InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Nueva Evangelización

26.02.20

No puedo dar testimonio de lo que no he visto

Hace poco, un lector de nombre arcangélico me hizo la siguiente pregunta, que me pareció interesantísima:

“La realidad es que la gran mayoría de los cristianos/católicos creemos por fe, no por evidencia. Es decir, existirá algún Tomás que crea por haber visto signos milagrosos o eventos similares. Personalmente, yo jamás he visto nada sobrenatural, mi creencia se basa exclusivamente en la fe. El problema es ¿cómo puedo yo dar testimonio de la verdad si no la he visto? Claro que creo firmemente en ella, pero no soy testigo; luego, no puedo dar testimonio de la verdad. Puedo tratar de transmitir mi fe, pero no puedo dar testimonio de que esa fe es verdadera. En síntesis ¿no es deshonesto (exagerando un poco el término) decir que doy testimonio de la verdad cuando no he sido testigo de esa verdad? En cierto sentido, aquellos bienaventurados que creen sin haber visto, tienen la desventura de no poder dar testimonio de algo que, precisamente, no han visto.

No sé si logro transmitir esta dicotomía. Tengo la esperanza de que en algunos minutos puedas “rumiarla” un poco y decirme si ves algo. Creo que debe haber un error de planteamiento, es solo que no alcanzo a ver dónde está".

Supongo que cada lector podrá dar su propia respuesta a esta pregunta, pero aquí tienen lo que yo, torpemente, alcancé a responder:

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10.02.20

Si el sábado 15 pasan por Segovia…

Visiten la Dama de las Catedrales, admiren el acueducto (sin olvidar un avemaría a la Virgen del Carmen que lo preside) y disfruten del magnífico Alcázar de Alfonso X el Sabio y los Reyes Católicos, con su sobrecogedora leyenda de la pobre aya que dejó caer al infantito al vacío y, desesperada, se lanzó tras él.

No, no he cambiado el tema del blog al turismo. Lo digo porque la belleza, cualquier belleza, ya sea de una catedral, de un acueducto bimilenario o de una brizna de hierba, tiende de por sí a llevarnos hacia Dios. Esto sucede por dos razones. La primera es que la contemplación de algo hermoso suscita en nosotros la humildad y el agradecimiento, por encontrarnos ante una hermosura que nosotros no hemos creado, sino que recibimos como un don. Esta actitud natural es análoga a la actitud sobrenatural de la fe y, por ello, la contemplación de lo bello es una de las mejores formas de praeparatio fidei, de preparación para la fe. Todo lo bello es nuestro aliado.

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10.12.19

Brindando con los tercios

Corre por las redes interneteras un “brindis de los tercios españoles” en verso, que en ocasiones se atribuye a Lope de Vega. En realidad, es muy posterior y forma parte del altamente recomendable, pero difícil de encontrar, En Flandes se ha puesto el sol, escrito por Eduardo Marquina en 1909.

No es extraño que el “brindis” resulte atractivo, porque contiene una potente mezcla de incorrección política, bravata y eco de tiempos más heroicos, en que la valentía y la lealtad eran virtud, y no vicio, como parecen considerarse ahora:

¡Por España
y el que quiera defenderla,
honrado muera;
y el traidor que la abandone,
no tenga quien le perdone,
ni en tierra santa cobijo,
ni una cruz en sus despojos,
ni las manos de un buen hijo
para cerrarle los ojos!

Muy bueno, ciertamente, siempre que se tome como lo que es, un texto literario, porque tomándolo en serio expresaría un sentimiento bien poco cristiano (¿a quién no se le erizan los cabellos al oír desear que alguien “no encuentre quién le perdone"?). Hay, sin embargo, en estos versos algo de profecía.

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3.12.19

Lex orandi y proselitismo

Ya hemos hablado algunas veces del famoso proselitismo, que parece ser la suma de todo mal sin mezcla de bien alguno. Como nadie termina de explicarlo con claridad, quizá sea bueno que nos acojamos para evitarlo a una guía segura de la fe católica: la lex orandi, la liturgia que plasma y transmite la Tradición de la Iglesia. Hoy, de hecho, celebramos la memoria de San Francisco Javier, patrono de las misiones, así que podríamos rezar su oración colecta, para entender mejor lo que la Iglesia entiende por evangelización:

Señor, Dios nuestro, que quisiste que numerosos pueblos llegaran a conocerte por medio de la predicación de san Francisco Javier, concede a todos los bautizados un gran celo por la propagación de la fe, para que así tu Iglesia pueda alegrarse de ver aumentados sus hijos en todo el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

No hace falta comentar mucho, solo enumerar: 1) predicación a los que no conocen a Cristo, 2) celo por la propagación de la fe, 3) alegría por ver aumentados los hijos de la Iglesia. Nada de eso debe considerarse “proselitismo” en el mal sentido de la palabra y sí proselitismo bueno o evangelización.

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29.11.19

Las teologías excusa

Leo en InfoCatólica, con ocasión del fallecimiento del P. Scannone SJ, que en gloria esté, una afirmación de este que resulta muy significativa. Con ella, el jesuita argentino intentaba explicar la diferencia entre su “teología del pueblo” y la “teología de la liberación”, que, como es sabido, generalmente utilizaba presupuestos marxistas para “interpretar” la realidad (interpretar, por supuesto, en el sentido marxista de transformar con poco éxito esa realidad).

Decía el P. Scannone que, en la teología del pueblo:

«no se usa el análisis social marxista, sino preferentemente un análisis histórico-cultural, sin desechar el socio-estructural, pero no basado en la lucha de clases como principio determinante de interpretación de la sociedad y la historia».

Sin duda, el hecho de no utilizar el análisis marxista, felizmente refutado hasta la saciedad y desprestigiado contundentemente por la misma realidad que pretendía interpretar, es un punto positivo para cualquier teólogo católico. Al menos en el mismo sentido en que no mezclar alegremente cerillas encendidas y bidones de gasolina es un punto positivo para cualquier bombero.

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