InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Signos de esperanza

14.06.18

¿Cómo será el Anticristo?

«Al principio [el Anticristo] no odiaba a Jesús. Reconocía el mesianismo y la dignidad de Cristo, pero creía sinceramente que no era más que su gran predecesor. La acción moral de Cristo y su absoluta originalidad se escapaban a su inteligencia, oscurecida por el amor propio. “Cristo”, pensaba, “vino antes que yo. Yo vengo después, pero lo que sigue en el tiempo es anterior en el plano del ser. Yo soy el último, al final de la historia, precisamente porque soy el salvador definitivo y perfecto. Cristo fue mi heraldo. Su misión fue preparar mi aparición”.

[…] También justificaba de otra forma el hecho de anteponerse a Cristo: “Cristo”, se decía, “al enseñar y cumplir en su vida el bien moral, fue el redentor de la humanidad, pero yo debo ser el bienhechor de esa humanidad, en parte redimida y en parte no redimida. Yo daré a los hombres todo aquello que necesitan. Como moralista, Cristo dividió a los hombres mediante los conceptos del bien y del mal, pero yo los uniré por medio de beneficios tan necesarios para los buenos como para los malos. Seré el verdadero representante de Dios, que hace brillar el sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos. Cristo trajo una espada, yo traeré la paz. El amenazó a la tierra con el juicio final, pero yo seré el juez y mi juicio no será el juicio de la justicia, sino el de la misericordia”».

Vladimir Soloviev, Relato sobre el Anticristo, 1900

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16.02.18

Cuando no puedas más…

Cuando no puedas más y la vida cristiana se te haga pesada o imposible, lee vidas de santos. Para eso nos regala el Señor a los santos, para que su ejemplo avive en nosotros la llama vacilante de su amor, despierte en nuestro corazón el celo por el Evangelio y nos devuelva la alegría que el pecado y los quehaceres del mundo nos arrebatan.

A menudo estamos tristes porque caemos en el engaño del demonio, que pone ante nuestros ojos nuestras propias miserias y sufrimientos para convencernos de que eso es lo único que hay en nuestro presente y nuestro futuro. En cambio, la vida de los santos, maravillosa y llena de milagros, nos demuestra con hechos que esa tentación es una mentira, que ser cristiano es la mayor de las felicidades y que Dios todo lo hace nuevo. Al leer la vida de los santos, nuestro corazón, que Dios creó para Él, reconoce el cumplimiento de sus anhelos más profundos y arde en deseos de tener lo que esos santos tuvieron.

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23.01.18

¿Un matrimonio histórico?

Según nos han contado los periódicos, la semana pasada el Papa casó en pleno vuelo a dos miembros de la tripulación del avión en que viajaba. Al margen del hecho en sí, que no pasa de ser una anécdota, me gustaría analizar la interpretación del acontecimiento que más han repetido los medios de comunicación (e incluso los propios interesados), porque me parece muy significativa: “es un hecho histórico“.

No me ha extrañado que lo dijeran, la verdad. Siempre he pensado que uno de los objetos que mejor describiría nuestra época en un museo del futuro sería el Libro Guinness de los Récords. Ante la presión de una cultura de la producción en masa, un sistema político atomizante y una concepción de la historia como el producto de fuerzas económicas anónimas y ciegas, la mentalidad popular reacciona venerando la originalidad, la diferencia, el distinguirse de la masa, aunque sea en cosas que no tengan la más mínima importancia. Según esa mentalidad, un matrimonio es “histórico", digno de ser consignado en la historia, si los novios son los primeros primerísimos en casarse en un submarino, en una estación espacial o en un avión ante todo un Papa.

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16.11.17

Nostalgia del cielo

Leyendo el salmo 23, me ha llamado la atención un verso en el que nunca me había detenido: habitaré en la casa del Señor por años sin término. En los salmos, como decía Santo Tomás, está contenida la Escritura entera, y al leer la frase he tenido que detenerme para rumiarla tranquilamente cual estólido buey.

Obviamente, el salmo hace alusión a la vida eterna en el cielo. En ese sentido es casi trivial, porque no hace más que repetir algo que todo cristiano sabe al menos desde que tiene uso de razón: que nuestro fin es la vida eterna en el cielo. Me ha parecido especialmente llamativo, sin embargo, que el salmo hable del cielo como la Casa del Señor. El cielo es un Reino, un banquete, una patria, una Ciudad… pero también, y quizá ante todo, es una casa, un hogar.

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6.10.17

Construyamos un monasterio contemplativo en el corazón de la Iglesia

Hace dos años, tuve la oportunidad de visitar el que quizá sea el monasterio más remoto de toda América: el monasterio contemplativo Mater Veritatis de Levicán (Chile). Nunca olvidaré los días que pasé allí, la belleza de la liturgia, la pobreza que hablaba de Cristo y la bienvenida y el cariño de la comunidad de Schola Veritatis. Era imposible no recordar las palabras de Pedro en el Tabor: Señor, qué bien se está aquí.

Recordando aquella ocasión, me alegra poder traer al blog, con ocasión de la festividad de San Bruno, esta entrevista, realizada al Superior de la comunidad, el P. Pedro Pablo Silva, con la esperanza de que los lectores disfruten de ella y de que quizá alguno se sienta movido por Dios para ayudar a estos monjes que están pasando por un momento difícil.

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