24.01.14

Sobre la historicidad de los evangelios (parte I)

En general, no veo mucho provecho en conversar con ateos y agnósticos acerca de los evangelios, porque es evidente a cualquiera que estos documentos relatan hechos milagrosos, lo que significa que en cualquier momento te pueden decir “¿Ah sí? Puede que tengas razón, pero de todas formas los evangelios no son confiables, porque los milagros no ocurren”.

Con todo, hay veces en que el alegre desparpajo con que los escépticos dan por ciertas sus temerarias afirmaciones, pueden hacer dudar a los creyentes acerca de la solidez de los fundamentos de la doctrina cristiana. En ese caso, conviene refutarlos, no para convencerlos, que no es el punto, como ya se ha dicho; sino para que el creyente no tenga la impresión que la enseñanza recibida es incierta o que se basa meramente en una fe ciega.

Tratándose de los evangelios, la Constitución apostólica Dei Verbum afirma

19. La Santa Madre Iglesia firme y constantemente ha creído y cree que los cuatro referidos Evangelios, cuya historicidad afirma sin vacilar, comunican fielmente lo que Jesús Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la salvación de ellos, hasta el día que fue levantado al cielo. [la cursiva es nuestra]

Sin embargo, la historicidad de los evangelios exige ciertas precisiones, que a continuación hace la Dei Verbum:

Los autores sagrados escribieron los cuatro Evangelios escogiendo algunas cosas de las muchas que ya se trasmitían de palabra o por escrito, sintetizando otras, o explicándolas atendiendo a la condición de las Iglesias, reteniendo por fin la forma de proclamación de manera que siempre nos comunicaban la verdad sincera acerca de Jesús

Dicho de otro modo, se relatan eventos verdaderos, pero al mero registro de hechos que podría hacer un cronista, se antepone el fin didáctico de la proclamación evangélica.

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20.01.14

Las definiciones del Cardenal Ezzati

En su edición dominical, El Mercurio publicó una extensa entrevista al Arzobispo de Santiago de Chile, don Ricardo Ezzati, que pronto será creado Cardenal por el Papa Francisco. Acá les dejamos algunos extractos con los temas que son más relevantes para la función que se apresta a cumplir.

Pedofilia entre los sacerdotes: Aunque hubiera sido uno solo, los casos de pedofilia son gravísimos y más cuando hay implicados sacerdotes. “Un gran crimen y un gran pecado”, dijo Juan Pablo II. Hemos enfrentado [el caso Karadima] que ha hecho un enorme daño a la Igleisa, con mucho dolor interior pero sin que me temblara la mano, buscando que las víctimas no sufrieran más y que la justicia se ejecutara.

Situación de la Iglesia chilena: Tenemos un pueblo de Dios muy cercano, muy consciente de su fe y con una actitud misionera muy grande. Los datos del Censo nos mantienen en el mismo nivel que el anterior, basta recorrer hoy la escuela de verano en Santiago y ver las 12.000 personas que dedican sus horas de descanso en verano a formarse.[…]

Hay juventud que no desea tener ningún contacto con la fe, pero junto a ese invierno que nos cuestiona, veo estos brotes nuevos de vida que llenan de esperanza. Al seminario de Santiago postularon 24 jóvenes y fueron admitidos 15, el año pasado fueron 9.

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18.01.14

300 entradas

blogEl software administrador de contenidos de InfoCatólica nos indica que esta es la entrada 300 en este blog, así que me pareció un buen momento para recapitular lo que ha sido este viaje que partió por junio de 2010 y ya se prolonga por casi cuatro años.

Primero, agradecer a Luis Fernando y el equipo editorial de InfoCatólica, por haberme invitado a participar de este proyecto. Sin tener ninguna referencia mía, aparte del blog que mantenía, confiaron en este chileno para publicar en su sitio, sin ninguna condición ni censura. Básicamente me dijeron “sigue haciendo lo mismo”, y gracias a ellos pude acceder a la enorme cantidad de lectores de InfoCatólica.

