InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Nueva Evangelización

20.04.18

Colegios en la arena

Hace años, mi esposa y yo tuvimos que ir a hablar a los alumnos de un colegio religioso, como parte de una iniciativa diocesana. Pasamos por varias clases, contando nuestra experiencia como familia cristiana. En general, partíamos de nuestra propia historia para hablar de la importancia de la fe para la vida familiar, la vocación a la santidad, el matrimonio cristiano o el noviazgo, entre otras muchas cosas. Una de esas otras muchas cosas era la apertura a la vida según la moral de la Iglesia. En general, los estudiantes, de edad adolescente, escuchaban con bastante atención y hacían preguntas que mostraban su interés y, en ocasiones, su sorpresa ante algo que les resultaba completamente nuevo. Solo hubo una excepción y no se trató de un alumno, sino de un profesor, que, al oír hablar de apertura a la vida, empezó a resoplar, a poner mala cara y a mascullar, por lo bajo pero asegurándose de que todos lo oyeran. El profesor en cuestión era uno de los religiosos del colegio.

No estoy diciendo que hubiera relación, pero curiosamente, a las pocas semanas, el colegio se hundió. Literalmente. El edificio se derrumbó, gracias a Dios sin víctimas, por un defecto de construcción. Siempre me ha parecido un signo perfecto de lo que es un colegio “católico” que no está basado sobre la roca firme de la fe de la Iglesia: será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.

Como contraste, quiero mencionar otro colegio que he visitado, este en Estados Unidos, cuyos cimientos están a la vista de todos, en la misma entrada del colegio, donde hay un cartel (ver foto más arriba) que dice:

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26.03.18

¿No hay que predicar a los judíos?

Cuando Jesús “vuelca las mesas de los cambistas del Templo, se trata de una acción de rechazo del rito más importante del culto israelita, la ofrenda diaria, y, por lo tanto, es una afirmación de que existe un tipo de expiación que no es esa ofrenda diaria, la cual, a partir de entonces, queda anulada. ¿Y qué era lo que iba a sustituir a la ofrenda diaria? El rito de la Eucaristía: una mesa sustituye a otra mesa, ofrenda sacrificial por ofrenda sacrificial. Por lo tanto, me parece que el contexto adecuado para leer la acción de volcar las mesas de los cambistas no es la destrucción del Templo en general, sino la institución del sacrificio de la Eucaristía en particular.

De esto se deduce también que la contrapartida de la acción negativa de Jesús al volcar una mesa debe ser su acción afirmativa al establecer o preparar otra mesa y con eso me refiero a las narraciones de la pasión centradas en la Última Cena. Sin ser experto en las investigaciones de este campo, así es como sugiero que debemos leer este pasaje. El aspecto negativo es que la expiación del pecado proporcionada por la ofrenda diaria queda anulada y el positivo que la Eucaristía realiza esa expiación del pecado: una mesa volcada y otra mesa colocada en su lugar, y ambas con la misma finalidad de redención y expiación del pecado”.

Jacob Neusner, “Money-Changers in the Temple: The Misnah’s Explanation”, New Testament Studies 1989

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25.05.17

La abuela de Santa Maravillas

Releyendo la más que recomendable vida de Santa Maravillas de Jesús escrita por el P. Iraburu y publicada por la Editorial Gratis Date, me he fijado en una frase que, en anteriores lecturas, no había llamado mi atención:

Doña Patricia Muñoz, viuda, vive con ellos, ha hecho voto de pobreza, e influye mucho en la formación espiritual de su nieta Maravillas, le lee vidas de santos, le enseña a orar y a amar la pobreza y a los pobres”.

Supongo que es comprensible que no me fijara en estas líneas, porque la abuela no es uno de los “protagonistas” del libro y, si no recuerdo mal, no vuelve a mencionarse más en él después de esta breve aparición.

Creo que la referencia a la abuela de la santa, sin embargo, es más importante de lo que parece. Seguro que muchos pensarían que estaba loca. ¿Qué sentido tenía que una anciana viuda hiciera voto de pobreza y se consagrara a Dios? Además, ni siquiera había ganado la compañía y el apoyo de otras religiosas en un convento, sino que era un voto privado. ¿A quién beneficiaba eso? ¿Para qué podía servir? ¿No había hecho ya suficiente? ¿No era mejor que se dedicara a otras cosas, en lugar de tanto rezar, y que viviera lo más a gusto posible los pocos años que le quedaban de vida?

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24.04.17

Budismo y cristianismo, como la noche y el día

Actualmente está muy de moda afirmar que todas las religiones son lo mismo, que da igual ser budista que cristiano, porque sólo son formas distintas de vivir la espiritualidad y, en el fondo, complementarias. Por desgracia, no faltan incluso sacerdotes y religiosos católicos que lo digan. En mi opinión, esta idea tan extendida de que todas las religiones son iguales, junto con la presencia en nuestra sociedad de diversas religiones orientales y, especialmente, el budismo, nos obligan a plantearnos en serio porqué somos cristianos y no budistas. ¿O es que da igual ser una cosa que otra?

¿Por dónde empezar? Claramente no por los pequeños detalles. Las religiones son realidades humanas amplísimas, que afectan al pensamiento, la moral, la organización social, la vida familiar y a miles de otros aspectos de la vida humana. Esta amplitud nos desborda y resultaría ridículo, por ejemplo, comparar el color naranja de las túnicas de los monjes budistas y el color negro, gris o blanco que visten los sacerdotes católicos, para sacar de ahí algún tipo de conclusiones. Lo que sí se puede hacer es buscar el núcleo de una religión, para conocer bien su esencia, cuál el mensaje fundamental que la caracteriza y que permite entender, en un contexto adecuado, todas sus características secundarias.

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26.11.16

La triste situación de la Iglesia en el Norte de África

Un lector que ha pasado algunos años en Marruecos me ha enviado un correo sobre su experiencia allí, con relato de un ¿pequeño? milagro incluido. Me ha parecido tan interesante, que lo he convertido en un artículo independiente.

Por desgracia, lo que dice concuerda con lo que me han contado otros y con mi propia experiencia. La Iglesia, que siempre ha hecho una magnífica labor en tierras norteafricanas, poco a poco se fue limitando a actividades caritativas y asistenciales y a la atención espiritual de los católicos extranjeros, abandonando la evangelización. No es algo muy edificante, pero sería comprensible, porque la persecución es algo muy duro y no tiene sentido criticar desde un lugar seguro al que la sufre. Sin embargo, lo más triste es que, en las últimas décadas, los eclesiásticos norteafricanos han justificado su propia forma de actuar llegando a la conclusión de que no hay que evangelizar expresamente a los musulmanes y echando pestes de los protestantes que sí lo hacen, enfrentándose a la cárcel o algo peor. Eso es algo completamente distinto de la mera debilidad humana que todos compartimos.

¿Qué pensarían de esto los mártires franciscanos del norte de África de los que hablábamos el otro día? ¿Qué pensaría San Pablo, que algo de persecuciones sabía y, aun así, predicaba a tiempo y a destiempo y se hacía todo a todos para ganar, fuera como fuese, a algunos?  ¿Es verdaderamente Iglesia una Iglesia que, por sistema, decide no evangelizar? Si los musulmanes no se convierten, ¿no será porque no se les evangeliza? ¿Cómo creerán, si no se les predica?

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