5.05.11

Roberto de Mattei sobre el Concilio Vaticano II

“Un Concilio también puede cometer errores”

Respuesta a las críticas de “Avvenire” y de “L’Osservatore Romano”

por Roberto de Mattei

El discurso de Benedicto XVI a la curia romana, el 22 de diciembre del 2005, ha abierto un debate sobre el Concilio Vaticano II del que son expresiones recientes los libros de mons. Brunero Gherardini y el importante congreso de los Franciscanos de la Inmaculada, desarrollado en Roma del 16 al 18 de diciembre del 2010, aparte de mi estudio, “El Concilio Vaticano II. Una historia jamás escrita” (Lindau, Turín 2010).

La invitación del Papa a interpretar los documentos del Vaticano II según una “hermenéutica de la continuidad” de hecho ha dado un decisivo estímulo para el debate sobre el Concilio de manera diferente a como lo ha hecho la “escuela de Bolonia", que lo ha presentado en términos de fractura y discontinuidad con dos milenios de tradición de la Iglesia.

Habría esperado que nuestros aportes, movidos únicamente por un sincero deseo de responder al llamado del Santo Padre, fueran acogidos si no con entusiasmo, al menos con interés, que fueran científicamente discutidos y no rechazados a priori. En lo que respecta a mi libro, por ejemplo, me habría esperado una seria discusión histórica en las revistas especializadas.

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3.05.11

29.04.11

¿Cómo se celebraba la Liturgia del Viernes Santo antes de la reforma de Pío XII? (y II)

Una vez acabada la adoración de la Santa Cruz, entramos en la última parte de la celebración litúrgica del Viernes in Parasceve, la Misa de Presantificados.

El Viernes Santo, donde el mundo entero aparece salpicado de sangre en el Calvario, el trono de la Cruz, donde reina Cristo, el Hombre – Dios, la Iglesia no renueva el Sacrificio del altar: se consumen las Especies eucarísticas del Jueves Santo, de ahí el nombre de Misa de los presantificados, porque las ofrendas han sido anteriormente santificadas. La Misa de los Presantificados fue eliminada con la reforma del papa Pío XII

Terminada ya la adoración de la Cruz, se encienden las luces del altar, y el diácono procede a extender los corporales sobre el altar, situando al lado el purificador. La Cruz se devuelve con reverencia al Altar, ordenándose la procesión hasta el Monumento. Llegados al Monumento se encienden las velas que no se apagarán hasta terminar la Comunión. El sacerdote se arrodilla y reza un rato, mientras el diácono saca el Santísimo Sacramento de la urna donde está reservado.

A continuación el celebrante se alza e inciensa al Sacramento y, velándolo, lo lleva al Altar en procesión bajo palio. Dos turiferarios sahumerian al Santísimo.

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