22.12.22

La nana del Niño Dios

Como todos los años, tengo el placer de felicitar las Navidades a los lectores con un villancico compuesto y cantado en familia. Esta vez lo grabamos en exteriores, así que la calidad del sonido deja bastante que desear. Como verán, vamos bien abrigados por el frío, uno de mis hijos está acatarrado, el viento se esfuerza por ahogar nuestras voces y hasta un tren a lo lejos y las campanas de una iglesia cercana contribuyen al barullo, pero, como siempre, eso es lo de menos. Lo que importa es alegrarse y cantar por el nacimiento del deseado de las naciones, la esperanza de Israel, el que tanto hemos esperado.

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«Si bastara con deshacerse de los obispos…»

En una tribuna publicada en Le Figaro, el obispo de Nanterre, Monseñor Matthieu Rougé, comenta otros dos artículos de opinión escritos recientemente por pensadores franceses, Jean de Saint-Cheron y Guillaume Cuchet, en los que “se llama a la carga contra los obispos […] con tonos casi dignos de Lutero y Calvino”. En efecto, en ellos se reprocha que el discurso episcopal ya no tiene el menor peso en la esfera pública, que prácticamente nadie sabe siquiera el nombre del arzobispo de París y se constata la gran decadencia del catolicismo y de la Iglesia desde la Ilustración.

Ese tipo de artículos de denuncia no suelen ser muy del gusto episcopal, pero, sorprendentemente, Mons. Rougé los considera “severos, pero en realidad posiblemente saludables”. Más aún, reconoce que es imposible “no entender que los escándalos repetitivos, que afectan incluso a obispos y cardenales, susciten la incomprensión o la estupefacción, la tristeza, la cólera, el desaliento y la tentación de desentenderse”. Asimismo, confiesa que, “siendo obispo, también ve cómo se apoderan de él, a veces violentamente, los mismos sentimientos”.

En ese sentido, se atreve a decir que “si bastara con deshacerse de los obispos para que la Iglesia recobrara su vigor y esplendor, no habría que vacilar ni un momento”. Sin embargo, si bien “una purificación de la Iglesia es necesaria y urgente a todos los niveles de responsabilidad”, “hay que afinar el diagnóstico y no equivocarse de remedio”.

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8.12.22

5.12.22

Pidamos el rocío de lo alto

Pocas cosas hay mejores para orar que los textos litúrgicos. Con ellos, podemos rezar con la oración de toda la Iglesia y desde su propio corazón. De algún modo, la oración se nos hace más fácil, porque vamos a favor de la inmensa corriente de súplicas de toda la Iglesia y porque todo lo que oímos esos días en la liturgia resuena con el mismo espíritu, haciendo patente que nuestra oración es parte de una música más amplia que se eleva hacia Dios.

En ese sentido, me permito proponer a los lectores que, cuando tengan tiempo, recen un rato en este tiempo de Adviento con el himno Rorate coeli, repitiéndolo despacio y saboreando cada palabra. Es un texto maravilloso, que va desgranando las súplicas del Profeta y, con él, las de todo el pueblo de Israel y de la Iglesia a lo largo de los milenios.  Al rezarlo, se hace evidente que no rezamos solos, sino que lo hacemos con nuestros padres, los padres de nuestros padres y una larga cadena de voces que clamaban a Dios que enviara al Justo como el rocío que cae del cielo, que no recordase nuestras culpas y que mirase la aflicción de su pueblo.

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27.11.22

Bendigamos las casas

El otro día vino un sacerdote a bendecir mi casa y, aunque no tengo mucho tiempo, me gustaría dejar por escrito cinco reflexiones rápidas antes de que las olvide.

1) Quien encuentra un sacerdote con fe y con celo, encuentra un tesoro. Qué gran regalo nos ha hecho Dios con el sacerdocio. Si un cáliz sagrado es precioso por estar consagrado al Señor, mucho más lo será un hombre ungido para hacer presente al mismo Cristo entre nosotros. Recemos por los sacerdotes, seamos cariñosos con ellos, ayudémoslos en todo lo que podamos y demos continuamente gracias por ellos a Dios.

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