InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Signos de esperanza

14.12.18

Cajas de seguridad

El otro día, vi una película en la que uno de los personajes abría su caja de seguridad del banco, porque había guardado en ella algunas joyas y otras cosas valiosas que tenían que ver con la trama de la película. Cuando pasó la escena, me quedé pensando en la caja de seguridad. Nunca he tenido una caja de ese tipo, pero ¿qué metería en ella si la tuviera?

Después de pensarlo un rato, llegué a la desalentadora conclusión de que no tengo absolutamente nada que pueda guardar en una caja de seguridad. Es curioso darse cuenta de que, después de años y años, uno no ha acumulado nada valioso. Paradójicamente, sin embargo, mi sensación principal fue de alivio y libertad.

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21.11.18

Peripecias, gracias y cruces de las pequeñas fundaciones nacientes


Hoy entrevistamos a la Madre Benedicta de María Herrera, Superiora de la comunidad de monjas contemplativas de Schola Veritatis. Quizá los lectores recuerden la entrevista que ya hicimos a estos monjes y monjas que marcharon a lo más remoto de América, en la Patagonia chilena, para dedicarse a alabar a Dios y a interceder por todos.

Hace algo más de un año, les forzaron a abandonar su pequeño monasterio (donde yo tuve la gracia de visitarlos) y tuvieron que fundar uno nuevo en un lugar aún más apartado, en las montañas. Sus peripecias para convertir un lugar salvaje en una casa de oración donde Dios sea lo único importante recuerdan poderosamente a las historias de los primeros cartujos, benedictinos y cistercienses. Quizá en estos monasterios, como decíamos el otro día, esté la clave de la reconstrucción de la civilización cristiana. Dios mueva nuestros corazones para ayudarlos en lo posible.

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13.11.18

Lo más importante

Mi hijo menor, el cuatroañero, sabe apreciar el silencio, una habilidad que bastantes nonagenarios se mueren sin haber conseguido aprender. Cuando vamos en coche, a menudo está callado durante mucho tiempo, pensando en sus cosas, hasta que, repentinamente, dice algo que permite vislumbrar sus elucubraciones.

El otro día, yendo por la mañana hacia el colegio, preguntó, sin ningún tipo de introducción: “Mamá, ¿a que ir al colegio no es lo más importante?”.

A pesar de lo temprano de la hora, mi esposa ni siquiera pestañeó. El pequeñajo ya nos tiene acostumbrados a las preguntas más curiosas, desde las relativas al concepto de infinito (que a él le fascinan y que mi mujer directamente suele responder con “eso se lo preguntas a tu padre”) hasta temas bastante más complejos (el otro día preguntó con total seriedad: “Mamá, ¿por qué papá se casó contigo?”, quizá intuyendo que la pregunta complementaria, sobre por qué ella se casó conmigo, superaba la limitada capacidad de la razón humana).

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25.09.18

La vida real

“Lo mejor, si uno consigue hacerlo, es dejar de considerar todas las cosas desagradables como interrupciones de “su” vida o de la vida “real”. Lo cierto, por supuesto, es que lo que uno llama interrupciones son precisamente su vida real, la vida que Dios le está enviando día a día”.

C. S. Lewis, Yours, Jack, selección de cartas.

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3.09.18

Santa nostalgia desde la Argentina

Cuando, hace años, publiqué un librito de poesía, escribí en el prólogo que ojalá todos los cristianos escribieran versos. No era una simple frase: estoy firmemente convencido de que uno de los grandes problemas de nuestro mundo y de nuestra Iglesia es el olvido de la belleza, sustituida por lo útil, lo moderno y, en ocasiones, lo intencionadamente feo y desagradable. Por eso me produjo una gran alegría que José Alberto Ferrari, un poeta argentino, tuviera la gentileza de enviarme su libro “Santa nostalgia”, publicado en la editorial Vórtice de Buenos Aires. Es un verdadero placer contar algo de él en el blog.

La poesía es insustituible para “avivar el fuego” de la vida, redescubriendo las maravillas que Dios ha hecho y sigue haciendo a nuestro alrededor. Si es buena poesía, al leerla o releerla siempre encontramos algún verso que rompe el sarcófago asfixiante de la rutina que nos entierra. Esa pequeña línea de un poema basta para que entre en nuestra prisión el aire puro que necesitamos para despertar del letargo.

A menudo me encuentro recordando una y otra vez un verso que me ha hablado de esta forma y que no puedo olvidar. Lo mastico, lo saboreo, lo digo y lo repito lentamente, dejando que cale hondo en mí. Poco más puedo hacer en esta breve reseña que abrir boca recordando algunos de esos versos impagables que he encontrado en el libro de José Alberto y que, quizá, resuenen también en los lectores como lo han hecho en mí.

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