InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Familia

8.01.19

Histerectomía: la Congregación para la Doctrina de la Fe se contradice

La Congregación de la Doctrina de la Fe, respondiendo un dubium, decidió el mes pasado que es lícito extirpar el útero cuando hay certeza de que un embarazo acabaría en aborto (10 de diciembre de 2018). En concreto, según la duda presentada, la cuestión concierne la  licitud de la histerectomía, es decir de la extirpación del útero, si «el útero se halla de forma irreversible en un estado tal que ya no puede ser idóneo para la procreación, y médicos expertos han alcanzado la certeza de que un posible embarazo conducirá a un aborto espontáneo, antes de que el feto pueda alcanzar el estado de viabilidad».

La Congregación de la Fe ha respondido que es lícito realizar la histerectomía en esos casos, «porque no se trata de esterilización». Y explica que «el elemento que hace esencialmente diferente la pregunta actual es la certeza alcanzada por médicos expertos de que, en caso de embarazo, el mismo se detendría espontáneamente antes de que el feto alcance el estado de viabilidad. Aquí no se trata de dificultades o riesgos de mayor o menor importancia, sino de una pareja para la cual no es posible procrear».

La respuesta es sorprendente, porque basa su argumentación en la idea de que si el feto no llega a nacer, no hay procreación. Esa afirmación, sin embargo, es obviamente falsa. La Iglesia siempre ha creído y enseñado que el feto es una persona humana y que, por lo tanto, desde el mismo momento de la concepción ya hay procreación. Baste recordar el Catecismo de la Iglesia Católica:

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21.12.18

El Niño perdido

Como ya es tradicional, me gustaría felicitar las inminentes Navidades a los lectores del blog con un villancico. Los lectores veteranos ya sabrán que, en mi familia, acostumbramos a componer un villancico nuevo cada año y a cantarlo juntos, con gran diversión, entusiasmo y algarabía, aunque la afinación sea mejorable, la coordinación cuasi-inexistente, la grabación aficionada y las voces las que tenemos.

Este año, el villancico contempla el misterio gozoso del Niño perdido y hallado en el templo. Es un misterio especialmente apropiado hoy, porque nuestro mundo hace tiempo que ha perdido al Niño. Conserva por inercia la fiesta de su nacimiento, pero se ha olvidado de lo que celebra y por eso su celebración tiene un aire fatigado y de desesperanza que no puede ocultar. Le falta el Niño y, sin Él, nada tiene sentido. Como dice el villancico: “mira que el mundo se muere porque no lo tiene, porque lo perdió".

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14.12.18

Cajas de seguridad

El otro día, vi una película en la que uno de los personajes abría su caja de seguridad del banco, porque había guardado en ella algunas joyas y otras cosas valiosas que tenían que ver con la trama de la película. Cuando pasó la escena, me quedé pensando en la caja de seguridad. Nunca he tenido una caja de ese tipo, pero ¿qué metería en ella si la tuviera?

Después de pensarlo un rato, llegué a la desalentadora conclusión de que no tengo absolutamente nada que pueda guardar en una caja de seguridad. Es curioso darse cuenta de que, después de años y años, uno no ha acumulado nada valioso. Paradójicamente, sin embargo, mi sensación principal fue de alivio y libertad.

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16.11.18

Pequeños monasterios

“La mayor contribución a la restauración del orden de la sociedad humana en su conjunto sería la fundación en cada ciudad, población y área rural de comunidades religiosas contemplativas, comprometidas con la vida de silencio consagrado, de modo que el silencio esté presente en nuestro trabajo y en nuestros días como el árbitro vigilante de un partido, para juzgar y medir todos nuestros ruidosos logros. La razón principal por la que el sexo se está despedazando a sí mismo en todas las violentas variantes de esterilidad intencionada es que muy pocos viven la virginidad consagrada y fecunda y la razón fundamental por la que nuestras discusiones y comités han llevado a la esterilidad del escepticismo es que aún hay menos personas que vivan el silencio fecundo y consagrado”.

John Senior, La restauración de la cultura cristiana, 1983

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13.11.18

Lo más importante

Mi hijo menor, el cuatroañero, sabe apreciar el silencio, una habilidad que bastantes nonagenarios se mueren sin haber conseguido aprender. Cuando vamos en coche, a menudo está callado durante mucho tiempo, pensando en sus cosas, hasta que, repentinamente, dice algo que permite vislumbrar sus elucubraciones.

El otro día, yendo por la mañana hacia el colegio, preguntó, sin ningún tipo de introducción: “Mamá, ¿a que ir al colegio no es lo más importante?”.

A pesar de lo temprano de la hora, mi esposa ni siquiera pestañeó. El pequeñajo ya nos tiene acostumbrados a las preguntas más curiosas, desde las relativas al concepto de infinito (que a él le fascinan y que mi mujer directamente suele responder con “eso se lo preguntas a tu padre”) hasta temas bastante más complejos (el otro día preguntó con total seriedad: “Mamá, ¿por qué papá se casó contigo?”, quizá intuyendo que la pregunta complementaria, sobre por qué ella se casó conmigo, superaba la limitada capacidad de la razón humana).

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