¿Se han fijado en la calidad de los bloggers de InfoCatólica? Sacerdotes con libros de teología y vasta sabiduría pastoral, autores de ficción y ensayos, vaticanistas de renombre mundial, catequistas y profesores de religión, especialistas en liturgia, y todo eso sin mencionar los artículos de la sección Opinión. Se los puedo decir con franqueza, porque también se lo he comentado a Luis Fernando: en este ámbito me siento en clara desventaja.

Segundo, agradecer a los lectores. Los blog fueron la primera oleada de la web 2.0, aquella de contenidos generados dinámicamente, por los propios usuarios y a cada momento, en oposición a las páginas estáticas de la primera web, tendencia que no ha hecho más que profundizarse con servicios como facebook primero, luego twitter y similares. En este contexto, un autor no puede menos que agradecer que los visitantes a su sitio se den el tiempo para detenerse un momento, y leer un artículo de más de 800 palabras, no siempre escrito en el español más claro y a veces con errores de tipeo, y acerca de temas polémicos.

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15.01.14

Exclusivo: Puede que el Papa sea católico (Humor)

CardYa les habíamos demostrado nuestras increíbles capacidades periodísticas y predictivas, a propósito del más reciente cónclave, y ahora volvemos por nuestros fueros para la más reciente revelación que sacudirá a la Iglesia hasta sus cimientos.

En efecto, una investigación periodística en curso, que se daría a conocer en el Discovery Channel a fines del presente año, podría haber llegado a la impactante conclusión de que, en una de esas, tal vez, el Papa sea… católico.

Lo sé, lo sé. Todos estábamos convencidos que la elección de Francisco para la sede de Pedro era la señal de renovación y puesta al día de una de las estructuras religiosas más antiguas, pero el reportero a cargo de esta investigación Clarkus Kentus, le concedió una entrevista exclusiva a su abuela donde le habría soltado la bomba.

Luego ella conversó con nosotros mientras tendía la ropa, y lo que nos dijo no lo grabamos ni lo registramos, pero como a nuestros 90 años todavía tenemos excelente memoria, nos acordamos de todo tal como si estuviera ahora mismo aquí conmigo. Más o menos la idea general fue textualmente esta:

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14.01.14

7.01.14

Un visitante comenta…

Yo soy homosexual, no llego en edad ni a los veinte y no entiendo mucho de política, pero con derechos civiles o no, amo a mi pareja, de una forma que de seguro muchos de ustedes se pueden identificar con sus parejas heterosexuales, por que eso es tan malo?, es realmente el cuerpo en el que venimos empacados mas importante que nuestras almas?

Por favor, paren esto, su mismo dios, que alguna vez fue mío pero ahora me rechaza, nos dijo que nos amaramos los unos a los otros. [fuente]

Primero que nada, quiero transmitirte esperanza, porque nuestro Dios, el único Dios, no rechaza a nadie que acuda a Él con un corazón sincero y arrepentido. Como dice el salmista “Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna Su misericordia” (salmo 118). Podemos conversar acerca de qué debemos arrepentirnos, pero no es el error en nuestra opinión lo que puede condenarnos, sino la soberbia de decir a Dios “esto es más importante para mí que Tú”.

Segundo, manifestarte mi preocupación por la condición que describes, porque sin haber cumplido 20 años ya te identificas como homosexual. Es cierto que muchos que asumen esa condición pueden encontrar sus primeras trazas desde la más tierna infancia, pero a la edad que mencionas el desarrollo psicosexual está muy lejos de encontrarse concluido. De hecho, hay muchos heterosexuales, que tuvieron que lidiar con esa tentación en su juventud y eso en nada afecta su condición definitiva en este ámbito. Por tu edad te invitaría a no considerar esa identidad como un “trato cerrado”.

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4.01.14

El salario del pecado

Furias

Rom 6,23 Porque el salario del pecado es la muerte, mientras que el don gratuito de Dios es la Vida eterna, en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Así nos advierte San Pablo clara y directamente, acerca de la opción fundamental que se nos presenta: el pecado y la muerte, por un lado, o NSJC y la vida, por otro.

Puesto así, todos deberíamos ser santos, pero el pecado sigue siendo una realidad en nuestras vidas, porque, aun cuando reconozcamos que no hacemos lo correcto, nos engañamos en pensar que es necesario o inevitable, un medio para arribar a un fin bueno. Al mismo tiempo, la consecuencia sobre las que nos advierte el Apóstol, la muerte, se siente como algo lejano en nuestra vida diaria, y así fácilmente se olvida.

