectiva completa sobre nuestros recursos y posibilidades, como defensores de una causa tan fundamental como importante.

El referéndum es una forma de participación ciudadana, una expresión de la voluntad común, que al ser vinculante se convierte en un ejercicio soberanía y democracia directa. La primera premisa para la viabilidad y la legitimidad de un referéndum, es la constatación de que el censo electoral de la población, es el titular del criterio para tomar la decisión sobre la pregunta planteada. La segunda premisa previa y unida a la naturaleza del referéndum, que deriva del reconocimiento de la soberanía en la decisión de la población, es la legitimidad del resultado, que debe ser acatado y reconocido como válido por el hecho de ser expresión del criterio popular.

Se puede entender el referéndum como algo positivo y enriquecedor de la democracia, en el caso por ejemplo de los municipios, que recientemente se plantean albergar un cementerio nuclear. Es obvio y lógico que los vecinos de esos pueblos son los titulares del criterio, y soberanos de la decisión de acogerlo o no. Tiene cierta lógica que como parte directa, sea la mayoría de los vecinos quien tome esa decisión, y que ésta sea acatada por el resto. Las dos premisas que fundamentan la legitimidad de un referéndum están claramente cubiertas.

Sin embargo someter el derecho a la vida a un referéndum, es una negligencia extremadamente grave, catastrófica. De forma implícita pero certera, este planteamiento asume que el censo poblacional es quien tiene, para bien o para mal, el criterio para decidir sobre la vida de los inocentes. Iguala la legitimidad del resultado, y asume el acatamiento de una hipotética decisión de la vigencia del aborto, en el caso de que así lo hayan manifestado el 51% de las papeletas.

El referéndum no es un recurso más, no es una táctica válida como cualquier otra en la que emplear todos nuestros medios contra el aborto. Se equivocan quienes –con buena intención- así lo creen. Proponiendo un referéndum estamos dinamitando los fundamentos trascendentes e inviolables del valor de la vida humana, tiraremos piedras contra nuestro propio tejado, sacaremos al inocente al balcón, a riesgo de que la mayoría decida salvar a Barrabás.

Javier Tebas
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