InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Liturgia

1.11.18

Halloween: no es para tanto

Preveo que algunos lectores no estarán de acuerdo, pero me gustaría señalar que, a mi juicio, las críticas “católicas” que se hacen contra Halloween son bastante (por no decir totalmente) exageradas. Todos los años por estas fechas, hay quien critica la fiesta norteamericana, tachándola de pagana, anticristiana o incluso demoniaca. Otros, con muy buena intención que Dios premiará sin duda, buscan “alternativas cristianas” a Halloween, como “Holywins”, que es una simple copia de la primera pero con trajes de santos.

La realidad, como sabe cualquiera que haya vivido un tiempo en Estados Unidos, es que Halloween no es pagana, anticristiana ni demoniaca por la sencilla razón de que no tiene calado suficiente para serlo. Es una fiesta completamente superficial, sin ninguna pretensión de significado. Los que critican esos supuestos significados perversos hacen, a mi entender, más un ejercicio de fantasía que de análisis de la realidad.

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18.05.18

Oración al Espíritu Santo

El domingo se celebra Pentecostés. Nos hace falta rezar para pedir el Espíritu Santo. Tanto la Iglesia en conjunto como nosotros en particular necesitamos, más que comer y beber, hacer silencio y suplicar el don del Espíritu. Es más urgente que respirar, porque sin Él nuestra vida no es más que un morirse poco a poco. El premio es seguro y deja a la lotería a la altura del betún. Es Él quien puede “arreglar” la Iglesia y no nosotros, quien nos conoce de verdad y sabe lo que nos hace falta. El descanso que ofrece no se acaba y es más real y profundo que todas las vacaciones del mundo. Sin que nos demos cuenta, nuestro corazón lo desea y nuestra alma suspira por Él. Es justo lo que nos hace falta hoy, ahora, en este instante.

Para mi propio uso, he compuesto una oración para rogar que venga a nosotros el Espíritu Santo, que incluyo a continuación por si puede servir a algún lector:

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1.04.18

Dejad que el aleluya al fin despierte

Soneto de Pascua Florida

Dejad que el aleluya al fin despierte,
después de tantos días enterrado,
y del miedo, que es hijo del pecado,
con gran gozo, cristianos, os liberte.

Pues quiso el mismo Dios daros en suerte
un Capitán tan bravo y esforzado
que un mapa con su sangre ha dibujado
de la gran aventura de la muerte.

Pilotando una cruz como navío,
con rumbo a la derrota y la victoria,
atravesó el océano bravío.

Así, su viaje en dos quebró la historia,
al volver vencedor del desafío
llevando a sus hermanos a la gloria.

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29.03.18

Por qué sufre Jesús el Jueves Santo

Jesús se dirige suplicante al Padre como si fuera el criminal y no la víctima. Su agonía toma forma de culpa y de compunción. Está haciendo penitencia. Parece llevar a cabo una confesión. Ejercita la contrición con un realismo y una virtud infinitamente mayores que los de todos los santos y penitentes juntos, porque es la única víctima por todos, la única satisfacción, el verdadero penitente: es todo menos el auténtico y real pecador“.

Beato John Henry NewmanDiscourses to mixed congregations.

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28.03.18

Aún queda tiempo

Generalmente, nos planteamos la Cuaresma como una carrera de obstáculos, un tiempo de dieta espiritual o un conjunto de buenos propósitos. Casi inevitablemente, cuando llega el final de esa Cuaresma y los propósitos cumplidos, los obstáculos saltados o los kilos espirituales perdidos son escasos o no existen, sentimos que hemos perdido el tiempo, que la Cuaresma ha pasado y no ha sido más que un desastre, porque seguimos siendo los mismos orgullosos, iracundos, perezosos y envidiosos de siempre.

Gracias a Dios, la Cuaresma no es eso. Los sacrificios, las limosnas y los rezos no son pruebas superadas ni propósitos que nos hacen mejores si los cumplimos. Se parecen, más bien, a los cinco panes y dos peces del muchacho que Jesús multiplicó para dar de comer a miles de personas. Esos panes y peces eran radicalmente insuficientes y habrían seguido siéndolo aunque el chico hubiera traído ocho, doce, veinte o solo un mendruguito. Pero Jesús quiso que el muchacho se los entregara porque lo amaba infinitamente y deseaba asociarlo al milagro que iba a realizar.

Lo mismo quiere hacer con nosotros en esta Cuaresma. El milagro de la conversión es de Dios, nosotros podemos hacer poco más que estar allí y ponernos en sus manos. Todos nuestros sacrificios, propósitos, ayunos y limosnas son como ir a una guerra atómica armados con un cortaúñas y una cacerola en la cabeza: radicalmente insuficientes. Pero Dios quiere que vayamos al combate, que nos presentemos a la lucha aunque seamos derrotados una y otra vez. Es más, a menudo quiere precisamente que seamos derrotados una y otra vez, porque eso es lo que necesitamos para aprender que el milagro de la conversión es suyo y no nuestro, que él es Dios y nosotros no.

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