Pero San Pablo se refiere sólo a la muerte del cuerpo sino especialmente de la espiritual, y más aún, enseña que el pecado es en sí mismo un castigo. En la misma carta a los romanos dice:

1:21 en efecto, habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias como corresponde. Por el contrario, se extraviaron en vanos razonamientos y su mente insensata quedó en la oscuridad. 22 Haciendo alarde de sabios se convirtieron en necios, 23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes que representan a hombres corruptibles, aves, cuadrúpedos y reptiles.

24 Por eso, dejándolos abandonados a los deseos de su corazón, Dios los entregó a una impureza que deshonraba sus propios cuerpos, 25 ya que han sustituido la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a las criaturas en lugar del Creador, que es bendito eternamente. Amén.

26 Por eso, Dios los entregó también a pasiones vergonzosas: sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por otras contrarias a la naturaleza. 27 Del mismo modo, los hombres dejando la relación natural con la mujer, ardieron en deseos los unos por los otros, teniendo relaciones deshonestas entre ellos y recibiendo en sí mismos la retribución merecida por su extravío.

28 Y como no se preocuparon por reconocer a Dios, él los entregó a su mente depravada para que hicieran lo que no se debe.

Este fragmento de la Escritura no se refiere al problema de algunos romanos con la idolatría, sino que describe un verdadero itinerario de descenso progresivo en la vida espiritual, que puede ocurrirnos a todos. El proceso se inicia en lo más alto, haber conocido a Dios, y desde ahí comienza a bajar, pasando por dejar de darle gloria, luego no dar gracias como corresponde, extraviarse en justificaciones y hacerse necios, para terminar cambiando la gloria de Dios por la de los ídolos. Sólo una vez que el hombre ha llegado a ese punto es que Dios lo castiga, abandonándolo a su pecado.

En algunos casos, ese vínculo entre pecado y castigo todavía es evidente, como sucede con el consumo de drogas, y por ello todavía hablamos de ese fenómeno como un “vicio”. Aquí San Pablo usa como ejemplo de este camino, las inmoralidades en el ámbito de la sexualidad, lo que puede resultar chocante a una audiencia moderna, pero no debemos olvidar que hasta hace apenas 60 años, todo tipo de “prácticas alternativas” en este ámbito conllevaban graves enfermedades, frecuentemente con consecuencias visibles, como por ejemplo la sífilis, que cubría el cuerpo de pústulas y provocaba la caída de carne del rostro.

El versículo 28 termina con un resumen: El que parte por no reconoce a Dios, terminará depravado (del lat. pravus, torcido, desviado, malformado) ; y con esto confirma que el principal castigo del pecado es su misma naturaleza, que nos aleja de Dios. A lo largo de este descenso Dios nos acompaña a cada paso, llamándonos para que volvamos a Él, y sólo como medida desesperada nos abandona al pecado, para que ese castigo inherente nos haga reflexionar y regresar.

En conclusión, el precio del pecado es la muerte en el futuro, y el pecado mismo en lo inmediato.

Sin embargo, no podemos dejar de mencionar que en nuestra vida cotidiana, esto de que el pecado sea su mismo castigo, es una conclusión extraña y sorprendente. Después de todo, habitualmente el pecado se nos presenta como una tentación, algo atractivo, y si pecar implicara un claro sufrimiento, nadie lo cometería, así como nadie entra a la cárcel voluntariamente.

Algo de la respuesta a esta paradoja había intuido yo en una entrada anterior de este mismo blog, pero en su artículo The Furies of Conscience, el profesor de Filosofía en la Universidad de Texas, J. Budzisezwski (se pronuncia Buducheski),  explica y profundiza mucho mejor los fenómenos que se producen en el ser humano cuando hacemos del pecado una parte integrante de nuestra vida e identidad.

