18.03.19

Engañándonos con una consoladora ilusión

“Los católicos tienen que afrontar la realidad y ver el liberalismo moderno como la fuerza intrínsecamente hostil que es. Desde hace décadas, los católicos se han estado engañando con la consoladora ilusión de que el ‘hombre moderno’ había llegado de algún modo a una comprensión más profunda de la dignidad del ser humano que la de las generaciones anteriores y que, por lo tanto, era un momento adecuado para el ‘diálogo’ y la cooperación entre el liberalismo secular y la Iglesia, y cosas por el estilo. Esto siempre fue una ilusión, pero hace falta un tipo especial de autoengaño para seguir creyéndosela a la vista de lo que ha ido sucediendo en los últimos años.

Sigue habiendo incluso clérigos y comentaristas católicos conservadores que se postran constantemente ante el espíritu liberal de la época y tratan de encontrar formas de amoldarse a él. No podemos seguir así. Hay que dejarse de componendas, de pedir perdón y de arriar velas. La mejor defensa es pasar al ataque. No de manera prepotente, pero sí con confianza, franqueza y sin pedir perdón por ello”.

Edwar Feser, tomista norteamericano, en su blog

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12.03.19

Desventura del hombre de negocios: cuidado con Judas

Un amigo que ya ha aparecido alguna vez en este blog, José Alberto Ferrari, argentino, poeta y hombre de bien, ha escrito un interesante artículo sobre un tema fundamental: el amor al dinero. Todas las tonterías de liberacionistas, progremarxistas y demás fauna disparatada no deben ser óbice para reconocer que las riquezas son un peligro sobre el que Cristo no dejó de advertirnos.

Como riquezas tenemos todos y no solo Soros, Bill Gates o Trump, creo que nos conviene meditar de vez en cuando sobre este asunto, no sea que nos estemos engañando a nosotros mismos y terminemos por tener problemillas de camellos, agujas y tinieblas exteriores. Les dejo, para ir abriendo boca, los primeros párrafos del artículo, provocadoramente titulado “Desventura del hombre de negocios —entre el consuelo y la dispersión—.

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9.03.19

¿Peor el remedio que la enfermedad? Sínodo de la Amazonia

Como ya sabrán los lectores, un jesuita propuso hace poco cambiar el pan de trigo que se usa para la celebración de la Misa por pan de yuca, para “inculturarlo” más en las regiones amazónicas. En su opinión, era una de las cosas que podía discutir el próximo Sínodo de la Amazonia.

Ayer, sin embargo, salió Mons. Fabio Fabene, Subsecretario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, a desmentirlo. ¿Buena noticia? Me temo que no.

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7.03.19

¿Hay castigo mayor?

“La comunidad o la nación que peca contra la Verdad, que pierde la reverencia a la Verdad y el horror a la mentira, está perdida, dejada de la mano de Dios. ¿Y qué castigo más grande que éste, que el que se va de la Verdad, ella se queda y no lo sigue y él se va? ¿Adónde se va? “A las tinieblas de allá afuera” —dice Cristo.

La Verdad no puede imponerse a sí misma por fuerza. Si no la aceptan, se retira. ¡Temed a la Verdad que se retira!".

Leonardo Castellani, San Agustín y los filósofos.

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26.02.19

Por un instante, deja ver su rostro

Normalmente, el mal se presenta escondido, vestido de ángel de luz o agazapado tras justificaciones, excusas y engaños. En ocasiones, sin embargo, revela durante un instante su verdadero rostro, que es escalofriante.

En Estados Unidos, durante las últimas semanas ese rostro escalofriante se ha revelado en varias ocasiones. Hace un mes, el Gobernador de Virginia, Ralph Northam, declaró que estaba a favor de que los abortos se realizaran hasta el momento mismo del nacimiento y que, si en esas circunstancias un niño nacía vivo, se le dejaría morir a no ser que la madre quisiera conservarlo. Posteriormente, como preparación para un posible cambio de postura del Tribunal Supremo sobre el aborto, el Estado de Nueva York aprobó una ley que blindaba el aborto durante todo el embarazo, hasta su último día, con las justificaciones habituales de grave enfermedad del niño y la salud de la madre, y los estadounidenses contemplaron estupefactos las grandes sonrisas, alegrías y aplausos de los políticos que aprobaban la nueva ley. Otros estados han imitado ya o se preparan para imitar la ley neoyorquina.

Hoy, en el Senado norteamericano se ha rechazado un proyecto de ley que exigía algo que a cualquier persona decente del universo debería parecerle obvio: que a un niño nacido vivo se le proporcionaran los cuidados médicos que necesitase.

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