InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Vita brevis - Libros

5.11.18

Segundo Gran Concurso de Poesía Espada de doble filo

En la Iglesia estamos en tiempo de crisis, de problemas y de lucha. Como diría San Esteban, cuando las cosas se ponen difíciles, hay que mirar al cielo. Ante todo para rezar, como es lógico, pero también para contemplar la Verdad, el Bien, la Belleza que reconfortan el corazón y reavivan la esperanza. Creo pues, que el momento oportuno para convocar el Segundo Gran Concurso de Poesía Espada de Doble Filo. El anterior se celebró hace nueve años y, como es sabido, solo los grandes acontecimientos de fama transcontinental tienen una periodicidad novenaria.

El tema del concurso será amplio, como corresponde a los variados talentos de los lectores de este blog: la poesía católica, en toda su inmensa amplitud. El tipo de estrofa y rima queda a elección del poeta (se permite incluso el verso libre, que, a mí personalmente, me gusta poco). Por lo tanto, nadie tiene excusa para no participar, porque admitiremos hasta pareados.

La única condición es que se trate de poemas originales de los lectores que los presentan. Algunas sugerencias concretas de temas: la creación, la gracia, la fe, pasajes del Antiguo Testamento, Jesucristo, la oración, el amor cristiano, la Eucaristía, nuestra Señora, el pecado y la conversión, la vida cristiana, los santos, la Pasión de Cristo y su Resurrección, la muerte, etc. A veces pienso que los católicos no tenemos excusa para no escribir poesía, porque no hay nada más bello, asombroso y poético que los misterios de nuestra fe.

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26.10.18

La juventud

Una lectora, Manoletina, me pide que dedique un artículo a la juventud, con ocasión del Sínodo sobre ese tema. Como no tengo tiempo estos días para hacerlo, he pensado publicar este viejo poema, que aparece en Carmina catholica.

La juventud es como el perfume de nardos con el que María Magdalena ungió los pies de su Señor: está hecha para derramarse y derrocharse sin medida en búsqueda de la belleza, la verdad, la alegría y, sobre todo, ad maiorem Dei gloriam. Por eso los antiguos decían que los elegidos de los dioses morían jóvenes. Y también por eso nuestra época, que no tiene apenas jóvenes que quieran derramar su juventud para Gloria de Dios, se muere de vieja y agoniza miserablemente.

Esa misma malsana obsesión con la juventud que caracteriza a nuestro tiempo no es más que una señal de que hemos perdido la verdadera juventud, intentando cerrar herméticamente el frasco de perfume y atesorarlo en una caja fuerte para no perderlo. Y así, el Único que podría darnos la juventud eterna pasa de largo sin que cubramos de lágrimas sus pies y los sequemos con nuestros cabellos. Y nos morimos, nos morimos. Quien guarda su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mi causa, la encontrará.

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23.10.18

Nuevo libro Ima Cordis y gran oferta

Abusando de la paciencia de los lectores, me voy a permitir anunciar la publicación de mi último libro. Se que muchos estaban esperando que dedicara un volumen a la acuciante cuestión de la sostenibilidad de las pesquerías indomalayas de holotúridos en el estrecho de Juan de Fuca, pero tendrán que seguir esperando, porque en esta ocasión se trata de un libro de poemas.

Sí, lo confieso. Mea culpa. Otro libro de poesías. No puedo evitarlo: en ocasiones escribo versos y disfruto mucho haciéndolo. De ahí el título, Ima Cordis, que significa “desde lo profundo del corazón”. Para ser sincero, publico el libro como la forma más fácil de tener mis poemas ordenados en un solo lugar. Sin embargo, ya que a nadie le amarga un dulce, si se convierte en un superéxito de ventas y sus ingresos me permiten tumbarme a la bartola hasta el fin de mis días, tampoco lo voy a despreciar. A fin de cuentas, no sería tan extraño: ¿quién no tiene algún amigo que se haya hecho rico con la poesía? Es una apuesta segura.

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20.10.18

Cómo construir una casa en un árbol

El otro día leí una historia corta de ciencia ficción/fantasía tan buena, que tuve que traducirla para el blog. A fin de cuentas, como tanto le gustaba decir a Santo Tomás, bonum diffusivum sui, por su propia naturaleza el bien tiende a difundirse, a extenderse, a repartirse. ¿Y de qué sirve tener un blog si uno no comparte en él las cosas buenas que encuentra?

Se trata de una historia escrita por John C. Wright, un gran escritor norteamericano de novelas de ciencia ficción y fantasía. Quizá algunos lectores recuerden que le entrevisté hace tiempo para InfoCatólica. En la larga entrevista contaba, entre otras cosas, su conversión del ateísmo. La historia de fantasía que traigo al blog, en cambio, es brevísima y, a mi juicio, una pequeña y perfecta joya, a la que no le falta ni le sobra nada. Si son aficionados a las historias de fantasía, les encantará. Que la disfruten.

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3.09.18

Santa nostalgia desde la Argentina

Cuando, hace años, publiqué un librito de poesía, escribí en el prólogo que ojalá todos los cristianos escribieran versos. No era una simple frase: estoy firmemente convencido de que uno de los grandes problemas de nuestro mundo y de nuestra Iglesia es el olvido de la belleza, sustituida por lo útil, lo moderno y, en ocasiones, lo intencionadamente feo y desagradable. Por eso me produjo una gran alegría que José Alberto Ferrari, un poeta argentino, tuviera la gentileza de enviarme su libro “Santa nostalgia”, publicado en la editorial Vórtice de Buenos Aires. Es un verdadero placer contar algo de él en el blog.

La poesía es insustituible para “avivar el fuego” de la vida, redescubriendo las maravillas que Dios ha hecho y sigue haciendo a nuestro alrededor. Si es buena poesía, al leerla o releerla siempre encontramos algún verso que rompe el sarcófago asfixiante de la rutina que nos entierra. Esa pequeña línea de un poema basta para que entre en nuestra prisión el aire puro que necesitamos para despertar del letargo.

A menudo me encuentro recordando una y otra vez un verso que me ha hablado de esta forma y que no puedo olvidar. Lo mastico, lo saboreo, lo digo y lo repito lentamente, dejando que cale hondo en mí. Poco más puedo hacer en esta breve reseña que abrir boca recordando algunos de esos versos impagables que he encontrado en el libro de José Alberto y que, quizá, resuenen también en los lectores como lo han hecho en mí.

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