El profesor Budzisezwski utiliza la imagen de las míticas Furias (espíritus vengadores que acosaban incesantemente a los culpables de un crimen, hasta llevarlos a la locura y el suicidio) para hablar del precio que nos impone la conciencia, y de los efectos que sufrimos cuando nos negamos a pagarlo. Así, el artículo identifica cinco “furias”:

El remordimiento: La culpa es el sistema nervioso del alma, es decir, cuando se activa es señalo clara de que algo anda mal. Sin embargo, quien no puede admitir haber hecho algo malo tiene la necesidad de acallar su conciencia, y frecuentemente esto deriva en conductas adictivas o de alcoholismo. En otros casos la culpa lleva a extrañas “compensaciones morales”, y así vemos que los mismos que jamás admitirían que haya algo malo con el aborto, son los campeones de los derechos de los animales.

La confesión: Ante la conciencia del pecado, nuestro primer impulso es admitirlo, pero cuando nuestra voluntad se niega a hacerlo, surge en nosotros la compulsión de contar una y otra vez lo que hemos hecho, pero presentándolo como algo bueno y loable y esperando que la aprobación de los demás convierta nuestro pecado en una virtud. Lamentablemente en nuestra cultura este tipo de historias han encontrado un importante mercado en cierto tipo de literatura “de confesión”, y que es comúnmente recibida con alabanzas por su sinceridad y pasión.

La expiación: Todo pecado demanda una reparación del mal causado, los católicos tenemos acceso a ella en la penitencia, y los que no lo son, a través de un corazón contrito y humilde. Pero los que han cerrado la puerta esa posibilidad (¿por qué debería pagar nada, si no he hecho nada malo?), deben recurrir a formas alternativas de expiación, que se traducen en más sufrimiento y en definitiva no sirven para nada y muchas veces agravan el pecado. Así, el profesor Budzisezwski relata el caso de mujeres que, luego de abortar a su primer hijo, vuelven a hacerlo con el segundo, porque la culpa les dice que son indignas de ser madres; y la exigencia de expiación, que no han sufrido lo suficiente por su primer aborto.

La reconciliación: Todo pecado grave, sea conocido o no por los otros, afecta a la comunidad, y por eso es que no basta con confesarlo directamente a Dios sino que lo hacemos ante un sacerdote, como representante de la Iglesia. Cuando esta vía no está disponible, esta furia nos dice que no podemos mirar a los demás cara a cara y nos lleva a apartarnos de la sociedad. Pero como no podemos vivir aisladamente, terminamos vinculándonos con otros que han cometido el mismo pecado, y una vez rotos los vínculos con la sociedad e insertos en esta comunidad alternativa, el pecado que nos llevó ahí se profundiza y pasa a formar parte de nuestra identidad.

La justificación: Cada una de las perversiones de la justicia que hemos descrito de alguna forma expresan nuestra capacidad para inventar excusas, para justificarnos y explicar por qué lo que nuestra conciencia nos muestra como malo, no lo es realmente. Sin embargo, el verdadero peligro de esta furia en particular es que nos obliga no sólo a defender el pecado cometido, sino además otros que originalmente no queríamos justificar. Así, un supuesto derecho al placer sexual que en un principio motivo la revolución de la píldora anticonceptiva, haya su consecuencia lógica en la aceptación del aborto, conclusión que ciertamente habría horrorizado a nuestros abuelos.

Hasta aquí el brevísimo resumen del artículo de J. Budzisezwski. Les recomiendo que lo lean, porque explica en mucho más detalle y con ejemplos cada uno de los puntos.

Lo que más me impresiona de este fenómeno es cómo, llegado un cierto punto de depravación, las furias comienzan a “tirar” de alma en diferentes y opuestas direcciones: al tiempo que confesamos y creamos nuevas relaciones en torno a nuestro pecado, caemos en conductas adictivas y auto destructivas.

Para mí, es una de las exposiciones más claras acerca de la forma como nos afecta el pecado, y que conviene tener siempre presente para darnos cuenta cuándo estamos huyendo de las furias y lo que debemos hacer realmente.

2.01.14

Un hereje como Dios manda

Hace algún tiempo, advertíamos que la Iglesia es extremadamente cuidadosa cuando se trata de decir que alguien es un hereje, y que, según el Código de Derecho Canónico deben cumplirse estrictos requisitos:

  1. Negación pertinaz de una verdad: No sería hereje quien niega una verdad por ignorancia, por un momento de debilidad, por un condicionamiento cultural o por un ejercicio académico. Antes de acusar de hereje a una persona, debemos asegurarnos que conoce la gravedad de su acción.
  2. Después de recibido el bautismo: Lo que implica que sólo un católico podría ser hereje.
  3. Que ha de creerse con fe divina y católica: La herejía sólo se aplica a quien niega este particular grupo de verdades.

Sobre todo por la exigencia que impone este último punto, parecía que había que ser teólogo antes de ser hereje, y que no era fácil encontrar un espécimen de esos en el mundo de hoy.

¡Ah! pero no se desesperen, porque el P. Juan Masiá, viendo que los fieles podían perder de vista el concepto de herejía y el peligro que ella representa para la Iglesia, ha decidido ponerse a sí mismo como ejemplo, cumpliendo todos y cada uno de los requisitos que impone el artículo 751 del Código de Derecho Canónico, en su artículo No es lo mismo aborto que interrupción de la gestación.

¿Que no se puede creer tanta generosidad? Pues veamos.

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26.12.13

El poder de la Iglesia

Ya que conversamos de cosas que no entiendo en asuntos de religión y cultura, me gustaría que alguien me explicara por qué se habla tanto de lo poderosa que es la Iglesia Católica.

Comprendería el temor la desconfianza que genera la Iglesia en algunos, si lo único que conociéramos de ella fuera a través de Hollywood. Con filmes como El Código da Vinci, Ángeles y Demonios, Devorador de Pecados, Estigma, El Sicario de Dios, El Cuerpo, Las dos Caras de la Verdad, La Duda y un largo etcétera, a estas alturas, sorprende que “Cardenal del Mal” no tenga su propia página en TV Tropes. Si luego de ver ese tipo de películas, un alienígena se diera una vuelta por una de nuestras parroquias, y se encontrara con nuestra viejitas beatas y nuestros cantantes de guitarra, seguro que demanda a los productores por publicidad engañosa.

No, cuando se habla de “poder” la mayoría no piensa en películas, sino en influencia real, esa que tiene los ejércitos, los políticos y la banca. Sin embargo el equivalente católico en cada uno de esos ámbitos son la Guardia Suiza, el Nuncio Apostólico, y el IOR, es decir, tres organismos que en el mundo moderno nadie calificaría de temibles o poderosos, y apenas pasan de ser pintorescos.

Ciertamente que podríamos hablar de la relevancia histórica de la Iglesia. La cultura occidental no se explica sin la predicación de un cierto carpintero judío que recurrió Palestina por tres años y fue ajusticiado junto a su irregular banda de seguidores. Pero eso no pasa de ser una anécdota, si no se traduce de ninguna forma en influencia práctica en la vida de las personas, esa que el Estado ejerce a través de las leyes.

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20.12.13

¿De qué sirve casarse?

¿Para qué sirve el matrimonio? Esta es la pregunta que se hace la joven pareja que probablemente vive junta hace algún tiempo ya, no tienen el dinero para organizar la boda que ella siempre ha soñado, y él no ve en todo eso más que una tradición, que puede estar bien para los viejos, pero no para uno. Hasta los padres dicen “¿Acaso no es suficiente con que se amen? Y si luego la cosa no funciona y se separan, pues hay un trámite menos que hacer.”

Se suele decir que el matrimonio es bueno para la salud, que los casados viven más años, y ciertamente que los beneficios estatales pueden tener algún valor eventualmente. Pero nada de eso debería estar vinculado a tener o no una ceremonia, y más bien suenan a razones marginales.

Yo mismo me casé sin tener clara la respuesta a esta pregunta. Habiendo recibido el sacramento de la Confirmación a los 25 años, vivir en concubinato no era una opción para mi (en ese tiempo) novia y yo, pero todavía no tenía claro por qué se le daba tanta importancia a esto de estar casados, o si era algo más que una obligación religiosa.

A lo largo de estos trece años, he descubierto que existen excelentes motivos para haberme casado, y como me habría encantado conocer en ese entonces las razones que ahora tengo, quiero compartirlas con ustedes.

Sirve casarse, porque es justo.

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